Jueves, 15 de octubre de 2020

La gente que va a los templos hechos de manos de hombres piensa a menudo que lo que importa es creer en Jesús. Así de simple, nombrarlo a él como una palabra vacía de referente. Imposible, al menos la Escritura no sostiene esa vana forma de pensar en el Redentor de las ovejas. Jesucristo vino a este mundo con el propósito de rescatar o redimir a todo su pueblo de sus pecados, así que en la cruz una de sus últimas expresiones orales fue: Consumado es. En otros términos, Jesucristo cumplió en forma absoluta y substancial toda la encomienda dada por el Padre Eterno.

La noche previa a su muerte, en el Getsemaní, oraba al Padre. Le daba gracias por los que habían creído en su nombre, por todos los que el Padre le había dado y le daría, a través de la palabra de los primeros creyentes. Una expresión fue captada por sus discípulos, la cual se recoge en el evangelio: NO RUEGO POR EL MUNDO (Juan 17:9). Este punto es crucial para darle referente al vocablo Jesús. Si vino a morir por toda la humanidad, sin excepción, entonces esa oración fue un error, estuvo de más. La expiación de Jesucristo fue un hecho perfecto y completo, así que logró todo aquello que se propuso. Su eficacia no puede objetarse, en tanto Dios es Todopoderoso, Omnisciente y absolutamente eficaz. Lo que ha querido ha hecho, sin que falte una de sus palabras o promesas.

¿Quiénes forman parte del conglomerado del mundo, por el cual Jesús no rogó? El término mundo tiene varios sentidos en la Escritura, así que conviene ver sus contextos de aparición. Jesús hablaba con Nicodemo y le decía que Dios había amado de tal manera al mundo, que le envió a su Hijo para que todo aquel que es creyente no se pierda, sino que tenga vida eterna. Jesús vino para hacer eficaz la salvación de Jehová, por eso su nombre: Jehová salva. Recordemos que Nicodemo suponía, como buen fariseo, que la salvación era exclusividad de los judíos. El resto de la gente era denominado el mundo, así que Jesús le dijo que Dios había llamado de manera especial al mundo, a ese mundo despreciado por los judíos.

En otra oportunidad, unos fariseos vieron que la gente seguía a Jesús, a pesar de que ellos intentaban que así no fuera, por lo cual dijeron asombrados: Mirad, todo el mundo se va tras él (Jesús). Resulta indudable, por el contexto, que ni todo ni mundo hacen referencia a cada habitante del planeta tierra, ya que los fariseos no se iban tras Jesús, ni lo hizo Roma, ni lo hicieron los saduceos, ni un gran y extensivo etcétera.

Entendido lo anterior, sabemos que Jesucristo no murió por todos, sin excepción. Como prueba se ha escrito suficiente en la Escritura acerca de los réprobos en cuanto a fe, los cuales fueron destinados para tropezar en la piedra que es Cristo (Pedro en sus epístolas). Judas era hijo del maligno, destinado para tal fin desde la eternidad, como atestiguan las profecías. Faraón también fue endurecido por Dios, los amalecitas no fueron tomados en cuenta para el evangelio, ni los amorreos, ni los jebuzeos, ni miles de pueblos que han perecido en el paganismo o en un cristianismo apestoso.

De los réprobos también ha sido escrito que Dios puso en sus corazones el dar el gobierno y dominio a la bestia, y dirán: ¿quién como la bestia? (Apocalipsis 17: 17). Las palabras de Dios se cumplen, así que todo aquel cuyo nombre no fue escrito en el libro de la Vida del Cordero, desde la fundación del mundo servirá al anticristo, a los falsos maestros, a los profetas engañadores, a los que no habitan en la doctrina de Cristo. Estos son los que le dan la bienvenida a los que traen el evangelio del extraño, alimentando a las cabras y ayudando a los cerdos a presentarse lavados, como si con eso engañasen a los elegidos del Padre.

De manera que, si Jesucristo no murió por el mundo, por el cual no rogó, hemos de entender que su expiación y propiciación no se extendió a ese conjunto de personas. Esa gente pagará sin satisfacción por sus pecados, bajo el tormento de sus almas sometidas al fuego ardiente y eterno. Resulta una gran mentira decir que el infierno no existe porque Dios es amor; se olvidan que Dios es fuego consumidor, que odia también a los réprobos preparados para el juicio eterno. No hay tal cosa como que las almas cesan de existir para que no pasen por un tormento eterno, ya que la Biblia es muy explícita al respecto. Están los que tuercen las Escrituras, para que ella no diga aquello que deja perpleja a la humanidad. Así han prevaricado los Adventistas, sugiriendo que Jesús no hablaba del infierno como tormento eterno. Estos también han predicado que el chivo expiatorio del Antiguo Testamento representa a Satanás, sobre quien recayó nuestras culpas. A ese nivel de blasfemia han llegado por la vanidad de sus mentes, alterando las Escrituras para su propia perdición.

¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y se dieran cuenta del fin que les espera! ¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado? … Las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, racimos muy amargos tienen. Veneno de serpientes es su vino, y ponzoña cruel de áspides (Deuteronomio 32: 29-33).  Los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios (Salmo 9:17). Y sabemos que no hay otro Dios sino el de las Escrituras, los demás dioses inventados por el imaginario humano, bajo la inspiración del pozo del abismo, no tienen poder para salvar una sola alma. El Seol y el Abadón nunca se sacian, así los ojos del hombre nunca están satisfechos (Proverbios 27:20).

Arrepentíos y creed en el evangelio. Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios (Romanos 2:5). Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará (Mateo 3:12). Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego (Mateo 5: 22).

Finalmente, nos queda agregar que la doctrina de Cristo también contiene el tema de la elección incondicional del Padre. Jesucristo dijo: Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. Al oír estas palabras, muchos de sus discípulos dijeron: DURA ES ESTA PALABRA, ¿QUIÉN LA PUEDE OÍR? Jesús les respondió: ¿Esto os ofende? Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida, pero hay algunos de vosotros que no creen… Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él (Juan 6: 44,45, 60,63,65,66).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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