Mi?rcoles, 06 de abril de 2022

El Espíritu de verdad es el espíritu de la doctrina de Cristo, ya que la verdad o la mentira son un asunto doctrinal. De la abundancia del corazón habla la boca, el árbol bueno se conoce por su buen fruto; así que el Espíritu de Dios conoce su mente y habita en los hijos redimidos para conducirlos a toda verdad. ¿Cómo podría el Espíritu mantener en la ignorancia del verdadero evangelio a quienes habita? El falso evangelio se calificó como maldito, así que el falso espíritu pregona y sostiene esa mentira. 

El Espíritu Santo hace que el hijo de Dios crea la verdad porque Él es un Espíritu de verdad. Conviene contrastar al Espíritu de Dios con el espíritu del mundo, con el falso espíritu santo que muchos manifiestan poseer. Tal vez ese espíritu los posee y les facilita el aprendizaje de las doctrinas de demonios. Por esa razón decimos que el Espíritu de verdad es el espíritu de la doctrina, pero de la doctrina de Cristo. Esa doctrina es la misma que la del Padre, así que los que predican un evangelio diferente son declarados anatemas.

Anatema será el que se afirma en el libre albedrío de los muertos en delitos y pecados, el que niega que el hombre pereció espiritualmente en Adán (en Adán todos mueren). Esta persona asegura que el hombre no murió sino que sufrió enfermedad espiritual, con lo cual intenta lavar el nombre de Dios de lo que su inconsciente le acusa. Dice que Dios sería injusto si hubiese inculpado al pobre de Esaú aún antes de que hiciese bien o mal, por eso alega que Dios supo con anticipación que Esaú iba a vender su primogenitura, por lo cual le vino su odio.

En otros términos, esta gente se avergüenza del Dios de las Escrituras y cambia sutilmente algunos términos y contextos que parecen duros de soportar, por lo que van por el mundo con su pregón libertario. Claro, repiten una y otra vez, si el hombre es libre puede declararse culpable de sus faltas; pero ignoran que no conviene trasladar los asuntos del Derecho humano al área de la teología o Derecho Divino. Pero por negar un punto deben negar muchos, por lo que declaran que Jesucristo murió por todo el mundo, sin excepción, para que el Padre sea un Dios equitativo.

Militan en un socialismo teológico, o en una democracia teológica, pero se alejan del Espíritu de verdad porque nunca los ha poseído. Si Cristo murió por todos, sin excepción, lo hizo por todos aquellos que paran en el infierno de fuego. Pero como la idea del infierno también les parece vergonzosa, achacan toda culpa al individuo que rechaza la libre oferta del evangelio, otra de las grandes mentiras que pregonan. Las doctrinas de demonios son cuantiosas y la iglesia institucional (no el verdadero cuerpo de Cristo) tiene el encargo ministerial de su propagación. 

El gran test expuesto en forma implícita en Romanos 9 viene a espantar a los religiosos de oficio, que se alejan cada vez más del Espíritu de verdad. Pareciera que el espíritu de estupor los hubiera alcanzado por cuya razón conviven con la mentira como los cerdos en el cieno. Estos son capaces de mostrar pietismo público, arrepintiéndose una y otra vez de su incredulidad, pidiendo perdón por alguna desviación teológica con lo cual ocultan las otras desviaciones de las que no se han arrepentido. Esto pasó con Pelagio, cuando negó el pecado original, cuando dijo que Jesucristo no era necesario para el perdón de pecados y cuando se afianzó en el supuesto libre albedrío humano.  La iglesia oficial de turno lo excomulgó y lo expatrió (castigo típico de aquellos días), alegando las múltiples herejías de este monje. Sin embargo, transcurrido un breve tiempo, Pelagio volvió arrepentido de su herejía mayor (que Jesucristo no era esencial para la expiación del pecado humano) y fue admitido de vuelta. 

La iglesia oficial de entonces adoptó como doctrina la fantasía del libre albedrío y Pelagio continúa vigente dentro de las filas del cristianismo oficial. Hoy día uno puede ver esta actitud del monje en muchas personas de pública religión, cuando se arrepienten por algún dato herético suministrado pero con esa alharaca todos hablan bien del personaje, por causa de su arrepentimiento, sin importar el resto de doctrina que poseen. Ocúpate de la doctrina, le dijo Pablo a Timoteo. Por su conocimiento justificará el siervo justo a muchos, alegó Isaías respecto al Cristo. Si alguno se extravía y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene al Padre ni al Hijo, asegura Juan el apóstol en una de sus cartas. Agrega Juan: el que le dice bienvenido al que no trae la doctrina de Cristo participa de sus malas obras (2 Juan 1:9-11).

Puntualicemos, si una persona religiosa desconoce lo que significa la imputación de la justicia de Cristo por intermedio del sacrificio expiatorio, entonces anda bajo la influencia del espíritu no santo. Lo mismo sucede para el no religioso, así que conviene conocer lo que hizo el siervo justo mencionado por Isaías. Él vino a morir en exclusiva por su pueblo (Mateo 1:21), no rogó por el mundo por el cual no iba a morir (Juan 17:9), dio su vida por el mundo amado por el Padre (Juan 3:16). Muchas de estas personas que han profesado y creído un falso evangelio, un día llegan a reaccionar frente a la doctrina de la soberanía absoluta de Dios. Les parece interesante, así que dicen asumirla; sin embargo, sostienen por igual que mientras ellos creían en otra doctrina eran salvos igualmente. Esto no es más que el testimonio de un árbol malo que da mal fruto, ya que de lo que abunda en su corazón su boca habla.

No pueden desprenderse de sus líderes espirituales, de los cuales dependen para su salud del alma. El disfraz de esos mecenas los deslumbró, como deslumbra el ángel de luz llamado Lucifer. Sus ministros también saben colocarse su vestimenta para subyugar a sus prosélitos, a quienes hacen doblemente merecedores del infierno de fuego. Por cierto, aún este infierno también lo niegan, bajo el ardid de que si el gusano no muere es por que no hay fuego. Ignoran el poder de Dios, su capacidad para hacer lo que ha querido hacer, pero de esa manera ahuyentan sus congojas por su muerte.

Los que no creen el evangelio no han sido regenerados, así de simple. Si se cree otro evangelio no se puede pasar al verdadero como si fuera un asunto de subir un peldaño más en una escalera. Se trata de nacer de nuevo, y cuando una persona nace de nuevo lo viejo pasa, su falso evangelio termina y no puede computarse como ganancia lo que fue miseria. Eso quiso decir Pablo de sí mismo, cuando dijo que todo lo había tomado por basura (Filipenses 3:8), dándonos ejemplo de lo que cada persona habrá de asumir al pasar de muerte a vida. Una persona que ignora el sentido de la justicia de Dios, está perdida (Romanos 10:3). 

El Espíritu de verdad da vida, nos muestra la verdad, nos anhela celosamente, intercede por nosotros con gemidos indecibles, nos ayuda en nuestras oraciones, se entristece en nosotros cuando contrariamos la ley de Dios. Ese Espíritu Santo procede tanto del Padre como del Hijo (1 Corintios 2:11; 1 Pedro 1:11). Cuando el Espíritu Santo viene a la vida de un pecador, lo restablece, lo lleva a la vida. De esta forma el pecador es lavado (regenerado) como quien lava con agua, de acuerdo a la metáfora usada tanto en el Nuevo como en el Viejo Testamento.

Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Ezequiel 36: 25-27). ¿Acaso no es un ídolo el falso Cristo que muchos profesan? ¿No es un ídolo el concepto del libre albedrío, el que muchos llevan colgado en sus corazones? ¿No es un ídolo el Cristo confeccionado a imagen y semejanza de las doctrinas de demonios? Ese Cristo que murió por todos pero no salvó a nadie, que espera a que un muerto en delitos y pecados levante su mano y lo acepte, resulta incapaz de dar vida a un solo muerto. 

El que cree otro evangelio es llamado anatema (maldito), de tal forma que el que tenga oídos para oír que ponga atención a lo que la Biblia enseña. Andar aferrados a los líderes, ministros de Satanás, porque tienen una palabra más suave que decir, en lugar de la palabra dura de oír de Jesucristo, lleva sin duda a un final de muerte. Pero ya sabemos que hay dos espíritus enviados por Dios hacia el mundo: el Espíritu Santo, del cual conocemos en su palabra, y el espíritu de estupor. Este último también anunciado en la Biblia, pero con una misión desastrosa: va dirigido a los que no aman la verdad sino que se complacen en la mentira. La mentira de un Jesús universalista, de una redención hipotética, de una libertad de espejismo. De esta forma, existe el rechazo general al llamado general del evangelio; pero irresistible se torna el llamamiento eficaz y el don del Espíritu Santo. Los que insisten en rechazar el llamamiento general del evangelio seguirán al espíritu de estupor o de engaño, enviado por el mismo Dios, para que crean en la mentira y terminen de perderse. Para creer nadie es suficiente, sin embargo, lo que es imposible para los hombres para Dios es posible.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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