Martes, 29 de marzo de 2022

Los lectores apegados a la religión que extraen de la Biblia aseguran que Dios ha hablado. Entre tanto, los críticos textuales suman sus esfuerzos a los que niegan que haya un Dios que hable o se interese por la raza humana. El asunto bíblico va más allá de sus detractores o de sus acólitos, pasa por la ciencia que desea desentrañar el relato para verlo en todas sus partes. Verosímiles míticos, normas y leyes, cánticos, poesía y profecía, van configurando la narración en el texto bíblico, de tal forma que cada lector terminará por aplicar lo leído siguiendo su estado anímico en medio de sus creencias.  Metáforas, entimemas, parábolas, ejemplos, son algunos de los elementos con los cuales lidiar a lo largo de la lectura de este antiguo libro.

Una derrota de una nación (Israel o Judá) pudo generar un cántico triste que ha sido llamado Salmo. Una victoria llevaría al júbilo del pueblo y sus poetas compondrían la alabanza. El compilador histórico de la nación elegida armaría su historia para mantener un testimonio de lo sucedido. Por supuesto, la visión individual del relator deja su huella en lo que se presume la objetividad de los informes. Otros hablaron en tono profético, mientras algunos enfatizaron en el trabajo sacerdotal de los que fungían como voceros del Dios de las Escrituras. 

Tal vez en un principio hubo tradición oral, antes que escrita, de tal forma que poco a poco se fue transmitiendo la sapiencia religiosa de la nación para que finalmente se compendiara en forma de libros. Las tradiciones del pueblo del libro fueron plasmadas para que se hiciera un hilo conductor, de tal forma que los sucesores aprendieran y añadieran lo que fuere necesario. Tal vez la urgencia de establecer un canon definitivo nos permitió poseer lo que tenemos como el libro sagrado. Pero así como la ciencia explica asuntos de la física (la naturaleza), ella no puede negar ni afirmar la existencia de Dios. Dios se presume como orden lógico de lo que vemos, pero no puede demostrarse para los científicos.

Resulta claro que hay científicos creyentes, de manera que para ellos la ciencia confirma la existencia de Dios. Pero Dios como concepto no puede ser traído a una mesa de laboratorio para su demostración. El creyente habla de fe, sustantivo que se anuncia en las páginas de las Escrituras. Desde el viejo Abraham se ha aprendido que la fe se cuenta por justicia, a lo cual se añade que sin fe resulta imposible agradar a Dios. El círculo se va cerrando y volvemos a donde estamos: los que creemos no podemos demostrar a los que no creen que Dios es real. Pero los que no creen tampoco pueden demostrar que resulta irreal lo que creemos los creyentes. 

Se ha dicho que hubo un compositor general para el Antiguo Testamento, una o varias personas que se encargaron de unir varios escritos que venían transmitiéndose desde siglos atrás. Muchos de esos relatos comenzarían como tradición oral, de tal forma que tanto el orador (el que relataba la historia en forma oral) como el escritor final plasmaron sus puntos de vista sobre lo que contaban. La construcción de la nación de Israel tuvo su nutrición de esos relatos, los cuales fueron de gran interés y conveniencia para la estructuración política que hemos visto a través de la historia. 

La Biblia nos ha enseñado a ver la historia como un ciclo de eventos que muestran una constante: el pecado humano y su castigo divino, pero al mismo tiempo la posibilidad de la redención por medio del arrepentimiento. De esta manera lo que sucedía a Israel como nación resultó en un modelo para el mundo pagano o gentil (no judío). Asombra mucho, sin embargo, que de esa construcción nacional haya salido la Divinidad que asumimos como verdadera los creyentes. Al poner en entredicho el Antiguo Testamento se nos cae el Nuevo Pacto. El Mesías viene de Israel, la salvación viene de los judíos y fue anunciado por sus profetas,  pero aparece en una época en que ese Israel andaba en su diáspora habitual y bajo dominio extranjero.

Sometidos bajo el yugo romano, la nación bíblica no tuvo forma de luchar en forma eficaz ni por su religión ni por su liberación política. Aspiraban a un Mesías liberador, al estilo de Moisés, que les quitara a Roma de encima. Pero les llegó un Ungido que hablaba otro lenguaje, con una visión de la liberación más avanzada que aquella de Moisés. Uno se pregunta si ese Jesús del Nuevo Testamento también proviene de una invención histórica de los judíos. Bastante raro sería el hecho de que se le diera un giro a su religión del Antiguo Testamento, para pasar de la ley que condenaba hacia la gracia redentora.

El evangelio de Cristo dejó a un lado la tradición y no se interesó en el asunto político de Israel. Si la vieja religión del Antiguo Testamento tenía como norte y propósito el dar aliento social a la masa ciudadana de la nación de Israel, poco hace el Nuevo por los judíos al incorporar a los gentiles al llamado hacia el reino de los cielos. Israel quedó en las páginas del Nuevo Testamento como una nación endurecida en parte, hasta que los tiempos de los gentiles se cumpliesen. Entonces, ¿dónde queda el nacionalismo de Israel si ellos crearon el Nuevo Testamento como una prolongación de su ideología religiosa?

La manera como Dios se haya comunicado con el hombre pudo ser descrita de diversas formas; pero más allá de que haya fuentes diversas, o de que haya existido un gran compilador en un momento histórico entre los sucesores de Jacob o Israel, supondría un trabajo descomunal el dar hilo narrativo a lo descrito en un período de cerca de 1.400 años de literatura bíblica. Definitivamente creemos por la fe que nos ha sido dada, otro problema para los que nos miran con escepticismo. Tal vez piensen que uno se aferra al relato sin importar su fuente, pero en ese relato se habla de la fe y del autor de ella.

Acá nos encontramos en un callejón sin salida, o se nos cae la casa de naipes y empezamos desde cero o Dios nos ha puesto en el filo de la navaja. O creemos por la fe que nos ha sido dada (al menos eso lo asumimos), o nos convertimos en incrédulos de esta literatura bíblica. Si las profecías de la Biblia se cotejan con la historia, ¿dónde quedarán sus detractores? La Biblia presenta la coherencia de un Dios soberano, en un universo creado por su poder. Esa es la explicación que se da al enigma humano acerca de dónde viene. 

La Biblia como relato pasa como un documento histórico de una nación y su relación con sus vecinos y las relaciones con el resto del mundo, porque no podemos negar que el Nuevo Testamento viene como consecuencia de aquellos escritos antiguos. Ciertamente, la Biblia parece una ventana para mirar la historia allí contada, las más de las veces cotejada por los hallazgos arqueológicos. Claro que hay un eje narrativo que involucra al lector con la narración, como cualquier libro pretende que suceda a sus lectores. 

Los que no logran o no pueden creer lo que el relato bíblico dice, pasarán por negarle la gloria al Dios de las Escrituras para dársela a los escritores de tan fantástica literatura. Para los que creemos, nos queda la alegría de haber conocido sus páginas y de poderlas disfrutar en sus múltiples dimensiones. No negamos el trabajo de los escritores, la preservación de los interesados en aquellos papiros y pergaminos, tampoco ignoramos los puntos de vista del narrador de turno. Sin embargo, la armonía temática que apunta a Jesús sobrepasa el asombro. 

Ese Jesús aparece escondido para los que lo vieron sin verlo. Pero se ha escrito que bienaventurados serían aquellos que no vieron y creyeron. La fe viene por el oír la palabra de Dios, no es de todos la fe y la fe es un don de Dios. Quiso Dios salvar al mundo por medio de la locura de la predicación, pero quiso igualmente predicar a través de esos escritos hilvanados por personas interesadas en su nación. Todo eso también forma parte de la locura descrita, lo cual constituye una forma poética de presentarse ante el mundo. Tal vez una ironía viene a ser el hecho de que un Dios omnipotente y tan importante haya escrito un libro por medio de tantos autores y a través de tantos siglos. 

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 7:26
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