Viernes, 26 de noviembre de 2021

En la Biblia aparecen al menos tres tipos de arcas. En la versión en español, una de las traducciones del vocablo hebreo para el étimo ARCA aparece como arquilla de juncos (Éxodo 2:3). En efecto, Moisés fue metido en esa arquilla para poder salvarlo de la muerte anunciada por el Faraón. De acuerdo al Diccionario de Strong, bajo el aparte H8392, el término tay-baw se puede traducir como arquilla de juncos o arca. Es el mismo vocablo encontrado para referir el arca de Noé (Génesis 7:7), o el arca de la Alianza (cofre de madera cubierto de oro, para guardar las tablas de los Diez Mandamientos, Éxodo 25:22). Pero en esta última referencia (Arca de la Alianza o del Testimonio), se prefirió colocar otro término que apunta al mismo significado: 'ârôn 'ârôn (H717 de Strong), el cual ha sido traducido a la versión del King James como ARK. Significa igualmente cofre, caja, arcón.

La versión inglesa traduce ARK (ARCA) por igual, a partir de ambos vocablos hebreos. Así que la arquilla en la que se salvó Moisés de las aguas del Nilo, el arca de Noé que sirvió como protección para él y su familia, y el cofre de la alianza o testimonio, nos refieren a la provisión divina para la salvación de su pueblo. El autor de Hebreos nos habla del arca de la alianza como la urna de oro que guardaba el maná y la vara de Aarón que retoñó y las tablas del pacto (Hebreos 9:3-4).

Al parecer, los que perecieron bajo la ira del Dios del diluvio, no miraron hacia el arca de salvación que Noé anunciaba y construía por cerca de cien años. El medio era el mensaje, es decir, la construcción del arca debía indicar la razón por la cual se hacía. Pero ese mensaje caía en oídos sordos, ya que no imaginaban que el agua descendería del cielo. La tierra se mojaba con un rocío que salía del mismo suelo, así que los que alguna vez oyeron a Noé hablar de los aguaceros que vendrían se reirían por considerarlo una fantasía. Tal vez la burla caía sobre Noé y su mensaje, la misma que hoy día escuchamos cuando hablamos de la Segunda Venida de Cristo, del infierno de fuego eterno, del llamado al arrepentimiento y a creer el evangelio. 

Ciertamente, nada parece haber cambiado: el arca que salvó a Noé se asemeja al arca de salvación que Dios tiene para su pueblo: Jesucristo y su justicia, o Jesucristo nuestra pascua. Los que perecieron por el agua no supieron del evangelio de la gracia, ellos se aferraron a sus costumbres de tributo a lo que creían era Dios; pensaron que su opinión personal sobre la Deidad era suficiente y se afianzaron en sus obras. La maldad de los hombres era mucha en la tierra, todo el designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. No en vano Jesús nos refirió este hecho como una de las señales del fin de este mundo, lo que parece acontecer en nuestro tiempo. 

Caín representa con su ofrenda lo que aquella gente que pereció practicaba como religión: Su propio esfuerzo, darle a Dios lo mejor que uno tiene, como si eso fuese suficiente para eliminar la enemistad. La ofrenda de Caín no representaba la muerte como expiación por el pecado, mientras que la de su hermano Abel sí que fue una ofrenda de sangre. Esta ofrenda de Abel apuntaba al Señor Jesucristo, hacia la promesa anunciada a través de la simiente de la mujer. La línea de Caín condujo a la aparición de los gigantes en la tierra, cuyo concepto refiere a los valientes, a los fuertes, a los opresores del hombre: en especial, a los que oprimen al pueblo de Dios. Así que si usted intenta obedecer el evangelio, creyéndolo, sentirá la opresión del mundo como su enemigo. El mundo tiene la naturaleza de Caín, el cual era del maligno.

La ofrenda de Abel agradó a Jehová porque no representó jamás el esfuerzo humano, más bien evocaba la promesa de la Simiente que salvaría a muchos. El agua no penetró en al arca de Noé, un buen sitio de protección contra el diluvio de la ira de Dios. Asimismo, Jesucristo como el arca de salvación de su pueblo propició con su sangre la paz de todos aquellos a quienes representó. El diablo no pudo anegar el esfuerzo del Señor, así que nuestra seguridad descansa en él, en su trabajo consumado, nunca en nuestros esfuerzos. 

El arca de la alianza tuvo una función similar. Ella representaba la presencia de Dios: Allí ciertamente me presentaré a ti, y hablaré contigo desde más arriba de la cubierta, desde entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio (Éxodo 25:22). En la ceremonia del día de la expiación celebrada cada año, el sacerdote podía entrar para mirar el arca. Destaca el que el arca no estuvo considerada como amuleto de magia, ya que el éxito del pueblo de Israel dependía de su condición espiritual. El arca estuvo en las manos de Israel pero no evitó una derrota en Hai (Josué 7:1-6), ya que Jehová castigaba la desobediencia. 

El Señor no puede ser considerado como amuleto contra enfermedades o calamidades, ya que como el Eterno Soberano no puede poseerse por la fuerza, ni puede manipularse para nuestras satisfacciones personales. El poder del Señor, representado en el arca de la alianza, en el arca de Noé, en la arquilla protectora de Moisés en el Nilo, pasan como símbolo de salvación de parte de la gracia de Jehová. No existe mayor seguridad contra su ira que ese lugar, no existe mayor protección contra el enemigo espiritual que ese Santuario. El arca debería recordarnos a Jesucristo en medio de la tormenta, al calmar los mares; debería llevarnos al paralelismo del Dios que nos habla, por medio de su palabra revelada y por medio del Espíritu que habita en cada creyente.  

La finalidad de la ley fue Cristo, ya que todo sacrificio de ofrenda hecha durante el sacerdocio levítico parecía una sombra de lo que había de venir. Así que la perfecta justicia que ella requería la cumplió solamente Jesucristo, como Dios hecho hombre. Por la ley conocemos el pecado, pero el evangelio nos anima a poseer la sensibilidad frente a ese pecado para que acudamos, los que hemos de acudir, al Salvador hecho nuestra justicia. Cristo es el cumplimiento de la ley, el fin del pacto de obras que hubo entre Dios y el hombre. Nadie pudo ser salvado en ese pacto sino mirando al Mesías, a la Simiente prometida, incluso Abraham le creyó a Dios y esa fe le fue contada por justicia. No lo que hizo Abraham se convirtió en su justicia, sino su fe. Así nosotros sabemos que el justo por la fe vivirá, pero vivirá por la justificación alcanzada por el Hijo de Dios en la cruz, cuando representó a cada uno de los que son su pueblo (Mateo 1:21; Juan 17:9). 

El propiciatorio era una lámina de oro que servía como tapa del arca de la alianza, una cubierta o asiento sagrado, que servía para aplacar o redimir mediante pago de rescate. Esa lámina nos separaba del libro de la ley que nos acusa de pecado, por el acto de la sangre rociada en ella. Pero ahora está presente Cristo, en tanto sumo sacerdote de los bienes venideros, no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, habiendo entrado una vez y para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos, y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan (Hebreos 9). 

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:24
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios