Lunes, 09 de mayo de 2022

Lo que sale de la boca del hombre contamina, no lo que entra por ella, dijo Jesús. Cada planta que el Padre plantó tendrá raíz firme, pero la que no plantó será arrancada. En el contexto en que hablaba Jesucristo, los fariseos parecían plantas no sembradas por el Padre. Por igual, en la parábola del sembrador se hace alusión a la buena tierra donde la semilla cae y crece, da fruto conveniente y su planta permanece. Ese terreno fue preparado por el Padre, donde nosotros hacemos un trabajo pero el rendimiento del mismo depende de la voluntad suprema de Dios.

Lo que sale del corazón humano puede dañar al hombre, los malos pensamientos, los asesinatos, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas dañan al ser humano y todo eso proviene del corazón. El árbol bueno dará un fruto bueno, pero el árbol malo lo dará malo. Ninguno de ellos puede cruzarse, no podrá el árbol bueno dar un mal fruto, pero tampoco un árbol malo dará uno bueno. De la abundancia del corazón habla la boca.

El falso maestro puede usar la Escritura como su soporte, para aparentar que sus enseñanzas son fidedignas. En el contexto de lo dicho por Jesús, los fariseos enseñaban doctrinas no implantadas por el Padre, aunque las tomaran como las Escrituras. Muchos beben de esa fuente pero resulta adulterada, por lo cual el brebaje turbio pasa a ser contraproducente. Pedro refirió a tales personas diciendo que lo que hacían para su propia perdición resultaba. 

Si recordamos las palabras de Jesús a su Padre en el Getsemaní, la noche previa a su crucifixión, nos daremos cuenta de que cuando daba gracias por los primeros discípulos habló de los segundos, de los siguientes. Él dijo que estos últimos irían a creer por la palabra de aquellos primeros hombres enseñados por él y por el Padre. Es decir, si ellos hubiesen sido enseñados por los fariseos su fruto habría sido corrompido. Del falso evangelio no sale nada bueno, no hay un solo fruto que se aproveche. Los fariseos eran personas cultas, muy aprendidos en materia teológica del judaísmo, muchos de ellos eran hombres probos, con una ética austera y una religiosidad conocida. Hablaban de Jehová, conocían sus distintos nombres, sus manifestaciones en la historia de Israel, de su providencia para con los gentiles y de su control en la naturaleza creada. 

Ellos se habían ocupado de organizar equipos humanos para la transcripción de los textos anteriores, para que los escribas cumplieran con los requisitos básicos y copiaran los antiguos pergaminos en forma fiel. No toleraban errores, vivían ocupados del reino de Dios pero no conforme a ciencia. Sin embargo, su doctrina contradecía la enseñanza del Padre por lo cual Juan el Bautista se les opuso en forma abierta. Las enseñanzas contra las Escrituras deben confrontarse con la verdad, pero sus instructores deben dejarse de lado y no seguirlos. 

La falsa doctrina crece como la hierba del monte, se propaga como el incendio, posee el signo del humo para que sea vista por muchos. El corazón del hombre natural la aprueba porque él busca fábulas artificiosas que lo consuelen en su teología carnal. Un dios hecho a la medida de las expectativas humanas será bienvenido siempre que satisfaga a la mayoría. Un Dios que sea amor, que tenga el poder de cambiar el orden de las cosas, de quitar mandatarios déspotas e inútiles, que ayude al avance de la ciencia (aunque sea falsa), que permita la libertad humana y deje chance para las buenas obras que ayudan a la redención final, son algunas de las expectativas que el hombre natural y religioso posee. 

Si la palabra revelada contradice tal deseo propuesto, los expertos intérpretes se ocuparán de darle el giro necesario al texto bíblico para hacerlo coincidir con el retrato hablado del dios que aquellos desean. El Jesús de la Biblia ya no muere por su pueblo sino por todo el mundo, sin excepción; la expiación ya no redime a nadie en particular sino a toda la humanidad en forma potencial. La justicia de Cristo no resulta completa, pero puede recibir la justicia humana para emparejarla ante el Todopoderoso. El hombre muerto en delitos y pecados ya no ha fenecido sino que apenas está enfermo. 

Incluso los nombres de los redimidos no fueron escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo, sino que se pueden empezar a escribir desde que los prospectos levantan la mano, hacen una oración de fe y dan un paso al frente en una congregación. La salvación que Dios pasa ahora al cuidado humano, para adjuntarle buenas obras que aseguren su consecución final. El Dios soberano del cual habla la Biblia ya no es tan soberano, el hombre impotente reseñado en las Escrituras tampoco es tal, así que coadyuva con el forjamiento de su propio destino.

Las falsas doctrinas denunciadas por Jesús no resultan en un problema a la hora de hablar de ecumenismo. Mientras existan puntos de coincidencia entre las diversas denominaciones cristianas, o incuso frente a otros cultos religiosos, lo que hace disentir se deja de lado en pro de la unión social que trae paz a la doctrina. Ahora se quiere a Jesús con el corazón aunque con la mente no se le comprenda mucho. Como si hubiese una dicotomía entre corazón y mente, como si Jesús no hubiese hablado de lo que existe en el corazón humano, como si lo que en éste abunda la boca no hablara.

El problema grave de lo que decimos no lo es solo para el falso maestro, sino que se extiende para cada oyente de la errónea doctrina. Seguir a un ciego hacia un hueco no conviene a sensatos. Por otro lado, Jesús nos dijo que no diéramos lo santo a los perros ni las perlas a los cerdos. Este dicho implica que nosotros, sus discípulos o alumnos, estamos en la capacidad de conocer quién es un perro y quién es un cerdo. Juan el Bautista conoció muy bien a los fariseos (perros y cerdos del momento) y no los quiso ni bautizar. El juzgar con justo juicio implica una criba hecha con nuestro entendimiento. La prueba de los espíritus se hace necesaria para saber quiénes son de Dios.

La palabra revelada viene a ser el papel tornasol junto al reactivo que nos permitirá conocer la reacción con el elemento a prueba. El árbol malo no dará un fruto bueno, no podrá el hombre de religión cuya doctrina no fue implantada por el Padre confesar el verdadero evangelio de Jesucristo. En algún momento su libertad de habla lo delatará y dejará en evidencia su cambio teológico. Algunos aseguran que el Espíritu Santo no es una Persona del Dios Trino, sino una fuerza, o tal vez sea el mismo Padre o el mismo Hijo. Otros aseguran que siendo una persona sigue repartiendo dones de santidad, de lenguas extranjeras, de profecía para estos días en que ya todo eso se cerró. 

Otras personas se empeñan en afirmar que un espíritu puro como Jesús no pudo venir en forma material a esta tierra contaminada de pecado, así que se mostró apenas en forma aparente. Hay quienes afirman que si Jesús es el Hijo de Dios no debe ser coeterno con el Padre, ya que tuvo que nacer en un momento dado de la eternidad. Por otra parte, están los que necesitan que María haya sido sin pecado concebida para que el Hijo albergado en su regazo no sufriera la contaminación del pecado. Pero estos han dejado hasta su concepción el problema, asunto que debería extenderse hasta la madre de María y así sucesivamente hasta Eva en el Edén. Pero también existen otros heréticos muy peligrosos, los que dejan quieta a la humanidad o la persona de Jesús y se enfocan en su trabajo en la cruz. Estos últimos abundan en muchos círculos religiosos de la cristiandad, cuando proclaman la expiación general o universal hecha por Cristo en favor de toda la humanidad, sin excepción. De esta manera lo colocan como un salvador potencial del hombre, el cual tiene que completar el proceso de redención dándole el visto bueno a la oferta generosa hecha por Dios.

Para muchos la obra de Jesús se desconoce, aquella obra de la expiación, sin que se comprenda su significado y alcance. Se da preferencia a la obra ética, a la moral y buenas costumbres de la vida cristiana, pero la doctrina enseñada por el Señor se desprecia por ser un asunto intelectual. En la dicotomía inventada se le prefiere amar con el corazón aunque no se le comprenda con el intelecto. Pero para nuestro peligro se han levantado esas enseñanzas que están de frente contra las Escrituras.

Quiera Dios crear en nosotros un corazón nuevo, como dijera David. Ese corazón nuevo ha sido lavado con la sangre del Cordero inmolado en favor de todo su pueblo (Mateo 1:21). Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17). Pero el que confía en sí mismo, en sus buenas obras, es un loco (Proverbios 28:26). El corazón redimido anhela las cosas que son de la doctrina de Dios, se ocupa de ellas, las enseña con fuerza. Entiende que el conocimiento del siervo justo hará que él sea justificado (Isaías 53:11), y no solamente asume la noción de que hubo un hombre llamado Jesús que resultó ser el Hijo de Dios. La idea de que Jesús haya muerto por todos, sin excepción, implica que todos los seres humanos son salvos. Eso no lo enseña la Escritura y deviene una herejía de gran tamaño. En ese error militan más del 90% de los autollamados cristianos de hoy en día. El hueco donde caerán será muy ancho para que puedan caber todos, pero muy profundo como para que no puedan jamás salir.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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