Jueves, 06 de mayo de 2021

Se puede hablar de llamado universal y especial, pero cualquier modelo nos llevará a la distinción bíblica de dos tipos de llamamiento. El externo viene a ser uno muy general, como cuando se predica el evangelio a toda criatura, como cuando alguien lee la Biblia y logra entender lo que allí se dice. La gente religiosa pudiera suponer que la conversión viene a ser un requisito para la salvación, pero tal vez no distinga la diferencia entre el llamado eficaz y el llamado general que hace la Biblia.

Los seres humanos somos idénticos en cuanto a la naturaleza pecaminosa y se nos hace responsables delante de Dios (Romanos 3:9-19; 5:12; 9:21; 11:32). En tal sentido, se nos ha declarado muertos en delitos y pecados (Efesios 2:2-3). Con esa introducción bíblica asumimos que la capacidad humana para elegir el bien o para desear al Dios de las Escrituras viene a mostrarse nula. No podemos ver el reino de Dios (Juan 3:3), en tanto somos por igual esclavos del pecado (Romanos 6:20). Se nos ha dicho que no nos podemos someter a la ley de Dios (Romanos 8:7), así que la cualidad espiritual de la humanidad caída impide al ser humano amar a Dios.

No obstante, a pesar de los obstáculos inherentes a la caída humana, la ley divina sigue ordenando la sumisión a Dios y a todas sus normas. Por esa razón hablamos de llamamiento eficaz o interno, para dar a entender que el redimido obtiene de pura gracia tal beneficio. La pregunta lógica que puede alguien hacerse ya la dio el objetor levantado en Romanos 9: ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Nadie puede resistirse a su voluntad, de manera que no sería un Dios justo si encuentra faltas en el hombre que no quiso redimir. 

Esa fue la situación de Esaú, de acuerdo al relato de Pablo. A quien Dios quiere endurecer endurece y después haya falta en esa persona. Muy bien, esa acusación ya fue hecha y aparece en Romanos 9 junto a la respuesta: El hombre no puede infatuarse y creerse alguien con capacidad para discutir con su Hacedor. De nuevo, el razonamiento de Pablo inspirado por el Espíritu nos da la certeza de que en el redimido ha ocurrido el llamamiento interno. Lo mismo da hablar de llamamiento eficaz, porque a quien Dios ama escoge, como lo ha dicho respecto a Jacob. Esos actos de amor y odio en el Creador han acontecido en la eternidad, antes de nuestra misma concepción. 

El ser humano no redimido todavía anda en la oscuridad de su entendimiento (1 Corintios 2:14), por lo cual la predicación del evangelio no le es suficiente: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis (Isaías 6:9). El trabajo de la redención permanece adscrito a Dios, el que opera todas las cosas de acuerdo a su providencia y voluntad. Al Faraón le fue dicho quién era Jehová, pero en forma general, mientras a Moisés le fue dada la información general y especial. Moisés fue regenerado pero Faraón endurecido, ambos seres creados para manifestación de la gloria divina. ¿No es Dios quien muestra misericordia al que quiere? (Romanos 9:16). 

En tal sentido, el llamado eficaz viene a exhibirse como la implementación de la elección divina. Dios renueva el corazón humano para escribir sus mandatos en él, el que alumbra los ojos del corazón (el que sustenta con espíritu noble). Él nos ha hecho nacer de entre los muertos, nos ha sacado de las prisiones de oscuridad, para darnos vida juntamente con Jesucristo, haciéndonos herederos del reino y coherederos con el Hijo. A esa acción llama la Escritura el nuevo nacimiento, cuyo fruto presupone el corazón nuevo; de allí que se nos haya denominado su creación, el trabajo de las manos de Dios en Cristo Jesús (Efesios 2:10). 

Sigue existiendo un llamado general, para dejar constancia de la obstinación del corazón humano. ...hablé y no respondisteis; hablé y no oísteis, sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada (Isaías 65:12). De igual manera se dice en el evangelio: ...y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir (Mateo 22:3). Sigue habiendo una oposición general al Espíritu de Dios, como los que resisten al Espíritu en el sentido de no obedecer la ley divina. Pero esta oposición no se da jamás cuando el Espíritu llama en forma interna al elegido de Jehová. Faraón resistió al Espíritu de Dios, porque para eso fue creado y así fue anunciado a Moisés, pero Moisés escuchó con agrado el llamado del Señor, en tanto fue atado con cuerdas de amor. 

Ciertamente, el etíope no puede cambiar su color como el leopardo no puede mudar sus manchas, ¿cómo cambiará el que está habituado a hacer el mal? Pero Dios puede quitar el corazón de piedra y colocar uno de carne. De esta manera se podrá entrar en el reino para obtener sus beneficios, renunciando al viejo hombre, a la vida misma por la causa de Jesucristo. El camino angosto tiene soledad a sus costados, para andar en esos pasos se hace necesaria la capacidad que da el Dios liberador. Hemos leído en la Biblia que un mal árbol no dará jamás un buen fruto, pero que de la abundancia del corazón habla la boca. Un árbol bueno dará buen fruto, una adecuada confesión del evangelio que cree, el seguimiento al buen pastor y la huida del del extraño en el camino.

Aunque el evangelio se presenta como el auxilio para el alma deprimida por el pecado, el ser humano se manifiesta hostil frente al anuncio. Una locura le parece al que anda perdido la predicación del evangelio, de manera que los que responden con alegría al llamado interno del Espíritu lo hacen porque nacieron de nuevo. Se puede concluir que la gracia divina establece la diferencia entre salvación y condenación (1 Corintios 4:7). ¿Quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?

César Paredes

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Tags: SOBERANÍA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:51
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