Domingo, 15 de mayo de 2022

Debemos cuidarnos de las falacias que surgen bajo el afán de la defensa de un argumento verdadero. Sucede en teología este error, cuando para enfatizar la objeción al arrianismo que en un Concilio se aprobó se asumió en otro posterior que María era la madre de Dios. En otros términos, a Arrio se le acusó de hereje en el Primer Concilio de Nicea, año 325, por haber pregonado la idea de que Jesús no era coeterno con el Padre; y en el 431 se realizó el Concilio de Éfeso, con la idea de resaltar la naturaleza divina y humana de Cristo. Ya se había afirmado en el Primer Concilio de Nicea, que las naturalezas humana y divina estaban unidas y eran inseparables en la persona de Jesucristo, pero el Concilio de Éfeso quiso agregar más para substanciar tal expediente y declaró el Theotókos como cualidad de María. En lugar de ser la madre de Cristo María pasaría a ser la madre de Dios.

El Primer Concilio de Nicea se propuso destruir la opinión sobre la inferioridad ontológica de la naturaleza personal de Cristo, en relación con la naturaleza divina de Dios-Padre. Afirmaban los arrianos o seguidores de Arrio que Cristo no era consubstancial con el Padre, por el hecho de ser Hijo. En otros términos, el Hijo no era sempiterno sino una creación del Padre-Dios. El Concilio de Éfeso quiso enfatizar lo acordado en Nicea y salió adelante con la aprobación del concepto del Theotókos, opinión teológica que presupone divinidad en María, ya que fue entronizada en la familia divina pese a que ella es criatura y Dios no tiene madre.

La herejía es la αἵρεσις - hairesis, acto de elegir o de tener preferencia sobre algo, la opinión propia respecto a un dogma. No olvidemos que a veces la herejía (opinión propia) sirve como instrumento religioso para protestar socialmente contra las capas dirigentes ancladas en una estructura teológica determinada. Pero, aparte de esa opción, la herejía religiosa aparece porque por naturaleza el ser humano rechaza la idea del Dios bíblico tal como aparece en las Escrituras.

Así que en el año 325 se dio forma al Concilio de Nicea para debatir entre otros asuntos el tema herético del arrianismo. El problema se volvió a presentar poco más allá de un siglo cuando en el Concilio de Éfeso se enfatizó en la deidad de Jesucristo y en su completa humanidad, pero para darle fuerza a ese concepto se produjo la opinión herética del concepto de Madre de Dios. En este Concilio de Éfeso se debatía la proposición de Néstor referente a que el Verbo de Dios no debió haber sufrido en la cruz, sino únicamente Cristo en su naturaleza humana. Si así fuera, dijeron los del Concilio de Éfeso, ¿cómo pagaría el sacrifico un ser humano por los pecados del mundo y cómo vencería la muerte? Así que el Concilio consideró que Cristo murió también como Verbo. Por tratar de repeler las secuelas de la herejía de Arrio, este Concilio enfatiza en el dogma del Theotókos, dando lugar a una nueva idea herética,  bajo una nueva categoría filosófica y teológica.

Este periplo introductorio al tema de la traducción se hace para comprender la intromisión de un argumento falaz cuando se trata de probar un argumento verdadero. Se ha hablado de la inspiración divina de las Sagradas Escrituras, se ha escrito que los santos hombres de Dios siendo inspirados escribieron esas cosas para nosotros. Se ha añadido que los que tuercen las Escrituras lo hacen para su propia perdición, ya que tuercen lo que estaba recto por cuanto provino del Espíritu de Dios.  Cuando los hombres de la religión cristiana se han dedicado a traducir las Escrituras hacia las lenguas de las naciones, lo han hecho habiendo considerado que la fuente de donde traducen se considera sagrada.

No que las copias de copias de los originales no tengan algún gazapo producto del descuido de algún escribano, ya que esas cosas pasan y son corregibles. El asunto es que partimos de un texto recibido (en el Nuevo Testamento), considerado una fuente valiosa y verosímil. Lo mismo puede decirse del Antiguo Testamento, cuyas copias de copias se consideran en referencia a un canon determinado. El problema se suscita bajo el concepto de la inspiración divina atribuida a la traducción. Sobretodo si la traducción concebida no coincide a plenitud con el texto concebido como parte del canon bíblico.

Pudiera haber intenciones ideológicas y teológicas, las cuales pueden considerarse como perniciosas en el campo de la traducción bíblica. Pareciera que la adoración al dragón que le dio el poder a la bestia ha motivado a algunos traductores a manifestar su perniciosa tendencia. No es lo mismo poner en mano de un apóstol el escribir su conminación a adorar a Dios que a un traductor a decir que debemos adorar, simplemente. Si miramos lo que escribe la Nueva Versión Internacional y otras ediciones de Biblias similares, podemos darnos cuenta de que versiones anteriores contenían la expresión completa y no restringían la orientación del apóstol (Filipenses 3:3). Resulta evidente que una gran diferencia aparece entre una versión determinada de la Biblia, considerada mucho más fiel al texto griego (del Nuevo Testamento) y otras alejadas del mismo por alguna intención extraña. Por ejemplo, en 1 Juan 4:3 leemos:  Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios … (Reina Valera, King James Version, etc.). Leamos ahora lo colocado por la Nueva Versión Internacional (NIV, por sus siglas en inglés): y todo espíritu que no conozca a Jesús no es de Dios. 

Las traducciones que omiten el término Cristo y la expresión ha venido en carne, abren la puerta para negar que Jesucristo vino en carne, como si volvieran al evangelio gnóstico tan repudiado por el apóstol Juan. Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo (2 Juan 1:7). 

Cantidad enorme de traducciones de la Biblia hacen desaparecer piezas del gran rompecabezas presentado en los originales, de los cuales quedan las copias recibidas. De allí que la masa teológica se una a la psicología para encontrar satisfacción a los problemas del alma. Las técnicas psicológicas van de la mano con esas Biblias cortas, mutiladas, tergiversadas, para unir a la masa religiosa llamada cristiana en una resultante esotérica, al propio estilo de la Nueva Era. 

Una mala traducción de la Biblia puede confundir muchísimo al lector lego; sin embargo, las buenas traducciones también pueden hacerlo. Grandes herejías salieron desde inicios de la iglesia, cuando aún el Nuevo Testamento se formaba, o cuando ya formado era interpretado arbitrariamente (en forma privada). Así que no solo las oprobiosas traducciones hacen daño, también los correctos papiros pueden contener el áspid mortal para el que no ha sido llamado de las tinieblas a la luz. Por esta razón conviene reflexionar a fondo, para que cada quien pueda darse una idea de lo que hace al investigar en las Escrituras.

Comparar versiones puede ser útil, pero si se le suma el dominio de las lenguas fuentes de la Biblia ayudaría a la precisión. No obstante, existen traducciones muy cercanas a los textos originales (mayoritario y recibido), pero como dice el adagio popular: Traductor es un traidor, traduttore, traditore. Las dificultades de la traducción suelen conducir a los gazapos, como también conducían a éstos los inconvenientes que tenían los copistas. Cierto es que los textos se prestan a varias posibles interpretaciones, mientras al traductor se le ofrece la posibilidad de jugar con la gama entre lo literal y lo dinámico. 

Bien, todo lo dicho hasta acá vamos a relacionarlo con el título del tema. ¿Existe alguna traducción inspirada de la Biblia? Creo que existen traducciones o versiones de la Biblia que son muy cercanas a los textos mayoritarios o recibidos, pero hablar de inspiración implica caminar por un sendero peligroso. Hoy día se han atrevido a definir a la KJV en inglés (Versión del Rey Jaimes) como una versión inspirada por Dios. Muy bien, su cercanía con los textos recibidos o mayoritarios la suben a un pedestal frente a las otras tan mutiladas traducciones que le compiten el podio. Sin embargo, no resulta prudente hablar de inspiración para el traductor-traidor. Precisamente la KJV tiene varios gazapos, pero uno que llama poderosamente la atención lo encontramos en lo que se llamaría un dinamismo brotado de una palabra. 

Hablamos de la pascua de los judíos, un vocablo transliterado del hebreo al griego, para ser volcado en diversas formas hacia otras lenguas. La KJV traduce una de las veces en que aparece ese vocablo como EASTER, lo que da lugar a la idea de que sonaría natural que el período religioso atribuido a la Semana Mayor, Semana Santa, o época de la crucifixión de Jesús, fuese llamado EASTER por la cristiandad europea y norteamericana de habla inglesa. Astarté era la diosa que supuestamente veneraba Herodes, por esa razón los de la KJV corrigieron el texto recibido. Fijémonos bien en el grave error que cometieron esos traductores. Se supone que si el texto griego concebido como el más cercano al texto revelado (o que es copia de copia del texto original revelado) contiene el vocablo pascua, no existe ninguna autoridad teológica o filológica para que se lo cambie a Easter o Astarté. La razón que dan los defensores de esta traducción errónea y mal intencionada se basa en que el traductor buscó el dinamismo en ese caso, para darnos a entender que Herodes el gobernante de ese momento no celebraba la pascua judía porque él no era judío de origen. Pero esa tarea de corrección a la copia griega presupone una corrección que el Espíritu Santo se hace a Sí mismo. Como si hubiesen transcurrido 2000 años de haberse cometido el error en la copia griega y luego Dios tuvo necesidad de inspirar a los ingleses para completar el sentido que Lucas no supo dar a lo que el Espíritu le inspiró. 

Usted puede leer en Hechos 2:14, en la Reina Valera, o en otras copias en español, que Herodes había apresado a Pedro pero pretendía liberarlo después de la pascua. Pero por igual, si conoce el griego del Nuevo Testamento, o si tiene a alguien cercano que le ayude a cerciorarse del término en cuestión, podrá darse cuenta de lo atrevida que resulta la errónea traducción de la KJV. No se le puede llamar EASTER a la Pascua, ya que en la Biblia, en sus copias más cercanas a las originales, de acuerdo a lo que se considera el Canon, de acuerdo al Texto Recibido (que incluso utiliza la KJV), el vocablo que podemos leer es pascua πάσχα. Así dice la KJV: Hechos 12:4 And when he (the King) has aprehended him (Peter), he put him in prison and delivered him to soldiers to keep him; intending after Easter to bring him forth to the people. Así lo leemos en el texto griego, fuente utilizada por la misma KJV, en la parte que hemos subrayado de la versión inglesa: … βουλομενος μετα το πασχα αναγαγειν αυτον τω λαω.

Sabemos que fue durante la celebración anual de la pascua que Jesús fue asesinado en Jerusalén. Esa pascua como festividad religiosa judía fue establecida por Dios (Levítico 23:5), se remonta a la época de Moisés cuando fue enviado a liberar al pueblo de Israel, cautivo en Egipto. La palabra griega PASCHA vino como una adaptación del vocablo hebreo Pesach, lo cual la hace una cuasi transliteración del término.  Significa salto, paso, todo en alusión al hecho de pasar el Mar Rojo, o también por haber Dios pasado por alto el juicio en sus casas egipcias, cuando colocaron la sangre del animal exigido para tal fin. De allí se origina la pedagogía social-religiosa para esa nación referente a lo que haría finalmente el Mesías en la cruz del Calvario. 

En síntesis, bajo ningún respecto debe aceptarse como inspirada por Dios esa traducción que desvía el término Pascua hacia Easter, como si Lucas, médico gentil encargado de escribir el libro de los Hechos de los Apóstoles, no hubiese sido inspirado para tal faena, o como si el Espíritu hubiese colapsado en su tarea que culminaría 2000 años después. ¡Suena blasfemo tal atrevimiento!

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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