Martes, 07 de mayo de 2019

Son numerosas las personas que parecieran estar en las filas de la Iglesia cristiana pero que fustigan sus almas con textos aislados. Esa ha sido la costumbre de los arminianos, el viejo truco de Lucifer en el Edén, una media verdad que intenta cubrir una media mentira. Pero cuando la Escritura habla hay que conocer su contexto y gramática, incluso hay la necesidad de comparar pasajes similares para obtener el sentido general de lo que dice.

El hecho de que Jesús haya enseñado que los pámpanos que no llevan fruto serán cortados y echados al fuego preocupa a muchos con aquello de que la salvación se pierde. Entonces, si eso fuera cierto, ¿cómo quedarían las palabras del mismo Jesús cuando afirmó que nadie arrebataría a sus ovejas de sus manos? Hay textos rectores de otros textos en las Escrituras, unos más explícitos que otros para darnos luz sobre todo el sentido. Juan nos dijo en una de sus cartas que algunos habían salido de nosotros pero que no eran de nosotros (1 Juan 2:19).

Esos que salieron son los pámpanos que no llevan fruto, son los mismos reflejados en la semilla que no cayó en buena tierra. La parábola del sembrador está ligada a la figura de los pámpanos que no llevan frutos, a aquellas personas que salieron de nosotros porque no eran de nosotros. Uno concluye que aquellas personas estaban pero no eran. Son los cristianos que profesan ser creyentes pero que en realidad están en medio de la congregación como lo estuvo Judas con los demás discípulos. Están como la cizaña sembrada por Satanás en medio del trigo. Estos son parecidos a los que pecan voluntariamente (como dice Hebreos), cuando pretenden crucificar de nuevo al Señor.

Así hicieron algunos hebreos cristianos porque querían volver a sus andanzas de la ley, como si por lo que fue una sombra de lo por venir pudieran repetir los sacrificios que simbolizaban al Cordero que vendría. No podían volver a crucificar a Cristo, como siempre se hizo en forma simbólica en cada sacrificio hecho durante el sacerdocio del Antiguo Testamento. No que Cristo estuviera presente en las víctimas propiciatorias constituidas por animales pero sí lo estaba en tanto sombra de lo que habría de venir.

En la parábola del sembrador hay una cantidad de semillas que germinaron y comenzaron a dar la planta sobre la tierra. Esos son los mismos que gustan los bienes del mundo venidero, disfrutan gustando la palabra, incluso son partícipes del Espíritu de Dios al estilo de Saúl, tal vez como una imitación de los verdaderos creyentes. Recordemos que hubo muchos seguidores de Jesús que formaron parte de la comisión de los 70, la que regresó contenta porque los demonios se le sujetaban. El problema grave que podían tener algunos (como se los dijo Jesús) era que su nombre no estuviera escrito en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo.

El creyente cuando peca se arrepiente, pero ese arrepentimiento no significa  crucificar de nuevo al Señor.  De manera que no está bien imaginar que cada vez que nos arrepentimos de nuestros pecados estamos crucificando otra vez a Jesucristo. Esa frase dicha en Hebreos 6:6 debe ser tomada en el contexto en que se dijo. Era un mensaje específico para los judíos cristianos que pretendían volver atrás, como si pudieran crucificar al Señor con sus sacrificios de animales. Eso era apostasía y había que denunciarla. En Hebreos 3:7-9 el autor de ese mensaje enuncia otro texto de la Escritura muy oportuno: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestro corazón, como lo hicieron los antecesores de ellos en el desierto.

El buen pastor que guía a las ovejas ha dicho que ninguna de ellas se irá tras el extraño, por eso el creyente verdadero no puede apostatar. Los que se apartan de la fe son aquellos que gustando de los bienes venideros, del beneficio de la palabra, del entorno del Espíritu Santo, nunca echaron raíz profunda como sucedió con la semilla que no cayó en buena tierra. Esos son los mismos que salieron de nosotros sin ser de nosotros, los que solamente estaban con nosotros sin formar parte de la Iglesia de Cristo. Hay un ejemplo de mala conducta en la Iglesia de Corinto, el del hermano que se acostaba con su madrastra, y Pablo trata al infractor como a un creyente. De igual manera señala como hermanos a todos los que edificando con materiales innobles no tienen obra buena que mostrar, salvo que edificaron sobre el fundamento de Jesucristo. Los mismos serán salvos como de un incendio. Hay muchos ejemplos de corazones contritos y humillados que no son despreciados por Dios, pero recordemos que el verdadero arrepentimiento lo da el Señor.  Judas tuvo atrición y no contrición, él sintió un remordimiento por el mal que había hecho, al entregar a un hombre inocente, pero no le fue otorgado el arrepentimiento para perdón de pecados por cuanto era un hijo de perdición.

En Hebreos 10:26 leemos:  Porque si pecamos voluntariamente, después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado. Para entender este mensaje de escarmiento veremos el verso 29: ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha considerado de poca importancia la sangre del pacto por la cual fue santificado y que ha ultrajado al Espíritu de gracia? Los hebreos judaizantes hacían eso, pisotear la sangre de Cristo, teniéndola de poca importancia, ya que querían añadir algo más a ese trabajo perfecto de Cristo en la cruz. Ahora bien, si decimos que los creyentes pisotean la sangre de Cristo, implicaría que la intercesión de Jesucristo ante el Padre ha sido nula. En realidad, los que apostatan o los que se vuelven atrás, son los que han infiltrado la iglesia pero aún siguen siendo del mundo. Recordemos que por ese mundo Jesús no rogó la noche previa a su crucifixión (Juan 17:9), de manera que en estos momentos tampoco ruega por ellos.

El creyente debe estar en paz con Dios, no debe ser llevado por un arrebato de angustia cuando lee estos textos, a menos que lo haga fuera de contexto.  Otra cosa sucede con los iluminados, los que entienden algo del evangelio, los que han visto sus impurezas por la luz que da el Espíritu de Dios. Cualquiera que lea la Escritura es susceptible de recibir enseñanza moral, de manera que intentará ajustar su modo de vida a los mandatos generales que ella enseña. Eso puede ser considerado como una iluminación, como un gustar de la palabra, como una participación del Espíritu Santo que santifica (santificar es separar del mundo).

Eso no quiere decir que a ellos les haya sido dado el Espíritu de Dios como arras de su salvación, porque el que es de Cristo sigue siempre al buen pastor y no se va jamás tras el extraño (Juan 10:1-5). El verso 39 de Hebreos 10 resume lo dicho: Pero nosotros no somos tales que nos retiremos para perdición, sino fieles para ganancia del alma. Solamente los hipócritas son capaces de simular ese fruto espiritual de la comunidad de creyentes, como hicieron también los fariseos ante sus sinagogas. Ellos fueron llamados sepulcros blanqueados, por su apariencia de piedad (por haber gustado ciertos dones celestiales), pero de seguida se dijo de ellos que estaban llenos de podredumbre por dentro. En cambio, de los verdaderos creyentes, el autor de Hebreos insiste: Pero de vosotros, oh amados, esperamos mejores cosas, que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así (Hebreos 6:9).

El verdadero fruto que el pámpano puede dar es el mismo del árbol bueno. Nunca dará fruto malo si el pámpano es el que Dios ha levantado para tal fin, ya que como dijo el Señor: de la abundancia del corazón habla la boca. Un mal árbol no podrá confesar el buen evangelio, pero el árbol bueno (el pámpano que da fruto) sí que lo confesará.  Aquellos que dicen ser creyentes pero que confiesan igualmente un evangelio diferente son llamados anatemas, pámpanos cortados para ser quemados, árboles malos, cabritos, pertenecientes al mundo por el cual Cristo no rogó.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:48
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