Domingo, 04 de octubre de 2020

Vivimos la era postcristiana, algo insólito a los oídos de los creyentes. En realidad, se trata de la época apóstata que nos circunda, donde la esencia del evangelio queda escondida en las capas de la religión profesada. La doctrina, ese cuerpo de enseñanzas de Jesucristo, quedó olvidada y vino a convertirse en un asunto de teólogos rancios. Ahora se cree con la emoción, bajo un manto de piedad, lo que se llama buche y pluma. Así se habla de las gallinas que no tienen carne, solo apariencia de ave suculenta.

Como la Edad Media no pudo asesinar la permanencia del evangelio en la tierra, la apotasía contemporánea se ha propuesto como tarea sepultar la doctrina de Jesucristo. La religión continúa con su tarea de unir a las masas en una tradición que muestra la forma, pero no el fondo. Cantos con música de mundo, la que algunos doctos en la ignorancia suponen inocua, inocente e igualitaria. Dicen que lo importante es la letra y no el sonido, así que importan de eso que se llama mundo (antagonista por naturaleza con la Iglesia) las notas compuestas por autores seculares para colocarle una letra que cristianice. Claro está, la letra compuesta refleja lo que se cree. De nuevo Jesucristo tiene razón, de la abundancia del corazón habla la boca. Los frutos malos que salen del alma reflejan que son árboles malos los que los producen. Cabras salvajes en los atrios de las sinagogas de Satanás vienen a reunirse en el nombre de Cristo. En realidad, el vocablo Cristo se presta para muchas interpretaciones, si bien en eso la Biblia también ha estado acertada. La Escritura habla de muchos anticristos que vendrían hasta que se manifestase el gran Anticristo, el hombre de pecado, el hijo de perdición, la abominación desoladora mencionada por el profeta Daniel. Ese inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás.

Ya ha estado en acción desde hace veinte siglos el misterio de la iniquidad, aunque justo resulta reconocer que ha habido muchos anticristos (y todavía subsisten en un sistema propio), con el ministerio de oscurecer y sepultar el cuerpo de enseñanzas presentado en el evangelio del Señor. Lenguas y profecías modernas, dones de sanidad especulativos, profetas agoreros que vaticinan fechas para el retorno del Señor. Para consolidar el engaño colocan textos fuera de contexto, dándose a la fábula perniciosa que las personas reclaman en su picazón de oír. De esa manera se enriquecen muchos, mientras otros vacían sus bolsillos y doblan su trabajo para subsistir. La televisión, seguida de las redes sociales, vino a ser el pegamento que unifica la humanidad. Como la plaga que se extiende a granel por los prados, así también las falsas enseñanzas se estandarizan en las sinagogas del mundo. Si en Miami usan batería y guitarras eléctricas, en el planeta entero las iglesias se ocupan de homologar el hábito. Poco les importa que el espacio sea reducido, pero el micrófono junto a sus cornetas estrambóticas no debe faltar. La audiencia es hipnotizada con el ruido que golpea el cerebro de la presa conquistada. Un automatismo se sucede en consecuencia, con vanas repeticiones de estrofas, como un mantra propio de los come-flores de la nueva era. Aparece el team de alabanza, el conjunto de personas que se encargan de conducir lo que ellos llaman la adoración. Un gran fuego extraño se presenta en los templos cristianizados, para un dios también extraño. Dado que la doctrina o teología no importa, la emoción, el momentum del éxtasis espiritual domina. Se viene a adorar a Cristo, aunque poco importa si se trata del Cristo bíblico o de sus vulgares imitaciones. Con razón Jesucristo dijo en el Apocalipsis de Juan que estaría a la puerta llamando, para que el que le abriera la puerta pudiera cenar con él. Ah, pero en ese mismo libro también agregó: Salid de ella, pueblo mío.

El profeta Isaías recomendó con antelación, muchos siglos atrás, que teníamos que someternos a la ley y al testimonio, de lo contrario Jesucristo no nos ha amanecido. La enseñanza de Jesucristo ha incomodado a millones de personas, los que han huido haciendo murmuraciones. Pero su enseñanza también ha salvado a miles de miles, aquellos preparados por el Padre para ser enviados hacia el Hijo. Estos salvados somos los que creemos en sus enseñanzas (su teología), los que nos apegamos a su savia para dar el fruto bueno que nos identifica como buenos árboles. Los demás, los que están alimentándose del team de alabanza, siguen al extraño. Ellos no conocen la voz del buen pastor, solamente caminan tras el espíritu de estupor que les fue enviado por Dios, para que continúen en el deleite de la mentira y se pierdan. Jamás han amado la verdad, por lo tanto, nunca han sido libres; el error los persigue desde antes de la fundación del mundo, alcanzándolos en esta historia pseudo cristiana que les ha tocado vivir. Ellos forman parte del séquito de Esaú, caminan como los zombies errantes, dándole honra a la criatura antes que al Creador. ¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos?

El corral de las ovejas devino en el corral de las cabras. Ahora el aprisco ha sido tomado, aunque el pastor bueno las llama para que huyan de las prisiones donde no pertenecen por naturaleza. El grito del Señor sigue siendo el mismo, salid de ella pueblo mío, para que no seáis partícipes de las plagas inherentes a Babilonia. Jesús dijo que donde estuvieren dos o tres congregados en su nombre allí estaría él en el medio de ellos. Esa es la iglesia mínima, pero también la esencial. No podemos andar dos juntos si no estuviésemos de acuerdo. ¿Cómo podríamos concordar a Jesucristo con Belial? La doctrina de Jesucristo determina quién es uno y quién es el otro, ya que el Señor conoce a los que son suyos. Podríamos asumir el siguiente adagio como válido: Dime qué doctrina crees y te diré qué Señor tienes. Los fariseos pretendían seguir al Dios de Israel, solamente porque dominaban las Escrituras y amaban la letra de la ley. Ellos presumían adorar al Dios de verdad, el que habían conocido por tradición. Pero Jesús los llamó sepulcros blanqueados, llenos de podredumbre por dentro. Semejantes a ellos son los que colocan su propia justicia junto a la de Cristo, que es lo mismo que desconocer la justicia de Dios (la cual es Cristo: Romanos 10:1-4). El enemigo de las almas anda como león rugiente buscando a quien devorar, pero las ovejas propias del Señor seguirán solamente al buen pastor. Buscad a Dios, entre tanto que está cercano; velemos y oremos para no ser arrastrados por todo viento de doctrina. Dejemos de ser nubes errantes y ciñámonos la armadura del Señor. Oh, el evangelio es doctrina pura, enseñanza limpiadora que purifica el alma. No claudiquemos entre dos pensamientos, ya que no podremos servir a Baal y a Jehová al mismo tiempo. Dios es tardo para la ira y grande en misericordia y verdad. Es el Dios de las oportunidades, el que hace todo posible. Es Jehová, Dios de toda carne, por lo tanto, no hay nada que sea imposible ni difícil para Él. La Biblia nos dice que, si nos deleitamos en Jehová, Él nos concederá las peticiones de nuestro corazón. La oportunidad del apóstata es la de creer en la verdad. Los que hemos creído de veras no podremos apostatar nunca, solamente los que nominalmente se presentan como creyentes son susceptibles de apostasía. Recordemos una vez más lo que el Buen Pastor dijo de sí mismo: que había venido a poner su vida por las ovejas (no por los cabritos), que ni una sola de sus ovejas perdería, que todas ellas seguirían siempre al buen pastor y huirían del extraño porque no conocen su voz.

El que un apóstata exista implica que no ha seguido jamás al buen pastor, de lo contrario no se hubiese ido tras el extraño. Por lo tanto, el apóstata es aquella persona que escuchó el evangelio y se hizo religioso, sin asimilar la doctrina de Jesucristo. El apóstata jamás ha nacido de nuevo. Ahora bien, si Dios hace el llamado eficaz, todos aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero, desde la fundación del mundo, acudirán prestos tras el buen pastor. Poco importa que lo hagan al final de su existencia, como lo hizo el ladrón en la cruz. El tiempo oportuno, el día aceptable, es aquel que el Señor ha fijado para que cada oveja entre al redil. Nosotros solo predicamos el evangelio del Señor, para que los que tengan el oído preparado para oír oigan lo que el Señor les está diciendo. Las cabras solamente acumularán mayor condenación, de acuerdo a lo dicho por las Escrituras.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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