Jueves, 01 de agosto de 2019

Los hermanos en la herejía pueden ser denominados igualmente hermanos en Satanás. Una cofradía de personas llega a estar ligada por el pegamento doctrinal, como si se fuera militante de una ideología política. Esas personas se hermanan y se soportan unas a otras las diferencias de culto y cultura, ya que lo que estiman de mayor importancia es rechazar la ofensa de la cruz de Cristo. Participan de la fornicación espiritual como heréticos contaminados en cuanto a la doctrina de Jesucristo. Esto no es otra cosa que atender al espíritu anticristiano propio de su comunidad religiosa.

Los antiguos romanos y griegos se aferraban a su culto de idolatría, con la abundante gama de divinidades paganas; por esta razón el anuncio de la cruz de Cristo vino a ser para ellos una gran ofensa. La cruz acompañada de la doctrina enseñada por Jesús señalaba los errores en el rostro de emperadores, cónsules, filósofos, sabios y pueblo en general. Se habían aferrado al culto babilónico, a la adoración a la madre tierra, a la reverencia del concepto de la madre y el niño, de manera que los Diez Mandamientos dados por Dios a Moisés les parecían cultura hebrea solamente.

Ellos estaban en paz por causa de sus costumbres. Como el zapato usado da confort al pie cuando camina, así también las tradiciones religiosas repetidas durante siglos calmaban el agite de las almas sin esperanza, como un remedio para la ignorancia de los asuntos espirituales. De allí su dedicación a castigar la doctrina emergente del cristianismo, esforzándose en martirizar a los testigos de esa ofensa. Algunos sabios que profesaban el cristianismo se dieron a la tarea de suavizar el mensaje, hasta que habiendo asumido Constantino el poder en Roma dio luz verde para esa religión de esclavos, de masas que habían sido convertidas a la nueva forma de creer.

Para hacer más aceptable la vieja ofensa hicieron coincidir nacimientos y celebraciones del paganismo con lo que podía ser memorable dentro del cristianismo. Hubo una suerte de fusión natural que permitía el aceitado engranaje de la maquinaria religiosa que seguía siendo propiedad del Estado. Si el Emperador fue antes considerado como un dios, continúa ahora siendo el Sumo Pontífice entre el cielo y la tierra. Por su parte, los militantes del cristianismo religioso vieron con agrado que de la tortura y la exclusión económica hubiese cambiado su trayecto, a fin de recuperar sus posesiones y darse a la tarea de construir templos.

Mientras se ocupaban en la libre construcción de templos dedicados al Dios de la Biblia, se dio paso a las doctrinas extrañas controladas por el clero y el Estado.  Era la fusión completa, como una fusión nuclear.

Por siglos la humanidad ha vivido con un cristianismo abominable, una mezcla entre la doctrina que ofende con la que suaviza y hace la paz cuando no la hay. Estos constructores del evangelio diferente han dejado de lado la piedra angular, por lo cual su edificio completo se vendrá abajo y les caerá encima a los que en ese espacio tienen su morada. La cultura de la buena conducta prevalece por sobre la cultura de la debida doctrina. David tuvo momentos de mal comportamiento, pero ni uno solo de herejía doctrinal. La promesa de Jesucristo en relación a sus ovejas que le son propias es que no se irán jamás tras el extraño, sin haber dicho nunca que no caerían en el pecado.

A los herejes doctrinales los llaman viejos soldados de la fe, al mirar su obra humana y religiosa entre las multitudes. Como si los herejes pudieran ser considerados pregoneros de justicia, como si los que llaman dulce a lo amargo pudieran conciliar la paz entre el cielo y la tierra. En realidad, los que practican o creen cualquier forma de herejía son ignorantes y celosos religiosos, ajenos al beneficio de la cruz.  Ellos se consideran rectos y justos en sus propias opiniones, aunque ignoran la ubicación de la piedra del ángulo como fundamento de la fe que otorga Dios.

En realidad, los que se congregan semana tras semana en nombre de un Cristo diferente al de las Escrituras, siguen tropezando por causa de su falta de discernimiento en la locura de la cruz que consideran una ofensa. La palabra de la cruz es locura a los que están perdidos, pero para nosotros los que hemos sido salvados es el poder de Dios (1 Corintios 1:18). Hay una cruz que no tiene ningún efecto, a no ser como indicativo de andar extraviado en materia de fe. Es la cruz del otro Jesús, del otro evangelio, de la doctrina de los muchos anticristos que han salido sobre la tierra. Bajo esa cruz se congregan los hermanos en Satanás, ya que no pueden ser considerados hermanos en Cristo, de acuerdo a las Escrituras.

Todos aquellos que dicen o creen que ellos colaboraron en su redención, que Dios miró a través del tiempo para verlos como deseosos del rescate, que dieron un paso al frente levantando su mano en señal de obediencia, que hicieron una oración de fe para asegurar la redención ofrecida, no hacen otra cosa que añadir al trabajo de Cristo su propio esfuerzo. Estos tienen de qué gloriarse, ufanándose de ellos mismos. Estos no han creído que el Señor hizo en la cruz lo que dijo que había hecho, que todo había sido consumado. En realidad, Jesucristo vino a salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21) y eso cumplió por completo en el madero.

La expiación hecha por Cristo es absolutamente eficaz, ni uno solo de sus objetivos se incumplió. Los que no fueron asignados para liberación por medio de la sangre del Cordero no se benefician en lo absoluto de tal expiación.  Jesús dijo que ponía su vida por sus ovejas, pero también pronunció palabras contra los cabritos destinados para perdición eterna. ¿En qué pudo beneficiarse Judas Iscariote del trabajo de Cristo en la cruz? ¿Cuál beneficio obtuvo el Faraón de Egipto, levantado para mostrar el poder de la justicia de Jehová? ¿En qué aprovechó a Esaú la vida campestre que llevó en esta tierra, siendo fecundo en cuanto a los propósitos de su generación, si fue odiado por Dios desde antes de ser concebido?

Las preguntas pueden continuar, pero dejaremos solo una más: ¿De qué aprovechará la vida a todos aquellos cuyos nombres no fueron escritos en el libro de la Vida del Cordero, desde la fundación del mundo? (Apocalipsis 13:8 y 17:8). Justo es decir que Dios ni ama a los réprobos en cuanto a fe, ni procura su salvación. El réprobo fue creado para que Dios mostrase su ira por el pecado, para hacer la justicia por sus maldades. La justicia de Cristo no aprovecha en lo más mínimo a estos seres destinados para tropezar en la roca que es Cristo. Cuando la Biblia habla del amor de Dios por el mundo, del trabajo de Cristo al quitar el pecado del mundo, hace referencia restrictiva, significa solamente que no hace distinción de personas. Judíos y gentiles (todo el mundo) son objetos de su gloria y amor, como también judíos y gentiles son objetos de su ira y justicia.

El contexto en la Escritura es fundamental para su comprensión, para huir de las herejías propuestas por los falsos maestros que deambulan por las sinagogas de Satanás en la hermandad herética. El Salmo 2 es un buen texto para leer y pensar en él, de manera que nos demos cuenta de la tremenda soberanía de Dios, de sus designios perfectos y de su Hijo que tiene el dominio sobre toda la tierra. Ese Dios ha declarado que se reirá de los impíos, de los que amotinados buscan romper sus ligaduras (Salmo 2: 2-4).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:37
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