Martes, 05 de marzo de 2019

El deísmo es una posición filosófica que implica la existencia de un dios (o muchos dioses) en la naturaleza, asumido(s) por medio de la razón antes que por la fe religiosa. Niega que ese ser supremo intervenga en el mundo (como es el caso del budismo y un gran etcétera de creencias) aunque reconoce que hubo tal intervención en el momento de la creación. Ya en el siglo V a.C. se hablaba de esta postura teológica, acentuada en el pensamiento de Sócrates, Platón y posteriormente en Aristóteles. Es como si se dijera que hubo un creador de todo cuanto existe pero que se olvidó de su creación, de tal forma que sin interferir en ella el universo marcha en su curso trazado. Tal vez Descartes pudo estar influido por esta corriente filosófica cuando con su Discurso del Método explicaba que tenía la idea de la perfección por causa de un Ser Perfecto que lo había creado a él. Sin embargo, la teoría mecanicista que él asume del mundo refleja el concepto de un Dios que pareciera olvidarse de lo que hizo. En tanto filósofo y matemático, Descartes redujo a Dios a una "abstracción matemática". La fe pasa a ser probada por la razón en su aforismo Pienso, luego existo. Habiendo reducido a Dios como a un relojero (Newton) el universo creado responde a leyes mecánicas que un Ser Supremo dejó a la deriva sin entrometerse más nunca en lo que allí sucede. Por esta vía la razón llevó a la fe al plano de la superstición, lo cual derivó por fuerza en el ateísmo como su secuela inevitable. Sin milagros, sin la potencia de una divinidad, resulta fácil asumir la evolución deísta como respuesta a la interrogante de cómo apareció el universo que apenas conocemos.

Imbuidos en una religión natural, junto a la práctica de actividades físicas como el respirar profundo y el ejercicio de ciertas artes marciales, o el del Yoga, por ejemplo, los deístas elevan la razón para la comprensión de ese ser sobrenatural que no está allí controlando el universo pero que pudiera ser el colectivo de seguidores de una ideología esotérica. Tal vez todos ellos participan de la divinidad en alguna medida, sin que tengan que rendir cuentas a un Dios personal, aunque sí se asumen leyes universales como la del Karma. Pero esta corriente filosófica tiene su injerencia hoy día (como también la tuvo desde antaño) en la visión que muchos cristianos poseen de su Dios (dios). Hay una mixtura entre los practicantes de la fe profesante del cristianismo y las actividades y concepciones asumidas por los deístas en sus múltiples expresiones ideológicas o religiosas. El kundalini es un ejemplo de lo que decimos, el hecho de que muchos movimientos religiosos intentan despertar la serpiente interna que les da la energía para tener visiones, destapar la fuerza oculta y aún confesar positivamente, como si con ello alcanzaran los objetivos propuestos.

Son tantas las vertientes del deísmo que aún la filosofía de la confesión positiva puede contarse como uno de sus frutos. Lo que ahora le dio por llamarse la PNL (Programación Neuro-Lingüística) es parte de lo que decimos. Además, los pseudocristianos intentan ligar estas prácticas con la Biblia, con textos aislados de sus contextos, para hacer que se crea en el pensamiento positivo. Póngale fe, es el último grito de la confesión. En este camino cualquiera de sus practicantes puede encontrarse con la doctrina de la prosperidad o del éxito. La Nueva Era con su hinduismo light camuflado en el Yoga, el pensamiento positivo, la confesión para alcanzar las cosas, los decretos espirituales, la fuerza de la mente en la materia, intenta que se suplante la idea del Dios personal por una divinidad que está en todas las cosas. Se despierta por medio de prácticas extrañas (kundalini, por ejemplo) la serpiente energética invisible pero medible. Hay personas que después de dar algunos saltos repetitivos dentro de sus congregaciones comienzan a hablar en alguna cosa que ellos llaman lengua espiritual. O por medio de la concentración yogui despiertan lo que ellos denominan chacra -el yoga kundalini.

Podríamos resumir que el deísmo acepta la existencia de la divinidad (o divinidades) pero está insatisfecho con los postulados de la fe cristiana. Por esta vía del deísta no acepta ningún credo religioso, asume las leyes de la naturaleza como fuerzas creadas por un Ser Superior, pero participa por medio de la razón de esa divinidad manifestada en la obra creada. El deísta habla de sí mismo como racional o espiritual, pero nunca como religioso.

El Teísmo es una postura teológica que intenta explicar el conocimiento anticipado de Dios en función del libre albedrío del hombre. Se conoce también como Teísmo abierto, por lo cual se asume que siendo los seres humanos absoluta y esencialmente libres,  Dios no puede conocer a ciencia cierta el futuro. Dado que el hombre es voluble, nada le es cierto a ese Dios que hizo el universo. Y es que si Dios conociera el futuro con certeza, ¿dónde quedaría la libertad humana? El Ser Supremo se limita a conocer lo que puede ser conocido, pero no el futuro. Aunque esta filosofía o doctrina religiosa usa las Escrituras bíblicas para su soporte, toma aisladamente los textos con los que intenta probar su tesis. El Dios que se arrepiente o cambia de parecer es visto como prueba absoluta de lo que ellos pregonan, no como un simple antropomorfismo literario que coloca a Dios con sentimientos humanos para que la criatura comprenda mejor su manera de ser. Por esa vía deberían también decir que Dios es una gallina, o una piedra sobre el mar, ya que en los Salmos (poesía divina) se habla de la protección que el Señor nos da bajo sus alas o como el refugio de la roca que es Dios.

De nuevo, los textos fuera de contexto y a discreción del que forja una determinada doctrina, son un pretexto para la interpretación privada. El Teísmo abierto supone que Dios cambia de parecer debido a nuestras acciones, por eso esta filosofía o tesis religiosa es el paradigma de los profetas modernos, los cuales se jactan de predecir eventos catastróficos que cuando no acontecen se debe a que la gente cambió su conducta y el Señor se arrepintió. Pero no pueden valorar el caso de Jonás que fue enviado a Nínive para anunciar arrepentimiento, ciudad que fue perdonada y que después de cierto tiempo fue castigada. Lo resaltante de ese evento fue la señal de Jonás, enseñada por Jesús, con su número específico de días enterrado en el vientre de un pez.  No, los teístas ven en Jonás un ejemplo de que Dios desconoce el futuro.

Pero el Dios soberano de las Escrituras le dijo a Moisés que le exigiera al Faraón algo que Él mismo impediría que hiciera. ¿Por qué no entender que Jonás no escaparía de tal paradigma de la soberanía de Dios? Lo mismo acontece con el hombre declarado muerto en sus delitos y pecados, pero que es igualmente llamado a arrepentirse y a creer en el evangelio. Esto es imposible para un alma acostumbrada a hacer el mal y que odia a Dios, pero para ese Ser Supremo del que habla la Biblia no es imposible el volver el corazón de piedra en uno de carne. Sin embargo, el Dios de las Escrituras no lo hace con todos los seres humanos, sino solamente con los que Él eligió desde los siglos para ser objetos de su gloria y misericordia.

Entonces llegamos a los arminianos, que suelen hacer filas con el objetor levantado en Romanos 9. La idea de que Dios inculpe a un ser impotente, incapaz de arrepentirse, destinado para el odio desde antes de nacer y de hacer el bien o el mal, es para Arminio algo inconcebible en un  Creador que se dice justo. ¿Por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién puede resistir a su voluntad? Como no se puede negar el texto se ha intentado un gran número de interpretaciones fuera de sindéresis. Se ha llegado a decir que Dios no odia sino que ama menos a unos, mientras a otros ama más. Así, desvarían filológicamente para conseguir alivio en lo que leen. El arminianismo es conocido por sus muchas razones contrarias a las Escrituras. Las más destacables son el libre albedrío humano y la universalidad de la expiación de Jesucristo. De esta forma se parecen a los deístas, los que asumen que el hombre es libre de su Creador. También se acercan mucho a los del teísmo abierto, ya que dicen que Dios no conoce el futuro de un hombre libre. Entonces, los arminianos van un poco más lejos que los teístas, ya que reconocen la Omnisciencia de Dios pero una vez que el Ser Supremo mira en los corazones humanos y descubre lo que van a hacer. Por esta vía se distinguen un poco de los teístas abiertos, que niegan de plano que Dios conozca el futuro. Los arminianos asumen que la única forma en que Dios conozca el futuro es si mira a través del tiempo y ve en los corazones de los hombres quién lo va a amar y quién lo va a rechazar. De esta forma Dios predestina a cada quien basado en lo que averiguó que harían.

Pero ese criterio que parece distanciado de sus hermanos teístas más bien lo acerca más a ellos. En realidad Dios tiene mucha suerte al descubrir con certeza quién le va a amar. Sin embargo, surge la pregunta acerca de la predestinación: ¿para qué predestinar lo que ya es cierto que acontecerá? Porque si Dios vio que alguien iba a aceptar el sacrificio de Cristo no tuvo ningún motivo para predestinarlo. Por otro lado no deja por fuera la culpabilidad divina al condenar a los que lo rechazarían, ya que si sabía que eso sucedería inevitablemente, siendo tan misericordioso ¿por qué no dejó de crearlos para evitarles tal sufrimiento eterno? Los arminianos bajo este critierio contravienen la Escritura una y otra vez, ya que niegan de plano que el hombre haya muerto en sus delitos y pecados y asumen que está enfermo solamente, que tiene secuelas del pecado pero nunca la muerte total. Para Arminio, al igual que para su viejo maestro Pelagio, el hombre tiene la capacidad de buscar a Dios, a pesar de su estado pecaminoso. Y es que no ha muerto del todo. Es allí donde pasan a su otro gran error conceptual y teológico, al asumir una expiación universal.

Dado que el hombre es libre absolutamente para decidir su destino, Jesús ha tenido que hacer una expiación potencial y universal. Dependerá de cada quien el aceptar una oferta que nace en la cruz, pero que no obliga a nadie. De esta forma trastocan la Biblia y niegan una gran cantidad de textos que reinterpretan a su manera. Por ejemplo, Cristo no murió por los pecados de su pueblo (Mateo 1:21) sino por los pecados de toda la humanidad, incluida la parte que se perdería definitivamente. De igual forma Cristo no salva solamente a los que el Padre le envía (Juan 6) sino que salva a todo el que quiera ir por su propia cuenta. La muerte espiritual del hombre la resuelven con una resurrección momentánea que capacita al hombre por un instante para que decida su futuro eterno. La absoluta soberanía de Dios es colocada a un lado, por un acto soberano del mismo Dios, para que el hombre tome su decisión libremente. Todo esto no es más que una vía alterna inspirada por el Príncipe de las potestades del aire, al igual que el deísmo y el teísmo abierto, así como todas aquellas filosofías que están en abierto antagonismo con la palabra de Dios.

Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, Tú la sabes toda (Salmo 139:4). Claro está, el arminiano entiende este texto diciendo que Jehová sabe esa palabra no pronunciada porque tiene poderes especiales para ver el futuro en los corazones humanos. Lo que no se ha preguntado el arminiano, al parecer, es cómo queda ese Dios que tiene que averiguar el futuro, ya que si tuvo que averiguarlo es porque no lo sabía. En ese sentido el Dios de los arminianos no es omnisciente, ya que ignora y debe averiguar. Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas (Salmo 139:16). Al parecer, a partir de la teología y de la lógica arminiana, si Dios conoce porque averigua todo lo que escribieron sus profetas, uno deriva que Él es el más grande plagiario conocido en la historia humana. Dios se copia los pensamientos humanos y luego se los dicta a sus profetas como si fuera su palabra propia y concebida por Él mismo. Incluso la crucifixión del Hijo de Dios sería un evento que Dios averiguó que los hombres harían, de manera que aprovechó para plagiarlo dictándolo a sus profetas. Pero no solo hubo un plagio en cuanto al dictado profético, hubo también un robo de la idea y aprovechó para enviar al Hijo para que lo mataran, sin que se lo propusiera por Sí mismo, ya que esto también hubo de averiguarlo en los corazones de los hombres. Es por esta razón que dijimos que los arminianos no están muy lejos de los teístas abiertos, solamente presentan en forma solapada las ideas de los otros.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:16
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