Viernes, 15 de febrero de 2019

La Biblia nos habla acerca del corazón humano, nos dice que es perverso más que todas las cosas. Agrega: ¿quién lo comprenderá? Por supuesto, está refiriéndose al corazón del hombre caído en el pecado. Sabemos que desde Adán todos mueren porque todos pecan, y como la paga del pecado es la muerte entendemos que el espíritu humano anda más que enfermo (está muerto en sus delitos y pecados). En el plano de la soberanía de Dios podemos observar que el Creador controla cada aspecto de la voluntad humana, sin tener siquiera una persona que se le resista. Todo cuanto quiso ha hecho, como todo cuanto acontece es porque Él lo ordenó.

Como el repartimiento de las aguas, así está el corazón del rey (el más poderoso) en las manos de Jehová: a todo lo que quiere lo inclina (Proverbios 21:1).  El corazón de Ciro el Grande fue movido por Jehová para que se cumplieran las palabras de Jeremías (que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá, para que el pueblo de Jehová subiera hasta allá).  Y si gobierna el corazón del rey lo hace igual con todos los que son inferiores en poder, porque como Creador no comparte su soberanía con nadie como tampoco su gloria.

Una de las razones por las que Dios creó al Faraón de Egipto fue para mostrar en toda la tierra la fuerza de Su poder. El Dios que nos creó es comparable a un Alfarero que maneja la arcilla a su antojo. Pero ese mismo Señor es el que ha prometido un nuevo corazón para su pueblo, así como un espíritu nuevo dentro de nosotros. Fue Él quien hizo la promesa de quitar el corazón de piedra, de acuerdo a lo escrito por Ezequiel en su capítulo 36.  Es el Dios que muestra su misericordia en quien Él desea mostrarla, no en quien pretenda correr o querer, porque muerta como anda la humanidad no es capaz de desear al verdadero Dios. Es un Dios terrible y maravilloso, terrible para los que se dedican a la maldad, la cual ha de ser juzgada en su debido tiempo, maravilloso para los que Él escogió como vasos de misericordia.

La maravilla de Dios se ve de muchas formas. Asombra el hecho de que en ocasiones el mundo maneja circunstancias y complots contra los que veneran al Dios de toda la tierra,  pero Jehová cambia todo para bien de los que le agradan. La Escritura dice que solamente a los que aman a Dios, que son el mismo grupo de los que son llamados de acuerdo a Su propósito, todas las cosas les ayudan a bien. Fijémonos en lo que dice el Salmo 105:25 en relación a lo que el impío hace: Él cambió el corazón de ellos para que aborreciesen a su pueblo, para que contra sus siervos pensasen mal.  Entonces muchos se preguntan, ¿por qué, pues, Dios inculpa? Pues ¿quién puede resistirse a su voluntad?

Esas preguntas se unen a muchas otras que hacen todos los que objetan la manera en que Dios rige el universo que hizo. Sin embargo, la respuesta bíblica es que el hombre no es nada para altercar con el Creador, es simplemente una olla de barro en manos del Alfarero. Un rey llamado Sihón no dejó que los israelitas pasaran por su tierra cuando hacían una excursión necesaria. Eso trajo dificultades al pueblo escogido por Dios para llevar su testimonio y cumplir una misión, lo cual podría suponer una derrota tanto para aquella gente como para su Dios. Pero la Escritura nos relata en Deuteronomio 2:30 que era Jehová quien había endurecido el espíritu de aquel rey

con el fin de entregarlo en manos del pueblo en su debido momento. En otra ocasión el Antiguo Testamento nos cuenta lo acontecido a los que Jehová les había endurecido el corazón, de manera que vinieran contra Israel para ser destruidos. Así como se nos dice del endurecimiento que Jehová causó en Faraón, o en el del rey de Hesbón, lo hizo por igual con otras naciones y reyes para que acudieran a batallas contra Israel, de manera que Josué en su época pudiera prevalecer y destruirlos. Eso lo había dicho también el Señor a Moisés, que así acontecería (Josué 11:20). De esa forma Dios destruía la abominable maldad de aquellos pueblos mostrada en su idolatría, en su incesto, en su banalidad de vida. Dios no les dio a aquellos pueblos un espíritu de oración, fe ni conocimiento de su ley, como tampoco arrepentimiento. Más bien les aplicó la destrucción que ordenaba la ley de Moisés (Deuteronomio 7:1).

El hijo más querido del rey David se le sublevó en su reinado. Como era costumbre la gente que gobernaba pueblos y los que intentaban arrebatar el orden establecido tenían consejeros. Había una persona conocida por su sensatez llamada Ahitofel. Absalón no lo quiso escuchar por cuanto Jehová había ordenado que fuese despreciado ese consejo, de manera que le llevara el mal que tenía preservado contra Absalón. En esa historia que nos cuenta Samuel (2 Samuel 17:14) se pone de manifiesto que aún lo pecaminoso de la gente su insensatez desmesurada es controlado por el Dios Soberano. No se trata de dejar a la deriva todo ese pensamiento inicuo sino de manejarlo al detalle, de motivarlo en alguna medida (como se demuestra por todo lo relatado respecto al Faraón de Egipto) para luego exhibir Su justicia y poder.  Dios le había dicho a Moisés que Él endurecería el corazón de  Faraón para que no dejara ir a su pueblo, pero que debía ser apercibido para que lo dejara ir. Eso no es contradicción alguna de parte de Jehová sino Su propósito deliberado de castigar un corazón inicuo, creado por Él mismo, para mostrar en toda la tierra el efecto de su justicia, ira y poder.

Podemos recordar la historia del rey Acab y su esposa Jezabel, los cuales hicieron iniquidad contra el Altísimo. Acab era rey de Israel cuando Elías era el profeta del momento. La Biblia nos cuenta cómo el Señor ordenó un espíritu del mal para que engañara al rey a través de los profetas, diciéndole que fuera a la guerra. De esa forma, aunque ese hombre perverso se disfrazó como soldado común, fue alcanzado por una flecha disparada a la ventura. Ese azar, ventura o suerte también es controlado por Jehová, el cual tiene la decisión de cada evento que los humanos llamamos eufemísticamente casualidad. De esa forma murió aquel rey depravado y se cumplió lo que el Dios del cielo y de la tierra había ordenado.   Cuando el hombre arrecia en sus iniquidades el pueblo de Dios pudiera pensar que ha sido abandonado, que quizás el Señor permite cosas que se le escapan de las manos. Pero la lectura minuciosa de los relatos de la Biblia debería llevarnos siempre a la templanza y seguridad en el Dios que hace todas las cosas como desea. Ni un ave cae a tierra sin la voluntad del Padre y aún los cabellos de nuestras cabezas están todos contados. Dios no permite sino ordena, ya que permitir implica ceder ante la proposición de otro igual o superior, o incluso inferior.

El Dios soberano de la Escritura siempre hace como quiere, de manera que la oración mostrada por Jesús cuando sus discípulos le pidieron que les enseñara a orar nos muestra algo que toca este tema. El dijo: no nos metas en tentación, sino líbranos del mal. Esa expresión debe ser analizada con calma por cada creyente, para que entienda que aunque Dios no tienta a nadie (ni puede ser tentado, por cuanto no tiene concupiscencia alguna) puede meternos a nosotros en aquello que nos causa mucho dolor. Esa actividad extraña para muchos forma parte de su soberanía, por cuya razón Jesucristo nos recomendó pedirle al Padre que no nos induzca o que no nos meta en la prueba feroz, en la tentación misma. En ocasiones pecamos con mucho dolor (como lo sintió el apóstol Pablo, cuando escribió el capítulo 7 de su Carta a los Romanos) y eso nos tumba hacia el suelo, nos lleva al polvo y a la ceniza, para recordarnos que no somos creyentes porque elegimos serlo, o que tampoco somos fuertes como para no cometer pecados atroces. Tal vez esos enlodamientos de nuestras almas nos permiten valorar lo frágiles que somos -lo mismo que los demás- y de esa manera nos humillamos ante la presencia de Dios y entendemos que lo que somos se debe a la misericordia y a la gracia divina.

El corazón del hombre tiende a decirle que tiene libre albedrío, pero todo eso es un mito religioso. Jesús cuando era interrogado por Pilatos antes de su muerte respondió lo siguiente: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dado de arriba (Juan 19:11). El corazón humano no logra entender a las primeras de cambio que todo poder, bueno o malo, emana del cielo. Es por medio de la soberanía de Dios que todo subsiste, aún aquel malévolo acto de crucificar al Hijo de Dios en tanto hombre inocente que sufrió cruel martirio por los pecados de su pueblo. Pero si se piensa en todas las profecías referidas a lo que le acontecería al Mesías tenemos que concluir que todos aquellos pecados cometidos contra Jesucristo fueron ordenados, pensados, imaginados por el Padre Celestial. De otra manera, ¿cómo hubieran escrito los profetas la palabra de Dios si aquello fuese un azar del corazón humano?

Los corazones de los creyentes deben retener que todas las cosas de este mundo dependen de arriba, de manera que todo lo que es decidido en el cielo se cumple inequívocamente en esta tierra. Los males que acontecen en este planeta, la locura desbordada en la maldad humana, la influencia demoníaca con sus doctrinas perversas en materia teológica, el desvarío de los líderes políticos del mundo, todo ello ha sido ordenado por Dios. Por eso se escribió que hay mucha profundidad en la sabiduría del Señor, que insondables son sus juicios e incomprensibles sus caminos. Pero solo en el conocimiento de tal soberanía podemos descansar de nuestras angustias, podemos rendirnos al reposo para nuestras almas. Es dentro de esa perspectiva que el creyente ya no anda más en la duplicidad de pensamiento (Salmo 73:17-20).   

Lo que acá decimos no es un invento nuestro, es derivado de múltiples pruebas bíblicas. El gran discurso de Pedro refuerza esta idea de la absoluta soberanía de Dios (aún en los pecados del hombre y de los demonios): a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole (Hechos 2:23).  Consejo y anticipado conocimiento, es decir, Dios se lo propuso (consejo) y Dios lo previó (en el sentido de que Él conoce el futuro que ha creado). No que viera en el corazón de los impíos romanos y judíos que crucificaron al Señor que ellos tenían esa idea desde antes de ser creados, sino en el sentido en que el Dios soberano se propuso que esa gente concibiera tal idea y la ejecutara. De otra forma, ¿cómo sabe Dios el futuro si no es creándolo? Porque si Dios conociera el futuro adivinándolo a través del túnel del tiempo, a través de los volubles corazones humanos, Él sería un plagiario al robarle esas ideas a la gente y luego dictárselas a sus profetas como si fuesen suyas. Además, ¿para qué ordenar de antemano lo que sabe que de seguro acontecerá por voluntad humana?

En síntesis, solo los ordenados para vida eterna son añadidos a la iglesia para ser salvos, ni uno más y ni uno menos. A los ordenados como Esaú para reprobación, señalados desde antes de que el mundo fuese formado, antes de que hiciesen bien o mal (Romanos 9:11),  Jesucristo ha venido a ser Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados (1 Pedro 2:8). Los que le sirven a la bestia (el Anticristo, el gobierno universal de maldad, el principado demoníaco sobre el mundo) tienen en su corazón humano el deseo de servir al Maligno, porque Dios les dio tal deseo para que sus palabras se cumplan (Apocalipsis 17:17).

El corazón humano sigue siendo responsable ante Dios, no en virtud de su libertad de arbitrio sino en virtud de la soberanía de Dios. Es decir, el corazón humano no puede jamás ser libre de Dios, su Creador, sino que cumple al calco todo lo que fue escrito que hiciera. Si no ocurre la circuncisión del corazón (Deuteronomio 10:16), si no hay la resurrección de los huesos secos (Ezequiel 37:4), si no acontece el cambio del corazón de piedra por uno de carne (Ezequiel 36:26), si el Espíritu no da vida con el nacimiento de lo alto (Juan 3:3,6), si el hombre sigue desconociendo a Dios (2 Tesalonicenses 1:8), lo que les vendrá será el fuego consumidor para que perezcan eternamente y lamenten por siempre los hombres por su apego a la mentira antes que a la verdad. El mensaje sigue siendo el mismo, arrepentíos y creed en el evangelio. Para esto nadie es suficiente, pero para Dios nada hay imposible.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:09
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