Domingo, 03 de marzo de 2019

O para el infierno eterno o para el cielo eterno, cada ser humano deberá enfrentar a su Creador después de la muerte. Cada quien es responsable de sus actos, de sus creencias, sea que haga lo bueno o que haga lo malo. Por principio general la Escritura nos dice que por cuanto todos hemos pecado todos estamos destituidos de la gloria de Dios. También nos anuncia que si la paga del pecado es la muerte (física y espiritual), la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús. Siempre hay una dualidad en la que el hombre se encuentra en esta tierra, aunque todo haya sido decretado desde la eternidad.

Esto es lo que nos asombra o nos coloca en un estado de impacto emocional. Si todo ya ha sido preordinado, ¿cuál es el propósito de predicar el evangelio? Ya los que habrán de ser salvados lo serán de todos modos, así como los condenados irán a su destrucción perpetua hagan lo que hagan. Sin embargo, la Biblia también nos dice que nadie puede ir al Padre sino a través de Jesucristo, que no todos los que le dicen Señor, Señor, irán a la vida eterna. Solamente aquellos que hacen la voluntad del Padre Eterno tendrán participación completa en la gracia del Señor.

Lo que la Biblia implica es que el evangelio es necesario pregonarlo, ya que sin esa promesa de parte de Dios de salvar a su pueblo de sus pecados no habrá redención posible. De esta aseveración se deriva que cada redimido lo será por medio de la aceptación del evangelio de Jesucristo, si bien todos aquellos que lo rechazan ya han sido condenados. Poco importa que algunos o muchos no hayan jamás escuchado tal anuncio, ya que todos los seres humanos son responsables ante Dios. Pablo aseguraba en su Carta a los Romanos que la humanidad entera ha sido informada acerca de Dios, a través de la obra de sus manos, pero que los impíos no quisieron tener en cuenta a Dios y adoraron a la criatura antes que al Creador. El evangelio expone que a pesar de la imposibilidad del alma humana por alcanzar el favor divino Dios se propuso desde los siglos salvar a un pueblo que Él escogió para tal propósito. Pero ese objetivo divino tiene por norte la gloria de Dios como la gloria del Hijo. Dios quiso someter a toda la creación a vanidad por causa del que la sujetó a esperanza, ya que con la depravación total del hombre nadie puede encontrar algo de justicia en sí mismo como para ser digno del reino de los cielos.

Todos los intentos de la humanidad a través de su historia, por medio de sus concepciones religiosas tan diversas, han sido actos fallidos que demuestran su fracaso en materia de fe. De hecho la Biblia nos asegura que todos han muerto en delitos y pecados, pero solamente la vivificación por el Espíritu es lo que puede dar vida eterna a los que Dios amó desde siempre. Con todo este decreto eterno los seres humanos siguen siendo responsables por su falta de santidad, por sus impurezas, por sus actos malvados. La revelación de Dios en su Palabra, así como en la obra que hizo con su creación, coloca al hombre bajo la responsabilidad de hacer lo correcto. Poco importa que esté incapacitado para lograr ese objetivo exigido moralmente. El Derecho Civil demuestra que hay países que tienen una deuda externa impagable, pero ese hecho no invalida la obligación del pago. Sus habitantes tienen la responsabilidad de cargar con ese deber y con todas las consecuencias que la pobreza económica les acarrea. Asimismo, en materia de fe el Dios de la creación es infinitamente Santo como para pasar por alto cualquier iniquidad sin que se haga justicia.

Dado que los seres humanos no podrían jamás pagar uno solo de sus pecados, Dios en su providencia se proveyó de Cordero. De hecho se nos ha dicho que el Hijo de Dios estuvo preparado desde antes de la creación del mundo para ser manifestado en el tiempo oportuno en que Dios creyó que debía ser presentado a su pueblo. Él vino como la luz del mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz. Esa es la responsabilidad que tienen los seres humanos respecto a Jesucristo y su revelación. Pero los que nunca han oído ese mensaje, o los que antes de su aparición también ignoraron al Creador de todo cuanto existe, están bajo la responsabilidad de responder de acuerdo a su conciencia. Dios da a cada quien luz, de manera que nadie puede decir que va al infierno por causa de su ignorancia; más bien se va a ese lugar por causa de la rebelión del corazón humano -que es la ignorancia respecto al Hijo de Dios.

Claro está, Dios odió a Esaú aún antes de ser formado. Todos los que él representa son llamados réprobos en cuanto a fe, pero eso no es excusa para argumentar contra Dios. Nadie podrá decirle ¿por qué me ha hecho de esta manera? El hombre no es sino un vaso de barro creado por el Alfarero para el fin que Él dispuso. Aunque Judas Iscariote fue escogido como el hijo de perdición para entregar al Señor con alta traición, no se ve que fuera obligado por razones que escapasen a las tinieblas de su corazón. Por supuesto que Dios maneja todo ese umbral del sentimiento humano, de los pensamientos de los hombres, pero dejó las Escrituras para que sean examinadas por los que piensan que en ellas encontrarán la vida eterna.

De la misma forma el evangelio se predica para que crean todos aquellos que fueron ordenados para esa vida eterna. Esas personas elegidas desde la eternidad no alcanzarían la gracia de Dios a no ser que oyesen el evangelio de la verdad de Cristo. También se anuncia el mensaje de Dios para endurecer más a los réprobos en cuanto a fe, ya que habiendo oído el mensaje de redención lo rechazaron y recibirán mayor condenación. Esa es la grandeza de la profundidad de la sabiduría de Dios, porque insondables son sus juicios y no hay quien le diga detén tu mano o por qué haces de esta o de aquella forma. Es el hombre el que rechaza caminar en la luz, ya que sabe que sus obras no son buenas y no desea que se vea las tinieblas de su corazón. Más allá del decreto divino respecto a los réprobos en cuanto a fe, cada uno de ellos rechaza de corazón la verdad del evangelio de Cristo. Esa es su responsabilidad y cuando reciban el juicio de Dios lo que se hará en ellos es justicia divina. Nadie podrá argumentar a su favor que quiso y que corrió, como si pudiera presentar sus obras muertas como valor de compra.

La ofrenda de Caín fue realizada con gran esfuerzo, ya que por ser agricultor le tocaba arar la tierra con sus manos, esperar la cosecha teniendo cuidado de quitar la maleza de las plantas que había labrado. Pero todo eso no representaba sino el esfuerzo humano, lo cual Dios siempre rechaza como injusticia. En cambio, la ofrenda de Abel representaba el esfuerzo del Cordero de Dios que vendría a ser la propiciación por los pecados de todo el pueblo de Dios -judíos y gentiles.

La Biblia dice que busquemos a Dios mientras puede ser hallado, que nos amistemos ahora con Él y nos vendrá bien y tendremos paz. En este punto cada uno es responsable de arrepentirse y creer en el evangelio. Ese arrepentimiento implica un cambio de mentalidad respecto a quién es Dios y a quién es el ser humano. El Dios de las Escrituras es Santo y Soberano, el hombre creado es impotente y responsable de sus actos. El arrepentimiento comienza por la humillación del alma humana ante la Santidad de Dios, ante su poder inconmensurable. No hay posibilidad alguna en ese arrepentimiento de alegatos a nuestro favor, como si tuviésemos justicia que mostrar delante del Juez de toda la tierra. En eso cada quien es responsable, pero para aquellos que lo desean de corazón no serán avergonzados. La razón es muy simple, ya que los que creen en el mensaje de Dios lo hacen porque han sido nacidos de nuevo, porque han recibido la fe como un don de Dios, han sido objetos de la gracia divina y han sido redimidos para siempre (Efesios 2:8).

El creyente sabe que la fe y el arrepentimiento son el resultado inmediato del nuevo nacimiento que hace el Espíritu de Dios en la criatura que Dios escoge para enviarla hacia Su Hijo. El Hijo no la echará jamás afuera, de manera que en el día postrero resucitará a cada uno de los que el Padre le envió. El que camina en tinieblas no sabe adónde va, pero el que anda en la luz es llamado hijo de la luz. El que pregonemos la soberanía absoluta de Dios no presupone que neguemos la responsabilidad del hombre. El que un pecador sea responsable de arrepentirse no presupone tampoco que sea capaz de hacerlo (recordemos el ejemplo de la deuda externa impagable de una nación y su deber implícito de asumir su deber). La responsabilidad no implica capacidad y así lo anuncia la Palabra de Dios. No podemos forzar la Escritura a un sistema teológico de interpretación, ya que hacerlo sería propiciar la interpretación privada para destrucción del alma.

Isaías cuando se confrontaba con el pueblo ante el que profetizaba no tenía otro camino a seguir sino el de ir a la ley y al testimonio (Isaías 8:20). Dios es absolutamente soberano en materia de salvación (creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna; el Señor añadía a su iglesia todos los que habían de ser salvos). Y es que Él tiene misericordia de quien quiere tenerla y se compadece de quien quiere compadecerse (Romanos 9:16). Así como Dios es soberano el hombre es responsable de caminar bajo la luz divina que tiene en su corazón. La ley de Dios ha sido escrita en los corazones humanos, cada quien sabe acerca del Creador del universo por medio de la obra que ven sus ojos. Los que perecen en sus pecados por su rebelión y rechazo a creer el evangelio no tienen ninguna excusa. La incredulidad no es una actitud pasiva, es más bien una posición erigida como manifiesto de rebelión ante el Creador. Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa (Romanos 1:18-20).

La humanidad debería aprovechar el momento en que la luz está en el mundo, porque las tinieblas no darán paz a quienes en ellas andan. Ellas sirven para ocultar por momentos las iniquidades ante los hombres o ante la conciencia de quienes las hacen, pero no podrán ser ignoradas por quien es la Luz del mundo (Juan 12:35-43).  Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz (Juan 12:36). Jesús no le ruega a nadie, contrariamente a lo que muchos sistemas teológicos enseñan. Jesús no hizo una salvación posible sino real, él no hizo una salvación potencial e hipotética que depende de la voluntad de los seres humanos. Dado que la humanidad entera murió en sus delitos y pecados se hace necesaria la resurrección del alma. Eso fue lo que Jesús hizo en la cruz, en relación a su pueblo (Mateo 1:21). Cada quien que oye el evangelio asume una actitud frente al mensaje, de manera que cada quien es responsable de lo que su corazón le dicta. Los que nunca lo han oído y mueren sin saber siquiera quién es Jesús son igualmente responsables, por cuanto la obra de Dios por medio de la creación fue dada a conocer a cada criatura humana. Por eso decimos a los que oyen y escuchan, he aquí el tiempo aceptable, he aquí el día de salvación (2 Corintios 6:2).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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