Martes, 30 de noviembre de 2021

La mano de Jehová está contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira. Ellos engañan al pueblo diciendo paz, cuando no la hay; uno edificaba la pared y los otros recubrían con lodo suelto. La pared caerá con lluvia torrencial, con piedras de granizo y mucho viento; con la ira de Jehová caerá junto con los que la edificaron y la recubrieron (Ezequiel 13:9-16). La abominación del Señor incluye tanto a los engañadores como a los engañados, así como a los fariseos y a sus prosélitos; estos últimos, doblemente merecedores del infierno de fuego, por cuanto estando perdidos siguieron los engaños del profeta de mentira.

Los predicadores de vanidad hablan con visión mentirosa, con el engaño de sus corazones. El falso evangelio se propaga en forma fácil, bajo el argumento de cantidad, mientras hace que los seguidores del espíritu de estupor asuman la mentira porque la mayoría no puede estar equivocada. El Señor abomina la mezcla, aunque haya mucha verdad en el mensaje. La voz del cielo en el Apocalipsis decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas (Apocalipsis 18:4). Ese mensaje también lo dejó el apóstol en una de sus cartas: Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! (2 Juan 9-11).

Conviene estimar como pérdida todas las cosas por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, así que cuánto mejor no será abandonar la falsa doctrina para conseguir esa excelencia que buscaba el apóstol. En Deuteronomio 12 Jehová le recomienda a Israel que destruya los lugares donde se le sirve a los dioses, en lo alto de las montañas, en las colinas, en los bosques. Una encomienda para tirar abajo los altares ofrecidos a las divinidades paganas, junto con sus imágenes. Israel debía cuidarse de no ofrecer sus ofrendas a Dios en cualquier lugar que quisiera, ya que eso debía hacerse en el sitio señalado por Jehová. En especial, el pueblo de Israel no debía inquirir en los dioses de las naciones paganas, como preguntándose cómo sirvieron estas naciones a sus dioses. El mandato indicaba alejarse y separarse de lo que el paganismo hacía, ya que el Dios vivo se había manifestado a ese pueblo escogido. Así que Dios odia la falsa religión, la cual considera una abominación.

Estas observaciones fueron escritas por causa de nosotros, para que nos cuidemos en la adoración al Dios vivo, para que no mezclemos las ceremonias del mundo con su paganismo en la iglesia de Cristo. Una trampa existe en el hecho de seguir las maneras en que al mundo le agrada la adoración a lo que ellos conciben como Dios. Tal vez ese Dios del mundo lleve el nombre de Jehová o Jesucristo, tal vez utilicen los mismos escritos nuestros (la Biblia), lo cual hacen para seducir y atrapar a los incautos. Los profetas de mentira, los que andan camuflados, han sido disfrazados de ángeles de luz por su padre el diablo. A esos profetas no les interesa la doctrina de Cristo, ellos la empastan como aquellos que cubrían con lodo la pared, la adornan para que parezca más fácil y menos dura de oír.

La razón por la cual Dios detesta la adoración del paganismo se basa en que lo que los paganos hacen resulta odioso para el Señor. Ellos adoran ídolos, aunque le coloquen a ellos el nombre del Dios de las Escrituras. Por lo tanto, ellos no adoran al verdadero Dios viviente, por cuanto hacen lo que Dios detesta. El celo del Señor se muestra elevado, hasta el punto de prohibir el matrimonio entre un hijo suyo y un pagano (Deuteronomio 7:3; 2 Corintios 6:14). La razón básica de esta disposición radica en el hecho de que Dios tiene aversión a la religión falsa, así que casarse con alguien que cree en cualquier falsa religión o hacer sociedad de negocios con alguien que no milite en la doctrina de Cristo (como yugo desigual) implica decir paz cuando no la hay. 

Los que confían en ídolos son como ellos (Salmo 115:8), pero sepamos que un ídolo genera dependencia. De esta forma cada quien que se examine a sí mismo, para deducir a qué se encuentra aferrado. Por otro lado, el ídolo no siempre viene dado en forma física, en esculturas o pinturas, también puede ser una representación mental. Si alguien reconoce que en la Biblia está la verdad de Dios pero siente aversión por las palabras duras de oír que de ella se desprenden, entonces podrá sortear ese obstáculo para buscar una vía más fácil. En este caso se estaría confeccionando un dios a la medida de nuestra imagen, para poder soportarlo. Sabemos que hablamos de un ídolo, una imagen mental que nos forjamos del Dios pero que no lo representa a Él.

La doctrina se muestra básica y esencial para el creyente, ya que de la abundancia del corazón habla la boca. Dime lo que crees y te diré cuál es tu doctrina, pero tú sabrás si habitas o no en la doctrina de Cristo. El árbol bueno no puede dar un fruto malo, ni el malo dará uno bueno. Con esta exposición Jesucristo quiso afirmar que por los frutos se conocerá la gente, lo que cree y lo que asume como esperanza. Supongamos que alguien encuentra tropiezo con el Dios soberano porque predestinó desde antes de la fundación del mundo el destino de cada persona. Entonces comenzará a hablar fábulas y buscará el argumento de la ficción del libre albedrío. Para evitar tal tropiezo prefiere reinterpretar el texto bíblico y darle un matiz privado, herético, de opinión propia. 

Pedro nos dijo que los indoctos e inconstantes tuercen las palabras de la Escritura para su propia perdición. 

La Escritura nos ha indicado que debemos evitar a toda costa los lugares de Satanás (hablo de lugares mentales). No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Es abominación contra Jehová cualquiera que hace estas cosas (Deuteronomio 18: 10-11). Tal vez usted piensa que la astrología está bien, que mirar los astros para investigar el futuro pudiera ser una señal válida para el creyente. Pero Isaías escribió contra eso también: Comparezcan ahora y te defiendan los contempladores de los cielos, los que observan las estrellas, los que cuentan los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre ti. He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten (Isaías 47:13-14).

Muchos van a las asambleas religiosas y suponen que adoran al Dios de las Escrituras, pero ignoran que ellos cargan a cuestas un ídolo. Sí, un dios que conviene, el resultado del filtro doctrinal, la criba que elimina los textos duros de oír y que deja pasar los cantos de promesa de bienestar. Pero Dios ya lo ha dicho desde antes, que no recibirá esas ofrendas, ni se ocupará de los cantares, de las salmodias ni hará caso de los instrumentos de alabanza (Amós 5:22-23). Sepa que Dios odia la solemnidad de la asamblea que no vive en la doctrina de Cristo (Amós 5:21).

Cuidémonos de las costumbres paganas, de las celebraciones culturales-religiosas que involucran un sincretismo con el evangelio. Cada quien examine su vida y sus costumbres, para que pueda limpiar su escoria espiritual. Evitemos que Dios esconda sus ojos de nosotros o que no escuche nuestras oraciones (Isaías 1:15); eliminemos la mixtura religiosa, alejémonos del paganismo en cualquiera de sus formas y busquemos al Dios vivo en espíritu y en verdad.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 16:56
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios