Domingo, 13 de marzo de 2022

Dos vocablos se encuentran en la Biblia para referir al término gracia. El hebreo utiliza CHEN, mientras el griego usa Xaris o Charis. Noé halló gracia ante los ojos de Jehová (Génesis 6:8), tal vez la primera ocasión en que se menciona el vocablo en cuestión. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén (Apocalipsis 22:21), última ocasión en que se usa el término acá referido. Tanto chen como xaris se traducen de la misma manera y representan idéntico concepto. 

Si miramos el contexto del diluvio universal, podríamos comprender la maravilla del concepto de la gracia. Dios se reserva siempre un remanente, los elegidos gratuitamente, sin que nos cueste ni el más mínimo esfuerzo, para demostrar su amor y providencia especial. La elección viene por la gracia, refiere siempre a la manada pequeña, a los pocos escogidos o a los amigos de Cristo. La gracia no se puede manifestar fuera de la persona de Jesucristo, esto forma parte de su definición. 

Si Dios sometió la creación a vanidad lo hizo por causa del que la sujetó a esperanza, el Cordero sin mancha ya preparado desde antes de la fundación del mundo, desde antes de que Adán pecara. El hombre caído quedó separado de Dios, enajenado de su presencia, dado que Dios toma distancia del pecado y no comulga con la iniquidad. Sin embargo, en su propósito eterno quiso reservarse un pueblo para Sí mismo, con el fin de dárselo al Hijo en vista de la gloria que obtendría en la cruz. El plan de redención fue gratuito, en cuanto a nosotros, por eso hablamos de gracia. 

La Biblia usa distintos ejemplos para mostrarnos la gracia divina; tenemos el caso de Noé y su familia frente al resto de la humanidad fenecida en las aguas. Lot frente a la destrucción de Sodoma y Gomorra, la naciente Israel frente a sus enemigos terribles, el linaje escogido frente al mundo dejado de lado. Jacob fue amado eternamente, pero su hermano Esaú fue odiado desde siempre (sin que primaran obras buenas o malas). La gracia viene contrapuesta a la desgracia, así como la buena nueva de salvación se contrasta con la mala noticia para muchos. 

El intento por universalizar la gracia suaviza la tragedia de los no escogidos, pero no la elimina. Más bien enturbia el gozo que el concepto de la gracia genera por su esencia en los elegidos. El ateo se define como el olvidado de Dios, pero hoy día el ateo siente orgullo porque pretende haberse desentendido del Creador. No existe una gracia a medias, mucho menos una gracia condicional. O Dios ama o Dios odia, pero no hay en Él mudanza alguna, ni sombra de variación, como para que provenga de su majestad un te odio y te quiero. 

Muchas personas confunden gracia con providencia. Jehová proveyó para el Faraón de Egipto, dándole las circunstancias esenciales para que se convirtiera en el mandatario de aquella inmensa nación. Gozó de buena salud, se le instruyó en la cultura de su pueblo, pudo ejercitarse en los campos de batalla para que desarrollase estrategias de combate y fortaleza física y mental. De seguro también aprendió de la ciencia de su época, conocía ciertos secretos sacerdotales, se hizo temible ante sus pueblos dominados. Todas estas circunstancias y factores lo elevaron  por sobre otros familiares y conciudadanos para que se erigiera como el Faraón. Cualquiera que mirara esos favores divinos podría suponer ingenuamente que Dios fue gracioso con el Faraón, pero la Biblia afirma que Dios lo había levantado para gloriarse en toda la tierra por medio del castigo que le conferiría. 

Judas Iscariote estuvo más de tres años a los pies de Cristo, aprendió mucho conocimiento ético y espiritual, se benefició de andar con el Hijo de Dios. Sin embargo, aquella actividad suya no le fue contada como bendición y mucho menos puede ser considerada como gracia, ya que de él se habló que iba conforme a las Escrituras pero con un gran ay por lo que sería de él. Confundir providencia divina con gracia suele ser común a pesar del error que conlleva dicha confusión. Dios hace salir su sol sobre justos e injustos, Dios es bueno por definición, pero no da su gracia a todos los hombres en su extensión. Saulo de Tarso vivió como un hombre feroz sometido al dogma de su religión, para lo cual Jehová le había provisto. Incluso estudió a los pies de Gamaliel, el gran maestro de le ley, pero aquello era providencia divina. Su orquestación sirvió para la persecución de la reciente iglesia, para generar temor en los creyentes. Hasta que un día Dios le mostró su gracia en la historia de su vida, ya que había sido formado como vaso de misericordia y no de deshonra. Hubo un momento en que oyó el llamamiento eficaz de Cristo, por lo cual recibió gracia y apostolado (Romanos 1:5). El Señor Jesucristo está lleno de gracia y de verdad, por cuya gracia Pablo pudo alcanzar la salvación en el llamado eficaz, la justificación ante Dios y el perdón de pecados, la adopción como hijo, así como la santificación.

Contrario a su gracia, la ira de Dios se revela desde el cielo (Romanos 1:18), como bien se demuestra por el triste estado de los gentiles, las naciones del mundo que Dios dejó de lado en un tiempo bajo la ley natural. También se muestra esa ira contra los judíos o contra la nación de Moisés, los que a pesar de haber tenido la ley escrita en tablas fueron endurecidos para que no les clarificara el evangelio de Cristo. Dios se indigna contra el pecado y contra los pecadores, pero ha mostrado su gracia para con judíos y gentiles en los que eligió desde la eternidad para ser objetos de su amor. 

La ira de Dios se puso de manifiesto por su ley (escrita en tablas para unos, pero impresas en el corazón de otros seres humanos). Pero esa ley no salvó a nadie sino solo creó conciencia del pecado por la transgresión humana de la norma divina. Los herederos de la ley de Moisés fueron grandes transgresores, en su mayoría, y los que participaron solamente de la ley natural (lo que se conoce de Dios por medio de la creación) se envanecieron en sus filosofías. Estos últimos, en su pretensión de mostrarse sabios llegaron a ser locos: uno de los filósofos griegos dedujo la unidad de Dios, con mucha sapiencia, pero poco antes de morir sacrificó un gallo para Esculapio. Vemos que en ambos casos, los que caminaron alejados del Dios de las Escrituras, sean judíos o gentiles, se mostraron ausentes de la gracia divina, no de su providencia.

Dado que Dios se muestra infinitamente santo, justo y recto, no mostrará su gracia a ninguna persona que no posea idéntica justicia. ¿Y cómo es eso? ¿Dónde queda lo gratuito de su amor? Simplemente que aquella gracia (gratis para nosotros) vino como regalo (sin que Dios nos lo cobrara a nosotros), pero solo en virtud de haberse alcanzado la justicia perfecta del Hijo. Por medio de ese Hijo Noé halló gracia, Moisés también fue objeto de ella, todos los santos hombres de Dios la obtuvieron en los méritos de aquel que habría de venir, del que vino a cumplir la promesa hecha en el Génesis. La simiente de la mujer se manifestó entre nosotros, cumplió toda la ley, agradó al Padre en todo y murió por todos los pecados de su pueblo, conforme a las Escrituras (Mateo 1:21). 

Dios nos mira como perfectos, porque nos ve a través de la sangre de su Hijo, el cual nos compró con ese precio infinito, que solo él pudo pagar. Y si pudo mirar a Noé como objeto de su gracia, aunque su Hijo no había muerto todavía en la historia, lo hizo porque Noé tenía su nombre escrito en el libro de la vida desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8;17:8). Aquellos sacrificios de ofrenda ante Jehová hechos en el Antiguo Pacto se hicieron como sombra de lo que había de venir: aquellos sumos sacerdotes ofrecieron primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo; pero Jesucristo hizo esto una sola vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo, sin necesidad de ofrecer primero sacrificio por sus propios pecados (Hebreos 7:27).

La gracia del pueblo escogido de Dios se contempla en que el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, la cual fue anulada al quitarla el Señor de en medio y clavándola en la cruz (Colosenses 2:14). En síntesis, si el Señor provee aun para los impíos, de manera que cumplan el destino señalado, cuánto más no habrá de proveer para los que ha amado desde la eternidad: Él produce en nosotros el querer como el hacer, por su buena voluntad; nada falta a los que le temen.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:14
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