Lunes, 09 de diciembre de 2019

Voy a referirme a algunos objetivos encontrados en la oración de Jesús, recogida por Juan en su evangelio.  El Señor reconoce que le fue concedida toda potestad sobre toda carne para que le dé vida eterna a los que el Padre le dio (verso 2). Recordemos que en Mateo 28:18 el Señor, ya resucitado, dice que le fue otorgada toda potestad en el cielo y en la tierra; ahora, antes de ir al sacrificio, habla del poder para dar vida eterna a un grupo determinado. Esto es importante tenerlo en cuenta, ya que de esa manera el Señor ratifica su teología enseñada, de acuerdo a Juan capítulos 6, 10 y otros del mismo evangelio. El verso 6 es otro texto clave en esta plegaria del Señor, porque reconoce que cumplió su objetivo con los que del mundo le dio el Padre. Afirma, igualmente, que ellos eran del Padre desde un principio.

El verso 9 refleja el objeto clave del propósito de la venida de Jesús. De acuerdo a Mateo 1:21, Jesús debía librar de todos los pecados a todo su pueblo, y acá en su oración ruega por ese pueblo y deja por fuera al mundo. Sabemos que el vocablo mundo tiene muchos sentidos, según el contexto donde aparece. En este verso se refiere a todos los réprobos en cuanto a fe, a los que pertenecen a Satanás, a los que fueron ordenados para tropezar en la piedra eterna que es Cristo. Llama la atención que este verso 9 presenta, al menos, dos elementos separados. A) El elemento incluyente, comprendido por los once apóstoles, más los otros que habían creído en él, que son los que el Padre le dio aparte de ellos. B) El elemento excluyente, compuesto por Judas Iscariote y el resto del mundo. Se implica que los que son incluidos como su pueblo no son del mundo, como lo afirma después el verso 14.

Frente a esta presentación relatada por Juan, han sido dadas algunas objeciones. 1) Que Jesús hizo referencia solamente a los apóstoles y no a una distinción entre elegidos y reprobados. La base de la objeción estaría en el verso 20, donde Jesús aparece rogando por los habrían de creer por la palabra de ellos. Una respuesta a esta objeción estaría basada en el hecho de que aparecen dos rangos de personas que están en el mundo: (versos 9, 12,15 y 20). Vemos, pues, que Jesús continúa resaltando la separación de su pueblo y del mundo, a pesar de que ese pueblo tenga que vivir en ese mundo.

2) Como segunda objeción se ha argumentado que Jesús no rogó por un mundo particular (como podría ser Judea), de acuerdo a Lucas 23:34 (Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen).  Se responde que los que fueron perdonados en la crucifixión estuvieron en la reunión de Pentecostés (Hechos 2:35 y 43-44); además, Cristo no pidió por todos sus perseguidores, sino por los que no sabían lo que hacían. En Hechos 3:15 y 17 leemos parte del discurso de Pedro: y matasteis al Autor de la vida, al cual Dios ha resucitado de los muertos. De esto nosotros somos testigos…Ahora bien, hermanos, sé que por ignorancia lo hicisteis… También se puede responder que, de acuerdo a Mateo 5:44 –amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen-, Jesús cumplió con su propia ley de acuerdo a lo señalado acá arriba, referente a la cita de Lucas.

3) La tercera objeción hecha está alegada en el verso 21 de Juan 17: …para que el mundo crea que tú me enviaste. Se dice que Jesús está interesado en salvar ese mundo que menciona el texto, ya que habla de creer que él fue el enviado del Padre. Justo es recordar que el mundo comprende también a los elegidos que no han sido todavía regenerados. Vemos que, aunque este versículo forma parte de la plegaria del Señor, no es en sí mismo una petición, es ante todo la razón de la plegaria. El conector de consecuencia para forma parte de la estructura lógica de esta frase antes mencionada, lo cual da comprensión plena a la idea presentada. La conjunción griega para ese texto es igualmente una conjunción de consecuencia: ἵνα (gina). Jesús no manifiesta acá ningún propósito de conversión para este mundo, más bien muestra el deseo de que el mundo conozca que Dios lo ha enviado. El contexto del vocablo mundo siempre es negativo en esta plegaria del Señor, si bien él atrae de ese mundo de tinieblas a los que son suyos.

4) Como una última objeción, algunos dicen que Jesús no tenía que orar por los predestinados. Agregan que el hecho de orar por un grupo de personas implica que no son elegidos. La respuesta que podemos dar, de acuerdo a la Escritura, es que debemos orar siempre, predicar el evangelio a toda criatura (mientras sea posible), ya que no sabemos quiénes son los escogidos del Padre. Sin embargo, Jesús conoce todas las cosas y, en tanto Dios, sabe quiénes son los suyos. Eso no impide que ruegue por ellos, que cumpla su función de Intercesor y Mediador. Pablo argumenta al respecto que nadie puede invocar a Dios si no lo conoce, que para conocerlo es necesario que se le anuncie o predique, de manera que los que propagan el evangelio son necesarios y deben ser enviados para tal fin (todos los creyentes hemos de cumplir esa tarea). Por otro lado, agregamos a esta respuesta, que el que predestinó el fin también lo hizo con los medios; el Dios de la providencia sabrá dar a cada uno lo que conviene, de acuerdo a sus planes eternos. Por ejemplo, si Pablo tuvo que ser un hombre escogido para llevar el evangelio a los gentiles en la era apostólica, no podía nacer en el siglo XX. Es decir, Dios sabe lo que hace y provee cada detalle de los que van a creer y de los que nunca creerán.

Hay un libro interesante que lleva por título: Sermones a partir de Juan 17.  (Sermons Upon John 17), publicado en la Web por Monergism.com  (https://www.monergism.com/sermons-upon-john-17-ebook), el cual recomiendo para ampliar el tema (está en inglés). La plegaria recogida en Juan 17 conviene cotejarla con Juan 6, la prédica de Jesús a un grupo de seguidores o discípulos que lo seguían desde que comieron los panes y los peces. Ellos se espantaron por escuchar sus palabras que apuntaban a la más absoluta soberanía de Dios. Jesús decía allí que nadie podía ir a él si el Padre no lo llevaba. Esto los ofendió y se retiraron con la murmuración entre ellos, diciendo: Dura es esta palabra, ¿quién la puede oír? Jesús no insistió para que vinieran a él, más bien desafió a sus otros discípulos por si ellos se querían ir. Jesús no suavizó su discurso en pro de tener más seguidores, como hacen los mercaderes del templo contemporáneo. Jesús siempre predicó la verdad en su forma total, de manera que no nos extraña que el apóstol Juan haya copiado la oración de Getsemaní en su evangelio.

César Paredes

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destino.blobcindario.com

 

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:09
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