Lunes, 30 de septiembre de 2019

Se le ha llamado la bruja de Endor, a una adivina que presumía de poderes especiales, con la supuesta capacidad de conversar con los muertos. Pero la Biblia ha declarado que los hombres viven una sola vez y después viene el juicio. Es decir, nadie puede venir del más allá para comunicarse con los vivientes. Cristo habló de una gran separación entre muertos y vivos, cuando relató la historia del rico y Lázaro. A lo largo de la Escritura se condena todo intento por la necromancia, por los actos de adivinación y magia, por la hechicería, como lo prueban algunos textos: Levítico 20:6, 27; Deuteronomio 18:10, entre muchos otros. Está prohibido ser agorero, sortílego, quiromántico, encantador, médium, espiritista, consultor de muertos, porque cualquiera que esto haga o practique será abominación a Jehová.

Muy importante el texto de Jeremías sobre los que buscan señales en los cielos (los astros): …ni de las señales de los cielos os aterroricéis, aunque las naciones les tengan terror (Jeremías 10:2). Esto es una advertencia contra los que llamándose creyentes se dan a la tarea de leer horóscopos, de ser influenciados por lo que la mayoría de las personas del planeta creen y temen. Por otro lado, hay una admonición vigente para hoy día, contra los supuestos creyentes que siguen profetizando en el nombre de Dios: Mentira profetizan los profetas en mi nombre. Yo no los he enviado, ni les he dado órdenes, ni les he hablado; visión falsa, adivinación, vanidad y engaño de sus corazones ellos profetizan (Jeremías 14:1). ¿Qué hacen, entonces, los que vaticinan la fecha de la segunda venida de Cristo? ¿Por qué se declaran conocedores del plan de Dios para la vida de sus semejantes y declaran matrimonios, prosperidad, sanidad y otras cosas? Jehová no los ha enviado.

Los soñadores que anuncian sus sueños como si hubiese revelaciones especiales, alientan a los seguidores de fábulas para que crean en señales especiales. En realidad, son ellos carcasas vacías, no tienen el Espíritu de Cristo y, por lo tanto, necesitan motivaciones extraordinarias para avanzar en su vida religiosa. La costumbre en ciertas asambleas que se llaman cristianas no es de reciente data, ella proviene desde antiguo, como ha sido declarado en Ezequiel 13:6-7. Hay muchos contadores de sueños falsos, con visiones mentirosas, dando consuelo en vano (Zacarías 10:2). Vemos que la Escritura advierte tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, acerca de las abominaciones de las prácticas espiritistas que hace la gente a través de los tiempos (Hechos 16:16).

El rey Saúl había sido desechado por Dios, de acuerdo a lo que le había informado el profeta Samuel. Era un rey terco, apegado al poder como cualquier dictador contemporáneo. De acuerdo a la instrucción religiosa en la que había sido formado, perseguía a los que se entregaban a las prácticas adivinatorias proscritas en Israel. Sin embargo, al ver que Dios no le respondía sus consultas, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas (1 Samuel 28:6), se propuso consultar a una adivina. Sabemos por el relato bíblico que Saúl entendió en su corazón que a quien veía la pitonisa era a Samuel el profeta. La forma de la narración hace que el lector perciba que Samuel estaba allí, pero no debemos olvidar que la expresión referida a que Saúl entendió que era Samuel supone una acción subjetiva. Es como si el escritor narrara desde la perspectiva de los protagonistas del relato, Samuel, Saúl, la pitonisa, incluso presentando un diálogo entre los dos primeros actores.

La narratología bíblica tiende a confundir al que se sitúa fuera del contexto de las Escrituras. La Biblia condena cualquier consulta hecha a los muertos, cualquier intento espiritista, de manera que mal pudiera violentarse toda la admonición de ella entendiendo el relato como si fuese una verdad objetiva. Esto que acontecía con esos actores formaba parte de lo que Saúl había entendido y de la elucubración de la pitonisa. Además, debemos tener en cuenta que uno de los actores -el Samuel muerto- no vendría de su estado de paz atraído por las fuerzas del mal (representadas por la mujer con tales prácticas), violentando con su presencia lo que él como profeta había declarado respecto a la abominación a Jehová.

Recordemos que Dios se había apartado de Saúl y no le respondía ni por profetas ni por sueños (1 Samuel 16; 28). El mismo espíritu le dijo en la sesión con la adivina que Jehová se había apartado de él y que era su enemigo. Un hombre asustado, turbado y angustiado, de quien Dios ha apartado su Espíritu, tiene suficientes condiciones para que la influencia demoníaca lo atrape. De acuerdo a 1 Samuel 16:14, un espíritu malo, de parte de Jehová, atormentaba a Saúl. Este detalle nos permite valorar que no fue Samuel quien se le presentó en la sesión espiritista, sino que ese espíritu malo o cualquier otro semejante estuvo allí con él para que siguiera sufriendo la separación de Jehová. Saúl era un impío hecho para el día malo (Proverbios 16:4) y su maldad terminaría por matarlo. Jehová tenía asignado el día, la hora y los medios con los cuales acabaría con ese rey perverso reclamado por un pueblo desobediente. No olvidemos tampoco que Israel quería rey como los demás pueblos, de manera que había desechado no solo a Samuel sino a Jehová mismo. Es por ello que Dios le enviaba a Saúl como un engaño para castigar la iniquidad de Israel, haciéndolo profetizar (como se decía irónicamente), en una simulación de piedad, pretendiendo ser cordero, aunque actuaba como dragón.

Ejemplo de actos parecidos a estos tenemos en la Escritura. El rey Acab fue engañado de parte de Jehová, al enviarle un espíritu de mentira a sus profetas. Por ese medio le fue dada la muerte en una guerra en la que se le dijo que fuera confiadamente (1 Reyes 22:19-23). Dios también envió un espíritu malo para que el rey Senaquerib escuchara el rumor de que el rey de Etiopía había salido a hacerle la guerra. Así, ese rey huyó a Nínive y consultó a su falso dios, ocasión que aprovecharon sus propios hijos para matarlo con espada (2 Reyes 19:7,35).  Vemos a un Dios soberano que no le teme a Satanás, a quien ha creado, que lo usa para engañar a sus enemigos, a quienes les envía un espíritu de error por amar la mentira antes que la verdad (2 Tesalonicenses 2:11-13).

La lógica que sostiene la estructura del texto de nuestro relato, el que Saúl haya consultado a la adivina, nos permitirá valorar el sentido de las palabras del supuesto Samuel. Esa lógica se sustenta en el argumento esencial o premisa mayor: Dios no le respondía a Saúl ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. El argumento que sigue, la consulta hecha a través de una adivina, sería la premisa menor. La síntesis no es otra que, dado que Dios no le respondía por la vía que Él había instituido, mucho menos le respondería por el método proscrito por el mismo Dios de Israel. Dios no aprueba la abominación, pero en ocasiones sí usa a los demonios para castigar a quienes decide castigar de esa forma.  Si en una oportunidad envió a un demonio para que engañara a los profetas de Acab, ahora enviaba a otro para que lo atormentara con lo que le iba a suceder.

¿No dice la Escritura que horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo? Conviene entonces amistarse con Él, para que nos venga bien y para que tengamos paz. La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna, en Cristo Jesús, Señor nuestro. La historia de este rey ha sido escrita para nuestro provecho, si en realidad aprendemos su moraleja. La consulta con hechiceros y adivinos, el mirar los signos de los astros, el acudir a los espiritistas, el usar la magia, el andar con los encantadores o consultar agoreros, el acto de leer el tabaco o la borra del café, el practicar la quiromancia, así como practicar el supuesto don de sanidad, el acudir a chamanes junto a un gran etcétera de prácticas esotéricas y ocultistas, son oficios del demonio. Satanás dijo en el Edén que el hombre sería como un dios, por esa razón la humanidad caída pretende ser semejante al Altísimo, si bien le es rebelde por naturaleza y busca entrar al mundo del espíritu por la puerta de atrás.

Saúl no era un sacerdote, sino un rey, por lo tanto, no podía ofrecer holocausto a Jehová. Desesperado por estar amenazado por los filisteos, no tuvo la paciencia de esperar debidamente a Samuel el profeta. Como puede leerse en 2 de Crónicas 26, un rey llamado Uza, que intentó hacer el oficio sacerdotal, fue castigado con lepra. Saúl debió conocer por la historia israelita tal prohibición y sus consecuencias, pero pretendió ocultar su desobediencia con una devoción aparente. Nosotros debemos cuidar la forma de alabar al Dios que nos ha redimido, ya que Él ha dicho que no acepta el fuego extraño. Hubo algo irónico en la vida de Saúl, ya que al terminar de ofrecer el holocausto indebido aparecía Samuel que venía. Cuando el profeta le reclamó por lo que había realizado, el rey dio sus excusas, sin reconocer que por su afán había desobedecido al Dios que decía servir. También se ha relatado otro episodio en el que Saúl perdonó la vida de Agag, rey de Amalec, junto con lo grueso de su ganado. Samuel le reclamó, pero el rey aseguró que había sido por causa del pueblo y del deseo de ofrecer tal ganado como holocausto a Jehová que había salvado lo mejor de aquellos animales. En ese momento Jehová le dijo por medio del profeta que él era un rey desechado por Él, de manera que la desobediencia le trajo consecuencias nefastas. Los eventos suscitados en la vida de Saúl, comprueban que el Dios soberano cumplió su plan contra el pueblo de Israel que había pedido rey como las demás naciones. El imitar al mundo y desear lo que allí se hace, puede ser un aguijón que hiera nuestra alma hasta la muerte.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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