Lunes, 28 de enero de 2019

El arminianismo como corriente teológica dentro del protestantismo niega el principio de la Sola Scriptura, dado que sus planteamientos no se sujetan a la Biblia sino que son de corte más filosófico. Lo que Isaías dijo referente a la Escritura ha sido negado por el neocristianismo propuesto por Arminio y sus seguidores. A la ley y al testimonio, decía el profeta, si no hablan conforme a esto es porque no les ha amanecido (Isaías 8:20). Estos neoteólogos auspician la objeción sobre la predestinación, al sugerir que si hubo predestinación ésta estuvo basada en lo que Dios vio a través del futuro. Con ello declaran la predestinación bíblica como injusta, alineados con el objetor de Romanos 9:19. Niegan también toda la doctrina de Cristo al respecto, cuando dijo que nadie podía ir a él a no ser que el Padre lo trajere. Es decir, el arminiano asegura que cualquiera puede ir a Cristo si tan solo se dispone a hacerlo. Para la doctrina arminiana el hombre no está totalmente muerto en delitos y pecados, está medio vivo, todavía respira y es capaz de ver la medicina. Esto lo aseguran a pesar de que la Escritura afirma lo contrario, al decir que no hay justo ni aún uno, no hay quien busque a Dios y no hay quien haga lo bueno. El principio de la Sola Scriptura implica que La Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y práctica. Nada que contradiga la revelación de Dios puede dominar la vida del creyente, en un todo de acuerdo con lo que dice Gálatas 1:6-10, 2 Pedro 1:3 y 2 Timoteo 3:16.

El arminianismo también niega la Sola Fide (sólo la fe), al  cambiarle el carácter propio de su definición. Ya que para el arminiano la fe viene a ser un trabajo hecho por el hombre, un acto humano que se convierte en requisito para obtener la salvación, la fe ha pasado de ser un regalo de Dios (Efesios 2:8) a convertirse en una obra humana. Póngale fe, se escucha decir, como si la confianza que Dios da dependiera de nuestra voluntad. Ciertamente Jesús dijo que si tuviésemos fe como un grano de mostaza bastaría para traspasar los montes, pero esa fe es dada por Dios tal como la fe de Elías le fue dada a él como profeta, lo mismo que a Eliseo le fue dada una confianza particular. Por ello también fue escrito, cada uno conforme a la medida de fe que le ha sido dada (Romanos 12:3). El hombre es justificado por fe, sin mediación de las obras de la ley, lo cual implica que si es por el favor de Dios, ella no puede ser una obra nuestra -ya que no es de todos la fe. El ser humano no puede generar fe salvadora de ningún modo, ni por mucha religión que posea (Romanos 10:1-4).

Pero el arminianismo también niega la gracia (ya no existiría el principio de la Sola Gratia), sino que el favor de Dios se convertiría en un acto conjunto entre Dios y el hombre. En otros términos, Dios puede si el hombre quiere, Dios ya hizo su parte y ahora le toca a la humanidad hacer la suya. Con ese sofisma entregan al ser humano la decisión de su destino, como si el Todopoderoso estuviera limitado por la naturaleza del hombre. Además, añaden ellos, Dios se despoja por un momento de su absoluta soberanía para dejar que el hombre decida con plena libertad. Eso no es sino acudir a la fábula del libre albedrío, la cual galopa en medio de la soberbia humana.  El Espíritu de Dios es irresistible por naturaleza, de tal forma que no hay quien pueda siquiera oponerse en lo más mínimo a su requerimiento, ya que Él a quien el Padre quiere hace nacer de nuevo. Nadie podrá recordar que le fuera consultado si quería nacer cuando todavía era un feto o un embrión, o cuando ni siquiera había sido concebido. De la misma forma la metáfora bíblica del nuevo nacimiento ha de atenerse a los límites propios de la naturaleza humana. No puede nadie resistirse a la voluntad de Dios (Romanos 9:18-19).

De igual manera los seguidores de Arminio intentan robarle la gloria a Dios, al pretender que la salvación se consigue con nuestra buena voluntad.  El precepto de Soli Deo Gloria (a Dios solamente sea la gloria) se anula al centrar el acto de salvación en nosotros. Ellos dicen que Dios es el que salva pero nosotros tenemos la tarea de aceptar esa salvación, como si la redención fuese una oferta a la humanidad y no una promesa al pueblo escogido del Señor. El propósito de la salvación que se nos ha dado es glorificar el nombre de Dios, darle la honra al Hijo, pero nunca enaltecer nuestras virtudes morales o espirituales.  Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia (Efesios 1:3-7). Nuestro deber es anunciar la virtud de Cristo, no nuestra voluntad con la que supuestamente escogimos ser salvos (1 Pedro 2:9).

El otro principio bíblico que rompe el arminianismo es el de Solus Christus (Sólo Cristo). Es decir, aunque los arminianos hablan de Jesucristo y confiesan creer en él  y en su expiación, dicen que lo hacen porque ellos lo escogieron de puro libre albedrío. En otros términos, los arminianos sostienen la mentira de un Jesucristo que murió por toda la humanidad, sin excepción, pero que tiene infinidad de muertos en el infierno por fallar en alcanzarlos para la vida eterna. En realidad ellos están creyendo en otro Cristo, por lo tanto violentan el principio del Solus Christus. Ese Jesús de Arminio es otro Jesús y pertenece a otro evangelio que tiene sus propios falsos maestros y falsos profetas. En cambio, Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:11-12). ¿De cuál Jesús hablaba el apóstol Pedro? Del mismo Jesús que dijo la noche antes de la crucifixión que no rogaba por el mundo sino solamente por los que el Padre le había dado y le daría. Ese Jesús que no rogó por el mundo no pudo morir por ese mundo que no amó desde la eternidad (Juan 17:9). Ese mundo rechazado por Dios es el mismo que ha dispuesto como vaso de ira:  ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción... (Romanos 9:22). Ese es el mismo Jesús del que el mismo apóstol refirió en una de sus cartas diciendo que era la roca en la que tropiezan todos aquellos que han sido colocados para esa misión (1 Pedro 2:8):  Piedra de tropiezo y roca de escándalo; pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban también destinados.

El evangelio contiene la idea expresada en esas cinco solas o cinco principios básicos de la teología cristiana. Esa verdad no se negocia, no se cambia por evangelismo suave, por palabra fácil de oír. Esa verdad es dura de oír para los que se van murmurando, para los que hacen fila con el objetor bíblico. Esa verdad es la que el Padre enseña antes de enviar a alguien hacia el Hijo, pero por esa verdad el Hijo también aseguró que no echaría fuera a nadie que haya sido enviado por el Padre. Ese evangelio es nuestra garantía de pertenencia al reino de los cielos, más allá de que todavía andemos tramitando el paso del día a día por este valle de sombras que es el mundo. Es por esa razón que Isaías también se preguntaba quién había creído al anuncio que tanto él como Jehová hacían. Elías llegó a preguntarse si solamente él había quedado, Juan el Bautista decía de sí mismo que era una voz que clamaba en el desierto.

Claro queda que el arminianismo es una herejía que se ha propagado por doquier, asegurando que el extravío de Pelagio (siglo V de nuestra era) se dé a conocer como si fuese una verdad. Para Pelagio el hombre no necesitaba a Cristo ni su sacrificio, sino que el Mesías vendría a ser un simple ejemplo a imitar. Ese error doctrinal (herejía) vino acompañado de otro error básico, el supuesto libre albedrío humano (libero arbitrio). La iglesia de entonces lo sancionó como hereje y lo excomulgó, pero años más tarde volvió admitiendo su primer error (que el hombre no necesitaba la expiación de Cristo) y la iglesia de entonces lo admitió en su comunión. La segunda herejía pasó por debajo de la mesa, sin que importara mucho, dado que se había arrepentido del primer gran error.  De este modo se asumió el libre albedrío como si fuese una doctrina válida dentro de la iglesia oficial. Hoy en día seguimos denunciando esa gran mentira pero en realidad suena como si la denuncia fuese una palabra dura de oír.

Los arminianos son enemigos de la fe y agentes de Satanás, pero saben imitar la apariencia de piedad para permear la feligresía donde se reúnen. El llamado bíblico es el mismo de siempre, salid de ella pueblo mío (de Babilonia, de la compañía de aquellos que no viven en la doctrina de Cristo). El trabajo de Jesucristo fue consumado en la cruz, fue suficiente para asegurar la salvación de todos aquellos a quienes él representó en el madero. Si alguien dice lo contrario a lo que la Escritura señala debe ser considerado anatema, esto es, maldito (Gálatas 1:8-9).

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:27
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios