Mi?rcoles, 03 de abril de 2019

La pentecostal es la religión más influyente en el mundo de la cristiandad. ¿Sabía usted que cada día hay 35.000 nuevos pentecostales en el planeta? La tendencia a multiplicarse es bastante asombrosa. Su origen más reciente se remonta al movimiento de santidad de los metodistas de John Wesley. La doctrina central es la arminiana (salvación sinergística basada en el esfuerzo de Dios y del hombre), aunque hay que reconocer que su ramificación ha llegado a permear a los que se ocupan de la doctrina de la gracia soberana de Dios.

Wesley predicaba la segunda bendición que sería la santificación. Al aparecer en escena Charles Finney fue presentada su versión de la santificación, con lo cual se pretendía erradicar por completo el pecado de la naturaleza humana. Este movimiento de la santidad se tragó casi por completo al protestantismo del siglo XIX, incluso Spurgeon estuvo contaminado por la santidad de Wesley. El príncipe de los predicadores calvinistas elogiaba al príncipe de los predicadores arminianos, llegando a decir que si hubiera necesidad de otro apóstol sin duda sería Wesley, muy a pesar de su desviada doctrina. Con esa anécdota recogida de las predicaciones de Spurgeon (véase Jacob y Esaú) uno puede darse cuenta de la influencia nociva de la obra de John Wesley, maleficio que todavía no acaba.

Cuando los pentecostales aparecen a principios del siglo XX, su énfasis en la santidad quedó relegado a otro lugar. Quedaba sustituido tal énfasis por el hablar en lenguas como la bendición y testimonio de ser un creyente. La nueva teología declaraba las lenguas como la evidencia de haber recibido el bautismo del Espíritu Santo. Con apenas un poco más de un siglo de existencia, el movimiento pentecostal permeó todos los hilos de la llamada cristiandad. Esta cristiandad refiere en este escrito a los cristianos nominales. Incluso dentro del catolicismo romano existe el grupo carismático (los que reciben el carisma o regalo de dones especiales) dándose por entero a las lenguas, a la sanidad y a las profecías predictivas. Hay varios estudios comparativos de las lenguas carismáticas entre evangélicos, católicos romanos y miembros de la brujería. Esas comparaciones nos han mostrado que hay idénticas elocuciones en los tres grupos estudiados, sin que ninguna de ellas sea lengua humana inteligible. Más bien esas alocuciones se definen como un giberish, un parloteo sin sentido y sin sintaxis,  con una variedad morfemática muy pobre representada por repeticiones silábicas.

Como estos grupos alegan interpretación de sus lenguas desconocidas, se ha hecho el experimento de colocar a varios grupos de intérpretes por separado para que traduzcan una misma alocución. El resultado ha sido como imaginamos, absolutamente contradictorio entre los grupos que interpretan. Por supuesto, la práctica carismática no encuentra su sustento en la Biblia, excepto en la forzada interpretación de las Escrituras donde toman textos fuera de contexto. Esas lenguas son extáticas, producto de algún reflejo generado por mecanismos emocionales, no son lenguas humanas (inteligibles). La conclusión a la que puede llegarse observando a esos grupos es que su producción seudo-lingüística es el reflejo de un evento sicológico, demoníaco o fruto de un aprendizaje eclesiástico. En cualquiera de los casos la recomendación es la de evitar su influencia y su reproducción. No podemos confiar en la experiencia emocional de los que reproducen esas lenguas carismáticas, más bien es preferible ir a las Escrituras para encontrar qué era el don de lenguas y por qué razón fue dado como señal. Pablo refiere a Isaías quien vaticinó que Dios les hablaría a los judíos en lengua extranjera, de otro pueblo, en lengua de tartamudos. Era una señal de castigo y de punto final a la exclusividad judía al hecho de ser el pueblo que llevaba el evangelio en el mundo. Ahora se abrirían las puertas para el mundo gentil, el mundo donde se hablaría la palabra de Dios en lenguas de extranjeros y no en hebreo o arameo (1 Corintios 14:21-22; Isaías 28:12). Esas lenguas llegaron como un castigo al pueblo judío y no como una bendición. Claro está, en el día de Pentecostés fue el inicio del cumplimiento de esa profecía y allí hubo conversión de muchos judíos, pero el resto de ellos siguió en la ignorancia como bien parece estarlo su mundo actual que todavía espera la primera venida del Mesías.

El capítulo 14 de 1 Corintios contiene mucho sarcasmo del apóstol Pablo, un recurso poético que se necesita como figura de lenguaje para mostrar el extravío de algunos en esa congregación. Por ejemplo, Pablo intenta expresar lo siguiente: ¿cómo puede alguien edificarse a sí mismo si habla en lengua desconocida para los demás? El que habla tal lengua a veces no se entiende ni él mismo, pero en cambio el que busca la edificación de la iglesia procurará un mejor don. Y es que el don de lenguas comenzó el día de Pentecostés cuando Pedro habló en su propio idioma y había más de quince naciones y lenguas representadas en ese salón. Cada judío procedente de tal nación comprendía lo que Pedro hablaba como si hablara su misma lengua. No que Pedro haya hablado en quince lenguas al mismo tiempo sino que habló en su propia lengua y cada uno entendió como si hablara su propia lengua. Eso fue un milagro, una señal especial, para anunciar por partida doble dos hechos históricos: el cumplimiento de lo dicho por Isaías y la conversión de algunos de los que allí estaban al recibir el Espíritu de Dios. Fue una manifestación gloriosa que autenticaba a los apóstoles como los enviados.

Los griegos que se dedicaban al mundo esotérico y religioso cultivaban un tipo de lenguas que solo eran interpretadas por los que estaban en trance. Ellos daban el oráculo de los dioses y pronunciaban sílabas semejantes a los de la brujería o a la de los carismáticos evangélicos y católicos. De inmediato procedía el medium a interpretar a su antojo y dependiendo del contexto de quien consultaba. Pero las lenguas en Pentecostés fueron una señal para el mundo judío incrédulo (muchos de ellos ni siquiera creyeron en ese momento sino que se burlaron de los que hablaban). Se cumplían las palabras de Isaías y les vino el juicio inminente, cuando aconteció la destrucción del templo, de Jerusalén y la diáspora para la nación. También fue una señal contra la autoridad de los judíos, porque ya no serían los exclusivos portadores ni del mensaje ni del libro (Pedro y Cornelio). Al dejar ellos de ser mensajeros del Dios vivo lo serían ahora los apóstoles y la iglesia que los seguía. Para autenticar a los mensajeros les fueron dados múltiples dones, pero de los que eran carismas especiales se fueron apagando hasta que entró lo completo, la última palabra revelada con Juan en su Apocalipsis.

Fijémonos que aún Pablo que tenía el don de sanidad en forma muy especial, pues aún su pañuelo enviado a otros lados sanaba, transcurrido el tiempo necesario menguó su don de hacer milagros y tuvo que dejar a Timoteo enfermo, así como a otros compañeros de ministerio. Pablo lo advirtió, que esos dones cesarían (lo dijo en la misma carta a los Corintios). Por otro lado no vemos a ningún escritor del Nuevo Testamento o a ningún otro apóstol hablando de dones especiales, excepto que los usaron cuando fue pertinente. Pablo tuvo que hablar de los dones para afianzar a la iglesia pero en Corinto tuvo que amonestar a los fieles por su desorden y su mal uso, en especial el de las lenguas. Las lenguas fueron también la señal de que los gentiles recibirían el Espíritu Santo, como lo atestigua la entrevista de Pedro con Cornelio. Lo que Dios había limpiado (los gentiles elegidos) no debía Pedro en tanto judío llamarlo inmundo. Los tres eventos donde se relata la actividad de las lenguas en Los Hechos de los Apóstoles tienen judíos como testigos principales. Jesús no habló con don de lengua alguno, ni Juan el Bautista (el primero entre los profetas), de manera que si no todos tenían los mismos dones en la iglesia naciente ¿cómo es que ahora les ha dado a los carismáticos por difundir ese supuesto don que dicen tener como algo característico de poseer el Espíritu de Dios? El Etíope que bautizó Felipe no habló en lenguas como señal de haber recibido el Espíritu, tampoco Dorcas tuvo tal don.

¿Habrá alguna persona que piensa que el Nuevo Testamento no es suficiente y necesita más revelación? La respuesta está dada en Apocalipsis 22, por lo que no se recomienda ni añadir ni quitar a lo ya revelado. Más bien convendría evitar la blasfemia que representa el pretender hablar en nombre de Dios, como si Él nos hablara por sueños o visiones, como si Él diera profecía para las cosas cotidianas (una parte de la profecía de Joel citada por Pedro fue cumplida en ese momento, la otra parte la relata por igual Juan en el Apocalipsis y refiere a la segunda venida del Señor). Jesucristo no nos recomendó jamás el buscar nueva revelación sino a indagar en las Escrituras. Los dones especiales fueron dados como señales para autenticar a los mensajeros, también para terminar la revelación que Dios tenía pendiente para su iglesia. Hoy día los carismáticos han pervertido no solo el fondo sino la forma, por lo cual enseñan a hablar en lenguas, dan cursos de sanidad y enseñan a profetizar. Añaden a ese desparpajo el absurdo de ser semidioses al decirse entre ellos que deben decretar que las cosas sucedan. Parecieran ser los nuevos hechiceros de la modernidad.

Si los griegos se daban al éxtasis y sus medianeros o receptores espirituales proferían oráculos, también interpretaban las barbaridades silábicas que pronunciaban. La literatura griega da testimonio de esos eventos, por lo cual Pablo decía que prefería hablar cinco palabras con entendimiento que darse a esas lenguas que nadie podía entender. Claro está, hubo el don de interpretación, según lo relata la Escritura, pero ya aquello cesó puesto que no hay más revelación especial (y era interpretación de una lengua natural). Hay algunos pastores de iglesias que suponen que aquellos dones cesaron, pero por si acaso algo acontece en sus congregaciones llegan a decir que si hay interpretación las lenguas son aceptables. Primero que nada hay que reconocer que lo que la Biblia muestra como un hecho histórico es el hablar en lengua humana, verdadera e inteligible. En segundo lugar, si hubo una práctica eclesiástica en aquella época hubo también la interpretación como un don. Pero si las lenguas ya cesaron, en tanto don principal, ¿cuánto más no habrá de cesar el don accesorio como lo es la interpretación? Es de hacer notar que ahora muchos carismáticos profieren sus alocuciones silábicas y después dicen traducirlas. Esa traducción es producto de su imaginación, ya que el don principal cesó.

La exaltación de los dones más vistosos fue una marca de la iglesia inclinada a la carne antes que al Espíritu. Fueron dados dones diversos, pero el de ayudar o escuchar a otro nunca fueron vistosos. Cristo es glorificado en la diversidad de dones, el mayor de ellos es el amor. Pero no es glorificado Cristo en los dones especiales que ya cesaron, porque eso es atribuirle a Dios lo que la psiquis, la carne, los demonios, las emociones o el aprendizaje indebido de lenguas extáticas representan. Como bien Pablo dijo, eso es hablar al aire, mas nos conviene orar con el Espíritu y con el entendimiento. En el Pentecostés Pedro predicó con el don de lenguas, en Corinto se alababa y se oraba en lenguas. En Pentecostés el mensaje iba de Dios al hombre, en Corinto iba del hombre a Dios (1 Corintios 14: 2, 28). Hay una diferencia en cuanto al motivo en ambas manifestaciones, pero Pablo aseguraba que él hablaba más que ningún otro en lenguas. Sin embargo, dijo que prefería callar en la iglesia para poder hablar palabras con sentido (2 Corintios 14:18-19).

Esos tipos de lenguas fueron dados a la iglesia naciente como signo de la presencia de Dios, como parte de una señal particular. Sabemos que autenticaba en principio al mensajero, así como las otras señales milagrosas que acompañaban a los apóstoles. Sabemos igualmente que fueron cesando aquellos dones especiales en forma gradual, ya que no era necesario autenticar más mensajeros sino que venido lo completo, suficiente vino a ser también lo revelado (el libro). Cuando Jesús oraba en el Getsemaní pidió al Padre que nos santificara a través de la verdad, para lo cual añadió: Tu palabra es verdad (Juan 17:17). Nuestra santificación no vendrá jamás a través de experiencias con dones raros que ya cesaron sino a través de la palabra de Dios. Esa palabra es la que debemos examinar, ya que por su contexto entendemos que aquellas señales y prodigios allí descritos lo fueron para un momento determinado. El que no se satisface con esa palabra escrita es porque no le ha amanecido Cristo y necesita saciar de cualquier fuente su necesidad espiritual. Y los que prefieren la mentira antes que la verdad recibirán un espíritu de estupor (engaño) enviado por el mismo Dios para que crean definitivamente en la mentira y así se pierdan (2 Tesalonicenses 2:11-12).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 17:57
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