Martes, 22 de septiembre de 2020

Multitudes de personas celebran una fiesta decembrina a la que llaman Navidad. Hace alusión al nacimiento de Jesús, pero en nada tiene que ver con la Escritura. El paganismo también esperaba el solsticio de invierno, el día más corto del año, lo cual afectaba el ánimo de su gente, en la cavilación de que el tiempo acortado implicaba la posibilidad de una vida que terminaría pronto. El pino vino a ser el árbol fundamental para reseñar la vida aún en medio de la muerte, ya que esa planta permanecía verde y erguida aún frente a la inclemencia del tiempo. Era por lo tanto un símbolo de vida continua. Israel prevaricaba por igual al imitar las costumbres de las naciones circunvecinas, mientras sus profetas de turno clamaban por su pecado, exhortando por igual al pueblo a volverse a Jehová.

Con el auge del cristianismo como religión expansiva, la Iglesia oficial creyó conveniente acercar a los paganos al evangelio que anunciaban, valiéndose del establecimiento de paralelismos entre la celebración pagana de sus ídolos y los actos que consideraban dignos de recuerdo dentro del relato evangélico. Esto lo hicieron muy a pesar de que no había ningún ordenamiento bíblico para que se realizara ningún tipo de celebración de nacimientos, fechas, fiestas y demás actividades simbólicas. Las costumbres de los pueblos germanos llamaron la atención de algunos sacerdotes del catolicismo romano, de tal manera que la Iglesia oficial continuó asimilando hábitos violatorios de los mandatos del Dios de las Escrituras. Los paganos de Roma decoraban sus árboles con piezas de metal y réplicas de su dios Baco, para celebrar su gran fertilidad. Colocaban 12 cirios en el árbol, para darle honra al dios sol. La Saturnalia fue la fiesta del 17 de diciembre, la cual duraba hasta un poco después del Solsticio de invierno (más o menos el 25 de diciembre). Otros pueblos del norte de Europa colocaban frutas a las ramas de sus árboles, junto a cirios encendidos, todo lo cual simbolizaba la continuidad de la vida. En Gran Bretaña los druidas hicieron algo parecido, usando hojas de muérdago muy verdes en sus ceremonias paganas. Hoy día muchas de las iglesias protestantes esparcidas a lo largo y ancho del mundo repiten la conducta pagana. Doquier se coloca el árbol de navidad adornado con bolas que simulan brillo eterno, coronado con una estrella que intentan cristianizar al decirse que refleja la estrella de Belén. Pero nada de eso ha sido ordenado por las Escrituras, no se nos ha mandado a celebrar el nacimiento del Mesías, ni adorar al niño lindo, ni a representar teatralmente el pesebre. No obstante, la religiosidad humana lleva a esos encuentros, ya que el hombre natural no puede discernir las cosas de Dios, de tal forma que quienes tal hacen siguen siendo personas que tienen todavía el corazón de piedra referido por el profeta Ezequiel. Si a usted le hace falta una cruz para recordar el sufrimiento del Señor, o si usted necesita un árbol para poder adorar a Dios a través de sus símbolos paganos, entonces sucede algo extraño en su corazón. De la abundancia del corazón habla la boca, así que el evangelio que confiesa con sus labios o con sus actos da testimonio de lo que usted tiene en su alma. La costumbre de los pueblos es llamativa y ejerce el poder de un argumento de falsa autoridad. Dado que múltiples iglesias de los países que se denominan cristianizados tienen tales hábitos, aunado al hecho de que su influencia cultural y económica es enorme, los pueblos circunvecinos las imitan amparados en su sombra, bajo las costumbres perniciosas que Dios ha condenado desde los siglos.

La falacia de falsa autoridad gobierna en estos casos de costumbres populares, en paralelo con la falacia de la cantidad. Si la mayoría de las personas, pueblos y ciudades hacen algo y sus autoridades eclesiásticas lo consideran válido, tal actividad será digna de imitarse. Así que, si Lutero tuvo una gran influencia en el proceso de la Reforma Protestante, sus actos de ignorancia pueden incluso ser vistos como actividades prudentes, adecuadas, gracias a la falacia de falsa autoridad. Reconocemos el gran aporte histórico del reformador alemán, pero su importancia en la historia no lo habilita para adorar a Dios a través del árbol de navidad. Tampoco compartimos con él su temeraria recomendación de ir a Cristo a través de María. Esos símbolos de esperanza que implican el color siempre verde de las ramas de pino, del muérdago, como de otras plantas, no pueden esperanzar al cristiano. La esperanza que tenemos no avergüenza, no es tampoco comparable con las hojas muertas de un árbol. Las antiguas fiestas del árbol de navidad no se supone que las sigamos practicando. Sabemos que las costumbres de una cultura son difíciles de ser desprendidas de las almas que pretenden haberse convertido. Pero si en realidad el verdadero evangelio habita en el corazón humano, no habrá posible confesión (por palabra o por hecho) del evangelio del extraño. La recomendación dada por Jehová al pueblo de Israel debemos tenerla presente. Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso. Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y sus imágenes de Asera consumiréis con fuego; y destruiréis las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel lugar (Deuteronomio 12:2-3). Jesucristo es llamado la vid verdadera, mientras nosotros somos sus ramas. Jamás fue comparado con un árbol de navidad, pero tampoco se nos dijo que debíamos colocar una vid para recordarlo. Recordemos lo que sucedió con la serpiente de bronce levantada en el desierto, la que anunciaba a Jesucristo: el pueblo se pervirtió porque empezó a adorarla (aunque pensaran que les anunciaba el gran poder de Jehová, al sanarlos de las picadas de las víboras). No nos olvidemos que el árbol de navidad era para los paganos un símbolo fálico, así como lo era y sigue siendo el obelisco. Su adorno y veneración implica la participación en los rituales paganos. Y de nuevo, si a usted le hace falta hacerlo porque eso lo emociona en la época de las tradiciones navideñas, debe preguntarse en quién ha creído.  Si el árbol de navidad fue un ídolo para muchas culturas paganas (como lo fue en la antigua Grecia), si continúa siendo un ídolo para otras culturas paganas de hoy, ¿cómo puede un creyente en el Dios de la Biblia pretender que porque él no lo considera un ídolo el Dios de las Escrituras lo va a tolerar? Israel repetía las idolatrías en uno y otro lugar, a pesar de que Dios le había enviado a ese pueblo a profetas como Óseas, Amós, entre otros tantos. Los hijos de Aarón no intentaron adorar a otro Dios sino a Jehová, pero fueron consumidos en su ira por hacer fuego extraño en su presencia. ¿Piensas que será Dios más tolerante con usted? Tal vez usted no es consumido todavía, a lo mejor no verá fuego caer del cielo, pero su conducta refleja el evangelio que ha creído. Son variados los textos de la Biblia donde se menciona a los lugares altos preferidos para adorar ídolos, en especial sobre las altas colinas y bajo todo árbol verde (frondoso) (1 Reyes 14:23; 2 Reyes 16:4; 2 Reyes 17:10; 2 Crónicas 28:4; etc.).

El árbol de navidad, tan común entre nosotros, era igualmente familiar en la Roma y en el Egipto paganos. Los egipcios carecían del pino verde, pero veneraban la palma gigante. Era igualmente habitual en aquellas culturas el esperar al Niño divino, para hacerlo nacer como una rama nueva. Por cierto, una gran serpiente (Esculapio) se enroscaba en torno a un árbol incinerado y muerto, para que a su lado apareciera una palmera egipcia, que de acuerdo a aquella gente no perecería jamás. En Roma ese árbol era el abeto, el cual simbolizaba a Baal-berit, el señor del pacto. El 25 de Diciembre, en Roma se celebraba el Natalis invicti solis, el nacimiento del sol invencible. El árbol de navidad no es más que Nimrod redivivus. Babilonia sigue viva en medio de una cristiandad envilecida, ajena a todo precepto bíblico, aunque muy religiosa. Esta gente que la compone le dirá al Señor en aquel día: Señor, en tu nombre hicimos milagros, guardamos los meses, los días y los años, conservamos las tradiciones para honrarte, no pretendimos nunca honrar a Baal. Pero el Señor les hará como les hizo a los hijos de Aarón, los consumirá en su ira por haber sacrificado fuego extraño que Él no había ordenado. Por lo tanto, yo les digo hoy: ¿Hasta cuándo cavilaréis entre dos pensamientos? ¿Seguiremos a las tradiciones de los hombres, en lugar de seguir a la Biblia?

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:20
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios