Martes, 01 de enero de 2019

El Padre busca adoradores en espíritu y en verdad, lo cual implica estar en la presencia del verdadero Dios. Falsos Cristos se han levantado a lo largo de la historia del cristianismo, así como la presencia de falsos dioses ha estado presente desde el Edén, cuando la serpiente antigua (diablo o Satanás) se presentó con la intención del engaño teológico. No le bastó a la mujer samaritana conocer la ley de Moisés y adorar de acuerdo a lo que ellos en Israel hacían, ya que el Señor le dijo que ellos (los samaritanos) adoraban lo que no sabían. En realidad la división de Israel en dos reinos había distinguido la línea de donde vendría el Redentor. Es por ello que Jesús le dijo a la mujer que buscaba agua del pozo que la salvación venía de los judíos.

Esa precisión dada a una mujer que conocía la ley de Moisés nos sirve para aclarar algunos aspectos erróneos en la teología de nuestro tiempo. Hay gente que se siente cerca de la Biblia, que se conoce de memoria sus textos, pero que está distante del verdadero Jesús que ella anuncia. Esto ocurre en gran parte porque se ha cambiado la perspectiva de la expiación que vino a hacer el Hijo de Dios en la tierra. De acuerdo a las Escrituras el Señor puso su vida en rescate por muchos, no por todos; asimismo, son muchos los llamados -no todos- pero pocos los escogidos. Por otra parte, los escogidos de Dios son los que el Padre envía a Jesucristo una vez que Él los ha enseñado. Además, nadie puede ir a Jesucristo a no ser que el Padre lo envíe.

Si uno mira esos textos mencionados puede darse cuenta del craso error en el que muchos han caído, por haber cambiado la expiación específica que Cristo hizo por su pueblo (Mateo 1:21) por una expiación universal más ajustada a la masa. Este simple cambio de perspectiva induce a su propia perdición a los que así interpretan la Biblia. Una y otra vez la Escritura es presentada a los que se aferran a esa creencia extraña, pero hay un desprecio por la verdad que se da por un apego a la mentira. Por esta razón el Dios del cielo y de la tierra, de todo cuanto existe, ha dicho que Él les enviará un espíritu de error, de engaño, para que crean definitivamente la mentira y se pierdan.

Mucho cuidado deben tener los que se aferran a la mentira, ya que llegado el momento en que Dios envía su espíritu de error no habrá posibilidad alguna de volver atrás. No hay tal cosa como una presentación continua de la verdad con una insistencia proselitista de parte de Dios. No, más bien vemos que cuando el Señor envió a sus discípulos de dos en dos les dijo que en las casas que entraren, si no recibían la verdad, se retiraran de allí sacudiendo sus pies. El castigo que les vendría a los que habían rechazado la verdad era la condenación venidera y el retiro de la paz que los discípulos habían hablado. El Señor no les dijo a ellos que volvieran en quince días, que se pusieran en ayuno y oración a rogar por aquellas almas, que insistieran con visitas esporádicas o que hicieran comida y la compartieran. No les dijo que sus buenas acciones sociales los persuadirían a creer en la verdad.

La evangelización recomendada por Jesucristo nunca estuvo acompañada con acciones sociales o psicológicas para que persuadieran a los oyentes. Su evangelización consistía en anunciar la verdad, de tal forma que todos aquellos a quienes el Padre les preparara el corazón creerían sin duda alguna. Ciertamente Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad (Juan 4:24). Esa verdad es la del evangelio, es la del verdadero Jesús, encierra la idea de conocer su persona y su obra. No podrían adorar en verdad aquellos que creyesen en Jesús pero que al mismo tiempo dijesen que no era Dios. Tampoco podrían adorar en verdad los que cambian sutil o abiertamente el propósito y alcance de su trabajo en la cruz.

Jesús tuvo que ser el Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo que tanto amó el Padre (de acuerdo a Juan 3:16). Pero también tuvo que hacer un trabajo completo, consumado en la cruz, como lo dijo cuando expiraba en el madero. El Cordero sin mancha, coeterno con el Padre, era el Hijo de Dios que sería colocado para la expiación de todos los pecados de su pueblo (Mateo 1:21). Su trabajo perfecto consumado no permite añadiduras. Recordemos que ese Jesús del que nos habla la Biblia no rogó por el mundo; uno puede preguntarse cuál mundo, ya que vino a quitar los pecados del mundo. Bien, no rogó por el mundo que el Padre no amó jamás. Esto que decimos está en las Escrituras y adorar a tal Jesús implica adorar lo que se sabe. Adorar a este Señor implicaría adorar al Padre en verdad (el Señor dijo que él y el Padre eran uno).

Pero los que fabrican un dios que no puede salvar son dados a aferrarse a ese Jesús de la expiación universal, que no salvó a nadie en particular sino que hizo una salvación potencial. Ese no es el Jesús de las Escrituras, por lo tanto esa adoración se hará en el espíritu de la mentira. Y sabemos que Satanás es el padre de la mentira, el que miente desde el principio, el asesino de las almas. Los falsos maestros, los falsos profetas, los lobos disfrazados de cordero, todos ellos se inclinan y sirven a su padre el diablo. Algunos lo hacen por engaño, otros a conciencia, pero todos ellos están equivocados y andan perdidos. Como irredentos no tienen esperanza real, aunque vivan en la ilusión de conocer el bien y el mal y de suponer que hacen lo correcto. La mujer samaritana adoraba lo que no sabía, pero el Señor la corrigió y le dio el agua de la vida eterna. Tal vez a muchos de los que adoran lo que no saben también el Señor les dará la corrección y la vida eterna. Pero a muchos también les enviará el espíritu de error para que se pierdan, por cuanto desprecian la verdad anunciada en las páginas de la Escritura y se gozan en la maldad y mentira.

Satanás busca que lo adoren también. El intentó convencer al Señor para que lo adorara pero recibió una reprensión inmediata: Apártate de mí, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás (Lucas 4:8). Cuando a usted le propongan adorar al dios que dice haber expuesto su vida en expiación por los pecados de todo el mundo, sin excepción, debería pensar si aquella expiación se hizo por las almas de los réprobos en cuanto a fe de los cuales la condenación no se tarda. O si allí se incluyen aquellos cuyos nombres no fueron escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo. ¿Murió el Señor por Judas Iscariote? ¿Lo hizo por Jezabel o Faraón, o por los muertos del diluvio? No, la Biblia es enfática al decirnos que el Señor murió por su pueblo solamente, ya que así aparece de acuerdo a lo que señala Juan 6 y Juan 10, entre otros múltiples pasajes. Además, al no rogar por el mundo la noche previa a su crucifixión, el Señor dio a entender que no expió los pecados de ese mundo que no es amado por su Padre (Juan 17:9).

Si alguno dudare, puede leer Romanos nueve donde se habla de Dios que amó a Jacob antes de que hiciera bien o mal, antes de ser concebido, pero también odió a Esaú antes de que hiciera bien o mal, antes de ser concebido. El propósito eterno del Creador fue siempre sin mediación de obra humana, de manera que la salvación de los muertos en delitos y pecados vendría solo por su gracia soberana. Pero también el propósito de exhibir su justicia e ira por el pecado lo tuvo el Señor antes de que hubiese creado el mundo. En otros términos, nosotros vemos la historia humana sometida a la ley física del espacio-tiempo, pero si miramos al Creador, en un todo de acuerdo a lo que dijo Pedro y lo que afirman otras partes de la Escritura, nos daremos cuenta de que el Cordero de Dios estuvo preparado desde antes de la fundación del mundo. Entonces, es lógico concluir que Dios como Omnisciente que es y como Infalible y Todopoderoso no puede tener ases bajo la manga, planes B, como si algo fallara en su propósito para enmendarlo. Simplemente Él se propuso el que la redención de su pueblo fuese por la predicación del evangelio de Cristo, la buena noticia para los que Él eligió desde los siglos.

Los que todavía siguen aferrados al dios que no puede salvar siguen siendo invitados a creer la verdad, antes de que les venga el espíritu de error con el que definitivamente se perderán. Por supuesto, los que habrán de creer, como los que hemos creído, cumplen con el propósito eterno e inmutable de Dios. Ellos han sido -como también nosotros hemos sido- enseñados por Dios para acudir hacia el Hijo, serán enviados por el Padre ante Jesucristo y el Señor ha prometido no echarlos nunca fuera. Es por ello que estamos calificados para adorar en espíritu y en verdad, no como los otros que no tienen esperanza, que sirven a un dios que no puede salvar. Recordemos que la verdad nos hará libres, lo cual implica que la mentira no libera sino cautiva. El falso evangelio, el del extraño, no es para las ovejas del Buen Pastor; ese es el evangelio de las cabras, pero también es el error en el que muchas ovejas deambulan porque todavía no han escuchado la voz del Buen Pastor. Cuando fueren llamadas con llamamiento eficaz no seguirán más nunca al extraño, porque desconocen su voz, y huirán de Babilonia por cuanto son pueblo de Dios.

Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor (Salmo 95:6).  El Señor, nuestro Dios, es uno. Hemos de amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas (Deuteronomio 6:4-6). El Señor conoce a los que son suyos, por eso no mira la apariencia sino el corazón. Él escogió a David como rey, diciéndole a Samuel que Él miraba el corazón y no lo aparente, por cuanto es Él el que hace el cambio de corazón de piedra por uno de carne. Fue Él quien le preparó el corazón a la vendedora de púrpura para que comprendiera las palabras que el predicador anunciaba, es por esa razón que Él conoce y mira el corazón de los que Él mismo ha transformado. No podemos decir que Jehová mira el corazón de los humanos y escoge a los de buenos sentimientos, porque Él ha declarado que no hay justo ni aún uno y no hay quien lo busque de verdad. Es Él quien actúa de acuerdo a sus planes eternos, conforme a la profundidad de su sabiduría que nosotros apenas comprendemos. Fue Él quien hizo al malo para el día malo, es Él el creador de la luz y las tinieblas, de la paz y la adversidad, es Él el que da la vida y da la muerte. Es Él el que condena y redime.

Con semejante Dios en las Escrituras nos conviene estar en paz y amistarnos ahora mismo, no vaya a ser que el espíritu de error envuelva a los que insisten en la mentira y detestan la verdad. A ese Dios hemos de adorar con temor reverente, en espíritu y en verdad.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 10:49
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