Mi?rcoles, 11 de agosto de 2021

Hubo dos simientes referidas en el Génesis: la de la Serpiente y la del Mesías. Ambas estarían en pugna por siempre, al menos en este espacio tiempo en el que tenemos que vivir. De la simiente de la mujer se afirmó que ésta sería Cristo, como bien lo atestigua el Nuevo Testamento. Pablo lo aclara al afirmar que no son muchas sino una sola,  ya que en Isaac sería llamada descendencia. Se entiende que de esa sola Simiente saldrían los hijos que Dios le dio. Por su parte, de la simiente de la serpiente sabemos que la referencia se hace en forma clara a su descendencia: el Anticristo. Por ende, también, a los hijos propios que le fueron conferidos. El diablo como imitador también ha trabajado en modelarse un evangelio distinto, algo así como una copia con ligeros cambios. Biblias múltiples han salido con giros sutiles donde el Mesías resulta ambiguo, con el apoyo de la confusión del referente y lo referido, bajo la indicación de que Jesucristo y Satanás tienen la misma distinción.

Por ejemplo: Una versión de la Biblia dice que no hay tal cosa como un ídolo, en lugar de lo que el texto original señala: Un ídolo es nada. ¿Y qué tal este otro texto? En Isaías 14: 12 y 15, leemos sobre el ángel caído: ¿Cómo has caído del cielo, Oh Lucifer, hijo de la mañana? ... Mas tú derribado eres hasta el infierno, a los lados del abismo. Al menos hay dos versiones que dicen lo siguiente: ¿Cómo has caído del cielo, Oh Estrella de la Mañana? ... mas tú has sido llevado hacia la tumba. ¿Cómo has caído del cielo, Oh Estrella de la mañana? ... Tú serás lanzado al Seol. En otros términos, omiten el nombre de Lucifer y lo califican como Jesucristo, quien es en verdad La Estrella de la Mañana, de acuerdo a Apocalipsis 22:16. Yo Jesús he enviado mi ángel...Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

El Cristo como creador de todo cuanto existe, de acuerdo a la proposición de Juan 1, viene a verse disminuido frente al demiurgo levantado por la masonería. Lucifer es adorado en secreto por personas que parecen destinadas a no cambiar su perspectiva de análisis, bajo el estímulo de estar ante el Prometeo griego. El ángel preocupado por la sabiduría para el hombre recién creado deja su reflejo en la mitología con el tema del robo del fuego a los dioses. Incluso ha habido iglesias donde algunos de sus feligreses oran por Satanás, para ver si le es dado arrepentimiento para perdón de pecados. 

Los magos egipcios intentaron equivaler sus señales a las divinas que mostraban a Moisés como el libertador elegido. Sin embargo, el milagro del Padre fue único y la imitación no llegó a feliz término. Por algo se ha escrito que el diablo es el padre de la mentira, que ha sido un homicida (de almas) desde el principio. Algunos prefieren llamarlo Baphomet, como si con el cambio de nombre mutase la cualidad del ser. 

Cierto es que los aliados de Lucifer se entregan a la desobediencia y al orgullo como trofeos de su corona. En tal sentido desacatan por entero la ley divina. Sabemos que no todo es gracia, ya que no todos caminan o caminarán por los senderos que llevan al cielo. Muchos engañan a otros, hasta terminar ellos mismos de engañarse de manera extrema. La autonutrición no satisface ni convence, así sucede con la falsa fe que nace del individuo. Una falsa esperanza como premisa conduce a la desesperación como norma. Las cadenas de Satanás están confeccionadas con eslabones religiosos, enchapados con evangelios distintos, agradables al ojo humano.

Las distintas culturas humanas han dejado huella de su religiosidad; el chamanismo tan trabajado por la antropología parece un gemelo de la magia persa tan antigua. Distintas tribus y lenguas tienen sus sacerdotes, magos y profetas, adivinos o encantadores, bajo distintas figuras separadas o unificadas. Existe todo un menú a la carta y los antropólogos parecen ser sus mesoneros y mecenas que anuncian por doquier las riquezas del viejo dragón. 

La Serpiente y el Mesías se confrontan y se excluyen en un antagonismo escenificado en la tierra. Como consecuencia, dos grupos de personas existen en este mundo y cada uno de ellos debe comparecer ante el Creador para un juicio de rendición de cuentas. Al final de los tiempos serán separadas las ovejas de las cabras, si bien las primeras yacen en las manos del Señor. El que es lavado en la sangre del Cordero, el que anda al abrigo del Altísimo, puede considerarse una oveja. El que cree en Jesucristo, sin descansar en sus propias obras, ha dado el primer paso de afirmación ante sus hermanos. Aquellos que añaden al trabajo del Hijo su propio esfuerzo caminan en otro evangelio. 

También es cierto que una cabra no podrá ser jamás una oveja, como una oveja jamás se transformará en una cabra. Jesús afirmó que el árbol bueno no dará un mal fruto ni el árbol malo dará un fruto bueno. Si usted es una de las simientes del Cordero jamás perecerá. Tal vez todavía ande en la Babilonia del mundo, perdido bajo la ira de Dios, pero será llamado oportunamente por medio de la palabra del evangelio de Cristo. Mas el que sea parte de la simiente del malvado dragón, la serpiente antigua, jamás será justificado. La justicia del perfecto enderezará su camino, pero el impío por su impiedad caerá (Proverbios 11:5). ¿Y quién puede enderezar el camino del pecador sino Jesucristo que es la justicia de Dios? Es la justicia del perfecto (de Jesucristo) lo que enderezará la vereda del pecador escogido para la manifestación de la gracia de Dios. 

Estamos en un período de la historia humana en que lo obscuro y esotérico se convirtieron en bandera tanto del intelecto como de la irracionalidad. Por parejo viene la acometida de la simiente del impío para amedrentar en lo posible a la simiente del Dios justo. Nunca como ahora la humanidad ha desafiado la autoridad y soberanía divina, de manera que el pavimento para la manifestación del Anticristo se ha echado. Ya hay muchos anticristos, todos aquellos que toman el lugar del Mesías o se colocan contra él desde hace centenas de años. 

La Biblia habla de una abominación desoladora, de un inicuo cuya aparición o advenimiento será por obra de Satanás. Las naciones lo aguardan con esmero, algunas disimulan y se esconden en sociedades secretas. Otras, más osadas, construyen monumentos a Baphomet, siempre bajo la ambigüedad de lo que ellos llaman contra-cultura. ¿Cómo negar que estos tiempos son semejantes a los días de Noé o a la época de Sodoma y de Gomorra? La maldad se ha aumentado y ya no sorprende, como no sorprende tampoco el cúmulo de señales referidas a la Segunda Venida de Cristo. La abundancia de indicadores los presenta comunes y naturales, de tal forma que el creyente pudiera pasar desapercibido de la notoriedad y relevancia que existe en ellos.

“En los últimos veinticinco años los libros de o sobre magia se han concentrado principalmente en la magia cabalística, la psicología jungiana o el neopaganismo relacionado o no con la Wicca. Pero casi ninguno ha prestado atención a una serie de libros, sistemas mágicos y creencias que, a partir del Renacimiento, han tenido una indiscutible posición en la práctica seria del arte mágico.

Este material representa lo que normalmente es considerado como magia negra, con la que se pretende el contacto con determinados espíritus a los que se denominan demonios. Es una forma de magia trascendental, en la que el practicante intenta trasmutar su alma para convertirse en algo más que un hombre: lograr el poder del mago.” (Santiago Camacho, Historia Oculta Del Satanismo, (pp.60-61). Ed. Nowtilus, 2006).

Los hijos que provienen de la Serpiente pasean su boca contra el cielo. El Apocalipsis resume el proceso de la maldad como el trabajo de la Madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra. Desde Babilonia y Egipto, desde Atenas y Roma, el camino recorrido por la ramera apocalíptica se ha permeado con la sangre de mártires. Pero lo que más duele es la mentira, la elocuencia del argumento que parte de una premisa falsa. Sin mostrar congoja por su muerte, el prosélito de la serpiente antigua ofrece un sacrificio de vida y alma a cambio de un bocado de ilusión. 

Los primeros románticos comienzan a ver la figura del Demonio como la parte del mal que reside en el interior de cada hombre. Esto representa una idea fabulosa para la mente de Jung, al definir que el bien y el mal forman parte de los arquetipos de la mente humana. De esta forma, con el apoyo de la intelectualidad, por un lado, el demonio también conquista la cultura en Occidente. Lucifer deviene en el rebelde libertador, el que permitió el conocimiento del bien y del mal en el Génesis, de la misma forma como Prometeo le robó a los dioses el fuego. Bajo el sentir de los que se ufanan contra el Dios revelado, la tiranía del Dios soberano puede ser denunciada con el vocerío de la arrogancia luciferina. 

He aquí un pequeño párrafo de Milton en El Paraíso Perdido, quien coloca palabras en la boca de Lucifer diciendo: Nuestra dicha consiste / No en la naturaleza del externo / Lugar a que la suerte nos destina / Sino en la voluntad. Esta divina / Facultad, lisonjeando nuestro triste / Corazón, y calmando sus dolores, / En placeres convierte los horrores. / Guarde su cielo pues, nuestro enemigo, / Que a su corte servil anteponemos / Reinar en este abismo, a cuyo abrigo /La dulce libertad conservaremos. / Nuestra felicidad, únicamente / En no serle inferiores coloquemos... / Mas despertemos a nuestros queridos / Amigos, en el lago amortecidos. 

Milton exalta la heroicidad del demonio que en su tragedia continúa rebelde como rey del abismo, simulando una libertad que no posee. Al decir de la Biblia, Dios hizo al malo para el día malo (Proverbios 16:4). Por lo que dice la Escritura, el libero arbitrio parece solo un sueño, una ilusión que los rebeldes avizoran como si su muerta voluntad al cielo mismo venciera. La criatura finita y compuesta de barro al Alfarero debe su moldura, nunca puede levantar el reclamo sobre su destino. La cabeza ha de inclinar lo más temprano porque tarde de seguro lo hará.

César Paredes

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Tags: SOBERANÍA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 7:39
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