Martes, 23 de octubre de 2018

Dentro de los propósitos eternos del Creador estaba la proclamación del evangelio como buena noticia de redención para la humanidad. Quiso Dios salvar al mundo por medio de la locura de la predicación de tal forma que el hombre contaminado por el pecado no fue impedido jamás de sus delitos, como tampoco Adán fue obstaculizado para la transgresión de la ley divina. El Hijo de Dios se llevaría toda la gloria al llegar a cumplir su cometido como el Redentor de su pueblo. El engaño de la serpiente fue castigado duramente con maldición sobre ella misma, mientras el castigo por el pecado afectó la vida espiritual y material del hombre, así como a la tierra y a todo lo que ella contiene le sobrevino gran malestar.

En la infinita sabiduría de Dios éste le dijo a la serpiente que su simiente heriría a la simiente de la mujer en el calcañar, pero que recibiría a cambio una herida mortal en la cabeza. Desde ese momento en que Dios profería aquellas palabras quedaba anunciado por primera vez el evangelio sobre la tierra infligida de dolor, como una garantía de que Dios tendría misericordia sobre los protegidos por aquella semilla de la mujer. Sabemos que el Mesías prometido en ese momento era incorruptible, de manera que el evangelio proclamado desde el inicio se mantiene incorruptible. No podemos tildarlo de corrupción por el hecho de que la serpiente antigua se haya encargado de proclamar evangelios diferentes, como si pudiera con esa acción hacer un híbrido con la semilla divina.

La aclaratoria encontrada en el Nuevo Testamento expone que hay una sola semilla que pudo luchar contra la serpiente. Jesucristo es el prometido en el Génesis 3:15, el único que sería capaz de asestarle el golpe fatal en la cabeza del dragón antiguo, a cambio de recibir la herida en el calcañar. Una herida que ya fue sanada al resucitar de entre los muertos con una victoria exhibida ante los cielos. El diablo sabe que le queda poco tiempo, ya que dentro de los propósitos divinos debe cumplir todavía ciertas tareas hasta que sea lanzado definitivamente a su espacio final, el lago de fuego. Mientras tanto, nosotros debemos tener la referencia de la semilla incorruptible, de la cual hablara Pedro: pues habéis nacido de nuevo, no de simiente corruptible sino de incorruptible, por medio de la palabra de Dios que vive y permanece (1 Pedro 1:23).

Aquella promesa del Génesis fue ratificada a Abraham y a su descendencia por Isaac (Génesis 21:12 y Romanos 9:7). Por eso Pablo aclaró que se refería a Jesucristo: Ahora bien, las promesas a Abraham fueron pronunciadas también a su descendencia. No dice: "y a los descendientes", como refiriéndose a muchos, sino a uno solo: y a tu descendencia, que es Cristo (Gálatas 3:16). Satanás luchó contra aquella semilla por causa de su amenaza, pero su lucha fue en vano. Procuró que los niños fuesen asesinados en tiempo de Herodes para evitar que naciera el rey prometido, sin lograr con ello que la promesa de Dios fuese quebrantada. Probó al Señor en el desierto prometiéndole los reinos de la tierra, como si el mundo fuese un atractivo para el Cristo mientras andaba en su ministerio. Todo le fue infructuoso, si bien pudo causar mucho dolor en la cruz y en sus seguidores. Al mirar con retrospectiva hacia el Génesis, nos damos cuenta de que la promesa divina no pudo ser torcida ni detenida en lo más mínimo. ¿Quién estorbará la mano del Señor?

La enemistad entre ambas semillas no es solo entre ellas sino también entre los que pertenecen a uno y otro bando. Fue Jesús quien afirmó que había un grupo de personas descendientes del diablo, por eso hacían los deseos de su padre. A otros les dijo que perecerían en sus pecados, de Judas afirmó que era el hijo de perdición, en la revelación dada a Juan aseguró que existe un conjunto de personas cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo. Esto prueba que los descendientes humanos de la semilla de la serpiente son cabras, pertenecen al mundo, siguen los deseos de su padre y siempre mienten. Por esa razón en su sabiduría eterna y dentro de su economía de redención no rogó por el mundo (Juan 17:9), ya que él no pierde su tiempo ni su esfuerzo.

El diablo se disfraza de ángel de luz, conoce las Escrituras, ha estado en la presencia de Dios (de acuerdo al libro de Job y por el hecho de haber sido expulsado del cielo). Su fantástico poder no le ha sido arrebatado del todo, pero a pesar de su mucha fuerza y capacidad de engaño no tiene acceso a la semilla incorruptible. Es decir, no tiene la manera de manipular aquella Simiente como para hacer un híbrido de laboratorio. Es por ello que se esfuerza en presentar imitaciones del evangelio, fantasías respecto a aquel anuncio de liberación que le fue dado al hombre desde el inicio de su caída. Tiene una gran plataforma de ministros que lo siguen a través de su diversidad teológica y controla a cada uno de ellos a la perfección.

Muchos de sus seguidores no pretenden seguirlo pero de hecho lo hacen al proclamar su doctrina privada. Su gran enseñanza gira en torno a la semilla incorruptible, pretendiéndola corromper por la imitación de sus lineamientos, torciendo ligera o ampliamente la enseñanza del evangelio. Por esa razón Pablo habla del evangelio maldito, aquel que es diferente aunque sea en un punto, mientras Pedro define a los herejes que tuercen la Escritura como los que labran su propia perdición. Lo continuo en todos los falsos creyentes es que tropiezan en la semilla incorruptible, en la roca eterna, para lo cual también fueron destinados. Si Jesucristo no rogó por el mundo es porque el Padre separó desde la eternidad esos dos grandes grupos que pertenecen desde entonces a una u otra simiente.

Los verdaderos creyentes no pueden ser regenerados por la semilla corruptible. ¿Cómo podría Satanás estar dividido contra sí mismo? ¿Acaso él regenera a las personas con su falso evangelio y éstas después transitan hacia el verdadero como quien se despoja de una ropa vieja y deteriorada? Si Pablo ha maldecido a los que pregonan otro evangelio, ¿cómo pueden recibir éstos la bendición de la buena simiente? Son dos grupos bien separados desde la eternidad, más allá de que mientras hemos andado en las tinieblas, cautivos al pecado como prisioneros del príncipe de las potestades del aire, los que son llamados eficazmente no sabían desde antes que andaban por mal camino. Una vez que son iluminados con el evangelio y por medio del Espíritu, la palabra revelada les aclara el camino por donde anduvieron en otro tiempo, demostrándoles que habían sido por naturaleza hijos de la ira, lo mismo que los demás.

Hay preguntas que saltan a la imaginación cuando uno habla de las dos simientes. Pablo es una de las tantas respuestas que podemos encontrar para hallar calma para nuestras almas. Cuando era Saulo fue perseguidor de la iglesia, militaba en el evangelio diferente, seguía por instinto lo que el engañador con disfraz de ministro de la luz le indicaba. Pero al oír el llamado eficaz de Jesucristo entendió que todo aquello que hacía no era sino basura, pérdida de tiempo y grande vanidad. Fue entonces que comenzó a vivir en el camino del evangelio prometido en el Génesis 3:15. Pablo jamás dijo que él creía antes ese evangelio pero que ahora estaba más despejado de mente, más bien sostuvo que andaba perdido y le preguntó al Señor qué quería que él hiciera. A partir de entonces tuvo tropiezos, siguió pecando por la ley descubierta en sus miembros, el mal que odiaba eso hacía y se sentía miserable. Pero jamás proclamó el falso evangelio que antes seguía como judío perseguidor de la iglesia, más bien maldijo a todos aquellos que se encargaban de enseñar en las iglesias un evangelio diferente.

El creyente verdadero cuando inicia su camino con Dios lo hace confiado de haber nacido de una simiente incorruptible. Jamás confesará otro evangelio porque jamás seguirá al extraño (Juan 10:1-5). El podrá pecar hasta su muerte física pero sabe que tiene un abogado para con el Padre; sin embargo, seguirá por siempre al Buen Pastor por cuanto desconoce la voz de los extraños. Alguien puede ser llamado del falso evangelio hacia el verdadero evangelio, pero jamás se dará el caso contrario. Fue Jesucristo quien lo aseguró, que sus ovejas lo siguen y huyen del extraño.

¿Cómo crece un creyente? En gracia y conocimiento (2 Pedro 3:18), no en maquinaciones diabólicas ni con interpretaciones privadas de las Escrituras. Eso lo hace por cuanto ha sido llamado de las tinieblas a la luz, si bien en ocasiones su vieja naturaleza lo asalta y por la ley del pecado en sus miembros peca. Pero así como la blasfemia contra el Espíritu Santo no es un pecado en el creyente, tampoco lo es el seguir al extraño, o al evangelio diferente, una vez que ha creído (Juan 10:1-5; Gálatas 1:8-9).

Si usamos los dones de la gracia éstos se fortalecen en nosotros. Debemos agradecer por esos dones, así como crecer en ellos; usándolos podemos preservarnos a nosotros y preservar a otros, para que no caigan en el error. Porque hay muchos que intentan pervertir el camino de la fe, muchos lobos disfrazados de corderos, muchos falsos maestros que hablan a las masas que tienen comezón de oír, pero que pretenden enturbiar el entendimiento de algunos creyentes que los oyen. Así como los niños crecen y se desarrollan hasta la madurez, los creyentes siguen un principio parecido en su desarrollo hacia el conocimiento pleno del Señor (Juan 17:3). Por su conocimiento salvará el Siervo Justo a muchos (Isaías 53:11) por lo cual conviene indagar en la doctrina de Jesucristo que es la doctrina del Padre. La ignorancia del cuerpo de enseñanzas de la Semilla incorruptible genera enfermedad y por eso el pueblo perece por la falta de conocimiento (Oseas 4:6).

El que crece en el conocimiento del Señor crece en la gracia, ayuda a los hermanos con el más perfecto amor, enseñándoles a evitar el engaño de los que tienen el evangelio escondido por poseer el entendimiento entenebrecido. El pueblo que es llamado por el Señor huye de Babilonia y del extraño, se separa del mundo y de sus cabras, de aquellos que prefieren la mentira por menospreciar la verdad. Los hijos de la Semilla incorruptible no nos volvemos atrás, pues aunque siete veces caiga el justo siete veces Jehová sostiene su mano.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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