S?bado, 12 de marzo de 2022

Unas preguntas surgen ante este título colocado, ¿cómo sabe Dios? ¿Habrá conocimiento en el Altísimo? Los gobiernos de la tierra necesitan consejeros, pero ese modelo no puede ser trasladado hacia el cielo, lo mismo que el Derecho de las naciones no puede ser aplicado a los juicios del Señor. La Biblia presenta al Creador como un ser único, absolutamente soberano que hace como quiere y que no tiene consejero. Las naciones enteras se dibujan como una gota de agua en un balde, tal vez  como un grano de arena en e inmenso mar. Así los hombres de la tierra vienen a concebirse como nada y como menos que nada. 

La relación se produce al comparar lo infinito con lo finito. Solamente que Dios no se presenta como un gigante torpe frente a la diminuta gente de la tierra, sino como el Todopoderoso Creador de todo cuanto existe, el Hacedor de todo. Sí, de su boca sale lo bueno y lo malo, de manera que aún al malo hizo para el día malo (Proverbios 16:4). Ese Dios sí sabe lo que hace, de tal forma que nada lo sorprende. No necesita de las bestias del campo para que se las ofrenden como sacrificios, pero se mostró como un Pedagogo al enseñar a un pueblo sobre la ofrenda agradable. Esta enseñanza vino como sombra de aquello que debía de manifestarse en su tiempo, el sacrificio del Hijo en beneficio de todo su pueblo.

Los que se reunieron contra Jesús el ungido, lo hicieron para cumplir el consejo determinado desde antes de la fundación del mundo (Hechos 4:27-28; 1 Pedro 1:20). El único sacrificio eficaz lo hizo Jesucristo, como ofrenda por el pecado de su gente, de acuerdo al designio de la voluntad de quien todo lo hace. ¿A quién haremos comparable a Dios? ¿Qué imagen le compondremos? Esas interrogantes las hace Isaías (40), antes de pasar a describir a los artífices de las estatuas o ídolos, estos últimos de acuerdo a Pablo representan a los demonios (1 Corintios 10:20). Ya Moisés lo había declarado siglos atrás, diciendo que los rebeldes habían sacrificado a los diablos y no a Dios, a los dioses que no habían jamás conocido (Deuteronomio 32:17). 

Poco importa que los sacrificios se hagan en la creencia de que se tributen al Dios de la Biblia, como si quien se acerca a un muñeco que representa a Jesucristo creyera que el muñeco no lo contiene sino que lo evoca. Lo mismo hicieron los otros paganos con Diana de los Efesios, mismo argumento de los católicos cuando alegan que sus esculturas no son el Dios que buscan sino un estímulo que les evoca a ese Dios. ¿Y qué diremos de aquellos que sin esculturas ni dibujos planos siguen a los ídolos que se han forjado en su mente? Sí, muchos tienen tijeras en sus manos para recortar el modelo del Jesús que pueden asimilar.

El Jesús de la Biblia que tiene palabras duras de oír no conviene a muchos. Por esa razón lo dibujan de nuevo, con regla y lápiz, de acuerdo a lo que la teología más amplia les dicta al corazón. De esa forma, alejados del yeso, de la plata o la madera, también cuelgan sus ídolos del Cristo que les conviene a su vana manera de razonar. Alegan que su ética personal da buen testimonio de ese Cristo, que sus cánticos y esfuerzos religiosos a lo largo de sus vidas no pueden tomarse como nada. Pero olvidan lo dicho por Isaías: Como nada, y como menos que nada, son los habitantes de la tierra. 

La práctica supersticiosa con el Cristo que hace milagros, con los salmos que se memorizan para aislar enfermedades o cualquier calamidad, las frases que supuestamente glorifican al Dios de las Escrituras, más un sinfín de matices que se añaden al oficio, parecieran garantizar al prosélito su vida eterna. Pero el Señor afirmó que muchos le dirían en el tiempo final que ellos hicieron grandes cosas en su nombre, pero que pese a ello él les responderá que nunca los conoció. Juan lo advirtió, que quien no vive en la doctrina de Jesucristo, quien la transgrede, no tiene ni al Padre ni al Hijo. ¿Cómo, pues, tendrán el Espíritu Santo? He allí el valor de la pregunta de Dios por medio de Isaías: ¿A quién me haréis semejante?

Si quiere saber a qué se parece Dios, en la Biblia está la respuesta: su majestuosidad no se puede contener, su palabra fiel y exacta no falla jamás. Su soberanía absoluta no puede asemejarse a la soberanía política de las naciones, sus acciones las realiza de acuerdo al designio de su voluntad. De allí que Jehová no tenga consejeros, ni siquiera acepta a aquellos que en nombre de la religión pretenden pincelar un esquema para darlo a conocer. La debilidad de los falsos dioses impide que ellos puedan salvar una sola alma, así que el falso Cristo de los maestros de mentiras no ha redimido la primera.

La pobre deidad confeccionada por la teología de los fabuladores aguarda que un alma se le acerque y acepte su ofrecimiento. Esa oferta de mentiras la hace el Cristo que murió por todo el mundo, sin excepción, que no salvó una sola alma en particular sino que hizo una redención potencial. De esa manera respetó como un Caballero el libre albedrío humano (de los que antes había considerado como nada y como menos que nada, de los que también había dicho que no había entre ellos ni un solo justo, ni uno que lo buscara), como si a Dios le importara la libertad de los muertos en delitos y pecados. Con esa argumentación, el evangelio se convirtió en una oferta universal por lo que cada día se abarata su costo para que se le acerquen más adquisidores. 

Al contrario, Jehová está sentado sobre el círculo de la tierra, una metáfora reveladora para el momento en que fue dicha. Además de la revelación, sirve para enfatizar quién funge como dueño de su creación, por el posicionamiento con el cual se representa. La mayoría de los espías enviados a Canaán vieron a gigantes y corrieron asustados, diciendo que los israelitas parecían como langostas al lado de aquellos enormes seres. Isaías usa esa imagen y compara a los hombres de la tierra como unas langostas frente al Altísimo. Sin embargo, cuánta soberbia acompaña al ser humano caído en delitos y pecados, cuando dice que ellos se hicieron a sí mismos. Tal vez piensan que su presencia en la tierra vino como producto del azar, de la generación espontánea, de la evolución de una ameba, de la energía que no saben de dónde salió pero suponen que siempre estuvo allí.

El servicio a los demonios continúa cada día con más ahínco, pero el hombre despertará finalmente cuando ya no tenga escapatoria. Dios parece haberlos colocado en desfiladeros, así que cuando caigan comprenderán su fin. Dado que Dios no confió en la insensatez humana en materia de teología, Dios escogió a su pueblo para dárselo como fruto a su Hijo por el trabajo de justicia alcanzado en la cruz. Con su sangre fuimos redimidos y comprados, por lo cual hubo un intercambio que nos convenía: Jesucristo tomó nuestros pecados y pagó con el dolor y castigo por ellos, para darnos su justicia por decreto judicial del Padre.

Justificados por la fe, tenemos paz para con Dios. Esa es la justicia de Dios, Jesucristo; recordemos que él no rogó por el mundo sino por los que el Padre le dio (Juan 17). Dios amó a Jacob pero odió a Esaú, aún antes de que hiciesen bien o mal, antes de ser concebidos. Esto forma parte de la soberanía absoluta de Dios, así que el que se enoje por la manera en que Dios muestra su justicia hace fila con el objetor levantado en Romanos 9, el que alterca con su Creador. Dios no tiene consejero, no se convierta usted en uno de ellos, de esos que defienden a Dios. Eso intentaron hacer los viejos fariseos y fueron declarados sepulcros blanqueados por fuera, llenos de podredumbre por dentro, generación de víboras que intentaban escapar del infierno venidero.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:13
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