Mi?rcoles, 15 de diciembre de 2021

Gran debate existe en torno a si Cornelio era salvo antes de que Pedro le expusiese lo encomendado por el Señor o si fue salvo después de la visita del apóstol. Si ya era salvo, todavía quedaría la disyuntiva de si conocía a Cristo o de si ignoraba la fe de Cristo. En todo caso, nos acercaremos a estas tres tendencias interpretativas. Siempre, apegados a la Palabra de Dios, debemos partir del supuesto de que la Escritura se interpreta con la Escritura. 

No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda ni quien busque a Dios. Dios no escucha a los pecadores, la ofrenda del impío es abominación a Jehová pero oirá la oración del justo. ¿Cómo invocarán a aquel a quien no conocen? ¿Cómo conocerán si no hay quien les predique? Nadie viene al Padre sino por mí (Jesucristo); ocúpate de la doctrina, porque haciendo esto te salvarás a ti mismo y ayudarás a salvar a otros. 

Podríamos seguir colocando textos para demostrar que Jesucristo se presenta como el único camino hacia el Padre, pero cada quien puede leerlos en la Biblia. Con los ya señalados vemos que existe una condición sine qua non para agradar a Dios: la justicia que nos brinda Jesucristo a todos los que él representó en la cruz.  Cornelio fue un centurión romano, el primer gentil en ser bautizado en las filas del cristianismo. En el libro de los Hechos, Capítulo 10, se lee que este centurión era un hombre piadoso y temeroso de Dios, que daba muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios siempre. 

Dios le envió una visión como respuesta, acerca de un ángel de Dios que entraba donde él estaba y le decía que sus oraciones y sus limosnas habían subido para memoria delante de Dios. Luego leemos que el ángel le recomendó enviar por Pedro, de manera que el apóstol le diría lo que resultaba necesario hacer. Una vez que Pedro vino hacia Cornelio, comenzó a exponerle asuntos propios del evangelio. En el verso 35 del Capítulo 10 del libro de los Hechos, leemos que Pedro se refería a todos los presentes como testigos de todas las cosas que Jesús había hecho en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien habían matado colgándole de un madero. 

En otros términos, aquella gente no ignoraba para nada lo que había sido el suceso del momento, las predicaciones de Jesucristo, sus milagros, su aflicción en su muerte y su resurrección gloriosa.  Los testigos pueden tenerse como tales en tanto presenciales, indirectos, observadores o eruditos. No conocemos si Cornelio presenció todo el recorrido de la vida de Jesús, pero se tiene por cierto que conocía todas las cosas que Jesús había hecho, de acuerdo a las palabras de Pedro. En ese caso se cumplía con la futura declaración del apóstol Pablo: ¿Cómo invocarán a aquel a quien no conocen? Cornelio conocía a Jesús como el Mesías anunciado para los hebreos, por lo que como gentil alcanzó a creer de acuerdo a los planes eternos del Padre Celestial. Recordemos que en Hechos 10:22 se reconoce a Cornelio como un varón justo, y si la Escritura había declarado que no hay justo ni aún uno, ni quien busque a Dios (Romanos 3:10), el hecho de que quienes buscaron a Pedro hayan dicho esas palabras implica, por fuerza, que Cornelio había creído en Jesucristo como el Mesías Señor.

Por otro lado, como ya se mencionó, El sacrificio de los impíos es abominación al Señor, mas la oración de los rectos es su gozo (Proverbios 15:8).  Cornelio como hombre recto no puede catalogarse como impío sino como justificado; además, si Jehová abomina el sacrificio del impío (la ofrenda del impío) no se hubiese agradado de las ofrendas y limosnas de este centurión romano. Si estuvo prohibido a Israel ofrecer algo impuro como sacrificio, cuánto más a un gentil o pagano se le contaría por abominación su ofrenda (Proverbios 21:27; Isaías 1:11). 

Aquellos rectos de corazón para con Dios, con un espíritu renovado, poseen la verdad de la gracia. El propósito del evangelio presupone salvar a los elegidos, a las ovejas del Buen Pastor (Juan 10:1-5, el que dio su vida por las ovejas Juan 10: 11); pero también el evangelio edifica. Pablo sabía que Timoteo había creído y tenía la salvación de Jesucristo, pero por igual le encomendó tener cuidado de él mismo y de la doctrina, pues haciendo esto, dijo, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren (1 Timoteo 4:16).  Aunque ya era salvo, Pablo le dijo que él se salvaría al tener cuidado de la doctrina; asimismo, el Espíritu lo tenemos como garantía  hasta la redención de la posesión adquirida (lo cual será en tiempo futuro, de acuerdo a Efesios 1:13-14). En el informe de Pedro a la iglesia de Jerusalén acerca de la conversión de Cornelio (como para demostrar que Dios salvaba por igual a los gentiles), les habló de su presencia en la casa del centurión romano, pero agregó que de esa manera sería salvo Cornelio y su casa (Hechos 11:14), un futuro como el que Pablo le mencionó a Timoteo, pese a que éste ya se contaba como redimido. El futuro empleado en las expresiones te salvarás a ti mismo, expresado a Timoteo (1 Timoteo 4:16) como hombre ya salvo, equivale a serás salvo tú, y toda tu casa (Hechos 11:14), dicho en referencia a Cornelio como hombre ya redimido.  

En ambos casos mencionados la salvación a futuro presupone también una salvación presente. Otro de los propósitos de la predicación del evangelio consiste en llevar edificación a los creyentes (la Palabra de Dios no vuelve vacía, da gracia a los oyentes, salva o aumenta la condenación: Santiago 3:1). Los que renacimos para una esperanza viva … para una herencia incorruptible … somos guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación … manifestada en el tiempo postrero (1 Pedro 1: 3-5). Pedro refiere al ya renacido por el Espíritu (ya salvado) como a alguien guardado por Dios para alcanzar la salvación que será manifestada en el tiempo postrero; es decir, el apóstol menciona al ya redimido como alguien que será redimido por igual en el futuro. 

Lo mismo se habla de Cornelio, un hombre justo (redimido) cuya ofrenda agradó a Dios, pero que aún siendo salvado sería salvo junto a su casa. Esa salvación futura, en estos casos citados (Timoteo, Cornelio y nosotros -este último de acuerdo a Pedro) no presupone que no sean ni hayamos sido salvados. Justificados ahora por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios (Romanos 5:9); El que cree en el Hijo tiene vida eterna (la ira de Dios no permanece sobre él: Juan 3:36), pero el Señor lo guardará de la hora de la prueba que ha de venir (Apocalipsis 3:10). 

Cabe preguntarse si Cornelio ofrendaba a un ídolo (algo que no es Dios) o si agradaba a un ídolo y no a Dios, porque eso hacen los paganos, todo impío alejado del Señor. Cornelio conocía a Dios y le glorificaba como a Dios; para el Señor no hay acepción de personas, sino los que sin ley han pecado (sin la ley escrita dada por Moisés), sin ley también perecerán (Romanos 2:12), pero la ley está escrita en los corazones (esa ley no está escrita solamente en las tablas dadas a Moisés), para que la conciencia dé testimonio de acusación y defensa (Romanos 2:15). Como está escrito: No hay justo ni aún uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios…no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Romanos 3: 10-12). Pero si Cornelio era un hombre justo para Dios (piadoso y temeroso de Dios con toda su casa) entonces era un hombre convertido ya salvado a quien le faltaba mayor instrucción o edificación en el evangelio. 

Pedro vino para que los judíos vieran que Dios había incluido a los gentiles en la redención (como lo demostraba Cornelio), ya que él mismo estuvo reticente a creer en la pureza que Dios hacía en el universo de los paganos, por medio de su Palabra. Los judíos se maravillaron de que el Señor no hacía excepción de personas, sino que había incluido a gentiles y judíos como su pueblo elegido. Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos al clamor de ellos (1 Pedro 3: 12). Cornelio ya era un varón justo y temeroso de Dios (Hechos 10: 22) porque Jehová había oído su clamor (Hechos 10:1-2). 

Si Dios no hace acepción de personas, sino que se agrada de quien le teme y hace justicia (Hechos 10: 34-35), si Cornelio sabía lo que se había divulgado en Judea y Galilea, acerca del Ungido de Jehová, si había sido testigo de lo que hizo Jesús (Hechos 10:39) -de su muerte y resurrección-, si era ya un varón justo y temeroso de Dios (Hechos 10:22), si Jehová había oído su clamor (Hechos 10:1-2), no puede decirse que Cornelio no creía en Jesucristo antes de que Pedro llegase a su casa. 

Decir lo contrario implica violentar el relato de Pablo presentado en Romanos 1, alegar que Cornelio fue salvado por medio de su sujeción a la ley de Moisés, sin la justicia de Jesucristo, implica no hacer caso de lo que Pablo escribió respecto a aquella ley: el hombre es justificado por la fe en Cristo Jesús, no por las obras de la ley, puesto que por las obras de la ley nadie será justificado (Gálatas 2:16). ¿Cómo pudieron decir que Cornelio era un hombre justo? (Hechos 10:1-2), sencillamente porque un hombre justo implica haber sido justificado por Dios por la fe en Jesucristo, no por las obras de la ley (pues no hay justo ni aún uno, pero Dios es el que justifica). Y de nuevo se dice en la Escritura: por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pescado (Romanos 3:20), así que Cornelio fue justificado por medio de la fe de Jesucristo, por gracia sois salvos. 

Pero hay personas que sostienen que la gente no necesita saber de Cristo para ser salvo. Esto no tiene sentido bíblico, ya que nadie va al Padre sino por Jesucristo (Juan 14:6); nadie puede ir a Jesucristo si el Padre no lo envía (Juan 6: 44). Así que ninguna persona puede ser salvada por su religiosidad, por dar limosna a los pobres, mientras viva en la incredulidad del paganismo o en la religión del evangelio anatema. Las buenas obras de Cornelio demostraban lo que tenía en su corazón, así que ellas son el testimonio de su redención; sus limosnas y ofrendas no lo condujeron a Dios, no lo hicieron justificado ante Dios, sino su fe en Jesucristo. Dios también había elegido gentiles, la gran sorpresa para los judíos. 

Proverbios 15: 8 y 29, junto a Proverbios 28: 9,  nos aseguran que el sacrificio del impío resulta en una abominación a Jehová, pero la oración de los justos le viene como deleite al Señor.

Como conclusión tenemos: 1) Hay gente que sostiene que Cornelio no era salvo antes de que Pedro viniera a verlo y a decirle que Dios no hacía acepción de personas, ya que Dios había escogido gente también de entre los gentiles. Eso se convierte en una interpretación privada de la Escritura, cosa que se presenta como una herejía, ya que la profecía no se trajo por voluntad humana sino por el Espíritu Santo (2 Pedro 2:1-20-21). El término griego αἵρεσις (herejía) significa elección, preferencia o inclinación por una doctrina u opinión. Los falsos maestros introducen herejías destructoras, según 2 Pedro 2:1, atraen destrucción repentina y hacen mercadería de la iglesia con palabras fingidas; por causa de ellos el camino de la verdad se blasfema. Esta interpretación resulta herejía por cuanto sostiene que Cornelio era varón justo, temeroso de Dios, cuya ofrenda y sacrificio agradaban a Dios, pero seguía siendo impío hasta que Pedro le habló. 

2) Va contra la Biblia también la otra interpretación, la que aduce que Cornelio fue salvado  sin la justificación de Jesucristo, la única justicia aceptable para Él. Como si el centurión romano se había redimido por obras y no por medio de la gracia del conocimiento del Siervo Justo, a través de las limosnas, de su supuesto amor por un Dios a quien no conocía, invocándolo sin entendimiento. Recordemos que la ley no salvó o justificó a nadie, pues maldito habría de llamarse el que violare alguno de sus mandatos (Santiago 2:10). De esta manera, la ley escrita de Moisés, presentada en dos tablas, junto a la ley escrita en los corazones de la cual da testimonio la conciencia, no sirvió sino para aumentar el pecado (Romanos 5:20). Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y como ofrenda por el pecado condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne sino conforme al Espíritu (Romanos 8:3-4).

3) La única razón por la cual la Escritura señaló a Cornelio como varón justo (Hechos 10:22) fue porque había sido justificado. Cornelio no desconocía a Jesucristo ni lo que había significado su venida, sus milagros, su muerte y resurrección, de acuerdo al discurso de Pedro (Hechos 10: 37-41). Cornelio creía en Jesucristo antes de que Pedro lo visitara, así que su visita ordenada por el ángel de Jehová significaba la demostración de la unión de gentiles y judíos en la iglesia, sin que Dios hiciese excepción de personas. Los creyentes judíos se maravillaron de aquello, incluso tuvieron un concilio o reunión para definir en adelante esa relación con los gentiles. El que en Hechos 11:14 Pedro haya referido a que Cornelio sería salvado junto a toda su casa, no implica que no haya sido salvo antes; Pablo también le dijo a Timoteo que si se ocupaba de la doctrina se podría salvar a sí mismo y ayudaría a salvar a otros. Lo dijo en tiempo futuro pero ya Timoteo era un hermano redimido en quien habitaba el Espíritu de Cristo. El creyente ya ha sido salvo, pero será salvado de la ira venidera y el Espíritu Santo lo guarda hasta la redención final.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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