Lunes, 14 de marzo de 2022

Habitar por causa de una opinión o convicción, permanecer y estar, son algunos de los significados del verbo griego MENO (μενω). Ese verbo lo usó Juan cuando refirió a los que diciéndose creyentes transgreden (se van del camino) apartándose de las enseñanzas doctrinales de Jesucristo. Queda establecida la relación de oposición entre el transgredir o apartarse y el permanecer o persistir, así que la doctrina de Cristo vincula la antítesis planteada por el apóstol. La didáctica (διδαχή) viene a ser el cuerpo de enseñanzas por las cuales Juan se preocupa.
El que no habita en la doctrina de Cristo no tiene a Dios. En cambio, el que sí mantiene esa doctrina posee al Padre y al Hijo (2 Juan 1:9). Urge examinar la enseñanza de Jesús, el conjunto armónico de ella, ya que no se puede pasar por alto tan importante recomendación, so pena de convertirse en un transgresor. Hubo muchos discípulos de Jesús que lo abandonaron por causa de sus enseñanzas, ya que les parecieron duras de oír. Resultaron ofendidos por las palabras de Jesús, a pesar de que lo seguían por tierra y mar maravillados de sus prodigios y de sus sabios discursos.
Los discursos agradables del Señor tuvieron amplia acogida, pero cuando hablaba de la soberanía del Padre muchos se ofuscaron y algunos procuraron matarlo. En Juan 8:21 Jesús habla de los que morirían en sus pecados porque eran de abajo y no creían en él. Algunos llegaron a creer, por lo que les advirtió: Si permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos (Juan 8:31). Los otros no pudieron escuchar su palabra por cuanto eran hijos del diablo (Juan 8:43-44).
El verbo usado por Jesús fue el mismo utilizado por Juan en su carta. Significa habitar, permanecer, estar, lo que sugiere que estar en Jesús presupone estar en su doctrina. Los que no están en su cuerpo de enseñanza son los hijos del diablo, los que se cargan de odio contra Jesús, como hizo aquella misma gente descrita por el evangelista en el capítulo 8 ya reseñado, los que al final procuraron matarlo (Juan 8:59). En Juan 10:26,31, el Señor confronta a un grupo de personas y les dice que ellos no creen porque no son de sus ovejas (les hablaba de la predestinación, el hecho de ser oveja como condición previa para poder creer). Esa confrontación resultó en otro intento de asesinato (verso 31).
Si los que no permanecen en la doctrina de Cristo no poseen al Padre ni al Hijo, se entiende que como transgresores habitan en otra enseñanza. No existe una casilla vacía en relación a la doctrina de Jesús, no se trata de no creer en su soberanía y en el destino prefijado a los hombres por el Padre, como si más nada sucediese. Las personas intentan llenar el vacío que deja la ausencia de su cuerpo doctrinal con otro conjunto de enseñanzas que contradicen la esencia de lo que Jesús dijo. Por ejemplo, en Romanos 10:1-4 Pablo refiere la conducta de unos judíos que por ignorar la enseñanza o el concepto de la justicia de Dios antepusieron su propia justicia.
Pablo nos dio a entender que la ausencia de la justicia de Dios en la persona la lleva a colocar otro tipo de justicia como compensación. Así que no hay un espacio neutro donde si no se posee la justificación de Dios el hombre pueda permanecer a la espera con ese vacío. Lo mismo acontece con el habitar o permanecer en la enseñanza de Jesucristo, si no se vive en la doctrina de Cristo se vive en otra enseñanza contradictoria. Por lo tanto, Juan concluyó que quien no tiene al Padre ni al Hijo vive en transgresión. Esto nos conduce a inferir que la ausencia del Padre y del Hijo en la persona se llena con la presencia de su antítesis (como los que fueron declarados hijos del diablo).
Podríamos preguntarnos sobre las razones de Jesús para decirle a muchos de sus discípulos que ninguno de ellos podía venir a él si el Padre no lo trajese. También podríamos investigar lo que quiso decir cuando refirió un ¡ay! contra Corazín y Betsaida, dos ciudades donde se hicieron milagros pero que permanecieron incrédulas. Jesús aseguró que si aquellas señales se hubiesen hecho en Tiro y en Sidón, la gente se hubiera arrepentido de sus males. El planteamiento retórico del Señor radicó en el hecho de que no hizo esas señales en aquellos sitios, en el momento oportuno, así que eso obedece a un acto de soberanía del Padre (Mateo 11: 21-24). Pero Mateo concluye su capítulo con otro dicho de Jesús que abarca el tema del Dios soberano: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. ...nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar (Mateo 11:25-27).
Conocer la biografía de un profesor no significa retener el cuerpo de enseñanzas que comparte con sus alumnos. Saber que Jesús es el Hijo de Dios, que nació en un pesebre, que dio señales maravillosas de ética, que sanó enfermos y resucitó muertos, que habló en parábolas, que fue crucificado y resucitó al tercer día, forma parte de la biografía del Señor. Tal vez esos datos anuncian lo que vino a hacer en esta tierra, pero los demonios creen esas cosas y tiemblan. De nada les sirve, como de nada sirve que ese sea el evangelio que se anuncie a las gentes. Otra cosa muy distinta sería conocer el cuerpo de enseñanzas de Jesús, creer en ello y permanecer en su doctrina. Eso se logra si examinamos las Escrituras que dan testimonio de él, si juntamos pieza a pieza lo que dijo de la vida eterna, de la predestinación, lo que inspiró a sus apóstoles a escribir sobre lo que vino a hacer.
En realidad Jesús vino a salvar a su pueblo de sus pecados, fue el enviado de Dios para manifestar su amor por el mundo escogido del Padre. Murió por ese mundo amado, pero no rogó y no murió por el mundo que no fue amado (Juan 17:9). Vino a poner su vida por sus ovejas, no por los cabritos; su rescate se hizo en favor de muchos, no de todos sin excepción. Cumplió a cabalidad con el amor hacia Jacob, pero dejó lejos de su gracia a Esaú y a cuantos él representa. A Judas lo escogió como diablo, para que se cumpliese la Escritura; hay muchos que son destinados para tropezar en la roca que es Cristo, de acuerdo a lo que dijo el apóstol Pedro (1 Pedro 2:8). El que no tiene su nombre escrito en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo, no participa de su gracia (Apocalipsis 13:8; 17:8).
Dado que el Padre declaró que la humanidad entera había muerto en sus delitos y pecados, que no había justo ni aún uno, que no hay quien busque al verdadero Dios, se entiende que no existe libre albedrío humano para desear y poder acudir ante el Señor. Por lo tanto, sería erróneo suponer que los predestinados del Padre fueron escogidos de acuerdo a lo que Él vio en los corredores del tiempo. No fue así porque no vio nada bueno, nada meritorio en los hombres para escogerlos. Simplemente fue su plan eterno e inmutable el hacerse un pueblo para Sí mismo, para darlo al Hijo como fruto de su trabajo en la cruz.
Estas cosas suenan duras de oír para muchos, en especial para los que objetan las Escrituras y sostienen que Dios resultaría injusto si odiara a Esaú aún antes de que hiciese bien o mal, antes de ser concebido. Pero la Escritura afirma que no es por obras, de otra manera la gracia no sería gracia. También dice que el que alterca con el Señor es un objetor, un vaso de barro que pudo ser creado como vaso de deshonra. Así que esto que acá se dice, lo cual ha sido tomado de las Escrituras, forma parte del cuerpo de enseñanzas de Jesús. Si no cree esa doctrina, si le parece injusta, si trata de justificar a Dios haciéndolo más benévolo, transformando la enseñanza de Jesús en palabras suaves de oír, entonces usted está dando muestra de que no vive en sus enseñanzas. Debe ser declarado como un transgresor que no tiene ni al Padre ni al Hijo.
Finalmente, recordemos las palabras de Pablo a Timoteo, para que las pongamos por obra. Él le dijo que se ocupara de la doctrina, para poder salvarse a sí mismo y a ayudar a los demás en esta tarea de la propagación del evangelio de salvación. Juan, por su parte, concluyó que quien no trae esa doctrina del Señor no debe ser bienvenido en la casa de los creyentes que sí viven en esa enseñanza de Jesucristo. La verdad duele pero vivifica a los escogidos de Dios, la mentira subyuga a todos por igual.
César Paredes
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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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