Lunes, 22 de noviembre de 2021

La simplicidad del evangelio trae buenas noticias: la persona y el trabajo de Jesucristo concuerdan y nadie puede separarlos. Cualquier intento en dividirlos presupone su negación como lo haría el anticristo. Si somos lo suficientemente astutos no creeremos a todo espíritu; por espíritu Juan puede referirse tanto a personas como a doctrinas (personas tipo anticristo, doctrinas al estilo anticristo). Muchas doctrinas suelen presentarse como provenientes del Espíritu de Dios, a través de los maestros que profesan su calificación para enseñar. Pudieran poseer habilidades pedagógicas, conocimiento general de las Escrituras, bajo una gran apariencia de piedad. 

De igual manera, podemos describir a los ministros del Evangelio como aquellos que tienen el Espíritu de Dios y poseen la calificación de la Escritura y su doctrina. Estos se contraponen a los otros, aquellos a quienes no debemos creerles. De la abundancia del corazón habla la boca, todo árbol bueno dará buen fruto, mientras que todo árbol malo dará mal fruto. Estos frutos no refieren a la moralidad de las personas sino a la doctrina. Observemos la conclusión de Jesús al explicar esta enseñanza: de la abundancia del corazón habla (confiesa) la boca. Dime qué doctrina traes en tu corazón y yo podré conocer el árbol bueno o el árbol malo que representas (Lucas 6:45).

Busquemos en las Escrituras lo que enseñan los profesores del evangelio, hagamos como aquellos de Berea (Hechos 17:11), ya que cada creyente tiene el deber de escudriñar las Escrituras para probar todas las cosas. Ocuparse de la doctrina trae dividendos para la salvación de muchos (como Pablo le sugirió a Timoteo), inmiscuirse en el conocimiento del Siervo Justo rendirá justificación a muchos (Isaías 53:11). El Cristo que vino en carne lo hizo por un propósito, no vino por capricho ni para manifestar el poder divino en el hecho de hacerse humano. En Mateo 1:21 se explica en forma sucinta la razón por la que esa encarnación de la divinidad debía llevar el nombre Jesús (él salvaría a su pueblo de sus pecados). Hay quienes niegan que Jesús vino en carne, ya que como espíritu puro no podría habitar la materia impura. Bueno, la tarea contra el gnosticismo no parece el único tema tratado por Juan, ya que la referencia a la materialización de Jesús presupone el examen de su trabajo como Dios hecho hombre. 

La sangre propiciatoria, la justicia imputada, la expiación del pecado, la reconciliación por causa de nuestra iniquidad, demuestran el gran trabajo de aquel Verbo hecho carne. Negar que Jesucristo vino en carne implica negar ese trabajo que solamente podía hacerlo en carne; pero negar el trabajo como tal presupone por igual la negación del objeto por el que el Verbo se haya hecho carne. De otra manera, ¿para qué hubiese venido el Hijo de Dios a humanarse sino para cumplir con su trabajo? Por su labor en la cruz nos trajo la justicia perpetua (Daniel 9:24). 

Los que viven bajo la ley yacen bajo maldición, debido a la sentencia divina que dice: Maldito todo aquel que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas (Gálatas 3:10). Ninguna persona se justifica por la ley (por sus obras), ya que la ley no tiene nada que ver con la fe sino con las obras (El que hiciere estas cosas vivirá por ellas), pero el justo vivirá por la fe (Habacuc 2:4; Romanos 1:17; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38). Cristo nos redimió de la maldición de la ley, al hacerse por nosotros maldición (el que no conoció pecado por nosotros fue hecho pecado), habiendo sido colgado en un madero, como está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero. 

Para probar los espíritus debemos hacer juicios, así como cuando se ora por alguien que consideramos no salvo. Esa consideración hecha presupone un juicio que hicimos respecto a la condición espiritual de esa persona. Nosotros consideramos que una persona está perdida o salvada en base a lo que confiesa de su corazón, como afirmó Jesucristo. De esa confesión mana nuestra disposición de orar en un sentido específico; con ese juicio no decimos que se trata de un réprobo en cuanto a fe, ya que no tenemos ningún don para descubrir lo oculto de Dios. Pero sí que podemos conocer el fruto de dicha persona para poder diagnosticar si está perdida o si ha sido redimida. El réprobo en cuanto a fe refiere a la condición eterna con la cual se vino a este mundo, asunto que depende exclusivamente de la voluntad de Dios. Pero, ¿cómo saber si alguien vino réprobo (cabra) o como oveja a este mundo? Al probar los espíritus conoceremos si son o no de Dios.

Pablo probó los espíritus de muchos judíos y concluyó que no eran de Dios (Romanos 10:1-4), por lo cual oraba por ellos para ver si podrían ser salvos. Pablo pudo conocer que andaban perdidos, pero no pudo conocer si se trataba de réprobos en cuanto a fe. David fue un hombre concebido en maldad, pero no hay duda de que se trataba de una oveja descarriada a quien el Pastor encontró. En cambio, Esaú, vino como réprobo en cuanto a fe, por lo cual Dios nunca deseó su salvación. Esta distinción conviene tenerla presente para evitar el falso o injusto juicio. El evangelio se anuncia a todos para que las ovejas perdidas puedan encontrar al Buen Pastor, mientras que las cabras huyen de la verdad y siguen más aferradas al extraño.

La religión nos ha acostumbrado a basar nuestros juicios espirituales en cuestiones de moral. Pero la Biblia parece decir lo contrario, como lo atestigua Pablo en su Carta a los Romanos, capítulo 10, versos 2 y 3. Pablo atestiguaba de que aquellos judíos referidos en la carta tenían celo de Dios. En otras palabras, se trataba de gente apegada a la religión, a la ley divina, al mandato de hacer y no hacer. Conocían bien las Escrituras, como lo hicieron los viejos fariseos y antiguos maestros de la Ley. Sin embargo, aquellos devotos y celosos de Dios tenían una perspectiva de la justicia divina un poco desviada. Pero basta con que sea apenas un poco el desvío para que se distorsione todo el objetivo y el conocimiento de ella. 

Si se lanza un cohete hacia un punto en el espacio pero el ángulo del mismo tiene un poco de desvío, se comprenderá que no llegará a destino. Apenas un poco de error en el ángulo del lanzamiento hará que el objetivo se pierda. En materia espiritual el asunto del conocimiento del Siervo Justo, su Persona y su Trabajo, importa mucho. Aquellos judíos colocaron su propia justicia al ignorar la justicia de Dios. La consecuencia fue derivada por el apóstol: no se sujetaron a la justicia de Dios. Acá yace la clave de todo el evangelio, sujetarse a la justicia de Dios. Si los judíos que Moisés liberaría de Egipto no hubiesen obedecido al mandato de colocar la sangre del animal en los dinteles de sus puertas, de nada hubiese importado que hubiesen sido hijos de Abraham. El ángel del exterminio hubiese también cobrado la vida de sus primogénitos. 

Pero la Pascua judía celebraba la misericordia de Jehová en base a la obediencia del pueblo, ya que aquella acción comprendía un acto pedagógico que los acompañaría por siglos. Con aquella sangre se señalaba la sangre del Cordero sin mancha que habría de venir a quitar todos los pecados de su pueblo. Así que ningún judío podía poner un poco más de sangre para que el trabajo resultara eficiente, nadie podía agregar su propia justicia, pues se trataba de un acto de misericordia de Jehová y no de un acto de meritorio trabajo. Tener celo por el trabajo para Dios conviene, como útil resulta toda diligencia y esmero en el trabajo a tiempo y a destiempo. Pero una cosa cierta se deduce de lo dicho: el celo de nada sirve si usted antepone su propia justicia ante la de Dios. La única justicia que Dios acepta refiere a la del Hijo, la expiación concreta y actual que hizo en la cruz en favor de todo su pueblo. Ese trabajo perfecto no se hizo en favor de Esaú ni de Faraón, de Judas ni de los que no tienen su nombre escrito en el libro de la vida desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8). 

El que antepone el celo por Dios antes que la doctrina enseñada por Cristo, coloca su propia justicia (trabajo de hacer y de no hacer) ante la justicia aceptable por el Todopoderoso. Así que ocuparse de la doctrina importa, meterse en la tarea de conocer al Siervo Justo importa. La ignorancia de la justicia de Dios mata, de allí que Juan insista en que probemos los espíritus (las doctrinas y sus maestros) para ver si son de Dios.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:06
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