S?bado, 28 de julio de 2018

Hay un camino que parece recto en la propia opinión de la gente, pero su fin es camino de muerte.   Existe una amenaza continua de la decepción final en la vida humana, por causa de aquello que ha engañado el alma humana. Siempre hay diversidad de engaños, todos ellos activados en contra de la verdad. El engaño es el producto del padre de la mentira, el cual es tenido como homicida desde el principio; y es que Satanás es un asesino de almas. El profeta Jeremías dijo que el corazón del hombre natural es extremadamente malo, engañoso, al punto que se pregunta quién podría entenderlo.

Ezequiel, por su parte, fue el que planteó la solución para ese corazón torcido de la humanidad. Él dijo que solamente el Señor podría cambiar el corazón de piedra por uno de carne; es decir, el trasplante es la única vía para resolver esa corrupción humana. Pero esa intervención ha de ser soberana, de acuerdo a lo dicho por el mismo profeta y por lo añadido por Jesucristo. Jesús dijo que era necesario nacer de nuevo, en una actividad sobrenatural, divina y nunca humana. Segunda de Corintios 11:14 dice que el diablo se disfraza como ángel de luz, y muchos de sus ministros son semejantes a él. La doctrina impartida es el mecanismo ideal para el engaño religioso, una especie de levadura que penetra la masa de profesantes y los leuda hasta inflamarlos.

Satanás se aparece ante la humanidad como mensajero de la luz, de la verdad, así como lo hizo con Eva en el Edén. El pretende ser un gran camarada de las personas que visita a través de sus ministros humanos que le sirven, bien porque sean conscientes de ello o porque estén engañados. Sabemos que todo lo que ha designado para la creación de Dios es la ruina, aunque use la verdad para lograrlo. Claro está, él introduce los errores de interpretación de la verdad, de la palabra revelada por Dios, induce a la interpretación privada y habla de estirar la ley sin que se quiebre. De esta forma seduce al alma inconstante y le provee de toda forma de idolatría (la sustitución de la verdad divina por la mentira satánica), llevando al hombre a la superstición e impiedad.

Salomón nos recuerda a nosotros que para cada hombre su camino es recto en su propia opinión; bastaría con ir a una cárcel y escuchar las opiniones de los sentenciados. Todos ellos dicen que son inocentes, que aun habiendo cometido el delito imputado lo hicieron sin esa intención. El hombre fuera de esas rejas no es muy distinto, su naturaleza corrupta lo lleva a decir que no está equivocado, que lo único erróneo es la palabra de Dios con sus exigencias morales imposibles de alcanzar. Y los más avezados religiosos llegan a levantar el puño contra el Altísimo diciéndole que por qué razón inculpa, si no hay ni una persona que alcance plenamente a resistirse a su voluntad. Y ese es el llamado de Satanás, a mostrar nuestras obras como la justicia adecuada, a suponer que Dios no es tan severo como se anuncia en las Escrituras.

El hombre se considera a sí mismo como la medida de todas las cosas, se impone su propio estándar de moral, apunta al cielo con sus buenas obras. Cuando la muerte visita a sus amigos o familiares, el hombre responde con el ánimo elevado al decir que esa persona descansó de sus dolores, que ahora está en un mejor lugar, o incluso sugiere que desde arriba vigila y cuida a sus seres queridos. Y esto no es más que el resultado del engaño de considerar su camino como recto en su propia opinión. La justicia del hombre caído no va de acuerdo a las Escrituras sino a lo que es justo para sus ojos.  La advertencia de Dios para su pueblo es la de no hacer lo mismo que practica el mundo. Más bien hay un mandato de mantener el estatus indicado por el Señor: no améis el mundo, sed santos, velad y orad para que no entréis en tentación.

Recordemos que Dios es quien pesa los corazones de las gentes, siendo Él la medida de todas las cosas. Hay dos caminos para transitar en esta vida, el estrecho y el ancho; el camino estrecho tiene también una puerta angosta y son pocos los que la hayan, solamente los valientes. En cambio, el camino ancho tiene una gran puerta por donde entra la mayoría, sin inconvenientes de momento, más popular y de mucha camaradería. Es de fácil acceso, con la libertad de dar rienda suelta a la vanagloria de la vida, a los deseos de los ojos, a la concupiscencia de la carne. Sin embargo, el Señor advirtió que este camino lleva a la destrucción de la persona porque la falacia de su religión es muerte.

En este camino ancho la religión falaz del mundo le permite al hombre pesar su propia justicia como un aporte a la justicia de Dios. Acá se pueden hacer profesiones de fe para asegurarse la inscripción en el libro de la vida del Cordero, sin que importe que esta inscripción se haya hecho desde antes de la fundación del mundo por Dios mismo. También se dice que se puede predicar para rescatar las almas, aunque éstas no estén predestinadas (dicho en tono irónico por los que odian el evangelio de Cristo); en este camino ancho se puede dar un paso al frente el día que el hombre decida en su corazón seguir el evangelio de la Biblia, una vez que esté acomodado bajo la interpretación privada. Pero el Señor anunció que a esta gente les dirá en el día final que nunca los conoció. Sin embargo, Dios nunca echará afuera a los que buscan la salvación por la vía recomendada por Él, siempre que toquen a la puerta que es Cristo. El camino de la redención es el de la Cruz, la justicia establecida por la obediencia a la cruz del Señor. Cristo dijo que él era el camino pero también él es la puerta de las ovejas (Juan 10:7 y 9), asegurando que si alguien entraba por él sería salvo y hallaría pastos.

Así que fue dicho que había que entrar por la puerta estrecha del camino angosto, por la gracia de Dios en la persona y obra de Jesucristo. Si esto parece imposible para los hombres es posible para Dios, pero a pesar de su dificultad no hay otra vía para ir hacia el Padre. Los pecadores no pueden pasar por esa puerta estrecha con su equipaje cargado de errores, desaciertos morales y justificados con su propia justicia. No hay espacio para las obras humanas en este estrecho pasaje hacia la vida eterna, ya que Jesucristo hizo todo el trabajo para los que representó en el Calvario. Usted no podrá decir que usted mismo hizo la diferencia entre estar perdido y estar salvo, ya que la condición de oveja precede a la salvación y esa condición no puede ser conquistada o alcanzada por obra humana alguna.

Ha sido Dios quien ha creado los vasos de misericordia desde antes de la fundación del mundo y esto irrita en gran medida a los que son vasos de ira para el día de la justicia divina. Por esa razón el dios de este siglo les cegó el entendimiento para que crean en la mentira, ya que no aman la verdad. De esta manera permanecen en el camino ancho, cómodo y confortable, diciéndose a sí mismos que son creyentes y que son mayoría. La falacia de la cantidad no podrá validar la mentira como verdad, puesto que la salvación no es por obras, a fin de que nadie se gloríe.

Hay que poseer una justicia que por naturaleza no tenemos y que no se puede producir por propio esfuerzo. Esa justicia se encuentra a través de la vía estrecha, que es Cristo crucificado. Esto no se alcanza en base a nuestras decisiones, sino por causa del evangelio. El evangelio es el poder de Dios para salvar al que cree, porque Cristo es la justicia de Dios que le ha placido al Padre para apaciguar su ira con su pueblo. Siendo ésta la verdad del evangelio, el mensaje ha venido a ser odiado por millones de personas a través de todos los tiempos. Hay un rechazo natural en el corazón humano ante el anuncio simple del evangelio, y como no hay otro anuncio ni otro mensaje Dios les envía espíritu de estupor a los que rechazan la verdad y aman la mentira.

Usted podrá decir por qué, pues, Dios inculpa, si nadie puede resistir a su voluntad. Sin embargo, la exposición del evangelio ha sido sencilla y las Escrituras no mienten, de manera que cada quien es responsable en base a lo que oye y en base a la ley de Dios en sus corazones. Todos han tenido conocimiento del Creador, aunque sea solamente a través de la obra de la creación. Pero el hombre no le ha querido dar la gloria a Dios y ha preferido rendirle tributo a la criatura. Nadie podrá excusarse en su propia ignorancia, ya que nadie podrá escapar del escrutinio del Todopoderoso.

Los que no aman la verdad tienen como recompensa el espíritu de estupor enviado por Dios para su propia perdición. Estos pueden ser los que siguen otro evangelio, los que se entregan a la idolatría, los que tuercen las Escrituras, los discípulos de Satanás. A los que no reciben el amor de la verdad para ser salvos, Dios les enviará una fuerza de engaño para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia (2 Tesalonicenses 2: 10-12). Ellos llamarán bueno a lo malo y a lo malo bueno, como si no tuviesen sentido común, como si la inteligencia los hubiese abandonado. Cuando Dios los entrega a su ceguera y dureza de corazón, y al príncipe de este mundo, sus mentes son entenebrecidas. De esta forma se dan por entero a las prácticas de idolatría y superstición, a las plegarias ofrecidas a los santos y dan reverencias a las reliquias. Además, cambian el sentido de las palabras de las Escrituras diciendo que el odio es el amar menos, que la presciencia divina es conocimiento previo en virtud de que Dios mira en los corazones humanos para descubrir el futuro. De igual manera afirman que la predestinación para vida y para muerte es una injusticia en Dios, que cada quien se condena a sí mismo y que Dios permite que sucedan las cosas pero nunca las ordena.

En realidad a esta clase de gente les ha llegado el espíritu de estupor y no pueden ver con sus propios ojos la verdad del evangelio. Teniendo oídos no escuchan porque le tienen repudio al evangelio de Jesucristo. Hay muchas mentiras en las cuales creer, además de las mencionadas. Muchos asumen que el Papa es el vicario de Cristo en la tierra, que sus cánones son inspiraciones divinas, otros atribuyen al sacerdocio la habilidad para perdonar pecados; asimismo llegan a creer que Jesucristo está en el pan y el vino en forma substanciada, y aseguran que Dios requiere buenas obras para que el hombre herede el reino de los cielos. Y es así como aparecen ante ellos las maravillas y milagros, todos como un engaño general para que sigan en el camino del error hacia la muerte eterna.

El libre albedrío ha pasado a ser el estandarte de los engañados por Satanás, como le sucedió en el Edén a Eva. Este parece ser el amuleto con el que se pregona la mentira en medio de la hermandad satánica, donde además se predica que Dios tiene varios futuros que va descubriendo de acuerdo a las circunstancias. Y es una lógica obligada la que les sale de su error asumido, ya que si el hombre es libre del Creador éste no puede jamás saber lo que el futuro dirá en los corazones humanos. De esta forma su teología libera al hombre de la tutela del Creador, el cual no ha ordenado nada o muy poco, y ahora a la humanidad entera se le permite actuar a su manera. Dios, en la visión de esta teología humanista, ha pasado del decreto a la permisión. Esto no es más que satanismo en su máxima expresión, ya que Lucifer si bien pudo ser como Dios ahora se da a la tarea de sugerir que el Todopoderoso permite, como si hubiera una fuerza mayor a Él que lo impele a actuar invalidando los decretos eternos.

Empero si no hay otra fuerza superior a Dios, al menos éste se ha vuelto un Caballero que nada puede ni quiere hacer en contra de su majestad el libre albedrío humano. Lo que sucede en realidad es que la gran masa de gente no se ha dado cuenta de que el mito del libre albedrío humano es parte del engaño que ejerce Satanás para que sus seguidores supongan que tienen libertad. En medio de este mundo engañador la Biblia proclama las palabras del Eterno: Salid de ella, pueblo mío, para que no participéis de sus plagas y castigos. El llamado es a salir de Babilonia, del Egipto terrenal, de la Sodoma humana. Si alguno tiene oídos para oír que oiga y, si tiene ojos para ver, que vea.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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