Mi?rcoles, 07 de octubre de 2020

En la Biblia uno puede ver que Jehová todo lo ha hecho para su propia gloria, aún al malo ha hecho Dios para el día malo. Nuestro Dios está en los cielos y todo lo que quiso ha hecho, de manera que nadie puede decir que sucedió algo que el Señor no mandó. Aún lo malo acontecido en la ciudad, Jehová lo ha hecho (Amós 3:6). También encontramos en la Escritura que Lucifer, el ángel convertido en Satanás, el Acusador de los hermanos, el maligno, el padre de la mentira, también busca su propia gloria.  Por supuesto, a este lúgubre personaje no le duele compartir su gloria con cualquiera de sus seguidores más ilustres. La búsqueda de la gloria por parte del diablo se hizo notoria en muchos eventos, al tratar de imitar los actos poderosos del Señor.  Aún en Egipto, por medio del mecanismo de los magos, hizo aparecer serpientes para que contendieran contra la vara que el mensajero de Jehová había lanzado en forma de serpiente. Y si se levantó la serpiente de bronce en el desierto, como un tipo del Cristo por venir, para que los picados por las víboras miraran hacia ella y fuesen sanados, Satanás la convirtió en ídolo para que se le adorara. Claro está, la Biblia asegura que lo que la gente sacrifica a sus ídolos, a los demonios sacrifica. 

Así que, todo aquello que honre el trabajo de Satanás en la tierra, el mundo y sus deleites, el atractivo de los ojos y la carne, la vanagloria de la vida, le dará gloria temporal, nunca comparada con la que tuvo cuando fue creado, pero jamás comparada con las tinieblas que tendrá por la eternidad en el lago de fuego. El hombre es efímero en la tierra, como efímera es la gloria de Satanás, pero ambos participan de su propia deshonra como si aquella manera de vivir fuese gloriosa. En forma contraria, el que ha nacido de lo alto, por la vía del evangelio de Cristo y de la regeneración del Espíritu, busca una gloria diferente. Él ha sido creado para brillar como gloria de quien lo redimió, bajo el propósito de adornar la sempiterna gloria del Hijo de Dios. Todo cuanto hace el Todopoderoso redunda en beneficio de su propia gloria. El Hijo oraba para que el Padre glorificara su propio nombre, mientras una voz del cielo se escuchó, diciendo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez (Juan 12:27-28).

Nosotros, los elegidos de Dios, su iglesia verdadera, hemos sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad, para que seamos para alabanza de su gloria (Efesios 1.12). Resulta de alto interés el que en la carta a los Efesios el apóstol haya enfatizado en la forma en que fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa, las arras de nuestra herencia. No hay otra forma, como ya lo dijo antes, en Efesios 1:4-6 (Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él en amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo…para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado). De inmediato, y por el hecho de haber sido escogidos y predestinados, se nos dice que tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia.

En otros términos, la predestinación no elimina el método de redención, siempre por intermedio de su gracia y por la sangre del Hijo. Además, el verso 13 nos habla de la absoluta necesidad del evangelio de verdad (no del de mentira, de la imitación, del extraño, de la idolatría que simula creer en un falso Cristo). Dice así su palabra: …oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud (salvación): en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo… Por tal razón tenemos la certeza de que Jesucristo vendrá algún día por su iglesia para llevarnos a la morada celestial, a nosotros, los vasos de misericordia que Él ha preparado para gloria (Romanos 9:23).

Si Jesucristo es el autor y el consumador de la fe, no lo es el hombre de su propia voluntad. Si el nacimiento de lo alto es por operación divina, solamente, no lo es por intervención humana. Si Dios se glorifica en su iglesia, no va a atribuirle jamás la fe en Jesucristo al hombre que ha creído. La fe es un regalo de Dios, no es de todos la fe. Así que, a quien quiere endurecer, el Señor endurece, pero de quien quiere tener misericordia el Señor la tiene. Los que tienen otro evangelio siguen la voz de los extraños, de los falsos maestros, de los líderes que les dicen que todo está bien cuando está mal. No hay otro evangelio que pueda conducir a la salvación, sino el evangelio que contiene la doctrina de Jesucristo. Él lo dijo, que no había venido acá a la tierra a enseñar sino la doctrina de su Padre, así que Juan, su discípulo, nos dejó dicho en una carta que si no habitamos en la doctrina de Jesucristo no tenemos ni al Padre ni al Hijo. Todo aquel que apoya, sigue o dice bienvenido a otra persona que no tenga la doctrina de Cristo -llamándolo hermano- participa de sus plagas y castigos. Reafirmamos esta verdad bíblica con insistencia, por el amor que nos lleva ante el perdido y engañado, para que se vuelva a la verdad. Es posible que éste sea el método que Dios emplea para atraer a algunas de sus ovejas al redil del buen pastor, pero al mismo tiempo también es posible que sea el mecanismo para endurecer más al impío que llevará mayor condenación.

En cualquiera de los casos, la palabra divina no volverá vacía, sino que hará aquello para lo que fue enviada. Jesucristo como autor y consumador de la fe implica que Dios comienza y termina el cambio del corazón de piedra en uno de carne. No existe tal cosa como un creyente a medias, como alguien a quien la operación de corazón le haya sido interrumpida. Dios no deja que una persona que haya sido regenerada por la actividad del Espíritu Santo desarrolle una teología independiente de las Escrituras. El redimido ama la verdad, precisamente porque tiene el Espíritu de verdad en él (Juan 16:13). De nuevo la Escritura habla de lo mismo sobre la verdad que predicamos: Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, según la fe de los escogidos de Dios, y el conocimiento de la verdad que es según la piedad (Tito 1:1). Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios (Juan 3:21). ¿Cómo llega un elegido que ha sido llamado de las tinieblas a la luz, a ser redimido? Dice Santiago 1:18 lo siguiente: Él, de su voluntad, nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas. Resaltamos que el evangelio del extraño, el falso evangelio, no puede llevarnos a la verdad. No en vano fue dicho ante el pueblo del Señor que huyera de Babilonia, para no ser partícipes de sus plagas. Concluimos con un texto que reafirma todo lo antes expuesto. Mas nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación del Espíritu y fe de la verdad (2 Tesalonicenses 2:13). La verdad es absolutamente importante y necesaria, porque Dios es verdad, Jesucristo dijo de sí mismo que él era la Verdad; pero también es relevante que Satanás o el diablo sea el padre de mentira, ya que no hay verdad en él. Tengan cuidado los que merodean tras el falso evangelio, porque el diablo habita esos lados buscando gente a quien devorar.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 16:15
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