Domingo, 16 de febrero de 2020

El desparpajo teológico que posee la mente de millones de profesantes cristianos, nos recuerda a diario de lo que es capaz la ignorancia. Con razón se ha dicho que hay mucha osadía en el que ignora, ya que no posee conciencia clara para conocer de su atrevimiento. Ejemplo de lo que exponemos se encuentra en la opinión generalizada sobre un nuevo concepto acerca del odio que Dios declara, odio insoportable para los piadosos de oficio, con lo cual una nueva semántica ha visto la luz y ahora se afirma que Dios ama menos. En lugar de odiar al réprobo en cuanto a fe, ordenado para eterna perdición, Dios lo ama menos; en lugar de odiar a Esaú, hecho como vaso de ira, Dios lo ama menos. A Judas Iscariote Dios no lo odió, simplemente lo amó menos.

Vaya desparpajo filológico en el que cimientan su metáfora del odio. El pietismo oficioso no tolera salirse del romanticismo teológico. La divinidad que han concebido los que detestan la absoluta soberanía del Dios de la Biblia es un ser colgado del madero, sufriente, sediento de almas por salvar. Es un ser suplicante que hizo todo lo que pudo hacer un dios, pero que espera a que le traigan la limosna de la voluntad humana a sus pies. Tal ser no puede odiar jamás, por lo que sus teólogos han encontrado la vuelta semántica con el auspicio de sus filólogos que simulan sapiencia en la base de un argumento de falsa autoridad.

Falsa autoridad la tienen a partir de la torcedura de las Escrituras y del desliz etimológico. El verbo griego MISEO significa odiar, nunca amar menos. Pero desde hace un tiempo se comenzó a sugerir un nuevo significado para MISEO, con el cual los acólitos del arminianismo (herejía archiconocida entre los que profesan el cristianismo herético) izan la bandera del libre albedrío. Dios no odió a Esaú, afirman con el desafío a las letras bíblicas, más bien lo amó menos. Si ellos fuesen fieles a lo que aseguran sus filólogos de pacotilla, deberían reemplazar cada texto de la Escritura donde aparece el verbo ODIAR, de tal forma que haya consonancia con la nueva semántica de amar menos. Miseo (Odiar) continúa refiriendo al odio, muy a pesar de que Strong en su Diccionario haya tratado de darle un sentido arminiano al término, muy a pesar de que Kenneth Wuest (uno de los traductores de la Nueva Versión Estándar Americana) se esforzara por hacer creer lo inverosímil. Sostienen los que así piensan que ODIAR, cuando está contrapuesto al verbo AMAR, en la Biblia, debe ser interpretado como amar menos. Al seguir la lógica propuesta, si leemos 1 Juan 3:13-15, obtendremos un cambio impresionante, siempre que no olvidemos que el verbo griego MISEO fue traducido muchas veces como ABORRECER (en lugar de odiar). Sabemos que aborrecer es más suave que odiar, pero si recordamos el sentido del verbo griego podemos ver la sorprendente transformación a la que nos lleva semejante descalabro filológico arminiano:

Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece (odia).  Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece (odia) a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os ama menos…Todo aquel que ama menos a su hermano es homicida…

Veamos cómo quedaría transformado el texto de Juan 15: 18-19: Si el mundo os ama menos, sabed que a mí me ha amado menos antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os ama menos.  Pasemos a un último ejemplo, para no fatigarnos con tantos textos: Has amado la justicia, y aborrecido (odiado) la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros (Hebreos 1:9); este texto quedaría transformado de la siguiente manera: Has amado la justicia, y amado menos la maldad, por lo cual te ungió Dios… Parece ser que Dios dijo respecto a su propio Hijo que él había amado menos la maldad, dando a entender que el Hijo, después de todo, no era el Cordero sin mancha. A esta blasfemia llevan los extraños filólogos que transforman el sentido de las palabras para ajustar su ideología soteriológica.  

Dios no amó menos a Esaú, simplemente lo odió, como odia a todos los hacedores de iniquidad que Él mismo hizo para el día de su ira. Preguntarse la razón por la cual Dios inculpa a quien no puede resistir su voluntad, puede resultar más sensato que cambiar el sentido del término. De todas formas, la respuesta sigue en la Escritura, la cual dice que los niños no habían aún nacido, ni hecho bien o mal, cuando Dios los había escogido a uno para amarlo y a otro para odiarlo, a uno como vaso de misericordia y a otro como vaso de ira. Y añade lo siguiente, para el espíritu objetor: ¿Tú quién eres para discutir con Dios? ¿Podrá la olla de barro decirle a su alfarero por qué me has hecho de esta manera? (Romanos 9).

De esta forma queda resaltado que tanto la elección como la reprobación son incondicionales, sin que medie obra alguna. Queda por fuera del texto cualquier intención de ver a un Dios que elige en base a lo que vio (ya que Dios no necesita mirar hacia el futuro para conocerlo, porque Él ha hecho el futuro), aparte de que todo esto que acá se dice en Romanos 9 se refiere a un tiempo pasado (antes de ser el hombre concebido). De la misma forma concuerda el resto de la Escritura, como cuando Pedro escribe que el Cordero estuvo preparado desde antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:20). Y nosotros reflexionamos en forma simple y lógica: si estuvo preparado desde antes de que el mundo fuese fundado (antes de la aparición del hombre en la tierra, antes del pecado), de seguro Adán tenía que pecar para que esa preparación del Cordero no hubiese sido en vano. Dios no fracasa jamás, de manera que no necesita defensores. Los que intentan decir que Dios no odia, sino que ama menos, intentan justificarlo ante la mirada de los impíos. Pareciera que los que así actúan están tan obnubilados que no se dan cuenta de su propia impiedad. A lo mejor los alcanzó el espíritu de estupor y deben seguir creyendo la mentira que les fue enviada para que terminen de perderse.

Los que odian la doctrina de la reprobación están odiando la obra de Dios, están aborreciendo la doctrina de Cristo. Fue el Señor quien enseñó en forma suficiente tal teología, cuando la noche previa a su muerte le dijo al Padre que no rogaba por el mundo. Es decir, no rogaba por los réprobos en cuanto a fe, por los vasos de ira preparados para tal fin, no pedía por aquellos cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida, desde la fundación del mundo.  Y si el Dios de amor entre los hombres enseñó tal verdad, ¿quién eres tú para enseñar lo contrario? Fue él quien dijo que nadie podía acudir a él si el Padre no lo llevaba, de manera que aquellos que no acuden jamás ante el Señor no lo hacen porque el Padre nunca los ha enviado hacia el Hijo. En otros términos, la muerte de Jesús fue hecha en favor de todos los que representó en la cruz, su pueblo que vino a salvar de sus pecados (Mateo1:21).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:34
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