Domingo, 11 de septiembre de 2022

Definir el evangelio conviene siempre, para reconocer dónde estamos. La mejor definición de ese concepto se encuentra en la Biblia, un beneficio para quienes nos llamamos creyentes y decimos que asumimos las Escrituras como la palabra de Dios. Así que vayamos a ese lugar a encontrar el sentido de lo que intentamos definir: 1) El evangelio es el poder de Dios para salvación del creyente (Romanos 1:16). Fijémonos que Pablo no se avergonzó jamás de ese evangelio que predicaba, ya que lo consideraba el poder divino para la salvación del hombre muerto en delitos y pecados. No trae vergüenza por cuanto el Dios que lo respalda se declara a Sí mismo como Omnipotente y Soberano, el Dios justo que justifica al impío. En tanto Dios justo castigará a cada impío por su impiedad, pero como Dios justo por igual castigó ya el pecado de su pueblo con el sacrificio de su Hijo Jesucristo (Mateo 1:21); 2) El justo vivirá por la fe, de manera que en el evangelio se manifiesta o revela la justicia de Dios (Cristo nuestra pascua y justicia), como se afirma en Romanos 1:17. Un Dios de justicia no castigará dos veces a su pueblo, habiéndolo ya castigado en el Hijo no se excederá por cuanto se declararía a Sí mismo injusto (por eso también fue dicho que era un Dios justo que justificaba al impío); 3) El que ignora la justicia divina revelada en el evangelio intentará demostrar la suya propia. Para ello se exhibirá celoso de Dios, religioso a carta cabal, como los viejos fariseos, rodeará la tierra evangelizando con su evangelio mixto, en la búsqueda de algún prosélito que hará doblemente culpable de juicio. Esto se puede constatar en Romanos 10:1-3.

4) ¿Qué nos dice la Biblia acerca de los que no creen el evangelio? ¿Acaso serán excusados por cuanto no tuvieron la oportunidad de que se les predicase? Dice la Escritura que aquellos que no creen el evangelio están perdidos (Marcos 16:16). Ya Jesucristo había declarado que solamente él era el camino, la verdad y la vida, que nadie iría al Padre sino por él. La razón de su dicho descansaba en su función de Redentor, ya que ninguna persona inmunda verá al Señor. Es decir, la justicia del Hijo nos hace partícipes de la vida eterna; 5) En relación a la doctrina de Cristo, la Biblia dice que por su conocimiento justificaría el siervo justo a muchos (Isaías 53:11). En otros términos, los que sostienen que aman a Jesucristo con el corazón pero que no les importa mucho el conocimiento de su doctrina, deambulan por el camino ancho de perdición. El que no habita en la doctrina de Cristo no tiene a Dios (2 Juan 1:9), pero no solamente eso sino que si alguno no trae la doctrina de Cristo no debe ser recibido, so pena de participar en sus malas obras (2 Juan 1:10-11). 

En suma, en el evangelio se manifiesta la justicia de Dios para salvar a los pecadores, basada solamente en el acto del sacrificio propiciatorio, en la justicia imputada de Jesucristo (Romanos 3:21-26). De allí que se haya escrito y repetido que debe ser tenido por feliz aquella persona cuya iniquidad ha sido cubierta y perdonado su pecado (Romanos 4:8; Salmo 32: 1-2). Nosotros fuimos hechos justicia de Dios en él (2 Corintios 5:21).

Hablamos de mezcla del evangelio, por cuanto resulta imposible sostener con las Escrituras que existe una expiación universal, impersonal o potencial, para que cada quien contribuya con su grano de arena a construir su castillo de salvación. No, la Biblia sigue siendo enfática en cuanto a la redención eterna: una exclusividad para los que el Padre eligió, para los que el Hijo expió, para los que el Espíritu vivifica. 

El trabajo del pecador no contribuye en nada para hacer la diferencia entre cielo e infierno, ya que la justicia de Cristo nos fue impartida habiendo él llevado nuestro castigo en su cuerpo sometido hasta la muerte de cruz. El falso evangelio que condiciona en el pecador su salvación, por medio de obras (grandes o pequeñas, de hacer o dejar de hacer, de una manifestación o negación de voluntad), no ha redimido una sola alma. La razón de su fracaso se conoce por cuanto ese evangelio de mentira se manifiesta como la antítesis del evangelio de Cristo.

Si alguien cree el evangelio combinado, verdad con mentira, su resultado se manifestará en confusión. Dios decretó sin ambages, actuó sin dudas, ejecutó sin vacilación su plan de la cruz; todo lo planificó desde antes de la fundación del mundo, para que se manifestara en el tiempo oportuno de nuestra historia. De allí que el evangelio se define como la buena noticia de salvación condicionada en la sangre expiatoria del Hijo así como en la justicia de Jesucristo.

La mezcla que tienen algunos, bajo la premisa de combinar gracia y obras, los denuncia como portadores de una doctrina que proviene del averno. No existen sino hijos de Dios e hijos de Satanás, no depende de que alguien quiera o corra sino de Dios que tiene misericordia. Si usted tiene claro lo que acá se expone, con el apoyo bíblico que lo sostiene, pudiera todavía imaginar alguna acusación contra el Dios de la Biblia. Podría decir ¿por qué, pues, Dios inculpa? Pues, ¿quién ha resistido a su voluntad? La respuesta que la Biblia da a esas interrogantes derrumba toda altivez humana: ¿quién eres tú para altercar con Dios? No eres más que una olla de barro, Dios no puede tenerse como injusto en ninguna manera.

Al contrario, por ser justo castigó cada pecado de cada uno de los que conforman su pueblo; lo hizo de una sola vez y para siempre en su Hijo Jesucristo. A cambio nos impartió su justicia, de manera que Él puede llamarse un Dios justo que justifica al impío (Romanos 4:5; 2 Corintios 5:21). 

Lo acá expuesto no pretende pasar como un elevado conocimiento teológico, simplemente manifiesta la sencillez del evangelio. Esto está dicho en muchos textos de la Escritura, así que conviene leerlos y repensarlos, no vaya a ser que la gente acostumbrada a su religión tenga un velo que no le deja ver la simpleza del evangelio. Ese evangelio ofende a muchos, molesta e incomoda a muy variada gente, pero al escogido de Dios redime por siempre y le viene como justicia apacible.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:16
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