S?bado, 26 de febrero de 2022

Por todos lados brinca la liebre; la controversia sobre el Mesías salta en la mente de los que confundidos se atascan en la letra del texto. Hablar del primero supone que habrá un segundo, pero también presupone que antes no había primero o que el primero llegó a ser tal por alguna gracia especial. Fue el primero de toda la clase, una expresión que puede asociar a un colectivo de estudiantes, pero que también establece rango y no necesariamente orden cronológico. El hijo que nace antes que los hermanos inicia su primogenitura, pero resulta lógico dentro de esta dimensión del espacio-tiempo que si se le llama primogénito fue porque llegó a nacer. Si se llega a nacer en un momento se supone que antes de ese momento no había nacido. En ese razonar fuera de contexto los arrianos antiguos y modernos (los falsos testigos de Jehová) giran como colgados de una cabuya atada a un poste de hierro. En su tanto mover pudiera caerles el lazo al cuello para degollarlos, así que mejor conviene ver el sentido referencial de lo que Pablo quiso comunicar a los Colosenses. Cristo es el primogénito de toda criatura, asegura el apóstol; bien, pero debemos mirar el contexto de la hermandad espiritual. Nosotros hemos creído y somos llamados hermanos de Cristo, el fruto de su trabajo, de manera que para el Padre Jesucristo representa en esa relación el primogénito y nosotros los segundos, terceros engendrados, y un gran etcétera numérico. Porque si colocamos este texto como guía para inferir que Jesús fue una obra del Padre, una creación material o espiritual, tendríamos que debatir como los arrianos. Pero deberíamos entender que existen metáforas, ya que en el libro de los Salmos se habla de Cristo como el Hijo que ha sido engendrado en un determinado momento. También acá alguien podría incurrir en el error de imaginar y creer que fue engendrado en ese instante en que el salmista escribió el texto. El texto dice lo siguiente: Mi Hijo eres tú; Yo te he engendrado hoy (Salmo 2:7). Ese Hijo fue amado por el Padre y obtuvo su complacencia (Mateo 3:17), mismo Hijo que hizo el universo (Hebreos 1:2). Jesucristo es la imagen misma de la sustancia del Padre, el que sustenta todas las cosas con la palabra de su poder (Hebreos 1:3). Si imagen de la sustancia y no de la forma entonces se implica la coeternidad entre el Padre y el Hijo, para que no se diga que fue creado como Adán lo fue a partir del barro. ¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo? (Hebreos 1:5). El vocablo primogénito puede tener varios significados en la literatura clásica griega. Uno de ellos se deriva de su étimo, el primer hijo, pero también hay otros. Por ejemplo, quizás el más destacado en el contexto paulino viene a ser el que denota jerarquía, el que está sobre todos, el que carga con el derecho de la herencia. El hoy del Padre es la eternidad, así que cuando dijo que lo había engendrado hoy no está diciendo que aquello sucedió el día en que el salmista escribió tal declaración. De hecho, Jesucristo ya era el Hijo de Dios antes de la creación (Juan 1:1-3), por lo tanto mucho antes de que David escribiera el mencionado Salmo. De todas maneras, resulta justo tener en cuenta la interpretación que da Pablo al respecto. Dios ha cumplido lo mismo para nosotros, sus hijos, al resucitar a Jesús; como también está escrito en el salmo segundo: Mi Hijo eres tú, yo te engendré hoy (Hechos 13:33). El apóstol sostuvo que nosotros fuimos levantados de los muertos junto con Cristo y que ya estamos en los lugares celestiales con él (Efesios 2:6), aunque andemos en esta tierra como extranjeros. Lo que acontece hoy para nosotros ya fue decretado en la eternidad por el Padre; lo que sucedería a Cristo en la resurrección había sido ordenado desde el principio. El hoy divino implica la eternidad de la Divinidad, ya que Él siempre es y no se puede decir que tiene pasado o futuro, aunque para nosotros urge la denominación temporal de las cosas. Job, anterior a David, escribió que él estaba seguro de que su Redentor vivía, que al final de todo se levantaría del polvo; pero que él (Job) resucitaría en el día postrero. Si ese Redentor vivía mucho antes de que David escribiera su Salmo, entonces ese hoy del Salmo en cuestión no refiere a una temporalidad concreta circunscrita a la época del rey de Israel. Más bien se anuncia como metáfora, para que comprendamos al Dios que está fuera del tiempo pero que usa el tiempo como parte de su lenguaje. Como bien se le atribuye a Agustín de Hipona: Non est mundus factus in tempore, sed cum tempore (No en el tiempo fue hecho el mundo, sino con tiempo). Eso lo dijo ante la interrogante que le hiciesen, si Dios envejecía, lo cual también se ha reescrito como: Non in tempore, sed cum tempore, creavit Deus caelum et terram). Pablo, de nuevo, en Romanos 8:29, se refiere a los creyentes como aquellos que fuimos conocidos y predestinados (amados y elegidos), dice que el propósito de tal elección fue para que fuésemos conforme a la imagen de su Hijo. Pero hay una razón para todo ello: para que el Hijo sea el primogénito entre muchos hermanos. Entonces quedaría claro que la primogenitura de Jesucristo no se dio en base a que tenga un origen posterior al Padre, más bien vino dicho como metáfora que clarifica nuestra posición ante Dios: somos hermanos de Jesucristo, mientras él sigue como el primero, como la cabeza de toda creación, como la máxima jerarquía. Así como Jesús habló muchas veces en parábolas, para que no le comprendieran, de igual manera el Espíritu ha inspirado algunas parábolas a sus escritores, para que muchos no comprendan. Si hubiere duda de lo que se acaba de decir, pregúntenle a los viejos arrianos y a sus modernos hermanos. También Pablo usa la figura en Colosenses 1:18 del PROTOTOKOS, el primero engendrado, el primogénito, en relación con los muertos. Es decir, Jesucristo es el primogénito de los muertos, a fin de que en todo tenga la preeminencia. Pero alguien podrá preguntar por los resucitados en el tiempo de Eliseo, o por Lázaro levantado de la tumba gracias a Jesús. Sin embargo, ese Jesús ha sido declarado el primogénito de los muertos, por cuanto en él yace el poder sobre la muerte y todos los resucitados previamente lo fueron en virtud de su poder y voluntad. Además, aquellos resucitados no continuaron en la inmortalidad, sino que Lázaro tuvo que volver a morir y espera por la resurrección final de los cuerpos. Si Jesús dijo de él mismo que era el Alfa y la Omega, no se implica por fuerza de sus palabras que llegará un momento en que él mismo se extinguirá, como termina el alfabeto griego con su letra omega. Tampoco, por vía en contrario, se podrá alegar que tuvo un comienzo. El mensaje resulta claro en el contexto de lo eterno, el Alfa viene como el principio de todo, y dado que un Dios eterno no comienza en un momento dado de su eternidad, se entiende que para nosotros, simples mortales sujetos al espacio-tiempo, Dios ha de hablarnos en términos que comprendamos. De esta manera entendemos que Jesucristo es el principio como jerarquía, como la motivación de todo lo creado. El principio de todo o el alfa de todo no tiene ningún comienzo, simplemente se manifiesta en el tiempo creado pero como Dios eterno. Cuando el Génesis relata que en el principio Dios creó los cielos y la tierra, se entiende que se refiere al inicio de la creación de este universo. Si todas las cosas fueron hechas por Jesucristo (Colosenses 1:16), él nunca fue una criatura, o mejor dicho, no fue creado. El es del primer rango, la cabeza de toda creación, como igual se puede afirmar que no tiene principio ni final. Jesús es el más alto de todos los reyes de la tierra, el Rey de reyes y Señor de señores; el de más alto rango en todas las criaturas, superior a los ángeles, quienes le deben adoración, si bien cuando se humanó se hizo inferior a ellos. Fijémonos cómo la Escritura lo describe desde hace tiempo: Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra (Salmo 89: 27: κἀγὼ πρωτότοκον θήσομαι αὐτόν ὑψηλὸν παρὰ τοῖς βασιλεῦσιν τῆς γῆς). No cabe duda de que en este caso se le da el estatus de rey, de alguien preeminente. Por él fueron todas las cosas creadas, lo que prueba, una vez más, que Jesucristo es antes de todas las criaturas formadas, como si fuese el padre común a todas ellas. En realidad, él es el Creador, porque la Trinidad conforma la unidad divina, así que en el principio ellos (las tres personas) hicieron los cielos y la tierra. Y eso lo anuncia el Génesis con lengua hebrea, cuando usa un plural mayestático propio de esa lengua, que se permite mencionar un sujeto en plural junto a un verbo en singular. Los elegidos de Dios lo hemos sido con el fin de servir y glorificar al Señor, tanto en espíritu como en cuerpo, ya que somos suyos. Aún los no elegidos doblarán sus rodillas en el día señalado para tal fin, porque el mundo entero ha sido hecho por y para su gloria. Esto acontecerá cuando el último de los consiervos se complete, cuando llegue el tope de los redimidos del mundo. César Paredes [email protected] destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 17:52
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