S?bado, 18 de diciembre de 2021

El origen del pecado a infinidad de teólogos les parece un asunto misterioso, lo mismo que el hecho de que un ángel perfecto cosechase maldad para sí mismo. Aluden que Dios como conocedor de múltiples futuros pudo ver que su criatura se convertiría en un ser malvado, pero lo permitió porque como Dios sabio se aprovecharía de ese fenómeno ajeno a Él para llevar cabo su plan. Lo que callan parece ser la temporalidad de su plan, ya que algunos suponen que Jesucristo fue ordenado como Cordero después de que el ángel de luz entrara en escena. 

Volvemos al mito del decreto de permitir, como si una fuerza o evento ajeno al Todopoderoso pudiera darse sin su providencia y voluntad sempiterna. Dado el hecho del pecado como posibilidad futura, el Creador permitiría su aparición así como la caída del príncipe de este mundo. Esto viene como un argumento circunstancial, algo que se inventan los teólogos para desviar la atención del hecho de Dios como autor del pecado.  Confunden, en principio, la aseveración bíblica de que Dios no tienta a nadie ni puede ser tentado, con la acción creadora del pecado de parte del Dios Omnipotente, bajo el alegato de que si hizo el pecado se haría a sí mismo pecador o tentador.

El problema se agrava al suponer que el Dios Creador, que hizo todo lo que existe, y que reclama que hizo al malo para el día malo (Proverbios 16:4), no haya hecho el mal; entonces, si no lo hizo, alguien más tuvo que crearlo y en el conocimiento natural que Él posee lo permitió. Pero el acto de permitir una cosa que no se desea implica una naturaleza inferior a esa fuerza creadora que apareció o se inventó externamente de su voluntad. El que permite algo que no quiere que suceda, lo hace por impotencia, 

aunque después le busque un fin provechoso. 

Dios hizo el universo donde habitamos, pero Dios no se confunde con su obra creada. Si el Creador hizo los animales, ¿dirá alguno que Él se confunde con uno de ellos? Tal parece que ese argumento de la confusión ha aparecido en múltiples religiones, como asegura Pablo al escribir el Capítulo 1 de su Carta a los Romanos. La humanidad apartada del Creador, le dio gloria a las criaturas, adorando reptiles, cuadrúpedos y otros seres o cosas inanimadas, bajo el supuesto de que sus objetos de culto contienen la Divinidad. 

¿Por qué Dios encuentra culpa en Lucifer, creado como tal, si Lucifer no pudo resistir la voluntad de su Creador? Este argumento se asemeja al del objetor levantado por Pablo en Romanos 9, el cual estima a Dios como ser injusto, al odiar a Esaú antes de que hiciera bien o mal. El problema del mal aparece para muchos irreconciliable con el concepto de Dios desde la perspectiva cristiana. Suponen que un Dios benevolente no pudo hacer el mal y continuar con su benevolencia, o que un Dios omnipotente podría eliminar el mal, pero como no lo hace su omnipotencia decae y se convierte un un Dios permisivo. 

Cuando Dios causa un terremoto o un huracán (porque Dios lo ve venir, como dicen algunos sofistas, o porque lo ordenó de su soberana voluntad), causa un mal natural. Ese desastre sobrevenido también ha de atribuírsele al Creador como un mal generado por Él.  Pero no solamente se puede disertar sobre los males naturales, sino de los males naturales. En este último renglón se esgrime la acusación del mal moral como si Dios fuese malo por naturaleza. Pese a lo dicho, el ser humano debería reconocer que no posee libre albedrío, ya que lo que le acontece alrededor suyo no lo puede controlar del todo. El pecado se adueñó de la naturaleza humana, mientras los desastres naturales, aunque estudiados por la ciencia, resultan inevitables.  

La Biblia nos dice que en ocasiones Dios envía plagas a la tierra como castigo por el pecado humano, pero en Adán no hubo pecado hasta que fue vencido por el tentador. Sin embargo, sabemos que como el primer ser humano no poseía concupiscencia, tuvo que haber sido inclinado hacia el mal para que pudiera aparecer en escena el Cordero preparado desde antes de la creación de Adán (1 Pedro 1:20). ¿Quién ideó el plan de redención y cuándo fue hecho? Ya Pedro nos lo dijo en su carta. Dios impone con su soberanía absoluta todo cuanto acontece, y así como están contados nuestros cabellos, su providencia todo lo asume: los pájaros caen a tierra gracias al concurso de la voluntad suprema del Padre (Mateo 10:29). 

La imagen del Dios invisible es antes de todas las cosas, el principio de toda la creación, en quien todas las cosas subsisten. Todas las cosas que existen en los cielos, en la tierra, lo visible y lo invisible, aunque sean tronos, dominios, principados y potestades vienen por el poder de Jesucristo (Colosenses 1: 15-17). Es decir, la Biblia nos asegura que Jesucristo es creador aún de los principados y potestades, sean buenos o malos, de todo cuanto hay en la tierra (el bien y el mal). Agrega la Escritura que todas las cosas en él subsisten, ya que él es antes de todas las cosas. 

El ser humano no posee libre albedrío, como lo ha asegurado la Biblia, ya que o se esclaviza al pecado o se esclaviza a la justicia (Romanos 6:17-18). De esta manera el propósito de Dios prevalece, para que haga todo cuanto ha querido (Isaías 46:10). El hombre natural no soporta ni discierne las cosas que son del Espíritu de Dios, carece de habilidad natural para ello, por lo que le resulta un obstáculo invencible el someterse a la ley divina (dada como prescripción general). Pese a esta realidad teológica (Romanos 8:7), su falta de habilidad no lo excusa de sus pecados ni de su culpa y castigo. El reclamo del objetor se levanta para derivar su propia culpa hacia Dios como el que lo sometió al pecado: ¿Por qué, pues, Dios inculpa? ¿Quién ha podido resistir a su voluntad? (Romanos 9). 

Precisamente porque Dios actúa con la fuerza de su soberanía absoluta, la criatura no tiene libertad de resistir a su poder. ¿Cuál sería su libertad? Solamente puede hacer aquello que le ha sido dado hacer. Tenemos el caso de Judas Iscariote, escogido como hijo de perdición, un diablo que iba conforme al propósito del Padre Celestial. Judas fue conducido a pecar gravemente contra el Hijo de Dios, pero todo ello fue profetizado mucho antes en las Escrituras, como orden divina sobre una criatura que no tenía ni la más mínima posibilidad de oponerse a su guión establecido desde antes. 

¿Cuál libertad tuvo el Faraón de Egipto? Jehová le dijo a Moisés que iba a endurecer el corazón de ese mandatario, para glorificarse en esa dureza y sacar de manera extraordinaria a su pueblo de allí. Una consecuencia de ese acto del Creador fue el nacimiento de la pascua, lo cual anunciaba al Cordero preparado desde antes de los siglos para que fuese manifestado en el tiempo apostólico. El corazón del rey está en las manos de Jehová, a todo lo que quiere lo inclina (Proverbios 21:1). El hombre planea sus caminos, pero de Jehová es la decisión de ellos; porque Jehová conoce el final desde el principio, porque su propósito permanecerá y hará lo que le place (Isaías 46:10). Incluso los días del hombre están determinados en la tierra (Job 14:5). 

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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