Lunes, 07 de enero de 2019

No son pocos los que se aferran a la descripción que Isaías hace del Mesías, para reclamar como una promesa la sanidad de sus cuerpos. Sectas religiosas se levantan por doquier bajo la suposición de que su evangelio es más completo que el de otros, en la ilusión de levantar enfermos de sus camas basados en una declaración del Antiguo Testamento. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:4-5).

El profeta hace referencia al Cristo que vendría, al Mesías anunciado para el pueblo que tenía esa promesa, el cual sería molido por nuestros pecados. Añade el mismo que por causa de su llaga nosotros fuimos curados, lo cual es clara referencia al pecado de su pueblo en un todo de acuerdo con Mateo 1:21. Pero lo que inquieta a muchos que son hechizados por las sectas es la literalidad fuera del contexto de los vocablos bíblicos, el hecho de que se haya escrito en el texto enunciado que Jesucristo llevó nuestras enfermedades. Es decir, pareciera ser que el creyente no puede enfermarse nunca y tendrá que morirse sano. Pero más allá de que el don de sanidad le fue dado a los apóstoles como una señal maravillosa que acompañaba sus palabras, como autoridad enviada de Dios, don que fue repartido también en algunos miembros de la iglesia naciente -como lo declara el apóstol Pablo-, vemos que al pasar el tiempo esa actividad especial se iba cerrando en la misma iglesia.

Ya Pablo no le impone las manos a Timoteo para sanarlo de su dolencia estomacal sino que le dice que por causa de su estómago ya no beba agua sino vino (1 Timoteo 5:23). Y la palabra vino es OINÓS en lengua griega, no es un jugo de uva no fermentado como algunos desesperados puritanos opinan para demostrar mayor austeridad que Jesús y sus apóstoles. Lucas fue llamado el médico amado (Colosenses 4:14), de manera que la Biblia no estuvo nunca en contra de los terapeutas, incluso cuando el don de sanidad fue un don relevante y una señal del poder apostólico. Dejé a Trófimo enfermo en Mileto (2 Timoteo 4:20), y Epafrodito estuvo angustiado porque supo que se preocuparon por causa de su enfermedad. Estuvo enfermo, dice Pablo, a punto de morir. Pero Dios tuvo misericordia de él (Filipenses 2:25-27).

Pero hay una tendencia morbosa y natural en suponer que toda enfermedad es causa de un pecado particular. Por esa razón también le preguntaron a Jesús si aquel ciego había pecado o si fueron sus padres los que le causaron tal enfermedad por causa de sus pecados. Jesús les dijo que ni él había pecado ni sus padres, es decir, que la enfermedad de la ceguera de aquel hombre en particular era por causa de la gloria que Dios mostraría (Juan 9:1-3). Ese ejemplo debería servirnos a nosotros para dejar de juzgar a los enfermos de la iglesia, pues aunque Santiago refiere a ciertas enfermedades causadas por el pecado, y aunque Pablo habla de la enfermedad de algunos por razón de comer indignamente la cena del Señor, no siempre uno se enferma por tales causas. Los que juzgan la enfermedad como consecuencia del pecado personal deberían pensar un poco más ampliamente y mirar a tantos impíos que duran sanos hasta su vejez. Es la voluntad de Dios la que hace que suceda una u otra cosa, es su designio desde los siglos el que ha ocasionado todo cuanto acontece. En realidad es su gloria lo que importa, no la taxonomía de la enfermedad en la iglesia. Y si Dios disciplina a sus hijos bien puede usar la enfermedad para tal fin, pero eso no es necesariamente una constante como para apresurarnos a los juicios. La Biblia también nos habla de Satanás como el que ata a ciertas personas con enfermedades (Lucas 13:16).

El don de sanidad era ante todo una señal de la cualidad de Cristo como Mesías, como Hijo de Dios; más tarde fue un signo del poder apostólico y un regalo para la iglesia naciente. La sanidad en parte servía para comprobar la veracidad del evangelio, pero ya vino lo perfecto (el Nuevo Testamento) y aquellos dones especiales no hacen más falta para vindicar la autoridad sobre lo que se dice del evangelio. Los que no creen en la autoridad de las Escrituras de seguro buscarán respaldo a sus herejías en revelaciones especiales, en lenguas extrañas que simulan el viejo don cesado, en sanaciones misteriosas que roban la gloria a Dios y que pasan por sobre la doctrina del Señor. Y si alguno desea reflexionar más al respecto, piense en la iglesia de Corinto donde abundaban las enfermedades pese a la tenencia de tantos dones espirituales (1 Corintios 11:27-30). Es que aquellos dones especiales fueron cesando hasta que se completaron las Escrituras, y así como en el Sinaí la ley de Dios fue dada con señales estruendosas, el Nuevo Pacto anunciado por Jesús y sus apóstoles estuvo acompañado con señales especiales que cesaron por completo.

Lo que acá decimos no hace a Dios impotente, ni lo ata de manos, como si no pudiera actuar en lo que a Él le plazca. El da la vida y da la muerte, Él abate y restablece, de manera que nadie lo restringe.  La cristiandad se muere normalmente por enfermedades diversas, ya que la muerte no ha cesado. Dios le puso límite a los días de los seres humanos, y la muerte es un sello del pecado de Adán. Si bien el hombre no murió de inmediato, en el plano físico, sí murió el mismo día en que pecó. La muerte del espíritu humano es algo mucho más serio que el deceso del cuerpo. La humanidad toda ha sido declarada muerta en sus delitos y pecados. Ella necesita que Dios le dé vida, pero eso es parte de su soberanía, de manera que los Lázaros del mundo saldrán de sus sepulcros espirituales el día en que el poder de Dios los levante. Para eso solo Dios es suficiente y Él hará aquello en sus elegidos, como bien señala la Escritura.

Pero si volvemos al texto de Isaías 53 vemos que lo que describió el profeta pudo ser una promesa. Así lo entendieron en la época en que fueron escritos los evangelios. Al menos lo vemos en Mateo 8:16-17, cuando se narra que fueron llevados muchos endemoniados a Jesús y muchos enfermos con ellos. El Señor expulsó los demonios de aquellos cuerpos y sanó a todos cuantos le llevaron. Pero el evangelista, movido por el Espíritu Santo, añadió una frase feliz para nuestra tranquilidad mental. El dijo: para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

De esta forma nadie podrá reclamar aquella promesa de Isaías como no cumplida, o como algo por cumplirse, ya que el evangelista lo dijo expresamente: para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías. Esas enfermedades que llevó Jesús fueron aquellas señaladas por Mateo en forma específica, si bien hubo otros relatos de Jesús sanando enfermos que bien podrían concursar como cumplimiento de las palabras de Isaías. Lo que subrayamos acá es que nadie debe estar reclamando el cumplimiento de lo dicho por Isaías, si bien el Señor es soberano en forma absoluta y puede manifestar su gracia sanadora en quien lo desee y cuando lo desee. Pero eso quedaría a su arbitrio y no por causa de una petición que hagamos basados en una promesa inconclusa. No, la promesa de Isaías se cumplió en la época en que inicia el Nuevo Testamento.

El apóstol Pedro habla del texto de Isaías, de los versos siguientes a los mencionados acá, los cuales guardan amplia relación con el contexto expuesto. El nos dice lo siguiente:  quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas (1 Pedro 2:24-25). En otros términos, Pedro refiere a las palabras de Isaías como una promesa que se cumple en la sanidad de nuestras almas, sanidad de la enfermedad del pecado. Ambas interpretaciones, la de Mateo y la de Pedro, ilustran con creces el cumplimiento de lo escrito por Isaías, sea en el plano corporal, sea en el plano espiritual. De todas formas, Dios es glorificado por su palabra.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 10:48
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