Martes, 31 de marzo de 2020

¿Quién es el Dios/dios de este siglo? Las traducciones del Nuevo Testamento desde el griego hacia las diversas lenguas en las que fueron vertidas, usan en su mayoría el vocablo dios en minúscula, cuando traducen el texto griego de 2 Corintios 4:3-4. Con ello pretenden dar un cambio de significado al original griego, como si la referencia fuera Satanás en lugar del Padre Celestial. Al parecer, tal intención obedecería a una tendencia interpretativa con marca ideológica-teológica a la que se quiere favorecer. En otros términos, Dios el Padre no sería capaz de cegar los corazones de los incrédulos, sino más bien tiene interés de que todos los hombres sean salvos.

La universalidad de la salvación pareciera ser el sustento de base de tal osadía en la traducción. Hablamos de atrevimiento por cuanto el texto griego no menciona a DIOS en mayúscula, como para que una minúscula haga referencia a una divinidad paralela. Solamente las palabras mencionadas con mayúscula son las que van al inicio de un párrafo y las que van después de un punto. La letra uncial es llamada comúnmente mayúscula, aunque aún las minúsculas pueden ser unciales, siempre y cuando sean escritas de acuerdo a un patrón que cubra al menos el trazo entre dos líneas paralelas, confinadas a la altura fija de las mayúsculas.  Los romanos del siglo IV de la era cristiana inventaron este tipo de letra y la denominaron uncial, por lo que muchas copias de manuscritos del Nuevo Testamento griego se hicieron bajo ese parámetro a partir de entonces.

Cabe destacar que la escritura en griego koiné (común) del Nuevo Testamento era corrida, sin separación entre vocablos, sin signos de puntuación, sin acentos ni tildes (espíritu áspero, espíritu suave). En un principio, los primeros manuscritos se hicieron en mayúscula, hasta que en el siglo VII se empezó a cambiar hacia un griego koiné afectado por la cultura lingüística bizantina, con puntuación, tildes y una suerte de combinación entre mayúsculas y minúsculas. Pero nunca los vocablos DIOS, HIJO, ESPÍRITU SANTO, por ejemplo, estuvieron escritos con letra mayúscula frente a otras con minúsculas, sino que se les dieron el tratamiento de las palabras comunes, de acuerdo a la gramática griega.

El texto de Pablo nos asegura que los que están cegados son los que no creen. El hecho de su incredulidad los hace continuar en su ceguera espiritual, de acuerdo a la teología cristiana derivada del texto referido. Ahora bien, ¿es ese el trabajo de Satanás? ¿No es más bien su acto preferido el de la tentación a todos los hombres y el de la acusación a los creyentes? Él ha sido llamado el acusador de los hermanos, de acuerdo a Juan en su libro Apocalipsis. Satanás es llamado el príncipe de este mundo (Juan 16:11), el príncipe de las potestades del aire (Efesios 2:2), pero nunca ha sido mencionado como rey o como Dios.

De nuevo evocamos a los manuscritos griegos que no hicieron distinción entre Dios y dios. ¿Es Dios el Dios de este mundo? Sabemos que nada se mueve sin la voluntad del Todopoderoso, de manera que podemos asegurar que el Dios de la Biblia es también el Dios de este mundo. Aún Satanás le está sujeto, en tanto es una criatura creada para el día malo (Proverbios 16:4).

Conocemos que las glorias del mundo que está bajo el maligno son satánicas, y Satanás pareciera tener la potestad de dárselas al que él desee dárselas (de acuerdo al plan divino, por supuesto), como se desprende de Mateo 4:8-9. Sin embargo, la Escritura afirma que es Dios quien pone y quita reyes, de manera que la presunción de Satanás pudiera bien ser una pura vanagloria.

El profeta Isaías nos habla de ese Dios que ciega el entendimiento del que era su pueblo nominal. Dile a este pueblo: Oíd bien, pero no entendáis; y mirad bien, pero no comprendáis. Haz insensible el corazón de este pueblo; ensordece sus oídos y ciega sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se vuelva a mí, y yo lo sane (Isaías 6:9). ¿No ha dado Dios espíritu de estupor a los que no creyeron la verdad, sino que se complacieron en la injusticia? Sí, por lo cual les hace creer la mentira de forma que se pierdan (2 Tesalonicenses 2:11-13).

El Dios de este siglo y, como otros prefieren, el Dios de este mundo, son una expresión idéntica en griego. Pablo le dijo a Timoteo que la honra fuera dada Al Rey de los siglos τῶν αἰώνων TON AIONON (de los mundos, de los siglos, de las edades, de las vidas, del espacio y el tiempo, de la eternidad, etc.), por los siglos de los siglos αἰῶνας τῶν αἰώνων AIONAS TON AIONON (1 Timoteo 1:17). La palabra siglo no siempre ha de ser entendida como el mundo pecaminoso, ya que también puede ser comprendida como la edad, el tiempo, el mundo en general.

El evangelio escondido es incapaz de salvar un alma, pero está escondido en los que se pierden. Dado que Jesucristo vino a salvar lo que se había perdido, su evangelio ha sido dado para salvar a su pueblo de sus pecados. No hay otro método de salvación para rescatar a los escogidos del Padre que están bajo el dominio de las tinieblas, por cuya razón se encomendó a los discípulos a ir por todo el mundo para predicar este evangelio. Esa tarea ha sido continuada por los creyentes a lo largo de la historia, pero no quiso Dios salvar al mundo por el cual Jesús no rogó. Tampoco quiso el Hijo morir por el mundo que el Padre no eligió, ni ha querido el Espíritu hacer nacer de lo alto a todo mortal.

Si la intención del Padre, del Hijo y del Espíritu hubiese sido la universalidad de la redención, de seguro hubiese sido logrado tal cometido. Pero Jesucristo fue muy claro cuando nos dijo que ninguna persona podría venir a él a no ser que el Padre lo trajese. Si alguien es traído por el Padre al Hijo, esa persona jamás será echada fuera. Por lo tanto, si los incrédulos no son llevados al Hijo, éstos se pierden. Y si se pierden es porque el Padre nunca los envió hacia su Hijo. ¿Qué, pues, diremos? ¿Habrá injusticia en Dios? En ninguna manera, Dios se compadece de quien Él quiere compadecerse, y ejerce misericordia de quiere ejercerla. Al que desea endurecer también endurece, por lo cual fue escrito que no depende del que quiere ni del que corre (Romanos 9).

Vemos que, de acuerdo al contexto bíblico, no hay razón alguna para que la distinción con minúscula de un vocablo griego pretenda dar un sentido distinto creando un falso contexto. Dios es el Dios de este siglo, de este mundo, de este planeta que ha creado. No es Satanás el Dios de este mundo, sino apenas su príncipe. La soberanía de Dios ha de entenderse extendida a todo su universo, al punto de que nadie podrá huir de su presencia. Jesucristo se refirió a Satanás como al príncipe de este mundo, pero nunca como a Dios o a un dios, con minúscula. Si el Espíritu hubiese querido dejar esa impresión de Satanás como un dios, de seguro hubiese hecho que Pablo hubiese escrito la aclaratoria, algo así como el imitador de Dios cegó el entendimiento de los incrédulos…

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 7:36
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