Lunes, 22 de junio de 2020

Pese a que el creyente en Cristo debe adorar al Señor en espíritu y en verdad, con la sinceridad del corazón, hoy día la forma externa es lo que más se proyecta en los cultos de las sinagogas denominadas cristianas. El adorno, la forma de vestir, los rituales, así como los discursos rebuscados suplantan la sustancia de la teología que debe regir la adoración y la enseñanza. Hay un hedonismo cautivador de estos últimos tiempos, como se desprende de una carta de Pablo a Timoteo. Todo aquello que da regocijo a la emoción del hombre religioso, viene a suplir la escasez de doctrina esencial de los que profesan una fe cuya eficacia se niega.

La estética religiosa pasa por múltiples grados, con diversos escenarios, unos más formales que otros. La apariencia de la forma se cuida a tal punto que ha sustituido el verdadero interés de la debida adoración y religión. Pareciera ser de capital relevancia el que se construya un templo, con planificaciones minuciosas, por lo que la recolección de ofrendas especiales viene a ser el motivo de muchos feligreses.

Incluso los cantos que allí se pregonan se muestran alejados de la esencia del evangelio. Algunos van más allá del simple atropello, enseñando una teología escandalosa, una doctrina desviada de la verdad plana de la Biblia. La música que sostiene la letra de los falsos maestros permite aupar la emoción del auditorio, para sustituir el gozo del Señor que parece no existir en aquellas almas que se ocupan de la estética alejada de la verdad. La iglesia vacía de la eficacia de la fe vive en un mundo de ilusión, bajo el artificio del espectáculo y de la habilidad del presentador de sus shows.

La música presenta un papel importante en la identidad cultural. Ella se usa también como catalizador hipnótico en la repetición de sonidos que adormecen a los asistentes a los cultos. No son pocos los predicadores evangélicos que han estudiado técnicas hipnóticas, las que aplican al exponer sus sermones. Algunos ordenan bajar el volumen de la música, mientras sus ayudantes bajan el brillo de la luz del salón en que estén, pidiendo que los hermanos oren en silencio para decir con tono de voz cambiante sus palabras de atracción.  La música es tan utilitaria que algunos investigadores serios del sistema musical afirman que tal música (como el rock, por ejemplo) tiene un ritmo palpitante e incesante, el mismo ritmo que las personas de culturas primitivas emplean en sus danzas y ritos demoníacos. Si el ritmo es bastante monótono, puede inducir un estado de hipnosis (Baddeley Gavin. Resurgimiento de Lucifer. Grupo Editorial Tomo, S.A. México, 2003. p.162).

Interesante que la música que precede la Misa Negra sea el rock, fundamentalmente con temas de 1960, ya que si uno asiste a las iglesias protestantes de hoy puede percatarse de la presencia de lo que llaman rock suave.  Es conocido que el rock tiene sus raíces en el blues, cuyo pasado se ancla a la libertad del movimiento corporal y sensual. El ritmo -antes que la palabra- se convierte en su fundamento y base. El pentecostalismo, desde su origen, muestra su atracción por la liberación sensual del movimiento corporal, con un acompañamiento de la emoción que prevalece sobre lo racional. Tal vez el éxito popular de esta secta se deba a eso, a que su razón de ser es la prevalencia de lo emocional por sobre lo racional. Desde esas filas religiosas es habitual escuchar la aclaratoria de que se cree en Cristo con el corazón, aunque no se comprenda del todo con la mente.

De allí que no solamente se haya quedado en una secta particular esta forma de pensar, sino que ha sido un leitmotiv para gran parte de la iglesia cristiana que no muestra la eficacia de la fe. Esto ha sido excusa para la práctica y enseñanza de doctrinas erróneas, sin importar mucho el atenerse a la enseñanza de Jesucristo, ya que es preferible amarlo con el corazón antes que comprenderlo con la razón.

La estética eclesiástica contemporánea contempla la música como su baluarte, como el sostén de esa otra parte también estética ligada a la oratoria. La gente va a escuchar a su team de alabanza, dispuesta a participar como zombie en la rutina de movimientos que el guitarrista de turno sugiere con sus acordes. Asimismo, se pasa a la celebración de los días festivos de la religión, la Semana Santa, la Navidad, entre otras que salen al paso, porque la estética religiosa se preocupa por darle show y entretenimiento a los fieles de la religión.

La Babilonia misteriosa ha impuesto la religiosidad emuladora, con un sistema de adoración pervertido. Un Jesús que está en cuerpo dentro de la hostia, una sangre que es el vino bebido por el sacerdote, una virgen que devino en intercesora, unos rituales que emulan aquellos del misterio pagano. La Biblia nos habla de los magos egipcios que intentaron imitar los milagros hechos por mano de Moisés: hicieron aparecer serpientes, por ejemplo. La Babilonia como misterio religioso enseña a un Jesús que murió por todo el mundo, sin excepción, por Faraón y por Judas Iscariote, por el hombre de pecado (porque es humano), por los que no fueron escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo, por los que fueron puestos por Dios para adorar a la bestia. Ese Jesús de la Babilonia perversa es el instrumento de adoración de la mujer apocalíptica que está cargada con la sangre de los santos, la que muestra milagros pequeños como los magos del Faraón.

La religión estética está plagada por falsos profetas, los que intentan confundir el entendimiento de la gente. Ellos emularán a Janes y Jambres, los que de acuerdo a la tradición rabínica fueron las personas que hicieron la magia delante del Faraón de Egipto. Estamos en la época de los falsos milagros, como demostración del poder de Satanás, conforme a una religión espectacular. Los religiosos de la mal llamada iglesia de hoy buscan lo sensacional y odian la tranquilidad, detestan el uso de la razón para no enfrentarse a la Escritura. Estamos frente a una organización eclesiástica hedonista, adornada con una estética que satisface el gusto espiritual de las doctrinas de demonios.

Esta religiosidad de hoy día fue predicha por Pablo en una de sus cartas a Timoteo, al pincelar el carácter de los denominados hombres de fe que niegan su eficacia (2 Timoteo 3). El apóstol expuso unas características propias de los tiempos finales, tiempos cercanos a la segunda venida del Señor.  Estos impostores de hoy día aman la nigromancia, el poder obscuro para operar actos maravillosos, casi milagros, con los cuales capturan el alma de las personas que los oyen y siguen. Los hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a fe, son la expresión con la que Pablo resume a los discípulos de los maestros de la estética torcida de la fe (2 Timoteo 3:8).

La corrupción del entendimiento es la desviación de la razón. La preferencia de la emoción por sobre la inteligencia parece ser el método eficaz para promover la comodidad espiritual de los ciegos guiados por ciegos. Recordemos que Isaías promulgó que por su conocimiento salvaría el siervo justo a muchos, que Jesucristo insistió en escudriñar las Escrituras (no sólo leerlas), que él enseñaba la doctrina de su Padre, que no le importó que sus palabras fuesen duras de oír para muchos. El Señor no rebajó la gracia, no abarató la razón de sus enseñanzas a la espera de satisfacer a las multitudes. Más bien se refirió a sus oidores y seguidores como la manada pequeña.

El diablo es presentado en la Biblia como nuestro adversario, siempre ocupado y afanado en recorrer la tierra en busca de un prosélito. Bueno, esto último es dicho de los fariseos, pero ellos eran sus discípulos y deseaban cumplir el deseo de su padre. El diablo es llamado el padre de la mentira y todo cuanto él habla tiene el contexto de falsedad, más allá de que su mensaje venga revestido con ciertos matices de la verdad. La adoración a un dios que no es el Dios de las Escrituras nace del pozo del abismo. La única forma para comprender qué es una falsa doctrina, parar descubrir las aristas que la denuncian como perversa, parece ser el conocer la doctrina verdadera.

La persona que desconoce la doctrina de Cristo (la que enseñaron él y sus apóstoles, así como el resto de los escritores bíblicos), no tendrá la capacidad para sacar a la luz el flujo de doctrinas que provienen de las tinieblas. El carácter de los hombres de los últimos tiempos viene descrito en las Escrituras como el de personas difíciles. Hombres amadores de sí mismos, avaros y vanagloriosos. Se cuenta por multitud la suma de pastores que buscan el dinero como intercambio de los mensajes que deleitan los oídos de los que se amontonan en torno a la fe. Estos son soberbios y vanagloriosos, ingratos y calumniadores. La religión determina el carácter de las personas, pero las personas con sus maneras de ver el mundo también transforman las religiones.

Cuán importante resulta el indagar en la doctrina de Cristo.  Tan relevante parece ser que Juan nos advierte que el que no habita en tal doctrina no tiene ni al Padre ni al Hijo. Además, nos recomienda que no recibamos a ninguno que no trae la doctrina de Cristo, aunque nos diga que viene en su nombre. Quien lo recibe participa de sus malas obras. Dentro de estos hombres vanidosos se encuentran también los falsos maestros, haciendo de la religión un uso personal. Tienen técnicas y métodos para cautivar la audiencia, para atrapar a las almas incautas, siempre presurosas de oír aquello que satisfaga su presunción de lo que debe ser Dios. Tengamos cuidado de estas víboras y alejémonos de la religión estética que tiene apariencia de piedad, que se ocupa de lo externo, de los ritos y repeticiones, de los eventos y actos con parafernalia cautivante. El avisado ve el mal y se aparta, dice la Biblia.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:22
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