Viernes, 28 de diciembre de 2018

El Dios que nos conoce es el Dios de las Escrituras, ya que fue Él quien nos hizo y no nosotros a nosotros mismos. Es algo bochornoso suponer que venimos a este mundo por acción del azar, por evolución de la materia, por una aparición espontánea en el Cosmos. Decir que el universo siempre ha estado allí y que Dios es una invención del alma humana implica un alto rechazo al Creador de todo cuanto existe. Claro está, hay muchos enemigos de la cruz de Cristo. Pero lo que de Dios se conoce ha sido manifestado por medio de la obra de la creación, aunque el hombre no quiso tener en cuenta a ese Dios manifestado en lo que ha hecho.

Más bien la humanidad se entregó al cultivo de sus ídolos, a sus adornos y adoración de la cosa creada. En forma de reptiles o cuadrúpedos la gente hizo imágenes para venerar y decir que eso era el Creador de cuanto se veía. Sin embargo, la palabra revelada del Señor nos ha dicho que siempre hubo información de lo que habría de venir, a través de los profetas e incluso por medio de nuestros primeros padres. A Eva le fue dada la promesa de la Simiente que nacería de ella, la cual vencería a la simiente enemiga de la serpiente. Ese mensaje pasó de generación en generación, pero dado que el hombre se corrompía cada vez más el anuncio también se distorsionó. No fueron pocos los falsos avisos llegados desde que Babilonia fue fundada como la cuna de toda la falsa revelación en la tierra. Ya en el libro del Génesis, capítulo 10, leemos que Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová. Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar. De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive, Rehobot, Cala,  y Resén entre Nínive y Cala, la cual es ciudad grande (versos 8-12).

Nimrod era de la línea de Cam, el hijo que Noé maldijo en un todo de acuerdo con los planes eternos de Dios. Este Nimrod estuvo contra Jehová y fundó la Babilonia (Babel) que conoceríamos a través de la historia, región emblemática de toda impureza religiosa. El paganismo de Babilonia trascendió sus fronteras y dio origen al politeísmo de innumerables naciones y potencias del mundo. El llamado festival de invierno en honor a Tamuz sería más tarde con ayuda de la iglesia oficial y corrupta convertido en la Navidad de nuestros días. Por esa razón también fue dicho: Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso (Deuteronomio 12:2). Esos árboles frondosos simbolizaban la erección del miembro masculino como tributo a la fertilidad prometida, en la adoración a las divinidades surgidas en la mente de los seres humanos. Tal cual parece ser el árbol de navidad, símbolo que data desde mucho antes de Cristo cuando lo adornaban con cerezas, guirnaldas de todo tipo, en un tributo a la fecundidad de la tierra.  

Los hijos de Israel también adoraron a los baales  (a Baal y Astarot), nombres que estaban referidos a Semíramis, a Nimrod y Tamuz. Tan de vieja data es el cuento de la virgen reina del cielo que el profeta Jeremías hablaba de ello: Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira (Jeremías 7:18). Lo mismo hizo Ezequiel: Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz (Ezequiel 8:14).  La admonición bíblica continúa para que el pueblo de Dios sea apercibido: Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder (Jeremías 10:1-5).

Dios es omnisciente y sabe todo lo que nos acontece, pero también está vigilante y detesta toda forma de idolatría. Si todavía hay gente que dice creer pero sigue con la intención de combinar sus libaciones a sus ídolos, junto con la alabanza a Jehová, sepa lo que dijo el Señor a través de Jeremías al pueblo de Israel. Entonces los hombres que sabían que sus esposas ofrecían incienso a otros dioses, así como las mujeres que estaban presentes, es decir, un grupo numeroso, y todo el pueblo que vivía en la región sur de Egipto, respondieron a Jeremías:—No le haremos caso al mensaje que nos diste en el nombre del Señor. Al contrario, seguiremos haciendo lo que ya hemos dicho: Ofreceremos incienso y libaciones a la Reina del Cielo (a María)  como lo hemos hecho nosotros, y como antes lo hicieron nuestros antepasados, nuestros reyes y nuestros funcionarios, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén. En aquel tiempo teníamos comida en abundancia, nos iba muy bien y no sufríamos ninguna calamidad. Pero desde que dejamos de ofrecer incienso y libaciones a la Reina del Cielo nos ha faltado todo, y el hambre y la espada están acabando con nosotros. Y las mujeres añadieron:—Cuando nosotras ofrecíamos incienso y libaciones a la Reina del Cielo, ¿acaso no sabían nuestros  maridos que hacíamos tortas con su imagen, y que les ofrecíamos libaciones?  Entonces Jeremías le respondió a todo el pueblo, es decir, a los hombres y mujeres que le habían contestado: ¿Piensan ustedes que el Señor no se acuerda, o no se daba cuenta de que ustedes y sus antepasados, sus reyes y sus funcionarios, y todo el pueblo, ofrecían incienso en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? Cuando el Señor ya no pudo soportar más las malas acciones y las cosas abominables que ustedes hacían, su país se convirtió en objeto de maldición, en un lugar desértico, desolado y sin habitantes, tal como está hoy.  Ustedes ofrecieron incienso y pecaron contra el Señor, y no obedecieron su voz ni cumplieron con su ley, sus preceptos y estipulaciones. Por eso en este día les ha sobrevenido esta desgracia.  Jeremías le dijo a todo el pueblo, incluyendo a las mujeres: —Escuchen la palabra del Señor todos ustedes, gente de Judá que vive en Egipto: Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: “Cuando ustedes y sus mujeres dicen: ‘Ciertamente cumpliremos nuestros votos de ofrecer incienso y libaciones a la Reina del Cielo’, demuestran con sus acciones que cumplen lo que prometen. ¡Está bien, vayan y cumplan sus promesas, lleven a cabo sus votos!  Pero escuchen la palabra del Señor todos ustedes, gente de Judá que vive en Egipto: ‘Juro por mi nombre soberano —dice el Señor— que ninguno de los de Judá que vive en Egipto volverá a invocar mi nombre, ni a jurar diciendo: ¡Por la vida del Señor omnipotente!  Porque yo los estoy vigilando, para mal y no para bien. El hambre y la espada acabarán con todos los judíos que viven en Egipto. Tan solo unos pocos lograrán escapar de la espada y regresar a Judá. Entonces todo el resto de Judá que se fue a vivir a Egipto sabrá si se cumple mi palabra o la de ellos’. (Jeremías 44:15-28).

El Dios omnisciente sabía lo que acontecería en medio de su pueblo histórico, pero de igual forma ordenó que su profeta llevara palabra de admonición a su gente. Y estas cosas se escribieron por causa de nosotros, como asegura el Nuevo Testamento. Cada cual sacará la conclusión necesaria para su vida, la que Dios ponga en su corazón. Él sigue siendo soberano y hace como quiere, por lo que conviene bajar la cabeza ante el Omnipotente y reconocer que nos conoce en forma completa. Con todo hay quienes dicen ¿Cómo sabe Dios, y hay conocimiento en el Altísimo? A éstos les permanecerá la palabra de Dios para mal, no para bien. En cambio, el que es humillado ante el Señor y reconoce su pecado ha recibido esa gracia necesaria para andar cerca del Creador.

 

Jehová nos examina y nos conoce, desde lejos entiende nuestros pensamientos. Él conoce cuánta idolatría puede haber en cada corazón, aunque no sea del tipo de las imágenes colgadas en los cuellos de las personas. Hay imágenes mentales de un falso dios que hace tanto daño como los Baales hicieron al pueblo de Israel. El Dios que lo escudriña todo, de quien nadie puede esconderse, sabrá descubrir lo oculto que exista en nuestras almas. Ese es el Señor de lo imposible, el que conoce nuestras palabras aunque no hayan llegado a nuestra lengua, es también el Dios que nos rodea con su mano tierna a todos cuantos ha amado desde los siglos.

No podemos huir de su presencia o de su Espíritu, ni en los cielos ni en el Seol, pero será horrendo el caer en sus manos o el tropezar en su roca que es el Cristo que envió a su pueblo. Aún el apóstol Juan que era de cultura judía y por lo tanto monoteísta, con una iglesia compuesta principalmente por judíos convertidos al cristianismo, les advierte a que se cuiden de los ídolos. Esta admonición nos sirve a nosotros por igual, no vaya a ser que nos forjemos una imagen equivocada acerca de quién es Jesucristo. No olvidemos nunca que existe una gran diferencia entre el Jesús que murió por su pueblo, de acuerdo a las Escrituras, y el Jesús del que dicen que murió por toda la humanidad sin excepción. De este último Jesús hay que cuidarse porque su falsedad hace mucho daño y no ha podido salvar siquiera una sola alma. Es allí que siguen teniendo vigencia las palabras de Jeremías y de Juan, para que nos guardemos de los ídolos.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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