Viernes, 28 de enero de 2022

Dentro del grupo de judíos pertenecientes a la congregación de Israel, existieron los profetas, aquellos que por inspiración divina hablaban al pueblo. Pero dentro de ellos también hubo falsos profetas, atrevidos personajes que hablaban en nombre de Jehová sin haber sido enviados por Dios. La lectura sobre la vida y obra de Elías nos da luz para recordar a los 400 profetas de Baal que fueron ejecutados por causa de su impiedad. Ellos habitaban en Israel y recibían estímulo de parte del rey Acab, junto a su esposa Jezabel. También podemos recordar en el libro de los Números de la Biblia a Balaam, quien por dinero quiso favorecer al rey de Moab, habiéndole pedido permiso al mismo Dios para ver si torcía esta vez su voluntad y maldecía a Israel.

Vemos que los falsos profetas tienen una misión clara: hacer que la maldición caiga sobre los que los oyen y los solicitan. Hoy día su tarea la continúan los falsos maestros, esas personas que predican evangelios espurios, que hablan de un Jesús que se amolda a la imagen y semejanza de quien lo invoque. Interesante resulta el que Pedro no hiciera referencia a los falsos profetas que vendrían, más bien habló de los falsos profetas del pasado. Es decir, si antes hubo falsos profetas deberían venir otros falsos profetas, pero el apóstol dio por cerrada esa posibilidad en tanto ya no habría más profecías. Y si no habría más profecía tampoco tendría sentido el referirse a los falsos profetas que vendrían (porque todo profeta que llegare después de cerrada la revelación resultaría falso, lo cual el creyente no debe extrañar).

En cambio, Pedro hizo referencia a los falsos maestros o doctores, los que llevan el nombre de Cristo encima (y se llaman a sí mismos cristianos). Desde que se instituyó la iglesia existen maestros pero no profetas, a excepción de los primeros momentos cuando aparecieron los dones especiales que mermaron hasta su desaparición. La conclusión lógica de esta osadía viene a ser la herejía, junto a los demás errores fundamentales de la doctrina del evangelio. Estos maestros del engaño niegan la imputación de la justicia de Cristo a su pueblo, niegan por igual que Jesucristo haya muerto en exclusiva por su pueblo (Mateo 1:21). También los hay de los que van en contra del concepto de la Trinidad, diciendo que el Espíritu Santo no es una persona del Dios Trino. 

Cabe destacar que cualquier individuo que aparezca hablando de alguna profecía o nueva revelación del Señor ha de ser tomado como falso profeta. Las razones vienen de lo que especificó Pedro, aunado a lo que escribió Juan en Apocalipsis, referente al sello de la profecía. No conviene ni quitar ni añadir algo más a lo que ha sido revelado.  Hoy, los falsos doctores, suponen que por haber leído uno que otro libro de algún liberal incrédulo ya puede definirse como hombre sabio. Se dice que existen textos añadidos en la Biblia que intentan justificar una doctrina determinada, que en los papiros más antiguos no se encuentra lo que en los más nuevo se relata. Bien, de ser eso cierto, existe por igual una gran abundancia de textos ejemplares que demuestran fehacientemente la existencia del Dios en Tres Personas, por ejemplo.

¿Qué se puede decir del bautismo de Jesús? ¿Acaso ocurrió un desdoblamiento de la personalidad de Jesús, como si fuese un ventrílocuo, que habló en forma de Padre? ¿Tal vez se transformó como una paloma desdoblada de su persona y asumió el rol del Espíritu Santo? ¿Estaría Juan el Bautista en presencia del Dios Hijo, quien también era al mismo tiempo el Padre y el Espíritu? ¿Qué se podrá decir de la cita que hiciera Jesús respecto a un Salmo de David, hablando de su señorío como Hijo del Hombre? Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi

diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies (Salmo 110:1; Mateo 22:24). 

Tal vez los sucesores de los falsos maestros de hoy consigan ‘comprobar’ en un futuro que aquellos textos tampoco aparecieron en los papiros más lejanos. Parece ser que el que no va a creer ni que le muestren la evidencia del cielo, como lo afirmó Jesús al rico que se quemaba en el infierno. A Moisés tienen, y a los profetas. Asimismo, estos incrédulos que no desean salir del error, sino que aman la mentira despreciando la verdad, reciben con tranquilidad el espíritu de estupor enviado por el mismo Dios del cielo para que terminen de perderse (2 Tesalonicenses 2:11-13). 

La mentira viene a ser parte de la esencia de Satanás, llamado el padre de la mentira, el engañador que acusa a los hermanos. Ese príncipe de la oscuridad, el cual tiene a muchos cautivos, hace que sus ministros sean expertos en las fábulas artificiosas, en las argumentaciones falaces, en las herejías que pasan por opiniones calificadas con adorno teológico. Dice la Escritura que los ministros de Satanás se hacen pasar por ministros de luz, así que pueden portar Biblias, conocerlas de un lado a otro, mostrar erudición en conceptos, en historia eclesiástica, en diversas doctrinas bíblicas. Claro está, al tener el espíritu de Satanás no poseen el Espíritu Santo, por lo cual pueden hablar en contra de la Persona del Espíritu diciendo que es una fuerza divina o una nueva modalidad o manifestación del Todopoderoso. De esta manera se basan en la historia contada en forma sesgada que pregonó el Concilio de Nicea, donde supuestamente Constantino ordenaba asumir un Credo en forma obligatoria, el cual contenía entre otras cosas la idea del Dios Trino. 

Para resolver algunas herejías se hicieron Concilios, pero en muchos de ellos quedaron al descubierto algunas opiniones privadas de muchos teólogos, aunque se aprobaban otras ideas contrarias a la Biblia en cuanto a doctrina. Por ejemplo, en el Concilio de Éfeso se consideró a María como la madre de Dios (Theotokos), y se condenó el que fuera solo la madre de Cristo. Poco a poco la iglesia como institución del poder político fue tomando fuerza, al tiempo que agravaba dogmas nuevos, en especial en torno a su antiguo ídolo (la diosa madre). Llama la atención el dogma que proclama a María como una mujer concebida sin pecado, el cual data de 1854, con lo cual se nublan textos de la Biblia que refieren a los hermanos y hermanas de Jesús, y al que dice que José no la conoció (no tuvo comunión de esposo con ella) hasta que dio a luz el niño. 

Precisamente porque el Apocalipsis habla de la Gran Ramera, madre de otras rameras, el protestantismo también aparece con múltiples herejías u opiniones propias. Conviene al creyente examinar las Escrituras para buscar el testimonio de Jesús, para reconocer en ellas la vida eterna. No ayuda la vida eclesiástica que sigue rutinas de servicios semanales, aferrada a un dirigente que se supone más cercano al cielo, el cual en su ignorancia de la Biblia dice y contradice en múltiples ocasiones lo que lee y no comprende. Aparte de eso, no se excusan cuando alguien les expone con claridad sus errores, sino que protegen su liderazgo haciendo caso omiso al reclamo. No en vano el pueblo perece por falta de entendimiento, como también se escribió que por medio del conocimiento del siervo justo éste justificaría a muchos.

Ocuparse de la doctrina parece asunto de vida o muerte, como le dijo Pablo a Timoteo. Juan nos advierte contra los que no permanecen en la doctrina de Jesucristo, los cuales no tienen ni al Padre ni al Hijo (dos personas) y, que por supuesto, no poseen tampoco al Espíritu Santo como arras de la salvación final. Juan nos da otro grito de alarma para que no les digamos bienvenidos en nuestros aposentos (o iglesias) a aquellos que no traen la doctrina del Señor. La iglesia no se hizo para el mundo, se constituyó para que los hermanos en la fe pudieran expresarse su amor y crecer en la gracia; la predicación del evangelio se expande hacia el mundo para que los elegidos del Padre lleguen a creer y para que los réprobos en cuanto a fe sean más endurecidos. 

De esa manera no tenemos que decirles bienvenidos a los que no traen la doctrina de Cristo. Pero ¿cómo saber quién la trae y quién no la trae? El Señor nos dejó la clave, nos habló de los frutos con que e conoce el árbol bueno o el árbol malo. Concluyó diciendo que de la abundancia del corazón habla la boca, así que todo aquel que al hablar de su doctrina manifieste algo contrario a lo que predicaron Cristo y sus apóstoles, o que vaya contra cualquier parte de la palabra inspirada, se manifiesta a sí mismo como anatema.

Guardaos de los falsos maestros, los que vestidos de hombres de luz seducen a las almas inconstantes y las esclavizan para hacer mercadería de cualquier tipo. Estos van a las casas de los supuestos hermanos y se gozan en la mentira que sacan de las Escrituras bajo su opinión propia, torciéndolas para su propia perdición. En realidad, todos ellos junto a sus seguidores pueden llamarse hermanos en Satanás.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:13
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