Mi?rcoles, 08 de junio de 2022

El Hijo en la tierra demostró el amor de Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) para con su pueblo. De especial interés resulta el separar réprobos de elegidos para salvación, ya que el amor no trae confusión. Lo dicho respecto a Jacob y a Esaú demuestra que Dios tiene un solo sentir, que no confunde su sentimiento en una misma persona. A Jacob amó desde siempre, para hacerlo objeto de su amor y benevolencia; a Esaú, en cambio, siempre odió. Ambas acciones se hicieron sobre objeto-sujetos separados, sin miramiento alguno en sus obras, buenas o malas, aún antes de ser concebidos (Romanos 9).

Este texto de Pablo ha espantado a teólogos de las filas de la recta interpretación. Los ha desquiciado, por la simpleza de sus palabras y la exactitud de sus líneas. Cómo hubiesen querido que dijese algo diferente, como aquello que aún pregonan en sus templos y seminarios: que existe un amor general de Dios por toda la humanidad y uno muy especial para cierto tipo de personas. Que aunque Esaú fue condenado, su condena se basó en hechos concretos de su propia maldad (Spurgeon dixit). Se le suma a su desvarío intelectual, el que la misma lógica para Esaú no aplica para Jacob. Jacob, dicen ellos, fue amado sin merecimiento, sin que hubiese algo deseable en él; en cambio, Esaú, fue odiado por culpa de haber vendido su primogenitura.

De seguro Jacob fue amado sin que lo mereciera, pero la Escritura no refiere al merecimiento del odio hacia Esaú. Simplemente dice que así lo hizo Dios, que confeccionó un vaso para honra y otro para deshonra, aún antes de que hubiese bien o mal en ellos. La soberanía divina fue colocada por el escritor bíblico como concepto supremo que domina la teología cristiana. Los que ven injusticia en Dios, pues por qué inculpa si nadie puede resistirse a su voluntad, tuercen la Escritura bajo la esperanza de que diga algo diferente.

Ellos excusan a Dios, nos aseguran de que comprendemos mal, afirman que el texto dice algo distinto de lo que leemos. Algunos se atreven a hablar de dos pueblos o naciones en pugna, otros van a la filología y discurren sobre el sentido del verbo odiar en la Biblia, el cual debería entenderse como amar menos.

Bien, el desafuero es libre. A esta gente parece haberle llegado el espíritu de estupor que Dios envía a los que no aman la verdad. Dios no ama a los réprobos, como no amó a Judas Iscariote. ¿Alguno desea el supuesto amor de Dios por Judas? Se dijo que el Señor lo había escogido como diablo, se dio un ay por su futuro, se le llamó hijo de perdición. ¿Tal vez prefiere alguien el amor de Dios por Faraón? ¿Quizás elija el amor por Amalec? En Apocalipsis 13:8 y 17:8 se puede leer de aquellos que adoran a la Bestia, los que alaban su poder y grandeza, los cuales no tenían sus nombres en el libro de la vida desde la fundación del mundo. Entonces, esta gente no fue amada por Dios jamás (aún antes de que el mundo fuese formado estaban fuera de la lista divina para redención). 

El texto de Juan nos dice que el amor de Dios se muestra en nosotros gracias a la expiación de Jesucristo. Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4: 10). El que no ama no ha conocido a Dios, pero el que no ama no ha sido amado por Dios. Al menos Dios no le ha manifestado su amor todavía, ya que por naturaleza todos nosotros fuimos hijos de la ira, pero habiendo sido llamados con llamamiento eficaz vimos el amor de Dios en la sangre del Hijo. 

Mucha gente se sabe de memoria Juan 3:16, si bien ignora el verso 18, el que habla de los condenados por incredulidad. Esa gente debería también memorizar 1 Juan 3:16, que refiere a la forma en que llegamos a conocer el amor de Dios. Dice que Jesucristo puso su vida por nosotros. De nuevo la interrogante: ¿Puso Cristo su vida por el mundo por le cual no rogó (Juan 17:9), por los réprobos en cuanto a fe (los Esaú del mundo)? ¿Quién es el referente de nosotros en el texto de 1 Juan? Ese nosotros refiere a la expresión a su pueblo encontrada en Mateo 1:21. 

No existe amor universal de Dios, ya que ello llevaría a la anulación del infierno de fuego. Si Jesucristo expió los pecados de toda la humanidad, toda ella es salva. Pero algunos no aceptaron esa salvación, dicho por los que no desean presentar a un Jesús fracasado, que salva pero que es rechazado; con excusa anuncian que habrá una aniquilación final de las almas rebeldes. De esa manera asumen que Dios ama a todos por igual. Pero esa aseveración todavía tiene un flujo de incoherencia, ya que presupone de hecho que los que no fuimos rebeldes descansamos en nuestra sabiduría, voluntad y acierto al recibir el regalo. 

No hay tal cosa como gracia y obras, la gracia es gracia y la obra es obra, pero Dios no permite la mezcla. El que va por obras que cumpla toda la Ley para que no acarree maldición, pero el que es salvo por gracia, ni la gracia misma puede aportar porque es un regalo de Dios. Aquellos que hablan de la aniquilación de las almas rebeldes (los adventistas, entre otros) llaman mentiroso a Cristo, quien habló varias veces del infierno de eterna condenación. Son los mismos que asumen que el chivo expiatorio del Antiguo Testamento, el que fue enviado al desierto, representa a Satanás. Es decir, los adventistas también creen que Satanás cargó con parte de nuestros pecados. Esa es la teología de la expiación universal en una de sus variantes.

La mentira de la expiación universal ha de ser repudiada. En cambio, nos gozamos con la expiación particular, específica, con nombre y apellido, que hizo el Señor por cada una de sus ovejas. Nosotros como viles pecadores no merecíamos semejante favor, pero nos fue dada la fe junto con la regeneración para que fuésemos salvados. Jesús, el buen pastor, puso su vida por sus ovejas, no por los cabritos: (Juan 10: 11, 14-15).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:05
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