Mi?rcoles, 04 de diciembre de 2019

Hay mucha gente que supone que la Biblia muestra contradicciones en el asunto del nacimiento de Jesús. En realidad, los que así piensan y señalan, exponen su intención de obviar los textos que hablan mucho más de un contexto, antes que presentar un error. Jesús nació en Belén de Judea, en días del rey Herodes. Así lo dice Mateo (2:1), el que también escribe que Jesús habitó en la ciudad que se llama Nazaret (Mateo 2:23).

Como vemos, no hay contradicción en lo expuesto, ya que uno puede nacer en un lugar y habitar en otro. Hay personas que nacen en una determinada ciudad y sus padres se mudan y se lo llevan a otro lugar de un mismo país, o a otro continente, a cualquier otro poblado. Lo mismo sucedió con los que fungieron como sus padres. José y María eran de Nazaret y tuvieron que salir por asuntos de un censo romano para ir a empadronarse. Llegado el momento del parto se encontraban en Belén de Judea, lo que resulta importante desde el plano de las profecías. Decía el profeta Miqueas: Mas tú, Belén Efrata, pequeña para ser en los millares de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel… (Miqueas 5:2).

Incluso, Nazaret tiene que ver con una profecía de Isaías, si uno busca el contexto y el vocablo hebreo que se emplea en la cita bíblica. Esto nos indica una de las razones por las cuales se le designaría con el nombre de Jesús de Nazaret. Podemos aducir que se le llamaba de esa manera porque habitaba aquella región, lo cual sería totalmente válido. Normalmente, cuando una persona se hace notoria en algún lugar, sin importar que no haya nacido allí, se le reconoce como de ese lugar donde se crea su fama. Pero también se le puede nombrar de esa manera por el solo hecho de vivir mucho tiempo en aquella zona, máxime cuando quienes lo crían y educan son oriundos de aquella región (Lucas 2:49-51).

En Isaías 11:1 se lee lo siguiente: Un retoño brotará del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto. La palabra Netzer (de acuerdo a la lengua hebrea) significa rama, en alusión a unos árboles propios de aquella región, e igualmente significa la ciudad de Nazaret. Ese nombre proviene de la familia de Jesse o Isaí. Nazaret quedaba en la tierra de Galilea, por lo cual también se le puede decir galileo a Jesús. Dice Mateo: Habiendo llegado, habitó en la ciudad que se llama Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que había de ser llamado nazareno (Mateo 2:23).

La tierra de Nazaret era sin estima, ni siquiera aparecía registrada en mapas antiguos. Tal vez se debía a que otras profecías hablaban del Mesías como de alguien que carecería de hermosura como para que la gente se fijara en él. Es decir, no hay hermosura ni siquiera por la tierra donde viviría, de tal forma que aún Nathanael, cuando fue llamado para seguir al Mesías, exclamó: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Juan 1:46). Si uno lee Lucas 4:16-30, (Nadie es profeta en su tierra) puede observar que los habitantes de Nazaret rechazaron a Jesús, pese a ser ésta la ciudad donde había pasado muchos años de vida. Esta era una población que estuvo controlada religiosamente por los judíos que odiaban a Jesús, de manera que se cumplía aquello de que los suyos no lo recibieron (Juan 1:11).

Pese a que Jesús nació en Belén, los demonios le reconocían como de Nazaret, por aquella norma tácita que supone que uno es de donde se educa y se desarrolla, en donde uno es conocido por sus vecinos (Marcos 1:24). El galileo, el nazareno o el nacido en Belén de Judea, es la misma persona y no denota desacuerdo alguno entre los evangelistas. …el ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María (Lucas 1:26-27).

Los enemigos del evangelio se gozan en mostrar errores fantasmas, cosas que ven en su imaginación adulterada por las premisas erróneas de las que parten. Andan a la caza de un gazapo para intentar demostrar que la Biblia se contradice, pero no son exhaustivos en la investigación que hacen. Ellos presuponen que cada evangelista debería contar la misma historia desde igual perspectiva, de lo contrario inducen que hay contradicción en la narrativa que aquellos hacen.

La enemistad entre la serpiente y la Simiente de la mujer (que es Cristo) fue una promesa desde los orígenes de la humanidad. En Génesis 3:15 la podemos ver, como un edicto del Creador, de acuerdo a sus planes eternos e inmutables. Si uno se acerca a la carta que envió Pablo a los Gálatas, puede comprender parte de su cumplimiento: Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley (Gálatas 4:4). También se cumplieron otras profecías en relación al nacimiento del Mesías. Por tanto, el mismo Señor os dará la señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Isaías 7:14); Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo: He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido quiere decir: Dios con nosotros (Mateo 1:22-23).

El hecho de que en el Nuevo Testamento no se hable de reyes magos, sino de unos sabios o magos que vinieron del Oriente, también ha sido objeto de crítica. Pero no olvidemos que ese reclamo es innecesario, ya que se cumplió todo el contexto mencionado en el Antiguo Testamento, acerca de los presentes que recibiría el niño. Leemos en el Salmo 72:10: Los reyes de Tarsis y de las costas del mar le traerán presentes; los reyes de Saba y de Seba le presentarán tributo. También Isaías habla al respecto: Una multitud de camellos te cubrirá, dromedarios de Madián y de Efa; todos ellos vendrán de Seba. Traerán oro e incienso, y proclamarán las alabanzas de Jehová (Isaías 60:6).

La palabra de Dios es incorruptible, más allá de que las traducciones no sean tan fieles a los papiros o escritos más antiguos. El cielo y la tierra pasarán, pero la palabra del Señor habrá de cumplirse toda. La impiedad de muchos hombres los lleva a ver solamente dentro de su ilusión enferma, ya que muchos de ellos sienten el tormento del castigo por la desobediencia. De allí que razonan: si el mandato está corrompido, no hay que obedecer nada.

Otras personas, que se llaman creyentes, por haber leído acerca de los beneficios del reino de los cielos, guardan una moral casi intachable ante la sociedad. Sin embargo, tuercen la Escritura en el intento de hacerla decir algo que suaviza las palabras duras de oír que ella contiene. A éstos no les gusta escuchar que Dios escogió a un pueblo desde la eternidad, para hacerlo conforme al Hijo. Ellos tienen la duda de si están o no en aquel libro de la vida, por lo cual proponen una distorsión del texto que leen. En esa tarea parece que han tenido éxito, ya que muchos se le suman en su desvarío, pero por no creer la verdad, antes por amar la mentira, el mismo Dios de las Escrituras les envía un poder engañoso para que terminen de perderse.

Algunos, apegados al judaísmo moderno, se preguntan acerca de la razón por la que Jesucristo se presentaba en las sinagogas de su tiempo sin ser un rabino de la ley. Sin embargo, no eran pocos los que lo llamaban Rabí (entre ellos Nicodemo, maestro de la ley); asimismo, él era la palabra, el autor de la Escritura, por lo que tenía toda la autoridad para hablar dentro de una sinagoga. Pero muchos razonan desde el ángulo del esoterismo, bajo la ilusión de que los rabinos judaizantes son los que deben desentrañar el sentido del Antiguo Testamento. A la ley y al testimonio, ya que si no hablan conforme a ellos no les ha amanecido Cristo. Examinemos las Escrituras, porque ellas dan testimonio del Mesías y porque allí nos parece que está la vida eterna.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:03
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