Lunes, 06 de diciembre de 2021

El concepto del Dios bíblico importa, como un asunto de vida o muerte. Existe mucha gente que ha conocido a Dios pero que no lo glorifica como lo que es, dado que se dieron a sus propios razonamientos de lo que debería ser un Dios. Dios se manifestó a través de su creación, pero los que se interesaron por Él llegaron a suponer que podían rendirle tributo como si fuese un reptil, un cuadrúpedo, un ave o un objeto inanimado. Algunos fueron más ingeniosos, como los griegos, que hicieron fábulas y mitos a partir de su ancha imaginación. Pero más allá de lo anecdótico, Pablo les dijo que él pensaba hablarles del Dios no conocido. Sí, porque los griegos tenían un monumento al Dios no conocido, por si acaso hubiese otro que ellos desconociesen.

Tener un concepto propio de la deidad puede ser temerario. En realidad la opinión propia se llama herejía, así que en materia teológica rige la interpretación pública de las Escrituras. Dios exige adoración tal como Él se revela, no tal como la gente se lo imagina. Incluso la revelación escrita ha sido modificada por los teólogos de turno, para defender sus posturas teológico filosóficas respecto a lo que parece adecuarse a la masa de personas que los siguen. Si la Escritura dice que Jesucristo vino a dar su vida por su pueblo (Mateo 1:21), la teología de los que esgrimen un concepto propio de la deidad sugieren que murió por todo el mundo, sin excepción. 

Esto parece un mínimo error, o tal vez una opinión de estilo y no de fondo, pero en realidad trae más interpretaciones erróneas al respecto. Si en realidad Jesucristo murió por toda la humanidad, sin excepción, ¿por qué hay tanta gente que se condena? ¿Tal vez su trabajo no fue completado? Entonces, ¿por qué dijo en la cruz que todo había sido consumado? Además, al orar al Padre aseguró que ninguno se había perdido, excepto el hijo de perdición. Enseñó que solamente los que el Padre le enviaba podían venir a él, de tal forma que no los echaría nunca fuera y los resucitaría en el día postrero. Pero hay gente que no viene jamás a él, lo cual indica que el Padre no se los envía jamás.

Así que los vanos razonamientos llevan a errores inmensos con un final de fracaso para el que los asume como si fuesen premisas válidas. Esa vanidad se interpreta como vacuidad, un vacío de la verdad, por lo cual se implica un llenado de mentira. El mundo pagano ha razonado vanamente, con locura, por lo que el apóstol Pablo aseguró de ellos que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido (Romanos 1: 21). Mucha gente se cree sabia en su propia opinión, pero al tener un concepto equivocado de Dios demuestra oscuridad de entendimiento, lo que aprovecha Satanás para cegarlos más.

Bien, Pablo ha dado cuenta del mundo pagano, diciéndonos que no tiene excusa. Así que si ellos quedaron inexcusables, cuánto menos excusas tendrán todos aquellos que oyendo el evangelio lo rechazan, se burlan, lo desprecian. Porque el evangelio es el poder de Dios para salvación, ya que sin evangelio no hay poder para redimir a nadie. El problema de la gente consiste en su justicia frente a un Dios infinitamente justo y recto. La justicia humana la estimó Dios como nada, como menos que nada, de manera que la ley vino para acrecentar el pecado y para que la gracia se manifestara por su bondad. 

Jesucristo vino conforme a la ley, para cumplirla toda y convertirse con su vida y obra en la justicia de Dios. Él representó a su pueblo en el madero donde sufrió y murió, cargó con el pecado de todo su pueblo y retribuyó a cambio su justicia a cada uno por los cuales murió. Recordemos que Jesús le dijo a Nicodemo que el Padre había amado al mundo de una manera muy grande, tanto que le envió a él como Hijo para morir por ese mundo amado. El que creyere en él sería salvado, pero el que no creyere ya había sido condenado. Y la noche antes de su muerte, oraba al Padre para agradecerle por los que le había dado y le daría por intermedio del evangelio incorruptible (la palabra de sus discípulos), pero en forma específica dijo que no rogaba por el mundo (Juan 17:9). 

No existe contradicción alguna, el mundo del que le hablaba a Nicodemo no era el mismo mundo por el cual no rogó al Padre. Son dos mundos diferentes, uno escogido para vida eterna y otro representativo de todos los réprobos en cuanto a fe. Así que Jesús no murió por todos, sin excepción, sino por su pueblo, por sus amigos, por su iglesia, por sus ovejas. A muchos les parece esta palabra dura de oír, tal vez resulten ofendidos, pero no hay otra palabra excepto la de los falsos maestros. Esa palabra extraña dice paz cuando no la hay, le dice a muchos que Dios tiene un maravilloso plan para sus vidas, que Cristo murió por ellos y que ya hizo su parte, que aguarda para que ustedes hagan la suya. De esa manera se completaría el trabajo inconcluso de la cruz.

Nos consuela el que Dios revele su Evangelio a sus ovejas, para que de esa manera sean llamados eficazmente, sepan del perdón de sus pecados por medio de la justicia de Cristo. No hay otro medio de salvación, no es mitad y mitad, no es una gran parte en Jesús y otra pequeña parte en el pecador. Todo depende de lo que Jesucristo hizo en el Calvario. Dios da el entendimiento por medio de su palabra anunciada y a través de su Santo Espíritu que convence de pecado, de justicia y de juicio. Él es el Espíritu de la Verdad, así que no le enseñará un evangelio de mentira; irresistible será en el día del poder de Dios como irresistible será el llamado de salvación. 

La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad (Romanos 1:18). Esos que detienen la verdad son los paganos que conocieron a Dios por medio de la Creación, pero honraron a la criatura antes que al Creador; también son los que habiendo oído el evangelio desdeñaron su mensaje, o torcieron sus palabras para su propia perdición. Ambos grupos reciben la ira de Dios, ya que la verdad es una sola y cualquier intento por suavizar o tergiversar las palabras duras de oír de Jesús redunda en maldición para quienes lo hacen. Dios, que es justo, siente ira contra todo lo que se muestra injusto. La única manera de andar en sintonía con su justicia divina será a través de Jesucristo como nuestra justicia. ¿La tiene usted? ¿Ha sido justificado por medio de la fe de Jesucristo? Por las obras de la ley ninguna carne será justificada, ya que por la ley viene el conocimiento del pecado. La ley no salvó ni una sola alma, sino que ha sido el Ayo que nos condujo a Cristo. 

Cualquier obra que usted añada implica que debe cumplir toda la ley, so pena de maldición. Así que solamente la gracia de Dios redime a todo su pueblo, sin excepción. Feliz aquél cuya transgresión ha sido perdonada y cubiertos sus pecados. 

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 15:23
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