S?bado, 30 de julio de 2022

El Señor viene en el momento oportuno (kairós), habiendo dejado un conjunto de señales que acontecerían en las inmediaciones de su venida. Esas señales comprueban su soberanía absoluta, de otra forma no lo hubiera indicado. Una señal sirve como signo de control y también ilustra respecto al poder del que genera el signo. En el capítulo 24 del Evangelio de Mateo podemos encontrar una descripción que refiere a la época de su segunda venida, el fin del mundo y la destrucción del templo. En la carta de Pablo escrita a los Tesalonicenses también se menciona un conjunto de aspectos que reseñan esa venida. 

Se ha hablado de una esperanza bienaventurada (feliz) para el creyente que aguarda esa venida. Lo que no podemos imaginar sería una tristeza descomedida, un espanto por lo que deberá ocurrir como signo del fin de los tiempos. Por cierto, esos tiempos hablan de los gentiles (las gentes diferentes al mundo judío), una vez que se complete la época en que la apertura del mensaje de salvación se abriera al universo no judío. Algunos hablan del rapto de la iglesia, el harpazo en la lengua griega; otros sostienen que el arrebatamiento no estuvo explícitamente anunciado en Las Escrituras. 

Pero la mayoría de los que anuncian la segunda venida de Cristo, como algo inminente y necesario, ha caído en el error de anunciar ese evento como algo terrible, bajo el intento de manipular a las masas que escuchan tal mensaje, para dejarlas preocupadas por el tiempo del fin. Cierto es que las señales bíblicas no contemplan nada bueno como panorama social, político y moral para el mundo en el cual vivimos. Guerras y rumores de guerras, hambres, pestes, terremotos en diferentes lugares, aflicción de espíritu. Todo ello se comprende como principio de dolores. Incluso se menciona al hombre de pecado que actuaría en forma muy particular en estos tiempos, llamado también la abominación desoladora, engendro de Satanás, el cual se convertiría en un dictador mundial. 

Esa bestia marcaría a la humanidad con un signo particular para que pueda comprar y vender, de otra forma eliminaría de la tierra a sus detractores. El panorama parece aterrador, pero las masas no pueden ser atraídas a Cristo como una opción para huir de esa aflicción. El mensaje del evangelio no puede ser un escape del terror, sino una declaratoria de la voluntad divina respecto al pecado humano y a la tabla de salvación para los elegidos del Padre. ¿Acaso el peligro para el alma humana ocurrirá solamente en la época del gobierno de ese personaje nefasto? ¿Qué pasaría si esta noche llegaran a pedir tu alma y el hombre de pecado no se ha manifestado todavía?

Esta parece ser la perspectiva de Jesucristo, como refirió en una parábola respecto a un personaje que hacía cálculos para almacenar más riquezas materiales. Dios no le mencionó nada sobre el Anticristo como para infundirle terror, simplemente le advirtió sobre la vanidad de aquello que ocupaba su mente y sus intereses particulares. Le dijo que bastaba con la simple muerte (el que le pidieran el alma) para que sus sueños se convirtieran en pesadillas (Lucas 12:20). Esta es la razón por la que nos incomoda el terror que quieren pregonar aquellos que ven en la segunda venida de Cristo una oportunidad para ganar prosélitos. 

La iglesia en Tesalónica se preocupaba al suponer que el Señor había venido y los había dejado a ellos en la tierra. Pablo les aclaró que ese evento no ocurriría sin que antes sucedieran dos cosas: 1) la manifestación del hombre de pecado (el inicuo); 2) la APOSTASÍA. Resalto este último término porque los diccionarios de religiones se contaminaron con una significación casi única para esa palabra. Casi todos suponen que significa apartarse de la fe cristiana. Pero debemos pensar en el apóstol Pablo y en su experiencia cultural, para mirar de cerca si él sabía o no sabía escribir.

El término apostasía significa apartarse, ser levantado, alejarse, divorciarse, entre otros sentidos que tiene. Llama la atención el hecho de que Pablo escribiera otra carta y explicara que el Espíritu le había indicado que en los postreros tiempos muchos apostatarían de la fe. Fijémonos en el complemento determinativo (genitivo) que coloca el apóstol. ¿Por qué Pablo habló de la fe? Si el verbo apostatar significase apartarse de la fe, el apóstol no hubiera tenido necesidad de cometer tal redundancia. Es como si hubiera dicho: algunos se apartarán de la fe de la fe. 

La necesidad que tuvo el apóstol de aclarar en esa carta (1 Timoteo 4:1-5) que el alejamiento advertido por el Espíritu estaría relacionado con la fe, significa que el término usado no carga en forma implícita ese sentido. Hay al menos once textos en el Nuevo Testamento que contienen el verbo hístemi (ἵστημι) en lengua griega, de donde deriva el sustantivo apostasía. 

Ese verbo significa poner en libertad, colocar cosas o personas, estar, nombrar, mover, remover, establecer, instituir, causar, levantarse, comenzar (véase la entrada en el Diccionario Philolog.us.). 

A ese verbo se le coloca una preposición APO (ἀπό) y quedaría transformado por razones fonéticas de la siguiente manera: ἀφίστημι - afístemi. Desde Homero, por sus escritos, conlleva el sentido de lugar, de movimiento: apartar, a la distancia; tiene un sentido de posición: lejos de, pero también de tiempo: desde, después; etc. De esta manera, con la preposición adjunta al verbo, el sentido se presenta muy variado, como ya anunciamos antes. Podría significar causar una rebelión como una separación de una persona, estar distante, sobresalir, etc. La apostasía (ἀποστασία) es un sustantivo que significa tanto revuelta como salida o la partida. 

La pregunta que debemos hacernos como lectores de la Biblia sería por qué razón Pablo le dice a Timoteo que el Espíritu le dijo que en los tiempos finales la gente apostataría de la fe, cuál sería la razón de esa aclaratoria. La razón que encuentro no es otra que el término apostatar no significa forzosamente que sea una separación de la fe. Ahora bien, cuando Pablo le escribe a los de Tesalónica no les dice que Cristo va a venir una vez que la gente apostate de la fe, por lo cual se abre la posibilidad para tomar el significado propio del verbo que se hizo sustantivo con el añadido de la preposición: una vez que haya ocurrido la quitada de en medio, que haya acontecido el divorcio (de este mundo), la separación hacia arriba (APO), la removida, la levantada. 

Hay quienes objetan este sentido aduciendo que en otros textos bíblicos cuando se menciona apostasía no se habla de la venida de Cristo, pero esa objeción aclara más bien el sentido del término. Pablo no está indicando que el vocablo apostasía refiere a la venida de Cristo sino que lo usa como un término que tiene el sentido propio y primitivo del divorcio, de la separación. Lo de la venida de Cristo sería un contexto en el cual el apóstol usa esa palabra, pero jamás está indicando que apostasía como sustantivo está ligado por fuerza a la venida de Cristo. 

Una vez que Pablo, ante un tribuno, argumentó que él era ciudadano romano por nacimiento, dice la Escritura que entonces SE APARTARON de él los que le iban a dar tormento (Hechos 22:29). La palabra usada es ἀπέστησαν (apéstesan) que es un aoristo del verbo ἀφίστημι (afístemi). Obsérvese que tiene el mismo radical que ἀποστασία (apostasía). Cuando el apóstol rogaba al Señor para que le quitara su célebre aguijón en la carne, dijo que tres veces había rogado para que LO QUITARA de mí. Esa referencia la encontramos en 2 Corintios 12:8, la que en griego aparece como ἀποστῇ (aposté), la que de nuevo relata el mismo sentido de alejarse. 

Dice el libro de los Hechos (19:9) que Pablo se apartó de algunos y se fue hacia los discípulos. Esa expresión que indica haberse apartado de nuevo viene signada por la palabra que nos ocupa: ἀποστὰς (apostás). A Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia; por lo que habiendo desacuerdo ente ellos, se separaron el uno del otro (Hechos 15:38). De nuevo, esa separación fue ¨apostanta¨, ἀποστάντα.¨ El ángel que liberó a Pedro de la cárcel, una vez en la puerta que daba a la ciudad, ya en la calle, se apartó de él (el griego usa el término en cuestión: ἀπέστη -apeste). Estas son formas diferentes unas de otras porque pertenecen a la conjugación verbal del mismo verbo, cuya definición ya dimos anteriormente. Podríamos anexar muchas más (incluso a partir de la Septuaginta, la versión griega del Antiguo Testamento, primera compilación de los textos sagrados hebreos), pero baste con algunos otros. El siguiente fue dicho por Jesús. El Señor le decía a uno que le había preguntado si eran pocos los que se salvaban, que se esforzaran por entrar por la puerta angosta, que al final les sería dicho a muchos: apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad (Lucas 13:27). ἀπόστητε fue el término usado por Jesús (apóstete). El diablo se apartó de Cristo, al final de la prueba sufrida, y dice la Escritura que el diábolos apéste de él (ὁ διάβολος ἀπέστη ἀπ'αὐτοῦ), de acuerdo a Lucas 4:13.  En otro momento, Jesús hablaba sobre lo que sucedió en la época de Moisés, cuando muchos decían que podían repudiar a sus mujeres dándoles carta de divorcio - ἀποστάσιον- apostásion, palabra empleada por el Señor. 

Creo que será suficiente este conglomerado de citas bíblicas para demostrar que ni el verbo apostatar ni el sustantivo apostasía significan, por fuerza, apartarse de la fe. Una simple despedida apostólica es apostasía, como lo es la carta de divorcio o separación entre esposos, la despedida del ángel que le dio a Pedro, o cuando Pablo se apartó de la persona que no le agradó, así como aquellos que procuraban hacerle mal pero se apartaron (apostataron) porque él era un ciudadano romano por nacimiento. Por esa razón, insisto, Pablo le dijo a Timoteo, de acuerdo a la inspiración del Espíritu, que en los postreros tiempos muchos apostatarían de la fe. Tuvo que colocarle ese complemento al verbo para que se entendiera el contexto de la separación; pero cuando le escribió a los Tesalonicenses no les especificó que la separación sería de la fe, lo cual da a entender otro contexto. Simplemente ocurrirá una separación, un irse de un lado a otro, una remoción. Entonces, da qué pensar todo lo expuesto.

De todas formas, el mensaje final será que la segunda venida de Cristo no debe inspirar temor a los creyentes, como un hecho catastrófico para sus elegidos. Tampoco debemos buscar adeptos al cristianismo por medio de la amenaza de la tribulación que se avecina, ya que el mensaje de Jesucristo es el de la esperanza hacia la vida eterna, en función de lo que consistió su expiación en favor de todo su pueblo (Mateo 1:21). La gente atribulada de espíritu hace una gran alharaca por la tribulación que se avecina y pretende involucrar en sus angustias a los que somos más que vencedores, a los que hemos sido perdonados por Jesucristo, a los que tenemos un lugar preparado en los cielos. Jesucristo dijo que nos tomaría a nosotros cuando él viniera, que le veríamos en la misma forma en que aquellos discípulos lo vieron al ascender al cielo (en los aires). También aseguró que el diablo intentará engañar, si le fuere posible, aún a los escogidos. Esa expresión es un futuro de subjuntivo, lo cual habla de la imposibilidad de la misión diabólica. 

Y ahora, queridos hijos, permanezcamos en él para que, cuando se manifieste, podamos presentarnos ante él confiadamente, seguros de no ser avergonzados en su venida (1 Juan 2:28). 

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 21:20
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