S?bado, 23 de abril de 2022

La Escritura asegura que los que mueren sin la expiación de Jesucristo a su favor serán atormentados por siempre en el fuego que nunca se extingue. Muchos sostienen que esto no puede ser concebido en un Dios de amor, pero olvidan que Él también es definido como fuego consumidor. Alegan que un cuerpo en llamas tiende a extinguirse, pero desconocen que para Dios no hay nada imposible. No habla la Biblia de cuerpos virtuales, así que la resurrección acarreará un cuerpo nuevo, que no desaparece con nada, un instrumento para que el alma perciba el daño al que ella fue sumida. Un pecado contra el Dios infinitamente santo no puede ser cancelado por el ser humano. La justicia de Dios demanda el castigo apropiado, aunque no nos guste esa idea terrible. Quizás por ello muchos supuestos cristianos han abandonado la idea del infierno eterno, habiéndose suscrito al concepto de la aniquilación total. De esa manera cumplen con dos propósitos: 1) alejan el tormento en forma temporal, al imaginar que no importan sus pecados porque ellos dejarán de existir perpetuamente; 2) hace a Dios más bueno, lo asemejan a lo que imaginan que debe ser. Porque fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta las profundidades del Seol; devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes (Deuteronomio 32:22). Esta es una prueba de un juicio temporal contra los judíos, por su incredulidad y rechazo al evangelio, al Mesías mismo. Se anuncia acá la destrucción de Judea, pero denota por igual el fuego como instrumento de castigo en el Antiguo Testamento. Así como les aconteció a Sodoma y a Gomorra sucedería a esta nación escogida por causa de su rechazo a Jesucristo. Esto se cumplió, pero es un anuncio de lo que vendrá a la humanidad que ha rechazado al Hijo de Dios. Así acontecerá a todas las naciones que se olvidan de Dios, a todos aquellos a quienes han sido dejados como réprobos en cuanto a fe por siempre. ¿Quién entre nosotros puede vivir en el fuego consumidor? (Isaías 33:14). Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua (Daniel 12:2). El impío que vive sumergido en el pecado, sin remordimiento ni vergüenza, sino exhibiendo su boca contra el cielo y burlándose de los que temen a Jehová, será levantado junto con todos sus pecados y rendirá un juicio que cobrará sus maldades en forma perpetua. La idea de un infierno donde la gente vivirá en una farra continua, no es sino un engaño más de Satanás. Allí no habrá música ni cantores, el humo del tormento de los que habitan el infierno subirá por los siglos de los siglos, sin reposo de día ni de noche (Apocalipsis 14:11). Voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti (Apocalipsis 18:22). Jesucristo nos dijo: No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden aniquilar el alma; teman a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (Mateo 10:28). El alma es inmortal, por eso no puede ser aniquilada por los que matan el cuerpo, aunque sí puede ser enviada por Dios al infierno de fuego. Fijémonos que el cuerpo también será enviado al infierno, para recibir castigo, ya que habrá una resurrección para muerte eterna (la muerte segunda). El gusano de esa gente no muere ni el fuego se extingue, afirmó Jesucristo (Marcos 9:44). De manera que resulta en una gran verdad lo anunciado por el Señor, sin que parezca alguna metáfora de lo que estuvo acostumbrado a predicar. La prédica sobre el infierno que no termina ha sido eliminada de los sitios religiosos de la cristiandad, para suavizar las palabras del Señor, para que no parezcan duras de oír. Ese Dios que es fuego consumidor suena terrible, pero sigue siendo irrespetado durante el breve período de tiempo que le toca vivir al ser humano sobre la faz de la tierra. Si este anuncio sirviera para motivar al arrepentimiento sería de gran ayuda para muchos, pero al parecer se aprovecha para burla de los que predicamos el infierno como lugar de castigo. Se nos dice medievales, como si aquello fuese una enseñanza de esa época oscura de la humanidad. El Hijo de Dios fue uno de los que más mencionó en las Escrituras sobre la existencia de este lugar de tormento para los irredentos. ¿Por qué tomar en cuenta sus otras enseñanzas y desdeñar este anuncio tan objetivo que diseminó Jesús? El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él (Juan 3:36). Jesús es el buen pastor que dio su vida por las ovejas; pero muchos no creen en él porque no forman parte de sus ovejas (Juan 10:26). Estos son los que rechazan a Jesús y no reciben sus palabras, pero esas palabras pronunciadas no pasarán sino que se cumplirán literalmente. La vida eterna se procura y se busca, junto al honor y a la incorruptibilidad, con mucha perseverancia (Romanos 2:6). Justo sería afirmar que estas personas que perseveran son las mismas que fueron amadas eternamente por el Padre, aquellas por las cuales Jesucristo murió en la cruz, representándolas para sufrir el castigo de sus pecados en su cuerpo. Los otros, los cabritos, son los amadores de sí mismos, los que no obedecen la verdad sino la injusticia, los que obtendrán ira e indignación (Romanos 2:8). Esta comparación de estos dos grupos debe hacerse para que el creyente pueda mostrarse agradecido cada día por el amor eterno del Padre. El otro grupo no puede ni quiere, ya que odia a Dios de acuerdo a lo que la Biblia dice de ellos. La Biblia añade que la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. No tienen excusa, ya que habiendo conocido a Dios no le glorificaron como tal, ni le agradecieron; más bien se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y reptiles. Esto es idolatría, cambiar la declaración de Dios en lo que al hombre le convenga. Por esa razón Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador. Por eso Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen. Un gran etcétera viene a continuación, así que razón de sobra existe para el castigo eterno (Romanos 1: 18-32). Queda una gran expectación de juicio en los que rechazan al Dios de las Escrituras. Isaías dijo que si alguien oye hoy su voz no endurezca su corazón, que lo busque en tanto que está cercano. El que tiene arrepentimiento para perdón de pecados verá misericordia y la ira de Dios se apartará de él. Después de esta vida solamente viene el juicio, uno de recompensa y otro de castigo. El evangelio se anuncia para testimonio a todas las naciones, para que las ovejas oigan la voz del buen pastor y lo sigan cuando son llamados eficazmente, para que los cabritos conozcan desde ya su destino macabro.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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