Domingo, 29 de mayo de 2022

Una persona arrogante que se cree superior, se coloca en el polo de oposición frente al Dios de la Biblia. La soberbia presupone un estado anímico de superioridad frente al otro. Los griegos hablaron de la uperefanía ὑπερηφανία, como del desdén, del individuo presuntuoso, del desmesurado. Alguien que pretende brillar demasiado frente al otro, ante su destinatario o interlocutor, padece uperefanía, en el sentido griego. Una persona soberbia ha olvidado su procedencia, prefiere ignorar que su naturaleza es compartida con todos los seres humanos, en tanto el polvo de la tierra los compone. Del latín nos viene el étimo inmediato, superbia, una palabra que contiene por igual el prefijo súper, que está por encima, para demostrar la arrogancia, el orgullo y la vanidad del soberbio. El soberbio desea hablar con alguien para minimizarlo lo más que pueda, de tal forma que él suba de estatus por reflejo del efecto causado. Cuando no minimiza al otro se exalta a sí mismo, engrandece a todo lo que lo identifica (familia, trabajo, dinero, apariencia física, estatus socioeconómico, etc.).

El soberbio no permite que el otro hable, solo busca el pretexto para iniciar su descarga verbal; tal vez realiza una pregunta para dar pie al diálogo-monólogo, con lo cual ha demostrado un interés aparente en la otra persona. Su rudeza y descortesía inherentes, le hace compartir cualidades con el sociópata. A éste no le importa su víctima, alguien elegido para su juego lingüístico, para satisfacer el apetito de su psiquis. La soberbia sale del corazón del hombre (Marcos 7:20-23), en forma de orgullo, de mal y de mentira. El sentido de competencia de la persona soberbia parece colocarla en una apuesta continua, lugar especial para demostrar su estado de grandeza ante los demás. El soberbio no acepta una dádiva inferior a sus expectativas, considera que merece elogios supremos, ya que lo sostiene la estructura de tirano. Controlador en su hogar, manipula a sus semejantes que no son otra cosa que víctimas, para seguir viviendo en un estado de confusión anímica, generando daño continuo a sus semejantes.

La altivez de espíritu precede a la caída, de acuerdo a lo escrito en Proverbios 16:18. Los ángeles cayeron del cielo por su arrogancia, al seguir a Lucifer cuando presumió ser semejante al Altísimo. Al igual que nuestros primeros padres, que no conformes con su estado de bonhomía quisieron ser semejantes a dioses, los soberbios arruinan su vida y su posteridad. Mientras más alto se coloque más grande será su caída. Quizás Nabucodonosor viene a presentarse como un ejemplo de lo que Biblia nos muestra; un rey que se vanagloriaba de su grandeza, como aquellos que se hacen retratos o bustos, imágenes altivas de ellos mismos, como si estuvieran frente a un espejo que reflejara su altivez. La grandeza de su gloria y de su reino le fueron arrebatadas (Daniel 4:30), como le sucederá al Anticristo (hombre de pecado). El anhelo de Lucifer de ser semejante al Altísimo lo cumplirá en la tierra con sus seguidores engañados, los que le pertenecen por corrupción de espíritu, cuando aparecerá en el lugar de Cristo, incluso con señales y maravillas que le vendrán de su engendrador.

El hombre no ha querido tener en cuenta a Dios, prefiere decir que vino del pez, que todo el universo estuvo siempre ahí, sin que el Ser Supremo exista. Algunas personas han dicho en forma precisa que al hombre se le subió el barro a la cabeza (siendo polvo su cerebro se empolvó más). Dios le dio el castigo a los arrogantes al entregarlos a pasiones vergonzosas (Romanos 1), pero ellos llaman orgullo a ese fardo con el cual fueron cargados. La soberbia aleja al ser humano de la prudencia teológica, del evangelio de Jesucristo, a quien consideran un invento de los escritores judíos en su afán de controlar a las masas políticamente. Jeremías recibió palabra de Jehová para que fuese a la casa del alfarero. Una vez en el sitio, el profeta contempló que una vasija de barro se había estropeado en las manos del trabajador, si bien volvió a hacer otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Jehová le habló al profeta para enfatizar que como barro en manos del alfarero somos nosotros en las manos del Todopoderoso (Jeremías 18:1-6).

El antídoto contra la soberbia lo expone la Biblia también: El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco (Proverbios 8:13). La Biblia ha asegurado por igual que el principio de la sabiduría es el temor al Señor, así que frente a ese mal devastador tenemos su enfrentamiento eficaz. Pero la humildad no debemos confundirla con la pobreza económica, con la ignorancia intelectual, mucho menos con la ignorancia doctrinal del evangelio de Cristo. Existe arrogancia en los centros religiosos, en las teologías torcidas, en las asunciones extra-bíblicas que pregonan suposiciones como verdades.

El libre albedrío como concepto viene como hijo de la soberbia humana. ¿Cuál libertad tiene la vasija de barro en manos del alfarero? Ese es el símil con el cual se nos compara desde el Antiguo Testamento, pero Pablo añade aún más cuando responde al objetor levantado en Romanos 9: ¿Quién eres tú para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? En resumen, Pablo agrega que Dios soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria (Romanos 9: 20-23). Esaú no tuvo opción alguna de arrepentirse de su mal; hablamos de arrepentimiento para perdón de pecados. La atrición la puede tener cualquiera, un remordimiento por causa de las malas acciones, producto del castigo por su maldad. Pero la contrición, aquella fuerza del alma que reconoce su pecado, más allá del castigo que conlleva, no la posee todo el mundo. Esaú fue odiado por Dios, aún antes de ser concebido, antes de hacer el bien o el mal. Él es un ejemplo de un vaso de deshonra forjado para destrucción, en contraste con el vaso de honra preparado de antemano para gloria (Jacob). A Jacob Dios lo amó eternamente, antes de su concepción, antes de que hiciese bien o mal (Romanos 9:11-13).

La soberbia aparece por naturaleza en el relato de la evolución, al desechar por completo la intervención de un Dios creador del universo. Y también se ve la soberbia cuado se limita el relato bíblico para decir que existe un Dios creador pero que hizo el mundo en evolución, de manera que haya concordancia entre la narración bíblica y el relato de la falsamente llamada ciencia. Prefieren afirmar que hubo varios sistemas nerviosos evolutivos, por ejemplo, y que la evolución (como ente autónomo) fue seleccionando sistemas nerviosos con cada vez mayor capacidad y con más rapidez. Dejar a Dios a un lado en la vida del hombre, hace que éste evolucione hacia distintos tipos de soberbia. La altivez de espíritu se ve en los rostros de aquellos que desesperados suponen que se habrán de encontrar ante la nada al morir, prefieren sostenerse de esta entelequia darwiniana antes que de la estructura del evangelio. Mucha paz tenemos los que guardamos la ley de Dios, los que amamos la venida del Hijo, los que día a día reconocemos su presencia en todos nuestros caminos. ¿A quién has injuriado y blasfemado? ¿Y contra quién has alzado la voz y levantado con altivez tus ojos? Contra el Santo de Israel (2 Reyes 19:22).

Algunos mandatarios tienen su reino por cielo, pero de allí caerán como en la metáfora de Isaías referente a la caída de Babilonia. Caerán por igual los pretenciosos habitantes del planeta, los que se burlan de aquellos que tienen una creencia de acuerdo a las Escrituras. Esos burladores son capaces de elogiar el servicio a la idolatría, basados en las tradiciones festivas, bajo el ardid del apoyo cultural a las masas, de los estudios antropológicos. Pero ellos mismos nos acusan de poco inteligentes, por servir al Dios vivo en el cual creemos. Así que a aquellos se les elogia su apego a la tradición de los pueblos porque conservan el patrimonio cultural humano, sin que se les acuse de poseer poco valor intelectual. Cuando al hablar de Cristo se trata no se incomodan si mencionan al Cristo que fue al Tíbet para aprender de maestros esotéricos tibetanos, pero sí que se molestan si uno les lee los relatos de los evangelios, los cuales no refieren a las fábulas que ellos imaginan. La soberbia está presente en su sangre por donde se desplaza, para irrigar sus cerebros con los cuales construyen los discursos que los exaltan más y más, en el ejercicio del yo (ego) sobre el cual gira su vida.

Uno de los pecados de Sodoma fue la soberbia, junto a la saciedad de pan y a la falta de ayuda al prójimo. Así que ayudar al prójimo no exime de ser soberbio. No en vano la Escritura dijo enfáticamente: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes (Santiago 4:6). Si te consideras recto pero desprecias a los demás, si supones que eres más santo que otros, que no necesitas nada, que todo depende de tu propio esfuerzo, estás habitando en una ciudadela construida con pilares de altivez, hecha de un material del yo soy humano. Piensas que eres rico y que de nada tienes necesidad, pero en el fondo ignoras que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Solamente comprando de Cristo oro refinado en fuego, serás rico y tendrás vestiduras blancas para vestirte, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez (Apocalipsis 3:17-18).

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:26
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios