Mi?rcoles, 26 de diciembre de 2018

Los hebreos apreciaban un entierro digno, de manera que el quedar sin sepultura se entendía como una maldición (Deuteronomio 28:26; Eclesiastés 6:3). Recordemos que los habitantes de Jabes de Galaad fueron alabados por haber sepultado los huesos de Saúl (2 Samuel 2:4-5) -aunque habían quemado sus carnes putrefactas exhibidas antes por los enemigos del primer rey de Israel (1 Samuel 31:12). Por norma general el muerto era lavado y ungido con ungüentos y en ciertos casos se le envolvía en una sábana. Llama la atención que en algunas oportunidades se le colocaba en la cabeza algún trapo que hubiera usado en vida y que guardaba el sudor del ahora difunto, por lo cual se conoce como sudario tal vestimenta.

Los cuerpos de los muertos se colocaban en la tierra y se les cubría. El sitio preferido era alguna cueva que sirviera como sepultura (algunas de ellas eran artificiales, construidas por los familiares o expertos para tal fin). La familia de Lázaro tenía un sepulcro colectivo para ellos, una cueva ampliada con varias recámaras (Juan 11:38-39). Normalmente estas cuevas eran cerradas por una gran roca que cubría su entrada, la cual podía ser removida para realizar un nuevo entierro. Dicho esto, resulta conveniente saber que en la Escritura nada está dispuesto al azar. El vocablo Lázaro significa Dios ha gobernado o ejercido su suprema autoridad, pero de igual forma tiene otra carga semántica que nos da la idea de alguien sin ayuda. Es decir, Lázaro tiene un significado que implica la necesidad que alguien tiene y al mismo tiempo el gobierno o autoridad (auxilio) de Dios sobre esa persona. Este nombre deriva de otro vocablo usado por los hebreos en el Antiguo Testamento: Eleazar. Precisamente, Eleazar significa Dios ayuda, o la ayuda de Dios, o Dios es el que ayuda.

Nada más significativo para la teología cristiana que la tumba de Lázaro, al denotar con ello la necesidad de la ayuda de Dios que tenemos los seres humanos. Y el hecho de que esa persona necesitada yazca en una tumba lo hace doblemente necesitado. En realidad Dios ha declarado que la humanidad entera está muerta en sus delitos y pecados, que nuestra justicia hiede como trapos sucios. Así hedía Lázaro, ya de varios días de muerto. La humanidad no tiene solo cuatro días de muerta sino siglos enteros, milenios en los que ha dejado el rastro de su mal olor sobre la tierra. La moral o ética humana se va transformando con el paso del tiempo en algo más putrefacto, como también dijera Jesucristo en tono profético: que en estos últimos días la maldad sería aumentada y el amor de muchos se enfriaría.

Jesús es el Hijo de Dios, con plenos poderes celestiales. Mientras estuvo en esta tierra junto a sus discípulos demostró gran autoridad sobre las potestades de los aires (los demonios), sobre las enfermedades que sanaba en el acto en los enfermos de quienes tuvo misericordia. Asimismo era conocida su sabiduría y su argumentación, al punto de que la gente se preguntaba cómo sabía ese hombre tantas cosas siendo un iletrado. Ese poder de Jesús hizo que Lázaro se levantara en su tumba y saliera de ella, demostrando con ese acto que él era la resurrección y la vida. Sin embargo, ¿qué hubiera pasado si Jesús solamente hubiera quitado la piedra del sepulcro de Lázaro?

Si el Señor solamente hubiese ordenado que removieran la piedra nada habría pasado. Por más que su poder fuese infinito, Lázaro habría continuado tan muerto como antes. Los discípulos hubiesen endechado al amigo del Señor, al hermano de María y Marta, pero no hubiesen podido hacer más de aquello. Tampoco sus familiares habrían podido avanzar un poco en el milagro de la resurrección, por más que el Señor hubiese estado presente. No que Jesús no hubiese sido útil en el consuelo, tal vez les hubiera hablado de la resurrección futura de los muertos o del alma de Lázaro reposando en el Seno de Abraham. Pero esos discursos y argumentos apenas hubiesen servido para un consuelo momentáneo y la remoción de la piedra hubiese sido un sinsentido.

Jesús hizo algo más que visitar a esa familia amiga, no solamente se entristeció por su dolor y pérdida sino que ofició un milagro. Quizás el milagro más notorio, algo más relevante que sanar a un enfermo o que alimentar a miles de personas, algo más impactante que convertir el agua en vino. Jesús dio una orden que fue similar a lo que leemos en el libro del Génesis, cuando Dios ordenó con su voz la creación de todo cuanto existe. Como también dice la Escritura, que creemos que el universo fue formado por la palabra de Dios. Prueba de lo que decimos es el texto aquel que exhibe el poder oral del Creador: Hágase la luz, y la luz fue hecha

La orden del Señor fue que Lázaro saliera de la tumba. Y es que los muertos no pueden actuar por sí solos, carecen de movimiento alguno, no tienen entendimiento, no oyen ni ven, no poseen ninguna fuerza para echar a andar. Ni siquiera tienen la vista para mirar la medicina. Un muerto es una tragedia en la forma en que se quiera mirar. Esto es muy importante tenerlo en cuenta para ver el paralelismo con la declaratoria bíblica que hemos mencionado, aquella que nos dice que la humanidad entera está muerta en sus delitos y pecados. Claro está, el enemigo de las almas le dijo a Eva que no moriría sino que sus ojos solamente les serían abiertos, para conocer el bien y el mal. Que ella y su marido serían como dioses. De allí que mucha gente venere a Lucifer como quien haya traído la libertad del conocimiento a la tierra, como si él fuese el autor de la sabiduría. Por esa razón Pablo también nos menciona el hecho patético de los que escuchan a la falsamente llamada ciencia.

Pero la humanidad entera murió en Adán (en Adán todos mueren), en tanto él era y es su cabeza federal. La muerte física no ocurrió en el instante del pecado, ya que era necesario que los primeros hombres procrearan y dieran hijos para poblar la tierra y sojuzgarla. Esa muerte del cuerpo vino años después con el asesinato que cometiera Caín contra su hermano Abel. Pero desde el momento mismo del pecado la humanidad (Adán y Eva) se sintió desnuda ante Dios, los dos representantes de la raza humana sintieron vergüenza el uno frente al otro, se sintieron descubiertos y quisieron disimular lo sucedido. Ya sabemos el resto de la historia, que las hojas de parra no cubrían en forma suficiente sus cuerpos y Jehová tuvo que vestirlos con pieles de animales. Con la muerte de los animales para aprovechar sus cueros fue hecho el primer sacrificio sobre la tierra, el  que apuntaba al sacrificio definitivo de la Simiente que le sería prometida a la mujer. Con la sangre derramada por el Mesías prometido sería cubierta la vergüenza del hombre, sería abatida la muerte del espíritu humano y aún el cuerpo físico también sería redimido.

En eso andaba Jesús, demostrando que él sería y era la resurrección y la vida, que él era y es el Mesías prometido. La Simiente de la mujer (en Isaac sería llamada la simiente) había llegado a la tierra y se evidenciaba no solamente por sus palabras y santidad sino también por las señales prodigiosas que lo acompañaron. Es por esa razón que la presencia del Dios de la creación ante la tumba abierta hubiese sido de poca utilidad si el Señor no hubiese dado la orden. Aquel poder demostrado en la creación estaba presente en la forma del Yo Soy (Jehová significa Yo soy el que soy, Yo soy el que hace todas las cosas posibles). Ese poder utilizado sobre el espíritu y el cuerpo de Lázaro fue el mismo que sacó al Señor de la tumba en que estuvo enterrado por varios días. Es el mismo poder que utilizará para los que esperamos su segunda venida, para los que han muerto y morirán en su nombre.

Lázaro, ven fuera, es una expresión para varios contextos. De momento lo más llamativo para sus discípulos y para la familia del muerto era verlo salir vivo de su tumba. Ese fue el gozo de aquellas personas, la alegría que por mucho tiempo compartieron con las amistades que tenían. Pero en el contexto bíblico no nos olvidamos de la muerte espiritual del hombre, de los que han muerto en sus delitos y pecados. Si a ellos se les abre la tumba (digamos que se les predica el evangelio) quedarán igualmente muertos, a no ser que la voz del Señor los levante. Es por eso que la Biblia dice que la salvación pertenece a Jehová. La fe no es de todos sino que es un regalo de Dios (Efesios 2:8), la misericordia la da Dios a quien quiere darla.

Así como la tumba abierta no tiene poder para hacer salir al muerto de ella, tampoco Dios despierta a los muertos para que anden a la deriva o para que deambulen dentro de la tumba. Quiso Dios salvar al hombre por medio de la locura de la predicación, lo que significa que solamente a través del evangelio de Cristo los muertos que serán llamados a la vida podrán salir de sus tumbas. No hay otro camino, no hay vías secretas que el Ser Supremo se haya propuesto, ya que Jesucristo es la puerta de las ovejas, es el Camino, la Verdad y la Vida. Él dijo que nadie iría al Padre sino a través de él. Es su voz de sal fuera la que redime, es con su sangre derramada en el Calvario que hizo la expiación completa por todo su pueblo (Mateo 1:21; Juan 17:9).

Los que dicen que Jesucristo apenas removió el obstáculo de la justicia divina para hacer a la humanidad salvable (que murió por todos sin salvar a nadie en particular, para que cada quien eche mano de la salvación propuesta), están afirmando que Jesús apenas removió la piedra donde se encontraba Lázaro. El hermano de María y Marta todavía se encontraría en el sepulcro, tan muerto como lo estaría la humanidad fenecida en sus delitos y pecados, si Jesús no le hubiese dado la orden de salir de ese lugar. La vendedora de púrpura ponía mucha atención a las enseñanzas de Pablo pero no fue sino hasta que Dios abrió su corazón que ella pudo recibir la salvación.

Una expiación ineficaz es aquella que se pretende para todos en general, para nadie en particular, que se exhibe como una posibilidad para los muertos que no pueden ver ni oír, mucho menos saber dónde se encuentra esa redención. Esa expiación universal es tan inútil como la tumba de Lázaro abierta sin que éste hubiese recibido la orden de salir de allí. Los que pregonan ese falso evangelio igualmente suponen que la salvación implica un trabajo adicional que se hace con el imaginario libre albedrío de un muerto en delitos y pecados. Jesús no rogó por el mundo que no iba a salvar, mal pudo haberles abierto el sepulcro para que los que integran ese mundo salieran por su cuenta. Pero Jesús sí rogó por el mundo que el Padre amó y todavía intercede por nosotros. Jesús dijo que nadie iría a él a no ser que el Padre lo enviara, y que todo el que es enviado del Padre no será echado jamás afuera. Entonces, ¿qué sucede con los que se pierden? Simplemente nunca fueron enviados por el Padre al Hijo, ya que de otra manera ¿cómo es que el Hijo pudo perderlos si hubiesen sido enviados por el Padre? ¿No dijo también Jesús que él guardaría en sus manos y que también su Padre guardaría en sus manos a todos los que son enviados para tener vida?

Lázaro en su tumba es un gran paradigma de la redención exclusiva de Jesucristo. Solamente los muertos que oyen su voz (el llamamiento eficaz) podrán salir de sus sepulcros y seguir al Buen Pastor por siempre.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:04
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