Viernes, 16 de septiembre de 2022

Un falso maestro enseñará errores, centrado en su tema base de creencia. Si se trata de un maestro de Biblia, de seguro hará gala de su conocimiento para enfatizar en aquellos conceptos asumidos como válidos, pero de los cuales ha desviado el sentido de acuerdo a sus intereses. Esos falsos maestros fueron denunciados en el Antiguo Testamento (Jeremías los llamó maestros de mentiras) y en el Nuevo Testamento (Pedro los comparó a los viejos falsos profetas). El perro vuelve a su propio vómito y la puerca lavada se revuelca en el fango.

Los falsos maestros de hoy enseñan doctrina errónea. Eso sí, ellos aman la ética, la moral religiosa, las enseñanzas moralistas de Jesucristo. A cambio, solo piden que le den un pequeño giro a ciertas doctrinas de Cristo para que se ajusten a la figura antropológica que representan. Ellos aman lo que les agrada a la mayoría, para que pocos se ofendan y no consideren dura palabra de oír aquello que Jesucristo enseñó.

Los hay de muy variada gama. Están los que mencionan más al diablo que al Creador de todo y los que se dedican a la mística, que lloran y se maravillan al leer ciertos textos de las Escrituras. Están los que se empeñan en enseñar un carácter de Dios que en realidad solo ellos lo imaginan. Los soñadores de sueños se levantan y anuncian prodigios; a veces se les cumple, pero desvían con sus discursos doctrinales a la feligresía. No los oigas, dice Jehová, esto resulta como prueba para saber si amas al Señor con todo tu corazón y con toda tu alma (Deuteronomio 13: 1-3). 

Decir paz cuando no la hay implica odiar al prójimo. Ciertamente, si una persona que no conoce el evangelio pero que cree conocerlo se acerca a nosotros, para hablar de sus puntos de vista religiosos, lo mejor será escucharlo con atención. Pero también resulta prudente corregirlo, aunque esa corrección podrá ser desagradable para él e incómoda para nosotros, pero le estaríamos confrontando con la verdad. Lo que haga después es asunto de esa persona, pero nosotros habremos hablado la verdad: no le hemos dicho paz cuando no la hay. De esa forma hemos evitado convertirnos en maestros de mentiras.

La salvación del alma no está condicionada en el pecador sino en el Señor. De principio a fin todo depende de Dios, así que decirle al individuo que él decide, que él puede repetir una oración de fe, que puede dar un paso al frente en la congregación, no resulta sino en un simulacro de redención. El nuevo nacimiento lo da el Espíritu de Dios, de manera que de principio a fin el nacer de nuevo se convierte en una actividad sobrenatural.  Por esa razón, aquellos que enseñan o predican a la gente diciéndoles que Cristo murió por todo el mundo, sin excepción, que ellos pueden creer esa mentira como verdad, mienten. Agregan que importa mucho que ames a ese Cristo con todo su corazón, que no pienses demasiado en su doctrina, ya que eso queda como materia teológica para mentes pensantes.

Con el cuento de la humildad aparente tapan su soberbia, ya que a ellos les parece que sí conocen mucho de las Escrituras, aunque la resuman a un sintagma que dice: recibe a Cristo como salvador personal. Cristo, en este caso, se ha convertido en una palabra vacía que la llenan o completan con definiciones religiosas, ajenas a la doctrina que vino a enseñar de parte del Padre. Para estos maestros perversos el corazón sustituye la mente, como si Cristo no hubiese hablado del corazón como maquinador de cosas perversas. 

Si uno pone atención a la simple lectura del evangelio de Juan en su Capítulo 6, podrá darse cuenta de que el Señor no enseñó una doctrina compleja ininteligible. Al contrario, sus planas palabras advirtieron a las multitudes de discípulos que tenía en ese momento sobre la dureza de su evangelio. Dura es esta palabra, dijeron, ¿quién la puede oír? Dice la Escritura que momentos después muchos de sus discípulos lo abandonaron dando murmuraciones. Se molestaron porque se les vino al suelo su fantasía del libre albedrío enseñada por los fariseos; ellos habían seguido a Jesús por mar y tierra, se habían acomodado para oír sus palabras, toda esa actividad la habían hecho motu proprio sin que otros los obligasen. Pero este maestro de Galilea les decía que no podían ir a él a no ser que el Padre los trajera, que escrito estaba entre los profetas que debían ser enseñados por Dios para que habiendo aprendido pudiesen ir a él (Juan 6:45). 

Jesús no se incomodó por esa actitud, no les rogó para nada ni los persuadió para que se quedasen. Hoy día hasta comida se les reparte a la gente para que pronuncie el nombre de Cristo, se les persuade con canciones agradables (aunque se presuma que son cánticos espirituales para Dios). Las llamadas iglesias se convirtieron en un club de gente decente que procura vivir bajo la ética cristiana, pero que se divorcia de las enseñanzas de Jesús. La doctrina divide, así que la comunión entre la gente une. Esa realidad se vive por doquier, de manera que cobra vigencia lo escrito miles de años atrás por Jeremías y también por Pedro. Los maestros de hoy enseñan la mentira como verdad, viven en la simulación de la piedad y prueban la existencia de Dios con la mística que brota de su imaginario. Paz para todo el mundo, de manera que no haya conflicto por la doctrina de Cristo. La doctrina divide, complica, molesta a la masa y no se quiere que la gente huya de los templos porque se pierden sus ofrendas y su compañía. El divorcio entre corazón y mente ha sido una motivación continua en los púlpitos: crea con el corazón y no se preocupe por los asuntos intelectuales de la doctrina, que eso pertenece al campo árido de la teología.

Usted puede hablar erróneamente sobre la salvación con tal de que ame a Cristo en su corazón.  Usted puede negar incluso la predestinación, o tal vez entenderla erróneamente (como que Dios predestina a los que ve que van a aceptarlo), con tal de que ame a Jesús en su corazón. Usted puede decir que Dios no odia a nadie porque Él es amor; usted puede negar lo que dice Romanos 9 porque Dios es amor. Usted puede negar la predestinación (Apocalipsis 13:8; 17:9; Efesios 1, Juan 6, Juan 10:26, etc.), mientras ame a Jesús con el corazón. 

En Ezequiel 13 leemos que Jehová hablaba contra los profetas de Israel que profetizaban de su propio corazón.  Se calificaron como locos que caminaban tras su propio espíritu y no se les había revelado nada del cielo. Se les comparaba a los edificadores de muros en tiempos de batalla, los cuales caían de inmediato ante la presión del enemigo. En realidad, aquellos profetas habían visto la vanidad y la mentira adivinatoria, pero la presentaban como palabra de Jehová. Poco importaba que cubrieran su teología errada con mucha Biblia, con cierta verdad teológica. Por supuesto, eso les brindaba validación ante los religiosos, pero nunca ante los que conocían la palabra del Señor. 

Cuántas personas andan en nombre de la gracia, pero predicando que por igual nuestros pasos en esta vida son relevantes para alcanzar la gracia eterna. Sí, los hay de los que hablan de la gracia futura (como John Piper), o los del señorío de Cristo (el hecho de vivir en un esfuerzo de sufrimiento para alcanzar benevolencia celestial). Hay quienes aseguran que Cristo ya no perdona pecados porque él está para interceder por siempre por sus hijos. Bueno, esa herejía viene muy bien disfrazada con la verdad bíblica de la intercesión de Cristo. Recordemos que el Hijo de Dios dijo que toda potestad le había sido dada en el cielo y en la tierra, pero resulta que para estos herejes la potestad que tenía en la tierra para perdonar pecados le fue eliminada. De esa manera pretenden congraciarse con la secta de los unitarios. 

Jesús lo dijo, que existen los líderes ciegos que guían a otros ciegos por lo que caen ambos en el mismo pozo (Mateo 15:14). 

Una de las marcas del creyente lo señala en una posición correcta en materia de doctrina: No seguirá jamás al extraño (al profeta de mentiras, al falso maestro) porque no conoce su voz (Juan 10:5). La oveja regenerada sigue al buen pastor, de allí que aquellos que se van tras la mentira o tras los mentirosos, aunque tengan un poco de buena doctrina, demuestran que no han sido llamados por el buen pastor. Ellos no conocen su voz sino la de los extraños. Si el ciego sigue al ciego, la cabra sigue al extraño; pero si una oveja que no ha sido llamada todavía por el buen pastor sigue al extraño, algún día oirá la voz del buen pastor y lo seguirá por siempre. 

Por eso continuamos predicando el evangelio, para que las ovejas oigan la voz del pastor y sean atraídas al rebaño. Pero por igual se predica para que las cabras huyan espantadas al saber que no pertenecen al redil de las ovejas. Los que se molestan por la doctrina de Cristo, dirán que esta palabra parece dura de oír. Nos mandarán a callar ante las asambleas, no sea que se molesten; dirán que hemos de guardar silencio y creer en esta doctrina en forma secreta. ¿No demuestra esa actitud que se prefiere al extraño antes que al buen pastor?

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 21:01
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