Lunes, 29 de noviembre de 2021

La buena nueva de salvación puede verse como una mala noticia, así como el camino de subida sirve para bajar. Muchos corren y desean recibir la oferta del evangelio, como si un hombre rico y bonachón sacase dinero de sus bolsillos para repartirlo a quienes lleguen antes que otros. Se escuchan frases como Dios tiene un maravilloso plan para tu vida o Cristo quiere entrar en tu corazón, pero suelen ser las palabras de los maestros de mentiras que dicen paz cuando no la hay. 

A estas expresiones se unen algunas ofertas del evangelio de la prosperidad, de las promesas o primicias, del pacto para recibir favores. Son sutilezas que provienen del pozo del abismo, del falso espíritu que inspira a los ángeles de luz disfrazados por Satanás. En el libro del Génesis, capítulo 3, verso 5, usted puede leer la gran mentira de Lucifer con la cual maravilló a los primeros seres humanos: Usted será como Dios. Esa expresión tiene la máxima arrogancia que pueda ser concebida en cualquier lengua humana, pero sirvió para dar cumplimiento al plan divino formado desde la eternidad. 

Ese plan comprendía la entrada en escena del Hijo del Hombre, el Cordero de Dios destinado desde antes de la fundación del mundo. Para que Jesucristo se llevara toda la gloria de Redentor se hacía imperativa la caída del hombre, así que Lucifer, Satanás o la Serpiente antigua, el dragón o el Maligno, como quiera que se llame, no hizo otra cosa que cumplir a la letra el plan del Creador. No obstante, las consecuencias para la humanidad han sido desastrosas, ya que con el pecado entró la muerte a este mundo. La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús.

Muy bien, pero ese Cristo Jesús fue enviado a morir por todos los pecados de su pueblo (Mateo 1:21; Juan 17:9), así que no podemos convertir la buena nueva de salvación en una oferta general bajo la etiqueta del Dios que tiene un maravilloso plan para tu vida. Pensemos en Judas Iscariote, para ver cuál sería el maravilloso plan para su vida de parte del Creador, o miremos en la vida de Esaú, odiado por Dios aún antes de ser concebido. ¿Y qué del Faraón de Egipto, formado para mostrar en él la ira divina contra el pecado y llevar la grandeza del Señor por toda la tierra? En realidad Dios odia a todos los trabajadores de iniquidad (Salmo 5:5). 

Este texto dice así: El insensato no estará delante de tus ojos, odias a todos los que hacen iniquidad. Una mirada al Diccionario de Strong nos da la clave para contemplar el sentido pleno de uno de sus vocablos:  haw-lal' viene a ser la forma de pronunciar el étimo hebreo que se ha traducido como insensato pero su semántica toma un sendero más amplio. Significa brillar, hacer un espectáculo, jactarse, jactancia por la cual deviene la locura, gloriarse, alabarse. Vemos quién es el insensato ante Dios, así que examinemos la sutileza de los falsos maestros para corroborar su jactancia con la cual consiguen adeptos al recorrer toda la tierra en busca de prosélitos.

Tal vez la cápsula de la piedad contenga los guerreros que asaltan las sinagogas de nuestro tiempo, para plagar de ignorancia a sus militantes y confortarlos con el brillo de su espectáculo, haciendo que sus espectadores se tornen insensatos, locos o vanagloriosos. Esa piedad en la que se camuflan suele ser el conocimiento de la Escritura sacada de contexto, por medio de la cual embaucan a quienes los escuchan. Se oye por doquier el alcance universal de la salvación, ya que de esta manera queda abierta la posibilidad del impío para entrar en el arca a su antojo. Se dice que Cristo murió por cada una de las personas del planeta, así que pagó sus pecados con su sangre y depende de quien desee aceptar ese regalo el validar tal salvación.

Semejante locura se desprende por la carencia de conocimiento. Por el conocimiento del Siervo Justo justificaría éste a muchos, pero el pueblo perece porque carece de tal conocimiento. Así que aquellos que perecen eternamente lo hacen a pesar de que Jesucristo ya pagó por sus pecados en la cruz, mientras los que supuestamente no perecen devienen en los que por su buena voluntad y proba conducta aceptaron la oferta de salvación. Como si Jesucristo al morir no hubiese salvado a nadie en particular, sino solamente a una masa potencial que crece o decrece a medida que la gente se adhiere o se retira de la oferta.

Con razón el Señor se refirió a los que en el día final le dirán: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y él les responderá: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (Mateo 7:22-23). 

Ese conocimiento de Jehová hace referencia al afecto por el sujeto, no solamente al aspecto cognitivo. Como Dios Omnisciente no podría decir que nunca los conoció, ya que sería contradictorio, pero como Dios del afecto y del amor sí que lo puede afirmar. Jamás tuvo comunión con ninguno de estos locos, facinerosos, ostentosos y jactanciosos, ya que Él ama con amor eterno a los que son suyos. Leemos en el Génesis que Adán conoció de nuevo a Eva, su mujer, y tuvieron otro hijo. Se entiende que no se trata del aspecto cognitivo, ya que él sabía quién era Eva. Asimismo, en el Nuevo Testamento hallamos la expresión referida a José, quien no conoció a su mujer (María) hasta que dio a luz el niño. 

Por naturaleza ninguna persona desea ser amiga de Dios, así que todos los seres humanos se han convertido en enemigos de Dios. Pero aquellos a quienes Dios quiso tener como amigos, a ellos llamó sin ruegos ni suplicaciones sino con gracia irresistible o llamamiento eficaz (Véase Romanos 3:9-22; Efesios 2:1-3). Leamos lo que dice el Salmo 110:3: Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Eso quiere decir que nuestra voluntad cambió, ya que por naturaleza éramos hijos de la ira, como todo el mundo, pero algo sucedió en nosotros para que de no querer desear a Dios ahora lo anhelamos. A eso la Biblia llama nacimiento de lo alto o nuevo nacimiento, la circuncisión del corazón o el cambio del corazón de piedra por uno de carne. Esa operación no puede jamás hacerse por intermedio humano, por voluntad de varón, sino por Dios. 

En síntesis, entendemos que la salvación la obtenemos para la gloria de Dios, no por nuestra conveniencia o por nuestros méritos. Adán tenía que pecar para que se manifestara la gracia de Dios a través del Redentor enviado como Cordero sin mancha, para que muriera por nosotros, sus amigos, sus escogidos, sus ovejas. Ninguno puede ir a Jesucristo, a no ser que el Padre lo lleve (Juan 6:44). En estos que el Padre envía hacia el Hijo se puede apreciar el beneficio de la buena noticia.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:44
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios