Viernes, 26 de octubre de 2018

¿Quién es el Anticristo? Es alguien que se coloca en lugar de Cristo y está contra Cristo. La preposición anti significa ambas cosas: estar en lugar de y ser opuesto a. En la Biblia puede leerse de este personaje como del hombre de pecado, la abominación desoladora, el engendro de Satanás. Está ligado al trabajo del Falso Profeta, y bien pudiera ser un personaje particular que tendría su aparición última en los momentos cruciales del fin. Juan habla de él como alguien que viene pero nos dice que ya han surgido muchos anticristos, mientras Pablo sugiere que ya está en acción el misterio de la iniquidad que traerá como consecuencia la manifestación del inicuo.

Llama la atención que ese personaje tiene las características de los ministros de Satanás, ya que si éstos se disfrazan de ángeles de luz el Anticristo presenta la simulación de ser un cordero aunque con voz de dragón. La Reforma Protestante presenta en su teología la tesis de que el papado es el Anticristo, debido a que se hace ver como cordero aunque habla herejías y mentiras como si echara fuego cual dragón. Los anticristos no solamente negarán a Cristo y su eficacia sino  también preferirán seguir teniendo apariencia de ortodoxia doctrinal, para desde esa posición simulada seguir defendiendo viejas y nuevas herejías.

Claro que hay sistemas anticristianos que no pretenden estar al lado de Cristo, como el islamismo o el paganismo, pero sí se podría decir de ellos que aparte de estar opuestos a la doctrina del Señor pretenden la sustitución de su persona y de su obra. De manera que con la expresión e idea de estar en lugar de puede también comprenderse el hacerse pasar como cristiano y el sustituir al sistema del cristianismo (paganismo e islamismo, por ejemplo). Pero de todas formas la idea es la misma, negar francamente al Señor y su doctrina, o torcer las Escrituras para que mucha gente se pierda.

Los anticristos más eficaces son los que pretenden ser creyentes, porque al simular a los corderos muestran sus características de ovejas pero en la mínima oportunidad descargan su fuego de dragón.  El cordero es característico por su tranquilidad, lo cual nos habla de Cristo con su humildad y mansedumbre. Es así que Isaías se refiere al Señor como el Siervo Justo que salvará a muchos por su conocimiento; el anticristo simulará las particularidades de servicio y justicia para cubrir su arrogancia y su deseo de tiranía. ¿Acaso esa no ha sido la actitud de los tiranos en el mundo, más allá de sus pretensiones religiosas? Incluso los césares se proponían como hombres benevolentes que salvarían a Roma pero exigían su trato de dioses como herederos de la divinidad.

La manera de ser del Anticristo o de los anticristos ha sido una práctica habitual en los territorios de poder del mundo. La gran parte de los políticos simulan bondad y piedad, preocupación por su pueblo, pero se entregan a los desmanes del poder una vez que lo han conquistado. No nos extrañe que algo parecido suceda en la iglesia con los innumerables anticristos que han transitado por ella, llevando herejías encubiertas, proponiendo enseñanzas erróneas, simulando la predicación de la verdad pero ocultando la poca o mucha mentira que va en ella.

Llega un momento en que el anticristo abandona su apariencia de cordero, cuando ha proclamado su perversa doctrina contraria a la enseñanza de Jesús. Una vez que sus fieles le han dado su respaldo ya no necesita todo el tiempo su ropaje de oveja. Esa es otra característica de los anticristos, quienes en un primer momento cuidan su disfraz pero con el pasar del tiempo, habiendo ganado prosélitos para sus doctrinas de mentira, ya no necesitan semejante ropaje. Es así como al crear una secta extraña se abocan a la tarea de repetir las enseñanzas impuras, dejando de lado aquella vieja apariencia de piedad. Pero no todos los anticristos actúan de la misma manera, si bien todos comienzan con los cuernos de cordero, con el ropaje que oculta su rapacidad de lobos o dragones. Muchos de ellos continúan exponiendo sus cualidades de mansedumbre y bondad, su ortodoxia doctrinal en algunos temas de las Escrituras, para poder torcerlas suspicazmente en otros puntos, hasta que el sistema enrevesado que enseñan a sus fieles se haya fortalecido. No en vano los viejos anticristos como Arrio, Néstor, Orígenes, entre otros, introdujeron herejías en las iglesias mientras mostraban su apariencia de piedad. Asimismo hizo Pelagio con su tesis del libre albedrío humano y de la ausencia de pecado original. O tal vez podríamos referirnos a Jacobo Arminio,  quien en un primer momento simuló creer en las doctrinas de la gracia pero ocultamente enseñaba a sus alumnos de la universidad la doctrina de las obras.

Podríamos referirnos a los célebres teólogos reformados, quienes hablaban abiertamente contra las doctrinas erróneas del arminianismo pero al mismo tiempo daban la bienvenida a los herejes que practicaban tal herejía. Ni qué decir de los irracionales que dicen que Cristo murió universalmente por toda la humanidad, sin excepción, pero que en realidad su sangre fue eficaz solo en los escogidos. El Espíritu nos conduce a toda verdad, mientras los anticristos aprenden la verdad para conducir al engaño. Hay quienes dicen paz cuando no la hay, son los que asumiendo las doctrinas de la gracia como verdaderas aceptan como hermanos a quienes las rechazan. Ellos se excusan en el argumento de la feliz inconsistencia, como si el hereje que no es del todo consistente con su herejía viene a ser menos hereje por esa inconsistencia.

Eso de la feliz inconsistencia es un argumento falaz, semejante al de alguien que por el hecho de no robar se siente libre de proteger a los ladrones, o de adquirir las cosas robadas a menor precio. Eso sí que es una feliz inconsistencia, aunque de igual modo no es nada feliz sino perversa inconsistencia. El Israel antiguo tenía profetas que pregonaban ante Jerusalén visiones de paz, pero no había paz; esos eran los que no querían complicar su estatus de gente religiosa, los que se atenían a la ética externa de la ley de Moisés (ley civil, ley ceremonial y ley moral). Ellos aceptaban giros teológicos para estar de acuerdo con la mayoría, como si intuyeran que el principio democrático de la mayoría tiene la razón les permitiera vivir mejor.

Jehová estaba en contra de tales personas (Ezequiel 13:10-16), habiéndoles dicho que los iba a destruir. Jesucristo nos habló de la manada pequeña, como si huyera del adagio democrático que asegura que la mayoría tiene siempre la razón. El profeta Elías también había clamado sabiendo que se sentía solo, pensando que él era el único que había quedado ante el Señor. Pero le fue dicho que había 7000 personas sin ceder ante las pretensiones religiosas de la mayoría. Ese es un número grande si se compara con el número 1 (el único Elías), pero es ínfimo si lo miramos en relación a los millones de habitantes del Israel de entonces y del resto del mundo. No debemos preocuparnos por la sensación de ser pocos ante los muchos del mundo, más bien debemos gozarnos por el privilegio de haber sido escogidos para llevar el testimonio de la razón de Jesucristo frente a la irracionalidad del anticristo.

El espíritu del anticristo refleja la gloria de los que proponen su propia obra al lado de la de Jesucristo. Esos son los que consideran insuficiente el Consumado es de la cruz, los que añaden su propia justicia al ignorar la suficiente justicia de Cristo (Romanos 10:1-4). Ellos andan tan perdidos como ese grupo señalado por Pablo, por quienes él oraba para que pudieran ser salvos si conocieran el evangelio. Pero la doctrina de la cruz les ha venido a ser una gran ofensa a todos estos que pretenden agregar algo más al trabajo de Cristo. No han entendido que la ley vino para mostrar lo miserables e impotentes que somos, para anunciarnos a Jesucristo como el Cordero perfecto para nuestra propiciación. Por esa falta de entendimiento siguen sosteniendo que ellos no están del todo muertos, que Jesús hizo expiación por todo el mundo, sin excepción, a pesar de haber orado solamente por los que el Padre le dio (Juan 17:9). El Señor dejó por fuera el mundo en la oración previa a su muerte, de manera que en estos momentos no intercede por ese mundo perdido sino por los que ha redimido con su sangre.

La tibieza de muchos que profesan ser cristianos hará que sean vomitados por el Señor. Esa tibieza se produce por la contradicción doctrinaria que profesan, por su estado natural anticristiano. Al decirles bienvenidos a los que traen doctrinas inconsistentes con la doctrina de la Biblia, están hablando paz cuando no la hay. Claro está, de esa forma se asegura su espíritu democrático que les da dividendos al ver sus sinagogas repletas de gente perdida, de cabras monteses, de espíritus del Anticristo. Nada más pernicioso que la mezcla de la verdad con la mentira, por cuanto la verdad se neutraliza y no redime así ni a una sola persona. El agua contaminada con un poco de veneno conduce a la  muerte como el veneno mismo. El que no habita en la doctrina de Cristo no tiene ni al Padre ni al Hijo, en palabras del apóstol Juan. Y sabemos que el cuerpo de enseñanzas de Jesús no abrigaba la paz para el mundo que no fue objeto de su redención, de manera que están lejos de la palabra de Dios los que promueven el universalismo en la expiación.

La doctrina de Cristo de la que hablaron los apóstoles ha de creerse en su totalidad. No basta con aceptar una parte de ella pero combinar el resto con la mentira. Eso sería  pertenecer al grupo de los anticristos que han salido por el mundo. Recordemos aquellas palabras que Jesús expuso, que vendrían muchos engañadores y falsos maestros, así como falsos Cristos, pero que deberíamos estar vigilantes para no creerles. Ellos engañarán a muchos pero no a los escogidos; sin embargo, también les dijo a los escogidos que estuvieran atentos para no creer en esas mentiras lanzadas por la boca del dragón con cuernos de cordero.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 17:49
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