Mi?rcoles, 12 de mayo de 2021

En los púlpitos de los ministros del pregonado evangelio de Cristo debería brillar la luz de la verdad, pero cuando se posan nubes obscuras sobre sus palabras demuestran que todavía no les ha amanecido. El enemigo de las almas impera en las tinieblas, como espíritu engañoso, ministrando la mentira como su bandera de honor. Las palabras torcidas emanadas del corazón de los predicadores del otro evangelio reflejan la perdición en la que viven al ignorar la justicia de Dios. No existe otra justicia que Jesucristo, el Hijo que vino a dar su vida en rescate por muchos; no la dio por todo el mundo, ya que él mismo no quiso rogar por el mundo no elegido para salvación (Juan 17:9), sino por el mundo amado del Padre (Juan 3:16).

El sacrificio eficaz de Jesucristo se presenta como el centro del evangelio, ya que el evangelio constituye el mensaje de la redención de Jesús hecha por todo su pueblo, de acuerdo a las Escrituras (Mateo 1:21). Aquellos que sostienen que la cruz del Señor no es sino locura incomprensible, poseen un estado espiritual confuso. El espíritu de la serpiente en el Edén sugería que el hombre vendría a ser como Dios, pero aunque lo que le vino a la humanidad fue la muerte espiritual sus ministros del alma siguen sosteniendo la misma bandera de la oscuridad. De esta manera pregonan que la palabra del Señor se ha hecho dura de oír, que se sienten ofendidos por lo repugnante de su sonido. 

El estandarte de Pelagio en la era temprana del cristianismo sugería un Cristo no necesario sino como ejemplo a seguir, una justicia no relevante porque el hombre no había muerto en el Edén y poseía libre albedrío. Con ese parangón Babilonia fue creciendo día a día, hilvanando teologías con un parentesco común, bajo el supuesto de un mito religioso que le ha dado dividendos al infierno. Se han olvidado que Babilonia reposa en la mano de Jehová, como una copa de oro para embriagar a toda la tierra; de su vino han bebido los pueblos hasta el aturdimiento. El misterio religioso forjado en ese lugar simbólico ha dado a luz a la madre de las rameras religiosas, aunque su fin llegará en caída de precipicio, hasta que el juicio se derrame de acuerdo a las venganzas de Jehová (Jeremías 51:7-11). 

Si Jesucristo utilizó parábolas para que muchos no comprendieran sus dichos, expresó por igual con simples términos su doctrina para los que son suyos. La doctrina de Jesús solamente permanece escondida y prohibida para los que perecen, de acuerdo al plan eterno del Dios Omnipotente y a la operatividad de sus decretos por medio del que oscurece el entendimiento de los incrédulos. Si alguien no comprende la humanidad y deidad de Jesucristo, tiene confusión en sus sentidos al no percibir la persona del Redentor; si alguien no comprende el alcance y la eficacia de la expiación del Señor, tiene confusión en cuanto a la obra del Redentor. En ambos casos nos encontramos frente a un individuo a quien no le ha amanecido el Señor. 

¿Por qué decimos tal cosa? Porque el trabajo de Jesucristo salva, porque el conocimiento del siervo justo justifica a muchos. Ya que el Espíritu Santo habita en los que Él mismo ha hecho nacer de nuevo, y dado que Él guía a toda verdad a los que son suyos, no puede un creyente desconocer el evangelio. El apóstol Juan ha escrito que hemos de habitar en la doctrina de Jesucristo, de lo contrario demostraríamos que no tendríamos ni al Padre ni al Hijo. La doctrina de Jesucristo refleja identidad con la doctrina del Padre, pero ella endurece a los que no aprenden del Padre. Dura es esta palabra de oír, dijeron muchos de sus discípulos (Juan 6:60), por lo cual Jesús les respondió de inmediato: ¿Esto os ofende? ... Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían (Juan 6:61 y 64). 

De acuerdo al texto citado se aprecia una clara relación entre la queja contra la doctrina de Jesús y la declaración del Señor contra los que no creían en él. El que se queja de la doctrina de Cristo no ha creído en él, aunque lo llame Jesús, Señor, aunque lo adore como si fuese un nombre vacío de enseñanzas exactas, aunque pretenda hacer milagros en su nombre. Jesucristo insistía en su doctrina de manera constante; en este caso específico les recalcó las palabras que habían ofendido a sus seguidores: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre (Juan 6:65). 

La doctrina de Jesucristo respecto a la expiación que él haría (y que ya hizo) presenta su antagónico con la doctrina de la expiación universal (católica, arminiana y de muchos denominados calvinistas). El apóstol Juan advierte contra los que llamándose creyentes reciben a los que no traen la doctrina de Cristo, les dice que recibirán la mismas plagas de ellos. Podemos resumir de sus palabras que resulta de gran importancia la comprensión (conforme a ciencia) del sentido y eficacia de la expiación hecha por el Señor. De igual forma, queda demostrado que aquellos que andan de doble ánimo, creyendo que ellos entienden la expiación por gracia pero que al mismo tiempo pueden llamar hermanos a los que no comprenden la gracia, no tienen ni al Padre ni al Hijo al no habitar en la doctrina de Cristo por decir bienvenido a quien no trae tal doctrina (2 Juan 1:9-10).

En el evangelio de Juan, capítulo 10, se registran las palabras de Jesús respecto a las ovejas que le son propias. Esas ovejas le siguen siempre, no escuchan la voz de los extraños ni se van tras él, antes más bien huyen de los extraños. Por esta razón creemos que ninguna oveja que haya sido llamada por el Señor puede creer un evangelio extraño (el otro evangelio del que hablara Pablo, llamándolo anatema) y decir que sigue al buen pastor. No existe tal cosa como creer un falso evangelio y ser redimido al mismo tiempo; los redimidos somos aquellas personas que hemos llegado a creer el evangelio de Cristo y por lo tanto huimos del evangelio extraño. Ambos evangelios son excluyentes, pero presumen una comprensión mucho más elevada que la simple exclusión: No hay alternancia entre la verdad y la mentira doctrinal. 

Pablo despeja esta teología cuando refiere a la salvación por gracia y no por obras. Él nos ha dicho que una excluye a la otra y que no pueden alternar: si por gracia ya no es por obras, de otra manera la gracia no sería gracia (Romanos 11:6). El Dios soberano ha hecho todo cuanto existe, reclama para Sí la autoría de lo que acontece en su creación. Dios no permitió que Lucifer apareciera como un ser maligno, más bien declara que hizo al malo para el día malo (Proverbios 16:4). Yo Jehová formo la luz y creo las tinieblas, hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová hago todo esto (Isaías 45:7). He aquí...yo he creado al destruidor para destruir (Isaías 54:16). ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3:37-38). 

El Dios hecho hombre se convirtió en nuestro Mediador, el único Salvador de los pecadores que vino a redimir. La unión de la divina y humana persona de Jesucristo apunta a la salvación de su pueblo, dándonos a entender que por necesidad Dios Padre exigía una expiación realizada con la suficiencia de la justicia que satisfacía. Ese fue el trabajo que el Padre le encomendó al Hijo, lo cual se tradujo en la liberación de la  eterna miseria espiritual del pueblo elegido. Si nos fue dada la liberación de la condenación eterna, el Hijo recibió la innumerable compañía de hijos y hermanos de toda lengua, tribu y nación. Ese fue el linaje prometido y reseñado en el Antiguo Testamento. La convergencia de estas dos naturalezas en el Hijo hizo posible el trabajo expiatorio en favor de su pueblo, de tal forma que habiendo sufrido la afrenta por nuestros pecados fue declarado nuestra justicia.

Dado que hablamos de un Dios-Hombre perfecto, entendemos que su trabajo fue completado en forma perfecta (Tetélestai). Culminado su trabajo no podemos añadir ni un ápice de nuestro esfuerzo como si de obras se tratase; por lo tanto, nuestra voluntad en recibirle y creer en su nombre nos vino como efecto de haber sido enseñados por el Padre. Con tal enseñanza se cumple la profecía sobre su pueblo, acerca de que lo sería de buena voluntad en el día del poder de Dios. ¿Qué tenemos que no hayamos recibido? ¿Dónde queda nuestra jactancia? Si fuese por obras no sería por gracia, pero siendo por gracia no se admite la obra como garantía. También fue escrito: A Jacob amé pero a Esaú odié (miseo), antes de que hiciesen bien o mal, antes de que fuesen concebidos. Así que de quien Dios quiere tener misericordia la tiene pero endurece al que quiere endurecer. No depende de quien quiera ni de quien corra, sino de Dios que tiene misericordia.

El diseño eterno fue perfecto, teniendo la cualidad de la inmutabilidad no solo en su propósito y objeto sino en el que hace todas las cosas como un Sí y un Amén. El número de los consiervos ha de ser completado, sin que podamos añadir uno más al número de los escogidos ni podamos restar alguno de ellos. Nuestra comisión sigue igual derrotero que antes, yendo por todo el mundo para predicar este evangelio. El Señor añadirá cada día a su iglesia los que habrán de ser salvos, por cuanto creerán todos aquellos que fueron ordenados para vida eterna. De la manera que la oveja que el buen pastor llamó no sigue al extraño, el árbol bueno no dará jamás un mal fruto: porque de la abundancia del corazón habla la boca.

César Paredes

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Tags: SOBERANÍA DE DIOS

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