Domingo, 06 de enero de 2019

Acá se publica un artículo bajo la traducción de Caleb Mata. Se han suprimido unas pocas frases por razón de espacio y estilo. Para Dios sea la gloria. El autor es Christopher Adams y la extinta website es: www.outsidethecamp.org

Uno de los mayores problemas que enfrenta todo aquel que profesa creer en las DOCTRINAS DE LA GRACIA (comúnmente conocidas como "calvinismo") es el de cómo debe relacionarse con los cristianos profesantes que rechazan tales doctrinas. ¿Deberíamos aproximarnos a ellos como hermanos en Cristo? ¿Acaso debemos comprar su "experiencia de conversión" por su valor nominal? Al responder estas preguntas, quien aquí escribe desea presentar las siguientes Tres razones por las que los arminianos son irredentos.

Razón número uno: los arminianos son irredentos porque adoran a un ídolo. Por ídolo, me refiero a "un dios que no puede salvar". ¡Un momento! ¿Acaso me dice usted que ellos no adoran a Jesús? ¡Pues, no! De hecho, no lo hacen. Ellos pueden decir que adoran a Jesús, pero el Jesús que adoran simplemente no puede salvar a nadie. Los fariseos afirmaban creer en Dios e incluso se convencieron a sí mismos de que creían en Él, pero su fe estaba realmente depositada en un dios que no podía salvarlos; su fe no estaba basada en el único Dios verdadero. Esto se evidenció por el hecho de que cuando el único Dios verdadero vino a vivir entre ellos blasfemaron de él y lo mataron. Los fariseos se habían fabricado un ídolo sobre la idea que tenían de Dios; en este sentido, estaban tan perdidos como los que adoraban al ídolo tallado que se conoció como Moloch.  Forjar una imagen en nuestro cerebro y llamarla "Jesús" no presenta más evidencia de salvación que el tallar un ídolo en madera y llamarlo "Dios". En ambos casos, caemos en flagrante como repugnante idolatría tal como la practicada por el fariseo de ayer y el arminiano de hoy. Y el fin de aquellos que adoran a los ídolos es llegar a ser semejantes a sus ídolos (Salmos 115: 8). Los arminianos tienen un dios que no puede cambiar la voluntad del hombre como a él le plazca. Ellos pueden creer fehacientemente que él puede mover montañas, causar truenos y relámpagos, y ordenar el curso de las estrellas, pero fundamentalmente creen que él es impotente ante la todopoderosa voluntad humana.  Ellos creen que la sangre del hijo unigénito fue derramada por aquellos que están en el infierno debido a una expiación ineficaz. Ése no es el Dios de la Biblia (Salmos 115: 3, Proverbios 1:21). Ese "dios" no es ni un Dios justo ni un Salvador (Isaías 45:21). Ese "dios" simplemente no puede salvar (Isaías 45:20). Ese "dios" es un bastón roto que perfora la mano de todo aquel que se apoye en él. Ese "dios" es una mentira del infierno y está destinado a regresar allí. Y aquellos que lo siguen hasta el final están destinados a regresar allí con él.

¿Cuál fue la acusación de Dios contra el Israel apóstata? "...Pensabas que de cierto sería Yo como tú..." (Salmos 50:21). Los arminianos se han fabricado un dios a su propia imagen y semejanza. Pero ellos no son más salvos que los judíos que habían hecho exactamente lo mismo.

Razón número dos: los arminianos son irredentos porque no creen la verdad. Aunque relacionada con la razón anterior, ésta tiene que ver más con la evidencia de la salvación de un individuo. Cualquier individuo (calvinista o no) que defienda la salvación de los arminianos debe explicar lo declarado en 2 Tesalonicenses 2:12: "A fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad...".  Algunos se abrazan a la excusa de que los arminianos creen en las doctrinas esenciales de las Escritura.  ¿Pero, es eso cierto?

Cada miembro de la Trinidad está asociado con la verdad (Salmos 31: 5; Juan 14: 6,17).  Aquellos que son salvos aman la verdad (Tito 1: 1; Juan 3:21), porque ésta fue el instrumento de su segundo nacimiento (Santiago 1:18; Efesios 1:13). Más específicamente, ellos aman la verdad porque Dios los ha predestinado a amarla (2 Tesalonicenses 2:13); por lo tanto, las ovejas (elegidas por el Padre celestial) conocen la voz de su Pastor (Juan 10:14) e INEVITABLEMENTE lo siguen. ¡De hecho, los que no escuchan la voz del Pastor simplemente no son Sus ovejas (Juan 10:26)! ¿Por qué predestina Dios a Sus ovejas para amar Su verdad y seguirlo sólo a Él? La respuesta es dada en los versículos 9 y 11 de Isaías 48: “Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte… Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro”.

La gloria de Dios es la única razón por la que Él hace todo. Es la razón por la que Jesús vino a la tierra (Juan 12: 27-28), es la razón por la que Él salvó a Su iglesia (Efesios 1:12), y es la razón por la que algún día Él regresará para llevar a Su iglesia a casa (2 Tesalonicenses 1:10). Es la razón misma de la existencia de la creación (Romanos 9:23). Ahora, si Dios quiere ser glorificado por Su iglesia, ¿qué razón podría tener Él para permitir que sus miembros le atribuyesen el origen de su fe al ejercicio de su libre albedrío? Esto despojaría a Dios de Su legítima y no compartida gloria en la salvación. Él no deja a Su pueblo en la ignorancia más allá de lo que lo deja para que se revuelque en su pecado (1 Juan 3: 9). Por lo tanto, la gloria de Dios exige absolutamente que juzguemos a los arminianos como perdidos.

La enseñanza de que Dios no podría guiar (o no guiaría) irresistiblemente a Su pueblo a creer y confesar el Verdadero Evangelio es una enseñanza que intenta presentar al Dios de la Biblia tan débil e impotente como el dios arminiano. De hecho, esa manera de pensar es, en realidad, el resultado de una forma de santificación muy sutil que se basa en las obras y que asume tácitamente que Dios hace el trabajo inicial de cambiar el corazón de piedra a uno de carne, pero que luego permite que ese corazón transformado elija su propio camino. Si fuese cierto, esto significaría que tales apoyos "inocentes" a la religión como los ídolos e imágenes serían no sólo útiles, sino necesarios. ¡Por el contrario! Dios no permite que una persona regenerada desarrolle libremente su teología más allá de lo que Él permite que un individuo regenerado subsista libremente en el pecado. En cambio, Él coloca Su Santo Espíritu dentro de ese individuo; Espíritu que [SOBERANAMENTE] le guiará a toda la verdad (Juan 16:13).

Además, hay tres verdades a las que el Espíritu nos guía específicamente: el pecado, la Justicia y el Juicio (Juan 16: 8-11). Exhaustivamente, examinemos cada una de estas verdades:

PRIMERA:

¿Por qué habrá Él de enseñarnos sobre el pecado? La respuesta se da en el Versículo 9: "... por cuanto no creen en mí". Obviamente, ésta es la doctrina de la Depravación Total. Dios Espíritu Santo le ha enseñado a cada pecador regenerado que es un vil pecador, indefenso, miserable, totalmente vacío de justicia y absolutamente incapaz de llegar a la fe salvadora por sí mismo. Dios Espíritu Santo le ha enseñado a cada pecador regenerado que, a menos que Dios mismo intervenga para salvarlo, éste habrá de perderse eternamente (Salmos 130: 3; Juan 6:45). El pecador salvo podrá no usar el concepto "Depravación Total", pero siempre entenderá su INNATA INCAPACIDAD para agradar a Dios y nunca creerá que sus propios esfuerzos o decisiones fueron los que los llevaron a obtener el favor de Dios. Los arminianos enseñan todo lo contrario cuando proclaman que Dios salva a un pecador basándose en las acciones o decisiones del mismo (Juan 1:12; Romanos 9:16) o cuando proclaman que Dios salvará a un pecador basado en el conocimiento previo de lo que el pecador hará.

SEGUNDA:

¿Por qué Él habrá de enseñarnos sobre la Justicia? La respuesta se da en el Versículo 10: "...por cuanto voy al Padre, y no me veréis más". Aquí, Jesús está enseñando que el Espíritu Santo enseñará a cada creyente que Jesucristo, mediante su sangrienta muerte en la Cruz, produjo una justicia que apaciguó la justa ira que el Padre tenía contra todos a quienes Él representó en La Cruz. El Espíritu Santo enseña a cada pecador regenerado acerca de la doctrina de la Expiación Limitada. El pecador salvo puede no usar los conceptos "expiación limitada" o "redención particular", mas siempre entenderá que Jesús ha establecido efectivamente la paz entre él y Dios y así jamás creerá que alguien por quien Cristo murió pudiere caer bajo la ira de Dios una vez más. Los  arminianos  enseñan  exactamente  lo  contrario  cuando  proclaman  que  Jesús  derramó  su  preciosa  sangre,  incluso  por  aquellos  que  sufrirán la ira del Padre eternamente en el infierno (Jeremías 6:14; Gálatas 1: 8-9).
TERCERA:

¿Por qué habrá Él de enseñarnos sobre el Juicio? La respuesta se da en el Versículo 11: “...por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”. Aquí, Jesús está enseñando que el Espíritu Santo enseñará a cada creyente que Jesús ha deshecho las obras del diablo y que Él liberó por la fuerza a los creyentes cautivos (Lucas 11: 21-22; 1 Juan 3: 8; 5:19). Así, ellos nunca podrán volver a morar en las mentiras y trampas de Satanás (Juan 10: 5). El Espíritu Santo enseña a cada pecador regenerado acerca de las doctrinas de la Gracia Irresistible y la Perseverancia de los Santos. El pecador salvo puede no usar los conceptos "Gracia irresistible" o "Perseverancia de los santos", mas siempre entenderá que su conversión y perseverancia provienen del Espíritu Santo, y nunca creerá que su conversión y perseverancia provienen de su propia fortaleza. Los arminianos enseñan todo lo contrario cuando proclaman que un hijo de Dios puede volver a ser hijo del diablo nuevamente (Mateo 13: 11-17).

Reitero. Un pecador salvo no necesariamente empleará las mismas palabras-conceptos que he usado aquí, pero nunca creerá lo contrario de las doctrinas que éstas enuncian, ni se opondrá a tales doctrinas cuando se tope con ellas (1 Corintios 2:12).

Razón número tres: los arminianos son irredentos porque ellos odian la verdad. Esta razón tiene más que ver con la evidencia de la salvación de un individuo.

Leamos, una vez más, a 2 Tesalonicenses 2:12, especialmente la última parte del versículo. "A fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia". Los arminianos ciertamente disfrutan de la injusticia. Creen que Jesús derramó su sangre para redimir a los millones de personas a quienes, de todos modos, Dios envía al infierno. Y los arminianos ciertamente disfrutan de lo que es falso. El arminianismo es el cumplimiento de la mentira más antigua y acabada que existe: “Serás como Dios. El arminianismo declara a viva voz lo que el hombre natural realmente quiere escuchar: Serás incluso más poderoso que Dios. Cuando los arminianos proclaman a un dios que es impotente ante la voluntad humana, proclaman la misma vieja mentira que cosquillea todo oído irredento (no regenerado). Y éste es exactamente el meollo de la cuestión: el que odia la verdad es el hombre natural, no regenerado.  Por naturaleza, los hombres aman más las tinieblas que la luz (Juan 3:19); por naturaleza el hombre aborrece la luz y no viene a la luz (Juan 3:20); sólo aquel cuya naturaleza ha sido transformada por el único y verdadero Dios viviente viene a la luz (Juan 3:21). Como los arminianos, al odiar la luz de La Verdad (Cristo), aman las tinieblas y las mentiras, nos vemos obligados a concluir que no están regenerados. El hombre natural (el arminiano) odia la verdad de la Soberanía de Dios (Salmo 15: 3; Romanos 9:20).

Se podría argumentar "si somos salvos porque somos ortodoxos, ¿no haría eso que la salvación fuese producto de las obras?" En realidad, este argumento es un sutil retorcimiento de lo que se ha dicho aquí. Nadie acá está sugiriendo que somos salvos debido a nuestra doctrina ortodoxa. Al contrario, lo que estamos sugiriendo es que la doctrina ortodoxa es un resultado indispensable del haber sido salvados por Dios. Afirmar lo contrario sería negar la ABSOLUTA soberanía del Espíritu Santo, incluso sobre los pensamientos de los hombres. La salvación no depende de la ortodoxia más de lo que depende de las buenas obras, pero ambas habrán de manifestarse en todo hijo de Dios (Romanos 8: 9).

¡Insisto!  Quien esto escribe a menudo ha escuchado afirmar que "uno no tiene que ser ortodoxo para ser salvo, porque incluso los demonios creen en Dios". Empero, comparemos las Escrituras con las Escrituras. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. (Hebreos 11: 6). Obsérvese cómo se construye este versículo: él (quien se acerca, quien tiene fe) debe creer—y luego declara dos cosas para creer. Adviértase también que lo que sigue es un par de hechos: la existencia de Dios y Su benevolencia hacia los elegidos. Santiago 2:19 dice que los demonios creen en la existencia de Dios, y este es uno de los hechos necesarios según Hebreos 11: 6. Sin embargo, como no creen que Él sea un Dios misericordioso, tiemblan al pensar en Su ira divina que algún día habrá de caer sobre ellos. ¿Son entonces los demonios realmente ortodoxos? Ellos creen algunas cosas acerca de Dios, pero no las cosas correctas. Ellos creen algo de la verdad sobre Dios, pero no toda la verdad. Y si no tienen toda la verdad no son realmente ortodoxos. Entonces vemos como, después de todo, la ortodoxia es un imprescindible producto de la salvación.

Reitero. Se objeta que ni un solo ser humano puede entender completamente a Dios, porque somos finitos mientras que él es infinito (Isaías 55: 9). Esta objeción se supera fácilmente cuando recordamos que el pueblo de Dios es aquel que está habitado por el Espíritu Santo. Así, un ser humano finito puede entender verdaderamente al Dios infinito, porque es el [infinito] Espíritu Santo quien le está enseñando.

Por último, se suele argumentar que los arminianos deben salvarse porque realizan muchas obras buenas. Pocos calvinistas insistirían seria y abiertamente en que somos salvos debido a nuestras obras; sin embargo, cuando se les cuestiona la salvación de los arminianos, su típica respuesta consiste en apuntar a las buenas obras de éstos. Así afirman que los hijos de Arminio son fervientes en la oración, alegres en la adoración y celosos por las buenas obras. Y, sobre todo, son denodados “ganadores” de almas, siempre hablando de Dios y ocupados “convirtiendo” a la gente. Pero afirmar que uno se salva debido a cualquiera de estas obras es NEGAR ROTUNDAMENTE la Doctrina de la Salvación por la Sola Gracia del Soberano Dios de la Biblia. La Justificación es un regalo; jamás se puede ganar (Romanos 4:24, Tito 3: 5). Pero, a la misma vez, las buenas obras jamás pueden usarse como prueba de la salvación de un individuo. Los fariseos también eran fervientes en la oración (Lucas 18: 11-12), gozosos en la adoración (Mateo 6: 5) y celosos por las buenas obras (Mateo 23: 23,27,29; léase también Romanos 10: 2-3). Por encima de todo, decididos como estaban a ganar almas, ellos cruzaban tierra y mar para convertir a la gente. Y, sin embargo, ¿cuál fue el resultado de sus almas "ganadas"? “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15). Dado que los fariseos obviamente no eran salvos, debe ser cierto que la carne es muy buena para reproducir buenas obras que jamás agradarán a Dios. No obstante, las obras que se hacen en la carne continúan siendo abominación para Dios, sin que el parecer de los hombres importe en lo absoluto.

El contexto que precede [Versículos 10-11] a 2 Tesalonicenses 2:12 es aún más explícito sobre este particular: “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.  Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira” Obsérvese que los que son salvos aman la verdad y los que no son salvos no la aman. Nótese también que Dios hace que ellos (los que insisten en no amar la verdad) crean la mentira, con la intención de alejarlos de Su presencia para siempre. Dios los odia tanto como Él odió a Esaú. ¿Nos atreveríamos, pues, a afirmar que aquellos a quienes Dios odia son salvos?

El mismísimo hecho de que exista un debate sobre el tema de la supuesta salvación de los arminianos revela que la gran mayoría de las iglesias profesantes no son verdaderas iglesias. ¡En lo absoluto! Con frecuencia, sus recintos se inundan con peticiones de tolerancia hacia ellos, basadas en la ERRÓNEA NOCIÓN de que la doctrina bíblica es cosa de poca monta. ¡Al contrario! La pureza y el corazón del EVANGELIO (la DOCTRINA DE LA SALVACIÓN o soteriología) es SUSTANCIAL FRUTO de la salvación. El ser capaz de definir “soteriología” no es necesario como tampoco lo es el poder enunciar los cinco puntos del llamado calvinismo, mas AMAR LA VERDAD y DAR TODA LA GLORIA al único y verdadero Dios viviente es IMPRESCINDIBLE. Los arminianos hacen exactamente lo contrario cuando tratan de reservarse algo de esa gloria para sí mismos.  De modo pues que aquí no estamos ante un "sincero malentendido de la doctrina del evangelio" sino ante una decidida rebelión contra el único Dios viviente y verdadero, la cual despide fétido hedor ante Su santa presencia.

El hecho establecido de que los arminianos son irredentos nos lleva también a algunas conclusiones:

  1. Definitivamente, no debemos tener comunión con los arminianos. Ellos son miembros de la iglesia abominable (la Gran Ramera y las rameritas, sus “protestantes” hijitas quienes, de hecho, nunca se han separado de su madre). Si no salimos de entre ellos, somos partícipes de sus pecados y recibiremos parte de sus plagas (Apocalipsis 18: 4). Por supuesto, esto significa que no sólo se perderán algunas amistades preciosas, sino que también se dividirán las familias. Pero, ¿no es este efecto el que se supone que el Evangelio produzca? “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa" (Mateo 10: 34-36).
  2. Debemos tratar a los arminianos como irredentos. En modo alguno es bueno dejar que el arminiano siga pensando que tiene la verdad cuando no la tiene, mas debemos brindarles testimonio del VERDADERO EVANGELIO DE LA GRACIA. Dios es glorificado cuando hablamos la verdad en amor (Efesios 4:15), pero no cuando suprimimos la verdad en aras de preservar la armonía grupal.
  3. Debemos estar dispuestos a ejercer férrea disciplina en nuestras [verdaderas] iglesias contra aquellos que llegaren a creer que los arminianos son sus hermanos en Cristo. Parte de la razón por la que la mayor parte de la iglesia profesante ha apostatado es que ésta generalmente no está dispuesta a disciplinar a sus miembros por razones doctrinales. Naturalmente, esto requiere un buen juicio por parte de nuestros dirigentes; mas permitir que tan venenosa herejía permanezca y reine sobre nuestras iglesias en pro de incrementar su membrecía es ABSOLUTAMENTE inexcusable.

 

El poder de Dios SÓLO RADICA en el Evangelio y en el Evangelio solo. Empero, el verdadero poder del Evangelio no se manifestará a menos de que éste sea predicado en toda su plenitud, tanto como sabor de vida para VIDA ETERNA como sabor de muerte para muerte eterna. El Evangelio condena a los arminianos como los enemigos de Dios, los enemigos de La Cruz y enemigos del Evangelio que son. ¡Aléjate de ellos, para que no participes de su condenación! (2 Juan 1, Apocalipsis 18: 4).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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